EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

miércoles, 4 de julio de 2012


La Ficción y la Opinión Publicada



Uno tiene la extraña sensación cuando escucha o lee a los periodistas y a los políticos de la oposición que al exponer sobre la realidad y el Gobierno Nacional lo hacen hablando de ellos mismos. La imaginación, la ficción y la fábula sólo pueden provenir de un segmento extremadamente subjetivo que poseemos en nuestro interior. Creaciones propias a partir de íntimos “infiernos” diría un escritor. Un doble mecanismo labora en la cuestión: los deseos personales para que determinados eventos ocurran del modo deseado y nuestras propias conductas individuales, vale decir, lo que nosotros somos capaces de fantasear es muy probable que en algún sitio de nuestro subconsciente veamos como potable de realizar. Muy a pesar de la realidad los antagonismos suelen exhibir imágenes difusas, por lo cual tranquilamente se puede afirmar que una Presidente elegida por el 55% de la voluntades en comicios libres y democráticos se transforma en autócrata (persona elegida por ella misma), y como tal en dictadora, sólo porque así deseo pensarlo, más allá que todos los elementos insistan en mostrarnos que no es así. La historia de la humanidad está plagada de mártires, víctimas de la subjetividad, damnificados por ficciones y deseos de terceros, de modo que no nos puede causar sorpresa la estigmatización recurrente en la que caen nuestros adversarios, centralizados cual fundamentalistas, en la figura de nuestra Primer Mandataria.


Es indudable que cada uno de estos personajes pretende acercar palitos a la fogata. Hasta ahora los acarreados contaron con demasiada humedad por lo cual no han conseguido avivar el foco ígneo, esto no implica que en algún momento no hallen leña seca con la cual lograr el objetivo.
Si de ficciones hablamos cualquiera tiene derecho desde el arte a elaborar creaciones propias. En lo personal valoro por sobremanera dicho género literario y más cuando de notables plumas se trata. El problema radica cuando el análisis político, económico y social comienza a confundirse con tan ilustre sendero poético. Dicho de otro modo, cuando se le pretende dar a la ficción entidad de realidad y por ende de certeza histórica. Lo que sospechamos a partir de nuestro imaginario lo trasladamos como hipótesis, de ese modo su publicación editorializada comienza a formar parte de la opinión pública simplemente porque tuvo la oportunidad de ser divulgada en medios de difusión masivos.



Si Thomas de Quincey hubiera publicado su extraordinaria novela Del Asesinato Como una de las Bellas Artes en un suplemento policial cual si fuera una editorial seriada, es muy probable que parte de la opinión pública le hubiese otorgado al texto rango de apología y de ese modo su temática ostentaría en el presente un falso velo de hipótesis. “Eso de matar encerraba por entonces cuestiones artísticas nada desdeñables”. De todos modos nada nos hace pensar que si tal cosa lindante con el absurdo se daba, millones de desprevenidos podrían llegar a consentir en la actualidad que en el Reino Unido de principios del siglo XIX tal cuestión era aceptada socialmente. Por suerte el notable autor Inglés nunca creyó que su ficción formaba parte de la realidad tangible. Si de su realidad como artista, no como ensayo social.

Hoy notamos que mediocres escritores, sumamente imaginativos pero bastante desdeñables desde la prosa, nos presentan sus cavilaciones internas con formato de ensayo, y no desde la ficción. Publican sus libros y sus textos en los suplementos políticos, sociales o económicos de modo presentarlos como testimonios de la contemporaneidad, simples conjeturas personales que deberían participar de antologías literarias y no formando parte de apéndices analíticos.

¿A qué o a quién responsabilizar de tal situación, de tal confusión?

En primer lugar otorgarle cierta responsabilidad a nuestra cultura judeocristiana sería un buen comienzo. La Biblia es un buen ejemplo del asunto. Texto cuyas historias tienen entidad de documento taxativo. Tanto el nuevo como el viejo testamento contienen asertos que muy difícilmente ingresen dentro de los senderos de la refutación y el debate desde la historicidad aún a instancias de párrafos cuya verosimilitud resulta del más burdo imaginario. De modo que culturalmente estamos predispuestos para aceptar fraudes intelectuales como cuestiones fehacientes. Si es posible aceptar mansamente la virginidad de María o que un hombre con sólo elevar un báculo hacia el firmamento posea la potestad de separar las aguas de un río cuántas razones culturales habría para no asumir que mediante la falacia y el embuste es posible construir a un demonio contemporáneo. Podría afirmarse que una buena parte de nuestra estructura intelectual necesita del embeleco engañoso para sobrevivir, para convencernos de nuestro propio imaginario. Acaso que otra cosa encierra la fe. Diezmo mediante es posible construir a partir de la debilidad, del amor, la carencia, el odio, el sectarismo, la discriminación, el fanatismo. Durante la Edad Media y parte del Renacimiento, estamos hablando de varios siglos, la Inquisición no sólo fue un sujeto religioso sino además un sujeto político que estableció un relato satánico hacia todo aquello que no estuviera dentro de los cánones vaticanos.  Solamente algunos pocos artistas y científicos trataron de sobreponerse a tal oscurantismo. El precio pagado en vidas fue elevadísimo debido a que la política estaba en consonancia con el relato instalado por el poder real.

Otra parte de la responsabilidad la tienen los editores de los medios de comunicación. De alguna manera ellos son los que determinan que ciertos relatos de ficción ostenten entidad editorial. Esa extraña miscelánea que implica la construcción de un imaginario para favorecer propios intereses. Manejar la información, acaso crearla, escindir la parte que me conviene porque el todo me incomoda, o directamente mentir, lo que vulgarmente se llama operar.

