EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

miércoles, 21 de marzo de 2012

SEMANA DE LA MEMORIA IV - ENSAYO SOBRE LA AMNESIA - Autor PATRICIO PRETTI

ENSAYO SOBRE LA AMNESIA  
Autor: Patricio Adrián Pretti






Primer Premio Concurso Azucena Villaflor
Secretaría de Cultura de la Nación
Categoría: Ensayo de 14 a 17 años

¿Adán y Eva eran negros?

"En África empezó el viaje humano en el mundo. Desde allí emprendieron nuestros abuelos la conquista del planeta. 
Los diversos caminos fundaron diversos destinos, y el sol se ocupó del reparto de colores. Ahora las mujeres y los hombres, arco iris de la tierra, tenemos más colores que el arco iris del cielo; pero somos todos africanos emigrados. Hasta los blancos blanquísimos vienen de África. Quizás nos negamos a recordar nuestro origen común porque el racismo produce amnesia, o porque nos resulta imposible creer que en aquellos tiempos remotos el mundo entero era nuestro reino, inmenso mapa sin fronteras, y nuestras piernas eran el único pasaporte exigido."
                                                           “Espejos”, Eduardo Galeano.

La desmemoria/1

Estoy leyendo una novela de Louise Erdrich. A cierta altura, un bisabuelo encuentra a su bisnieto. El bisabuelo está completamente chocho (sus pensamientos tienen el color del agua) y sonríe con la misma beatífica sonrisa de su bisnieto recién nacido. El bisabuelo es feliz porque ha perdido la memoria que tenía. El bisnieto es feliz porque no tiene, todavía, ninguna memoria. He aquí, pienso, la felicidad perfecta. Yo no la quiero.

La desmemoria/2

"El miedo seca la boca, moja las manos y mutila. El miedo de saber nos condena a la ignorancia; el miedo de hacer nos conduce a la impotencia.  La dictadura militar, miedo de escuchar, miedo de decir, nos convirtió en sordomudos. Ahora la democracia, que tiene miedo de recordar,  nos enferma de amnesia; pero no se necesita ser Sigmund Freud para saber que no hay alfombra que pueda ocultar la basura de la memoria"

La desmemoria/3

En las islas francesas del Caribe, los textos de historia enseñan que Napoleón fue el más admirable guerrero de Occidente. En esas islas, Napoleón restableció la esclavitud en 1802.A sangre y fuego obligó a que los negros libres volvieran a ser esclavos de las plantaciones. De eso, nada dicen los textos. Los negros son los nietos de Napoleón, no sus víctimas.

La desmemoria/4

Chicago está llena de fábricas. Hay fábricas hasta en pleno centro de la ciudad, en torno al edificio más alto del mundo. Chicago está llena de fábricas, Chicago está llena de obreros. Al llegar al barrio de Haymarket, pido a mis amigos que me muestren el lugar donde fueron ahorcados, en 1886, aquellos obreros que el mundo entero saluda cada primero de mayo.-Ha de ser por aquí-, me dicen. Pero nadie sabe. Ninguna estatua se ha erigido en memoria de los mártires de Chicago en la ciudad de Chicago. Ni estatua, ni monolito, ni placa de bronce, ni nada. El primero de mayo es el único día verdaderamente universal de la humanidad entera, el único día donde coinciden todas las historias y todas las geografías, todas las lenguas y las religiones y las culturas del mundo; pero en los Estados Unidos, el primero de mayo es un día cualquiera. Ese día, la gente trabaja normalmente, y nadie, o casi nadie, recuerda que los derechos de la clase obrera no han brotado de la oreja de una cabra, ni de la mano de Dios o del amo. Tras la inútil exploración de Haymarket, mis amigos me llevan a conocer la mejor librería de la ciudad. Y allí, por pura casualidad, descubro un viejo cartel que está como esperándome, metido entre muchos otros carteles de cine y música rock. El cartel reproduce un proverbio del África: Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador.
                                        "El libro de los abrazos",   Eduardo Galeano


Casi olvido escribir este ensayo, y en ese olvido casi programado, llega a mi memoria, si es que allí no estaba, la sensación de no recordar con mucho detalle de que consta “escribir un ensayo”. Recurro irremediablemente a la memoria. Todos los seres vivos dotados de un sistema nervioso simple, poseen la capacidad de adquirir conocimientos sobre el mundo que los rodea, y por lo tanto crear recuerdos. Estos últimos señalan que se ha realizado un aprendizaje. Y un aprendizaje no es más que un cambio relativamente permanente en el comportamiento de una persona dado por la experiencia. Para caer en verdadera conciencia de la importancia de la memoria basta con solo imaginarse qué sería de quien debe llegar a tiempo al trabajo, o cumplir a rajatabla con un horario, y simplemente olvidara hacerlo; o mucho peor, olvidar el significado de las palabras, cuál es el nombre de esa persona, o si de un día para el otro olvidásemos cómo andar en bicicleta, dónde vivimos, cómo respiramos, de dónde venimos, hacia dónde vamos…

