EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

domingo, 16 de marzo de 2014

ENTRE ESPARTANOS, ATENIENSES, TEBANOS Y PERONISTAS





Como nunca en la historia política del movimiento se observa un marcado peronismo antiperonista. Se me hace que el peronismo es más que un partido político, el peronismo es un país, y como tal corre por sus venas intereses contradictorios... (Ideas aderezadas con un poco de historia clásica)





-   Ya sé, no me digas nada. Vos no entendés nada de peronismo... Me lo dijeron varias veces en este tiempo, te digo más, me lo vienen diciendo desde que tengo memoria  y  tal vez tenga razón el tipo. Quién sabe sobre peronismo, pregunto.



Horacio González lo sintetiza como "una abstracción de derechas en donde el sistema de bienes de producción privado nunca será puesto en litigio, permitiéndose solamente socializar los servicios, ergo los gastos, nunca las rentas, implementando al mismo tiempo una cierta distribución moderada de la riqueza vía derrame impositivo, no más.." 
Paradójicamente no existe movimiento político o partido más inclusivo que el peronismo. Los diagramas de Venn que confluyen en él son variopintos desde el punto de vista ideológico y digo paradójicamente porque esa diversidad es lo que motoriza la oposición más descarnada y voraz. Sin embargo nunca como antes he observado tanto peronismo antiperonista, incluso durante el menemato las líneas internas opositoras al caudillo riojano se presentaban ciertamente moderadas, respetuosas de su investidura y nunca pusieron en duda su continuidad, a pesar de la notoria destrucción que estaba llevando a cabo. Vale decir, jamás, en aquellos tiempos, le presentaron a la sociedad recetas destituyentes. Acaso la abstracción de derecha de la que nos habla Horacio González tenga que ver con la historia reciente; acaso el kirchnerismo, sin llegar a poder considerarse ni tan siquiera como progresista, no se trate de esa abstracción de derecha pura tal cual el histórico “deber ser” subsistente del peronómetro transversal le exige a su dirigencia.



En el siglo IV AC. el tebano Epaminondas derrota de manera definitiva a la invencible Esparta, aprovechándose, vaya la ironía, de sus mayores virtudes, incisos que por entonces se le reconocían y envidiaban: El Orden, su indeclinable disciplina militar, su incorruptibilidad y su histórico dogmatismo político/social. Un cuerpo cerrado, admirado y temido era derrotado justamente por esa estructura pétrea y por el pragmatismo tebano. Epaminondas, al momento de sitiar con su numeroso ejército las ciudades/estados aliadas a Esparta, por caso Corinto, por caso Mesenia, no hacía otra cosa que negociar con sus líderes ilotas de forma tal ofrecerles, aún a costa de los eventuales beneficios económicos que los tebanos pudieran usufructuar por la victoria obtenida, una organización política más flexible, democrática, imperfecta, ciertamente corruptible, incluyendo en el programa el concepto de la propiedad privada. La invitación política era dejar de ser una comunidad de subsistencia al servicio del “perfecto” estado espartano y pasar a ser un estado independiente con riesgos cuyas alianzas se darían de forma natural en función de sus necesidades políticas. Obvio que Tebas sería la prioridad y eso Epaminondas, como todo buen político, lo sabía.

Y me quiero detener un instante en el tema de la corrupción. Según nos consta Esparta - en las antípodas de las democráticas Atenas o Tebas, con relación a este inciso -, y a pesar de ser gobernada por una oligarquía, ha sido la civilización de la antigüedad en donde la corrupción interna era prácticamente inexistente. Su formación, sus valores elevados, su ética, la austeridad del Estado, su noble y digna pobreza y la rigidez de su legislación conspiraban ante la menor intención. Fronteras adentro era una sociedad colectivista teniendo al ejército como eje cardinal, su ley era sagrada, sus fines supremos, mientras que fronteras afuera desarrollaba una suerte de red de ciudades satélites que le proveían de insumos mediante el sistema de semiesclavitud que tenían que soportar los ilotas, conglomerados locales considerados como bienes rurales espartanos.



