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sábado, 8 de septiembre de 2012


Grandes Mujeres de la Historia: Clorinda Matto de Turner


Grimanesa Martina Matto Usandivaras fue el nombre inicial de Clorinda Matto de Turner, y nació el 11 de noviembre de 1852, en Paullu en la provincia de Calca, Cusco. Luego de pasar su infancia junto a sus padres, Clorinda hizo su educación formal en el Cusco, en el Colegio Nacional de Educandas, donde empezó a escribir obras de teatro. Además, dirigió un periódico estudiantil. Tuvo que abandonar la escuela a causa de la muerte de su madre para dedicarse a cuidar a sus hermanos, a su padre y al manejo de la casa. El 27 de julio de 1871 se casó con don José Turner, médico y empresario inglés, y con él se fue a vivir a Tinta, la tierra del legendario Túpac Amaru II.
Allí la escritora peruana se inició en el mundo de las letras con poemas y “tradiciones”. Estos primeros escritos, recogidos en publicaciones periódicas cuzqueñas, ya asoman los temas que se convertirán en constantes de su obra: el destino de la población indígena y el papel de la mujer en el hogar y la sociedad. Clorinda Matto de Turner recopiló muchos de sus artículos periodísticos y conferencias en diferentes colecciones como la que se llama “Hojas Sueltas” en 1886. La lectura de estos trabajos hace evidente que la escritora había reflexionado mucho sobre cómo lograr la integración del indígena a la sociedad peruana. Para esto creía necesario conocer la lengua y la cultura del amerindio como vía de penetración en su mundo. Proponía mirar con luz nueva al amerindio, destacar aspectos positivos de su personalidad y cultura y colocar su problemática dentro de un contexto social más amplio. Otra reflexión suya fue cómo mejorar la situación de la mujer. Veía el matrimonio como una institución idónea y la maternidad como la culminación de un deber sagrado. La mujer debía instruirse para ser mejor  esposa y madre, para serle útil a la sociedad. Se opuso a que las mujeres fueran apreciadas únicamente por la apariencia o por los bienes que aportarían al matrimonio.
En el proemio de su novela cumbre “Aves sin nido” la autora, glosando a Stendhal, señala que “si la historia es el espejo donde las generaciones por venir han de contemplar la imagen de las generaciones que fueron; la novela tiene que ser la fotografía que estereotipe los vicios y las virtudes de un pueblo”. Así se hace evidente que la autora insiste en la calidad realista de su proyecto: su obra es copia directa de lo observado, un conjunto de “cuadros del natural” según su proemio.
En el artículo “Para ellas” la autora presenta un tema social muy controvertido para la época: la educación de la mujer. Sostiene que la hermosura no consiste en el garbo sino en el genio y el espíritu ilustrado. La belleza externa es algo efímero y vanidoso pero la belleza intelectual es algo perpetual y precioso. Su prosa es sencilla y fácil de entender, no es necesario leer entre líneas para captar la esencia de sus palabras: “Mujeres, ilustraos, aspirad a la gloria cuyo resplandor es tan vívido que puede iluminar siglos, generaciones y mundos, sin aquel brillo efímero del oro”. Además, para apoyar su punto de vista, la autora cita a Stendhal y Rousseau, autores franceses que han influido su pensamiento y plantean sus preocupaciones sobre el determinismo social y genético de la mujer.
En el otro artículo, “Malccoy”, la autora describe una fiesta tradicional indígena. Su descripción es un reflejo objetivo de la realidad por observación directa, como ella misma dice: “Su historia no es un secreto, y a narrarla voy, ofreciéndola como el fruto de nuestras observaciones”. Aunque al principio se distancia de lo relatado, al final de la historia vemos que no tiene reparos en revelar que fue la madrina de las bodas de la pareja india: “Tres meses después, tuvimos, muy cordial, el gusto de servir de madrina de las bodas de Pituca y Pedro,…”. Las descripciones de ambientes y personajes son minuciosas y exactas: “Los maizales verde esmeralda se tornaron amarillos como el oro. El balido de las ovejas y el bufar de los bueyes, los nidos de palomitas, cenizas multiplicadas en las ramas de los algarrobos, las retamas y manzanos, anuncian en aquellos campos que ha llegado la estación del otoño: los tendales se preparan para la cosecha, el agricultor suspira con inquietud codiciosa y las indiecitas casaderas comienzan a componer las cantatas del yaravy con el cual han de celebrar malccoy”. Adapta el lenguaje a las personas que hablan, de ahí que haya usado muchas palabras quechua: malccoy, aillo, mateccllos, lliclla, etc. Sentía mucho afecto y admiración por los indios siervos cuya lengua aprendió y cuyas tradiciones absorbió.
Hemos visto pues que como retratista de ambientes y costumbres Clorinda Matto de Turner es básicamente una realista, por los temas sociales que abarca su obra, por la representación exacta de la realidad mediante una observación minuciosa, precisa y objetiva, y por la intención de plasmarla en su obra de la manera más fiel y exacta posible.

Fuente: mi locus amoenus

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