En fin, entre tanta exageración, la memoria es un elemento de vital importancia para nuestra sociedad, tanto como parte de la técnica, o como un elemento fundamental de la identidad. Siglos y siglos de tradición oral, pasando por la invención de la escritura, los primeros libros, la primera imprenta, hasta los nuevos medios tecnológicos que nos permiten almacenar,  si es necesario, caudales de información insospechados para nuestro humilde cerebro. No dudo de la capacidad de  la memoria humana, pues es sabido que el cerebro humano es capaz de almacenar entre 1 y 10 terabytes. Pero la simple observación me lleva a intuir que de algún modo la memoria es un lujo que fuimos perdiendo con el tiempo. El problema no es la falta de memoria, sino el olvido de aquellas cosas que en cierta forma nos hacen más humanos. Con frecuencia nos olvidamos de las personas que viven a nuestro lado, de aquellos que son marginados; y poco a poco nos olvidamos que no estamos solos, que el bienestar de uno, significa la carencia del otro, es decir, que “tenemos algo” porque sabemos que existen “otros” que no “tienen nada”.

Y quizás no se nos olvida, quizás tenemos miedo a recordarlo porque entonces todos nuestros logros, nuestras ambiciones, nos hacen debidamente más responsables de la situación en la que vivimos, y desaparece progresivamente ese fantasma al que uno le echa la culpa cada vez que las cosas no salen como queremos, o el mundo no es como debiera…

Llego a la conclusión de que el ser humano nace predispuesto al olvido, nada existe si no es para ser olvidado. Todo tiende al estado de amnesia, amnesia que nos es común a gran parte de la humanidad. Descarto la posibilidad del acostumbramiento, me aferro cada vez más a la idea de que estamos sujetos a omitir los recuerdos traumáticos de la conciencia colectiva de la humanidad. Se estudian, casi de memoria, las brutalidades de las pasadas guerras mundiales y dictaduras, pero poco se dice acerca de que fueron personas como todos nosotros, las que desataron aquellos sucesos. Y hoy, aparentemente lejos de esos años, aún seguimos repitiendo los mismos hechos, sin más esperanza que la probabilidad de que las cosas algún día cambien. Esperanza de esperar el momento justo, el preciso instante en que se nos diga que aun no es tarde, que quizás se pueda cambiar de rumbo, ahora, o mañana; no importa. En fin, que la utopía es tan incierta como deseamos que sea. Así también es la memoria, lejana, incierta, inmóvil. Hasta que aparecen esas pequeñas cosas, silentes indicios, que le devuelven el alma y dejan de ser inertes fotografías para convertirse en breves fragmentos de vida; que en su conjunto configuran nuestro actuar. La memoria modela, construye nuestras vivencias. Pero no es absoluta, se trata de una estructura subjetiva e individual. Y al igual que ocurre con las sociedades, donde la suma de individualidades genera una identidad grupal, también podemos hablar de una “memoria colectiva”. Hablar de memoria colectiva, supone reconocer una historia común, más allá de las disparidades o distorsiones de lo relativo; supone utilizar una licencia del lenguaje que nos permita decir como propias, palabras de todos. La memoria de una sociedad comprende el “para qué” de nuestro pasado, donde éste es “algo más” que hechos; donde “nosotros” formamos parte de él y por ello es “nuestro”. Pretendo hoy ejercer memoria para reflexionar acerca de lo ocurrido hace no mucho más de 30 años, pero no puedo. Mi existencia no resiste el ejercicio de la memoria, se trata de una época de la cual no fui testigo, y por lo tanto he de recurrir siempre a fuentes orales o escritas, anteriores a mí. Pero, al igual que mis contemporáneos, no estoy exento: la memoria es un elemento que se adquiere paulatinamente, es de esas cosas que se ganan con el tiempo, y cuestan adquirir; algunos dicen que debe ejercitarse para no perderla; según creo yo, esa capacidad llega sola… la capacidad de recordar digo, y la de olvidar también……hace ya casi nueve años que vivo en Coronel Dorrego, Provincia de Buenos Aires, y a raíz de este trabajo, mi pequeño Rawson (también en Provincia de Buenos Aires) vuelvo a mí…
Olvidar es aún más difícil que rememorar, su acción es ignorar, pasar por alto, o en ciertos casos negar lo que hasta entonces reconocíamos.
La idea no es juzgar “por qué” lo hacemos, más bien me pregunto, ¿para qué lo hacemos? A esta altura es necesario diferenciar el olvido voluntario del involuntario, y sus razones. Desde hace un tiempo, con un grupo de compañeros comenzamos a ir una vez a la semana al asilo de ancianos de nuestro pueblo, allí se albergan las personas mayores que por uno u otro motivo, deben ser asistidos tanto en vivienda, alimentación, afecto, todo. La primera vez que lo hicimos suponíamos que era de esperarse cierta hostilidad, o cuanto mucho algo de resistencia a nuestra presencia. Aun así, el transcurso de la tarde se sucedió fluidamente entre partidos de truco e interesantes charlas, pero he de detenerme en una que llamó mi atención, al menos ahora que la recuerdo. Érase un grupo de señoras que se encontraban sentadas a uno de los límites del salón, al lado de una puerta, de modo que observaban desinteresadamente lo que ocurría en esa sala. La conversación se sucede consuma fluidez, los temas recurrentes fueron: la política, la sociedad y la función de los jóvenes en ella, entre otros. A cierta altura interrogo sobre su edad a una de ellas, la más participativa, pero responde:-