Hoy podemos ejercitarnos a través de los antecedentes profesionales de cada autor y de cada medio; y aquí nos cabe una buena parte de responsabilidad. La verdad y la mentira están al alcance de la mano, ni siquiera debemos ir tan lejos en el tiempo; sólo estamos obligados a ejercitarnos en la lectura de esos mismos relatos para hallar las muescas que irrefutablemente marca la tangible realidad. Y no hablo de contradicciones, cuestiones humanas que tienen que ver con los naturales cambios sociales existentes, hablo directamente sobre relatos inexistentes que originaron delicados conflictos que en algún caso intentaron condicionar y hasta conspirar contra el mismo contrato social: La Democracia.

La incidencia de la opinión publicada en la opinión pública no se puede minimizar, lo que automáticamente debería determinar que los receptores elevemos las defensas a partir de un fundamental ejercicio crítico. En el año 2011 fracasaron de cabo a rabo montados en el éxito del 2009. Temo que en su oportunidad el antagonista subestimó al pueblo reiterando recetas. Sospecho que aprendida la lección intentarán modificar las estrategias comunicacionales, asuntos que estamos percibiendo con una crudeza inusitada. Si bien las ficciones planteadas son las mismas, los modos y las formas han potenciado sus signos de virulencia: Fogonear manifestaciones violentas, laborar dentro de las internas de los partidos políticos favoreciendo o menoscabando líneas internas, judicializar decisiones políticas sopretexto de un falso republicanismo, especular con la debilidad de algunos burócratas desencantados, soslayar el contexto internacional, ejercitar demagogia conceptual (el tema del impuesto a los ingresos elevados es un ejemplo del caso), fomentar la victimización  anexando disconformismos y enojos a través de parámetros comparativos para realzar nichos conflictivos, desajustes que existen en todas las sociedades del planeta. En la actualidad parece internalizado que cinco mil pesos mensuales por ocho horas diarias de trabajo constituye un avieso insulto hacia el trabajador sin tener en cuenta desde dónde partió el modelo vigente. Resulta curioso y a la vez sospechoso como las corporaciones han decidido argumentar en contra de sus propios intereses, organizaciones que no tienen ningún reparo en acotar derechos de toda clase y especie. Qué encierra elevar las expectativas de una sociedad que hasta hace siete años hablaba solamente de conservar empleo.  Acaso el recuerdo de la operación sobre el 82% móvil nos sirva como paralelo.




Un sistema electrónico, para poder funcionar eficientemente, necesita que cada componente reciba los impulsos y la información adecuada para cumplir con su rol dentro del mecanismo. A la par cada microelemento tiene sus capacidades de reacción ante la contingencia; la verdad tecnológica si se me permite la desmesura. ¿Qué ocurriría con ese mecanismo si comenzamos a incorporarle elementos fraudulentos, ficcionales, engañosos? La respuesta cae de maduro. No funcionaría o en el mejor de los casos operaría durante un tiempo hasta que las demás piezas de entramado mecánico se vean afectadas.
Algo similar ocurre con el sistema democrático y lo vemos claramente en varios países europeos. La falacia mercantil y financiera están incorporadas al mecanismo social por medio de la ficción mediática, de ese modo las personas no escogen en función de sus propios deseos, lo hacen a favor de un sistema que privilegia intereses corporativos, muy alejados de las necesidades colectivas. Obsérvese con detenimiento el tratamiento mediático que recibieron en España los temas Repsol – YPF y Bankia y notaremos como la fábula editorial contribuyó enormemente para, en el primer caso, instalar a la corporación petrolera multinacional como de propio dominio y en el segundo caso lograr la socialización de las pérdidas de un privado a instancias del colectivo. (El caso del golpe de estado en Paraguay no cuenta con desperdicios al respecto)

Sobre la base de lo dicho ¿Cómo distinguir a un analista de la realidad honesto intelectualmente, que dice desde dónde habla, por sobre los encantadores que editorializan deseos propios?



Como primer ejercicio si deseamos acercarnos a la verdad resulta inevitable como receptores despojarnos de nuestros propios deseos. Eso no implica abandonar las subjetividades. Todo lo contrario. Este sencillo ejercicio no evitara caer en las redes de las ficciones que generan los deseos ajenos. Si en la coyuntura se afirma que se acabó la fiesta y nada será como fue hasta el 2011, qué era lo que entonces se criticaba: ¿El incipiente proceso industrializador, la AUH, la distribución de la riqueza, la nacionalización de los fondos de pensión, la recuperación de YPF, la inclusión de los sectores más postergados, los aumentos bianuales de las jubilaciones y pensiones, las paritarias, la modificación de la carta del BCRA, los planes de vivienda? Justamente cuestiones que en el marco de la coyuntura internacional son instancias que indudablemente menguan el impacto de la debacle mundial.

Tanto nosotros como los Gobierno, en todas sus  jurisdicciones, merecemos que los análisis políticos se construyan a partir de la realidad y no de la ficción. A los poderes en ejercicio les será de utilidad para corregir sus erratas y pendientes, a nosotros para comprender que la vulgar linealidad conceptual conspira contra el colectivo. La facilidad es mala novia, de modo que otorgarle crédito a todos aquellos que simplifican la coyuntura proyectando sus propios deseos es, fue y seguirá siendo responsabilidad nuestra. Como dice Sabina, para que no nos tomen por subnormales nosotros somos los que no debemos considerarnos como tal.



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