EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

jueves, 28 de junio de 2012


Hoffa y Hoffito III


El ala sindical del Grupo A


Poco tiempo antes de las elecciones primarias nos atrevimos afirmar desde este foro que la candidatura de Cristina Fernández de Kichner nos colocaba personalmente en una sombría dualidad político-humanista. Por un lado la satisfacción de que el modelo Nacional y Popular seguía contando con su más brillante y destacado exponente político. Al mismo tiempo advertíamos sobre el recurrente e histórico grado de canibalismo que nuestra sociedad ha desarrollado históricamente deglutiéndose literalmente a nuestros mejores hombres y mujeres. Yrigoyen, Perón, Frondizi, Illia, Alfonsín y hasta el mismo Kirchner. Hombres que siembran de citas y noblezas a nuestra contemporaneidad pero que en su tiempo fueron destrozados por los intereses coyunturales, democráticos gobernantes que fueron acusados de cuanta cosa nefasta sucedía, mandatarios populares que fueron víctimas de las más siniestras operaciones corporativas tanto internas, como externas.

De modo que dentro de este panorama la actualidad no nos puede sorprender. En su momento sosteníamos que nuestra conductora inexorablemente iba a ser sometida a ese determinismo histórico colectivo que tristemente nos caracteriza y que en lo personal, desde el punto de vista humanista, no estábamos ni estamos dispuestos a tolerar con la pasividad de simples espectadores.

La presente reedición del armado corporativo denominado Grupo A, en este caso a través de su ala sindical, de la mano de la misma cabeza mediática que organizara en el año 2009 su ala legislativa, resulta un correlato unívoco que las intenciones destituyentes nunca arriaron sus banderas fundacionales más allá de la contundente derrota sufrida en las urnas. En ambos casos la cuestión impositiva constituye el centro de la excusa. En aquel momento fue el sistema de retenciones agropecuarias, en la actualidad los gravámenes sobre los salarios más elevados de nuestro colectivo laboral registrado.

El discurso hegemónico ha convencido a una buen parte de nuestros compatriotas sobre lo nefasto que resulta tener un sistema impositivo que tienda hacia la equidad. Desde luego que no se plantea de ese modo, se lo hace desde el eufemismo y el embuste. Se habla de confiscación, de impuesto al trabajo, y demás sofismas que hacen a la universalización de la engaño. Entre ellos se observa como detalle substancial la necesidad de bajar el gasto público sopretexto de que el dinero de los contribuyentes es utilizado de modo malversado. Ante esta afirmación el ciudadano finaliza aceptando cómodamente y desde su propio egoísmo que pagar impuestos resulta poco menos que un desfalco por parte de un Estado corrupto e ineficiente. La receta se reitera, los argumentos continúan vagando entre la desinformación y la ignorancia sobre el entramado fino que encierra la administración pública. Por ejemplo se habla del sistema de subsidios de los servicios como si tal política no afectara positivamente en nuestros bolsillos cotidianos. ¿Pensarán algunos qué se trata de un derecho adquirido? En ocasiones me encuentro con compatriotas que ni siquiera lo toman en cuenta como ingresos indirectos.

Hugo Moyano, advertido por el mismo Magneto en una reciente reunión que el propio dirigente camionero admitió, trabajó sobre un tópico muy menor tratando de fortalecerlo fuera de toda lógica política. Lógica que sospecho encuentra al desbaste como única alternativa racional. La desmesura de la reacción, cuestión que contó con fogoneo mediático, por un tema que se viene actualizando año tras año y que no impacta a los sectores más sensibles de nuestra sociedad se puede considerar una excelente excusa para potenciar un conflicto que a la sazón de nuestra historia cercana resulta ciertamente risible.

De todas formas existe una superficie, una punta del iceberg, lo visible para nosotros, el vulgo. Por debajo se encuentran los entramados más complejos y que generalmente no figuran en la letra chica de las editoriales: El marco ideológico en el que se encuadran las acciones políticas y su correlato de alianzas para el logro de tales fines.

Recordemos las acciones y operaciones mediáticas construidas por aquel Grupo A legislativo y el consecuente daño político que le causó a nuestra Patria durante su período de gloria, tiempos que coincidieron con una coyuntural crisis internacional. El escenario, con matices, se repite; en esta oportunidad las corporaciones optaron por un ala más activa, que tenga mucha mayor capacidad de movilización y en consecuencia de daño. En la actualidad y para sorpresa de muchos el brazo político de las corporaciones lo constituye el movimiento que encabeza Hugo Moyano. Evidentemente existen cuestiones que el Gobierno Nacional no piensa negociar, lo que pone al dirigente sindical en una disyuntiva superior a sus propias apetencias políticas personales: Alcanzar sus objetivos individuales por dentro o por fuera de un modelo que lo ha erigido otrora como el mejor aliado y en la actualidad como el más acérrimo opositor.

De todas formas el hombre no es un improvisado en la materia. Sabe perfectamente los caminos que debe seguir para acotar determinadas aspiraciones que ciertos vanguardistas de la izquierda comenzaron a exponer en estas horas dentro del espacio sindical, como así también conoce que deberá renovar su contrato el 12 de julio, y que de tener éxito en la empresa indefectiblemente ese mismo contrato tiene fecha de vencimiento el 7 de diciembre. Esta segunda renovación política dependerá de su operatividad para impedir que los intereses de sus actuales aliados no se vean afectados.

Luego del escandaloso 55% la derecha ha logrado rearmarse a partir de sus propios infiernos. Posee un ala política derrotada, mesa de enlace incluida, pero instalada mediáticamente, y posee un ala sindical activa y omnipresente que no tiene reparos en incendiar el país si fuera necesario, y que hasta ahora puede exhibir triunfos concretos en lo concerniente al armado de poder. Un entrañable amigo de estos espacios, Manuel El Coronel, se preguntaba atinadamente, y resulta paradójico luego de la contundencia electoral de Octubre, si el Gobierno Nacional es realmente oficialismo u oposición con respecto al poder real, y si éste existe de modo uniforme, cosa que no tengo dudas, en dónde descansa. Considero la cuestión como el principal punto de nuestro dilema contemporáneo. 

Tangiblemente estamos en condiciones de asumir un devenir de tiempos políticos plagados de miserias, cuestiones que dividirán aguas de modo inexorable. Resulta penoso observar que los jinetes que montan los caballos destinados a despellejar a nuestra Tupac son tipos que disfrutaron de las mieles del modelo y que la demanda mediática de la que hoy disfrutan se debe a su participación pasada dentro de una construcción política que vino para rearmar un entramado social que ni siquiera los más optimistas pudimos estimar.

Desde este humilde espacio humanista seguimos pensamos en Cristina; en su dolor interno ante la traición, en su soledad ante la ausencia del compañero de lucha, aquel mismo que estuvo a su lado cuando los arrebatos destituyentes del 2008. Es probable que si estuviera entre nosotros muchos de los que se animan en la actualidad estarían debajo de la cama o conduciendo un camión, como simples laburantes y no como representantes de los que desean el cadáver de nuestra conductora, hambrientos desquiciados que apetecen saciar su natural e histórico canibalismo de clase.



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