 No se… No recuerdo…
 Casi sin querer pregunto nuevamente:-

¿Cómo que no se acuerda? Pero me retruca:-

¿Para qué recordarlo?
Cumplo años, y listo…

Y concluimos en una risa compartida. Y que se yo, tenía razón…
 Lo mismo sucede con nuestra sociedad, su memoria, cuarteada, amarilleada, por el complejo devenir, va perdiendo poco a poco, pero cada vez a un ritmo más acelerado, la capacidad de reconocer para qué olvida. Me detengo nuevamente, y es que no encuentro justificativo para olvidar lo pasado hace treinta y pico de años, ¡pero ojo!, pretendo decir que el simple ejercicio de la memoria no alcanza, hace falta sentirnos participes, testigos responsables, aprender de esas pequeñas cosas, testimonios que a su vez le devuelvan el alma a la historia, para que deje de ser eso, un inanimado pedazo de tiempo, que solo le importa a unos pocos que dedican su vida a leerla, o a interpretarla, a contarla, a escribirla… Es un camino complicado, hay que tener muy claro a dónde vamos, para no desviarnos, para no caer otra vez en el trágico “no te metas” o el clásico pretexto escolar:“fuimos todos”, el “algo habrán hecho”…Después de todo es lo único que nos queda, memoria y esperanza de justicia. Justicia que no es ni inmediata ni concreta, justicia que solo será tal, cuando sepamos valorar la vida en cualquiera de sus formas, cuando aprendamos que la única y más duradera herencia que podemos dejar, es la certeza de que hicimos lo que debíamos hacer, o más; que la memoria es algo más que una proyección en el tiempo, es un “arma cargada de futuro”, es memoria -herramienta, es quizás lo único que sobreviva tanto a las secretas, como a las cotidianas muertes. Los hijos, herencia de la vida, fueron en la mayoría de los casos, sobrevivientes de las secretas muertes que se llevó consigo la dictadura. Hace tiempo que conozco a uno de ellos, uno de esos hijos cuyos padres arrebató el pasado golpe de estado. Es profesor en la escuela a la que asisto, la E. E. M. Nº 2 de Coronel Dorrego, enseña física, química, y matemática en algunos cursos, sin enumerar talleres opcionales que la escuela brinda. Desde hace un tiempo, la escuela ofrece a los alumnos de los últimos tres años, un taller sobre medio ambiente, en el cuál él, Ramón Aiub, es el profesor a cargo. En ese espacio estudiamos (y discutimos) acerca del entorno y su intrínseca relación con la sociedad. No se trata de una materia con demasiada carga horaria, apenas unas tres horas semanales repartidas en tres días. A lo largo de esa hora (hora y pico a veces) los temas a tratar suelen sucederse sin demasiado reposo, por lo que al cabo del día, bien pudieron ser tres o cuatro las veces que la clase torna en un giro inesperado a causa de una expresión o una idea que abre paso, a su vez, a otra cuestión de igual o mayor importancia. Otro caso, completamente distinto, se da cuando la charla implica cuestionamientos sociales; la clase se extiende invariable, doy por seguro que se debe a que es una persona muy comprometida. No se cuán distinto sería él hoy, si sus viejos hubieran estado allí para acompañarlo, como lo hacen los míos conmigo. Ocurre que los viejos son algo irremplazable, calan a fuerza de retos, palabras de aliento, abrazos, cobijo, en todo lo que al fin y al cabo somos.¿Memoria Genética?

