EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

miércoles, 17 de octubre de 2012


Dolina y Carrizo
La Jabalina del Conocimiento

  


Noches pasadas, en su programa de radio, Alejandro Dolina planteó algo que me parece muy interesante destacar. El Negro decía que de pibe había sido un chico con muchas dificultades para el aprendizaje, se definía a sí mismo como de los menos destacados. En su alegato presentó como metáfora que en su primera adolescencia era de aquellos que no lanzaba la jabalina a notorias distancias, y que ello lo angustiaba por sobremanera debido a los menosprecios que recibía por parte de su cohorte de compañeros. A partir de tomar nota sobre el asunto se esmeró por mejorar su instrucción, se introdujo en lecturas clásicas, filosóficas y científicas, se incluyó en las artes musicales, tanto como instrumentista, poeta y compositor, se involucró como narrador, cuentista y novelista, agregándole a cada disciplina un enorme compromiso intelectual. Si bien se asume como un hombre de sencilla formación, todos sabemos que para acercarnos a sus conocimientos no sólo nos correspondería invertir varios lustros de aprendizaje también deberíamos poseer aunque más no sea una cuotaparte de su vocación analítica y bastante de su brillantez mnemónica. De ese modo logró lanzar la jabalina a mucha más distancia dejando atrás a la mayoría de aquellos tipos que antes se regodeaban con sus limitaciones. Curiosamente esos mismos tipos son los que ahora lo estigmatizan (posicionamientos políticos mediante) precisamente por lanzar la jabalina a distancias para ellos inalcanzables, acaso inimaginables. Vale decir que una persona que se esmeró intelectualmente durante tantísimos años en función de su propio deseo de conocimiento es visto con desconfianza, se pretende aislarlo porque sus saberes descolocan, incomodan y superan altamente a la media social. Peyorativamente se lo trata como “intelectual K”, como si procurar advertir, ser curioso, ser extremadamente riguroso, contuviera vicios radicalizados. Sospecho que la mejor y mayor virtud del Negro Dolina consiste en estar absolutamente seguro que no debe ni puede conformarse con sus conocimientos, que el mundo de lo ignorado supera exponencialmente al mundo de lo conocido partiendo de la sabia premisa de que cuanto más conocemos más ignoramos debido a la aparición de nuevas concepciones, nuevas contradicciones, nuevas certezas por ensayar y nuevas dudas por desentrañar. Acaso no puedo dejar de imaginar a un avezado lector de setenta años que habiendo leído en su vida no menos de diez mil textos de variada temática y tenor se halla frente a las puertas de la Biblioteca Pública de Nueva York; una de las instituciones más reconocidas mundialmente y que cuenta con varios millones de ejemplares. Lo intuyo comprendiendo con digna resignación la colosal empresa que significa tratar de acercarse, aunque más no sea, a respetable distancia de lo que sabemos inalcanzable. Resulta imposible enfrentarse al dilema si no se hace con humildad, los golpes que recibimos a diario debido a nuestras probadas ignorancias nos impide cualquier tipo de soberbia intelectual, de modo que menospreciar a una persona que tuvo y tiene la sana inquietud de elevar sus contenidos individuales no hace otra cosa que exhibir por parte de sus detractores propias limitaciones conceptuales con relación a la importancia que tiene el conocimiento en el campo de la formación humanística. El Negro Dolina al igual que el Tony Carrizo son ejemplos a imitar. Hombres de la cultura que por convicción se arriesgan recorriendo los notables senderos del conocimiento sin buscar ninguna contraprestación material; el placer por el conocimiento en su excelsa, delicada y fina esencia, la humilde sabiduría de los grandes, gnosis que debe soportar con altruismo hasta la propia mediocridad de los mezquinos, de los legos, de aquellos que justamente consideran a la cultura como un bien privativo de una porción determinada de la sociedad.

1 comentario:

  1. Gustavo:
    Dolina es alguien que te dan ganas de invitarlo a comer un asado,está a salvo de la impostura y lejos de los prejuicios.Es en todo el sentido de la palabra,un buen tipo

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