EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

miércoles, 14 de marzo de 2012

LA CAUSA Autor Harold H. Thompson 1942-2008


Harold H. Thompson - Textos y Poesías

La puerta de acero se cierra después 
de haber estado abierta durante un largo tiempo.
Es otra mañana en este infierno creado por el hombre,
acompañada por los relojes de los guardias.
Me paro frente a la puerta de mi celda,
mirando entrar mis tormentos.
Otro día de peleas con los bastardos uniformados,
de corazones negros, diabólicos.

Son los nazis de los tiempos modernos,
una nueva era de paquetes demoníacos.
Los miro fijamente a través del acero de mi celda.
Mi rabia fluye, hasta me shokea, es tan real.
Me paro sólo, atrapado en esta jaula,
atormentado por siempre, por una rabia encendida.

Sin escape, sin libertad, busco en vano por paz interior.
En un momento de desconcierto,
cada día, lucho contra esta enferma realidad.
Dándome vuelta, disgustado, cierro mis ojos,
vuelvo al refugio de un recuerdo, paraíso.

Agradecería cualquier hermoso escape.
No hay mucho alivio cuando estoy en guerra.
Quizá, tal vez, es un terrible sueño,
¿despertaré para olvidar los horrores que he visto?

El sueño bienvenido me lleva a los brazos de mi amada,
para abrazarme fuerte a ella.
Su cabeza descansa sobre mi pecho tan ligero.
En mis sueños acaricio su pelo...
Con una maldición despierto, ¡para no encontrarme más allí!

Entonces escucho ese odioso sonido, me es familiar.
Retumba fuerte en las paredes de alrededor.
El ruido de las llaves penetra mi cerebro una vez más,
otro día en el infierno, cada día es igual.

Otro día en la guerra de los deseos ha llegado, está aquí.
Confrontando a los demonios uniformados,
máquinas de torturar.
He llegado a odiar su uniforme paramilitar.
Nunca jugaré su juego de buen prisionero,
y por eso sé yo mi destino.
Finalmente, otro día en el infierno ha pasado,
me ha arrastrado lentamente,
y esta soledad en mi celda, me trae tranquilidad.

El odio de este sistema corrupto 
aún sigue corriendo por mis venas.
Arroja combustible a las llamas revolucionarias 
de mi corazón.
En muchos frentes luchamos los rebeldes 
por nuestra unida causa,
Yo continúo luchando aquí dentro, y tú allí afuera.

Juntos enfrentamos, frente en alto sus autoserviciales leyes capitalistas, nos muestran un falso confort desde su posición
pero están atrapados con nosotros en su propia pesadilla.
He perfeccionado mi odio hacia ellos,
y ellos han perfeccionado torturas cada vez 
más desesperantes.
¿Quién ganará finalmente?
¡Pues nosotros, por supuesto!

¡Nuestro corazón es rebelde
como uno presenta una poderosa e incontenible fuerza!
¡Ustedes capitalistas, serán testigos 
de la incontrolable rabia de la gente,
nuestra rabia, mientras luchamos por nuestra libertad!

¡Ese glorioso día, cuando nuestras cadenas sean rotas 
y por siempre, todos seamos libres!

30 de Abril, 1994 



¡NUESTRO DÍA LLEGARÁ!

“Una verdad grita en mi corazón para ser oída, así que la formularé ahora: cualquier movimiento o lucha, al no proveer apoyo a los caídos, está destinada a fracasar; como cierto es que al día sigue la noche. El apoyo a los presos debería ser considerado como la principal priori­dad dentro de los movimientos, y hada las personas como tú o yo que nunca sabremos cuando las rejas de las cárceles cerrarán tras nosotros. O cuando esas rejas se abrirán para permitirnos el regreso”. (Harold H. Thompson) 





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