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sábado, 4 de agosto de 2012


Grandes Mujeres de la Historia: Belén de Sárraga.


Nació el 10 de julio de 1873. Sus padres, vivían en Puerto Rico, Belén estudió en la universidad de Barcelona y se graduó como doctora en medicina; uno de sus profesores fue Francisco Pi Margall, difusor del federalismo en España. Belén simpatizó con el partido republicano federal y admiró las feministas quienes la inspiraron en la lucha por la emancipación de la mujer. A fines del siglo XIX, el anarquismo era la principal fuerza obrera campesina en Cataluña, Aragón y Andalucía.
Belén lee a Bakunin y La conquista del pan, de Kropotkin, ideólogos que la acercan a los acratas. Sufrió varios atentados contra su vida, por parte de grupos ultra clericales. En 1900, Belén decide radicarse en Montevideo; Uruguay y Costa Rica terreno fértil para que Belén pudiera difundir su pensamiento libertario. Belén recuerda que el movimiento obrero también fue considerado, en el pasado, como una clase inferior y que se necesitaron generaciones para ir superando esa situación.
Durante su estadía en Uruguay dirigió el diario El liberal, en el cual escribía artículos en defensa de los niños ilegítimos, de la educación laica y de la separación de la iglesia y el estado. Belén se radica en América Latina: visita México, Guatemala, Costa Rica, Panamá, Cuba, Puerto Rico, Venezuela, Colombia, Perú, Brasil, Argentina y Chile. Describió cada uno de estos países en su obra El clericalismo en América, a través de un continente, publicado en Lisboa, en 1915.
En 1913 Belén llega a Chile, invitada por el diario radical La Razón, publicación dirigida por librepensadores encabezados. En Santiago dictó una serie de conferencias  que crearon gran escándalo en los sectores clericales, incluso los fanáticos llegaron a golpear a los seguidores de la oradora. A las conferencias asistían también obreros y artesanos, que  dominaban las materias de la charla; no faltaban los gritos de ¡viva el comunismo anárquico y mueran los curas. Recordaba Belén que en el concilio de Nicea se decidió sólo por dos votos que el sexo débil tenía alma.. Los cristianos siempre despreciaron a la mujer: “la mujer es la puerta del infierno”, San Ambrosio-, “la mujer no puede enseñar, no puede juzgar ni ser testigo” decía San Agustín. El abate Gaón dice que el infierno está enlozado con lenguas de mujeres. El padre Coloma, en su libroPequeñeces pone en boca de una de las protagonistas que las mujeres descienden del rabo inquieto de una mona.
Cuando Belén de Sárraga fue a Chile, en 1913, el movimiento obrero había avanzado desde fines del siglo XIX, En El Bonete, de Iquique, 18 enero de 1913, Belén se burla de la frase que sostiene que el que no cree en Dios es un animal y expone que el socialismo cristiano es hermano del feudalismo, del despotismo y de la plutocracia, y que los religiosos eran astutos comediantes y mercaderes, enemigos del socialismo verdadero, “los frailes odian a muerte toda evolución en el sentido capaz de inculcar a las masas ideas que les enseñan a distinguir la verdad de la mentira”.
Las mejores páginas de Belén de Sárraga están destinadas a denunciar la hipocresía jesuítica, que pretendía adecuar el cristianismo a la ciencia y mostrarse compasivo con la situación de los pobres. Según Belén, el catolicismo se valía de los hombres y mujeres pobres para elegir diputados y senadores conservadores que defendían los intereses de los ricos.
Sostenía que la mujer que pensaba o escribía era considerada casi como una prostituta. Las intelectuales tenían que usar seudónimos  y si  rompían con la hipocresía  ambiente eran condenadas al manicomio. La mujer de clase alta era muy ignorante: apenas leía  novelas pías, vidas de santos y misales. No faltaba la que a escondidas, leía novelas de subido color, confesándolo avergonzada al cura.
Describe Belén que la vida de la mujer proletaria era muy distinta: en general, el matrimonio se consideraba un lujo, casi siempre se vivía en concubinato. Las profesiones más respetadas eran aquellas que garantizaban la independencia de la mujer, por ejemplo, las costureras, pues trabajaban en la casa, no tenían jefe e, incluso tenían libertad para moverse en el centro de la ciudad y promocionar sus productos. Estaban también las lavanderas y las cigarreras, muy mal miradas, y las empleadas domésticas, generalmente violadas por los patrones o sus hijos y, en manifiesta esclavitud por la dominación de la patrona.
De su muerte, según estos autores, nada se sabe. Sin embargo, en un artículo de El Tarapacá de 1951 se informa que: “completamente olvidada de los públicos de España y de América, acaba de morir en el país azteca a la edad de 77 años, llena de achaques propios de una senectud prolongada, doña Belén de Sárraga,  murió en el más completo olvido. Como dijo Leopoldo Castedo, Franco se las ha arreglado para que se pierda la memoria. De Belén sólo quedan sus obras y el recuerdo de algunos escritores.

Fuente: Florián Yubero – lanueva.wordpress.com

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