Recuerdo recientemente haber compartido con él una canción de Armando Tejada Gómez llamada “Piedra Libre” que llegando al final de una de sus estrofas canta:

(…) ¿Qué pasa con la sombra de tu viejo
 Que te persigue
en todos los espejos? (…)

Pero la herencia trasciende más allá de las ausencias, y es así como padre e hijo, quizá sin querer, comparten el amor por las palabras, uno construye poemas, el otro compone canciones… en fin…

si sos vida porque vivís 
y vivís porque vas cambiando 
y así vive el universo todo porque también va cambiando 
y si cambiar es doloroso porque es violento y es llorar  
y si es desembarcar en un país diferente que se iba pareciendo inalcanzable al mismo tiempo y sonrisas y es camino nuevo
 si vivir es todo eso y algo más 
si es aquella parte de conciencia que en algún momento te dice qué hiciste hasta ahora y note deja si cambiar es todo eso y algo más 
y te das cuenta 
y sentís que se hacen una sola cosa vida y cambio y amor y lucha y risas y llanto todo uno fragua inevitable
si además sentís esa necesidad de cambiar 
como una especie de reclamo por parte de tu propia esencia
de tu propia profundidad nunca suficientemente entendida ni asumida como una especie de cansancio y de hastío
como una especie de invierno largo y penoso 
si sentís esa necesidad te decía porque si no andás mal tirado para no morir 
así de simple así de complejo y así de pleno y así de necesario 
para vivir y no morir  
para que siga viviendo todo,
todo lo simple y lo complejo
todo lo pleno y necesario principalmente lo necesario 
porque pensás que ya murieron tantos 
y que hay que cambiar  
si te ocurre todo eso es muy probable que seas esa criatura superior que llamamos hombre 
y es muy probable que empieces a sufrir porque querés cambiar todo de un golpe y sin embargo tarda
ocurre que sos un pedazo de vida echado a rodar  
y tenés conciencia 
y sos algo más.-

“veinticuatro”, del libro “Versos Aparecidos” de Carlos Aiub. Editorial Libros de la talita dorada, 2007

Es de mañana, llueve desde temprano, pienso en qué trae esa lluvia a mi recuerdo…

… y cruza lluvias de hace mucho tiempo la que mojó al final tu cara triste la que alegró el primer abrazo nuestro la que llovió sin conocernos antes y desandamos tantas lluvias tantas que el agua está recién nacida, vamos, que está lloviendo para arriba, llueve, y con los dos nuestro paraguas sube… (Los paraguas de Buenos Aires, Astor Piazzolla- Horacio Ferrer)

Hace ya un largo rato que sonó el despertador; me levanto. Enciendo el televisor, y en la pantalla aún se pueden ver los aluviones de gente que peregrinan para despedir al fallecido ex-presidente argentino, Néstor Kirchner. ¿Qué convierte a esas personas en merecedoras de un rincón privilegiado en la memoria colectiva? Pienso en todos los que se fueron en masivas despedidas, en los que se fueron en silencio también. ¿Qué los hizo parte de la memoria? Pienso también en los que mataron a sangre fría, y por ello merecen el peor de los castigos; ser recordados. Erradiquemos para siempre la huella de la amnesia. Que no sean en vano, ni la memoria, ni el olvido…Que la amnesia no sea un recurso… Aún conservo la sensación, de no saber a ciencia cierta, si todo esto acaba de llegar a mi memoria, o si allí estaba…


Comentario del Editor:

Un texto se transforma en trascendental cuando luego de leerlo sentimos que nos ha mejorado, cuando nos deja meditando sobre cuestiones no pensadas, cuando al mismo tiempo la belleza de su prosa nos invita a entender que la creatividad y el talento puestos al servicio del pensamiento crítico nos elevan intelectualmente.
Patricio Pretti no sólo ha conseguido exponer sus legítimas y contundentes percepciones juveniles, ha logrado además que nosotros, los mayores, a pesar del reciente vocerío macarthista, nos apreciemos menos viejos, menos toscos, menos torpes, con respecto a una temática que en ocasiones nos confunde y que en otras nos avergüenza.
Desconozco si el joven Pretti continuará desarrollando sus enormes capacidades literarias; la vida cambia, la vida nos cambia, pero hay algo que nadie nos puede quitar gracias a este hermoso trabajo: la sutil exhortación de nunca permitirnos caer ufanamente dentro de los laberintos de la amnesia que parece haber invadido, de modo siniestro, a muchos de nuestros compatriotas. La memoria como arte, boceto que nos devela falibles, dibujo que nos coloca en nuestra verdadera y universal dimensión. De modo horizontal y sin golpes bajos presenta en sus líneas e interlineas conceptos humanistas que superan todo lo dicho hasta el momento. Espero hayan disfrutado de Patricio Pretti y su Ensayo sobre la Amnesia, de su prosa, de su modestia, de su nobleza y honestidad intelectual.

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