Trazar paralelismos históricos no es la intención de estas líneas. Me resultan absurdos más allá del aporte al conocimiento que se haga. Aún así no es descabellado inferir las razones por las cuales el peronismo es la única organización política que tiene las suficientes herramientas para modificar sus paradigmas en función de las distintas coyunturas que el mundo plantea. Su “caos”, su desorden ideológico, le permite sobrevivir aún a sus peores gestiones, y esto es producto de su enorme flexibilidad, cosa que otros partidos o movimientos ciertamente pétreos no alcanzan a desarrollar. Me refiero puntualmente a aquellas que bajo premisas rocosas no se permiten discutir su propia génesis conceptual.



De modo que si aceptamos los términos planteados no nos puede sorprender que la oposición al actual gobierno peronista esté encabezada y conducida por el peronismo en una alianza circunstancial con el antiperonismo. Por eso me quiero referir a un peronismo “antiperonista” y no a un antiperonismo a secas. El antiperonismo visceral e histórico es demasiado pétreo como para  entender y asumir que el movimiento peronista es necesario para gobernar. Acaso Macri, con bastante tino político, sea la excepción. Esos conceptos espartanos del antiperonismo, esas ausencias de flexibilidades, son los que le impiden posicionarse con ventajas dentro de la lucha política.



Otra eminencia de la época, un poco anterior al tebano Epanimondas fue el ateniense Alcibíades. Personalidad que a poco de andar nos exhibirá con crudeza que Menem, Massa o Solá no resultan para nada originales. Según muchos historiadores clásicos Alcibíades es tal vez el político más interesante y enigmático durante las guerras del Peloponeso. Su actuación fue durante el tercero de los conflictos, más allá de haber sido cercano a Pericles durante el segundo. Alcibíades sin solución de continuidad y como ariete ateniense pasó indistintamente a defender los intereses tanto de Atenas como de Esparta sin medir demasiado las consecuencias que individualmente tuvo que sobrellevar debido a sus contradictorias fidelidades. Dentro de Atenas se vivían por entonces coyunturas que hacían algo más comprensibles esas supuestas contradicciones. 



Sabemos que Juan Domingo Perón fue un ferviente lector de la historia clásica y también sabemos que la malicia historiográfica intentó relacionar al movimiento popular con el fascismo y con el nacionalsocialismo, (incluso al gobierno actual se lo relacionó con el stalinismo), teorías políticas perfeccionistas que admiraban el orden espartano, el ser iluminado, un ser prefecto e incorruptible dentro del estado omnipresente. Habida cuenta de la historia resulta concluyente que la flexibilidad que ostentó y ostenta el peronismo está muy lejos de dichos paralelismos totalitarios y que sus fundamentos políticos se encuentran más ligados a los principios democráticos clásicos, me refiero al ateniense, me refiero al tebano, y que aún son considerados como fundacionales por las democracias del mundo moderno: “En política, sobre la base de paradigmas unificadores, es imprescindible hacer lo que la coyuntura exija para mantener el contrapoder y si las circunstancias lo permiten llegar a acercarse al poder real, incluso oponiéndose sanguinariamente hasta el punto de enviar al ostracismo, por un tiempo, a sus propios postulados y metodologías, haciendo lo mismo de ser necesario, con sus líderes populares”.




2 comentarios:

  1. Muy bueno.
    Agregaría que se ha cultivado un facilismo de salón demasiado pretencioso, que pretende despojar al kirchnerismo de todo matiz progresista.
    Considerando los tiempos impiadosos que venimos de sufrir desde la dictadura hasta el 2003 y la realidad del resto de los países, que observador objetivo dudaría en calificar de progresista a este gobierno?

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  2. Daniel: Sólo aquellos que desde el infantilismo político panfletario creen que se puede y se debe cruzar la 9 de Julio con los ojos cerrados. Claro siempre quieren que dicho cruce lo hagan otros, y si esos otros no lo hacen porque se dan cuenta de los riesgos políticos son acusados de cobardes, conservadores y derechosos.

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