EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

lunes, 25 de junio de 2012


Compañero Lugo



Un hombre de fe, con firme arraigo popular dentro de los sectores más sensibles de la sociedad y muy distante de la  irremediable maldad que la política requiere arriba a la presidencia del Paraguay en el marco de una alianza progresista/liberar, construcción política diseñada en oposición al histórico partido Colorado, fuerza ésta que supo actuar en consonancia con el dictador Stroessner durante su ejercicio de facto.

Las intrigas de unos y otros en contra del primer mandatario no se hicieron esperar. A poco de andar la erosión de los duchos en la materia encontraron en el celibato del compañero Presidente su mejor excusa. Hombre que se hizo cargo de su propias contradicciones de fe; cuestiones que no hacen al ejercicio del poder y la toma de decisiones, y que muy por el contrario constituyen el basamento de su estructura religiosa privada, actos en los cuales su responsabilidad sólo le compete en lo personal. ¿Por qué un hombre de fe debe dejar de ser hombre social, hombre real, hombre deseo? Debates sectoriales y puntuales que no hacen a la gestión política. No es de extrañar entonces que el clero guaraní haya sido la primera institución en validar el golpe cívico perpetrado.

Como quedó demostrado en los informes confidenciales que expuso Julián Assange en sus wikileaks. desde el año 2009 se estaba pergeñando lo que en definitiva ocurrió. Más allá de los errores políticos de Lugo, sobre todo en lo referente a la construcción de un ala política propia, no es menos cierto que dentro de una sociedad en donde predomina un sistema casi feudal la cosa se complejiza exponencialmente.

El Paraguay constituyó en democracia, siguiendo su propia inercia, una sociedad postdictadura con extremas diferencias sociales. El 10% de sus habitantes son propietarios del 90% de las tierras lo que configura un estatus ciertamente conflictivo en el marco de un país en donde la producción primaria resulta su principal actividad económica.

Fernando Lugo trató de romper con esa inercia intentando moderadamente propiciar políticas de ocupación pacífica por parte del campesinado a cuenta de una histórica reforma agraria esbozada décadas atrás, proyecto nunca tratado con la debida seriedad y notoriamente cajoneado por el mismo congreso que lo destituyó.

Así pues, y luego de una salud que nunca lo acompañó, los  cipayos de siempre, los enemigos de la América Latina dieron con el cura sin que medie una mínima resistencia activa, el desgaste se había consumado.

Desde adentro del territorio es muy poco lo que se puede hacer. Estratégicamente el Paraguay encierra secretos geopolíticos insoslayables, tanto para el imperialismo como para sus socios: las clases dominantes de toda la región.

De modo que Unasur y MERCOSUR no deben demorarse en cercar a los golpistas. Dos razones motivan dicha firmeza: En primer lugar restituirle el poder al pueblo, ergo a Lugo, y en segunda instancia preservar a la zona de cualquier otro intento desestabilizador. No alcanzan las declamaciones y las sanciones, lo hemos visto en Honduras. Se precisan acciones regionales concretas imposibilitándoles a los golpistas de turno cualquier atajo que le permita cierto respiro. Es hora de corregir nuestras erratas de la guerra de la Triple Alianza.

Los intelectuales, políticos y periodistas vernáculos que no tipifican lo ocurrido como una asonada anticonstitucional encierran dentro de sus razonamientos una posibilidad cierta de carácter destituyente a escala local. Lo observan como un camino potable, sopretexto de reinstalar un republicanismo supuestamente perdido.

Urge la movilización y la militancia horizontal, urge que como pueblo hagamos una demostración concreta de compromiso político. Urge ganar la calle, exhibir taxativamente que estamos dispuestos a poner el cuerpo si la cosa se pudre, para que nadie crea que un intento destituyente tendrá el plácido paseo que tuvo Franco hasta su sillón de traidor.






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