FRASE DE EDUARDO GALEANO

EL ARTE Y LA CIENCIA EN UN DIÁLOGO ENTRE DOS SILENCIOS

martes, 31 de enero de 2017

"Con Cambiemos estamos en nuestro mejor momento, luego de haber pasado los peores 12 años de nuestras vidas"... reflexionó Videla... Cotillón Gómez Centurión, indignación Radical para la gilada...





Esta nota de la AM 1470 La Dorrego me hizo revisar viejos conceptos sobre el tema. Lo que disparó mi atención fueron los vómitos de buena parte de los comentaristas, tipos aparentemente jóvenes que parece no tienen inconvenientes en pisar las mismas perversas huellas del pasado so pretexto de mirar hacia delante, vaya desaguisado "tempointelectual"...





Antes que nada debo asumir mi orfandad peronista, aclarando que dicha responsabilidad no le cabe de modo exclusivo al Movimiento. No lo fui, no lo soy, y considero que muy difícilmente llegará el día que lo sea de manera orgánica. Simpatizo con gran parte de su historia reivindicativa, me atraen algunos de sus más notables artistas y pensadores, pervive en mí un estímulo vibrante y emotivo ante cada oportunidad en que releo los párrafos de Mi Mensaje. Tengo claro que el Justicialismo fue una respuesta ante la ignominia, fue construido por personas que sufrían, apartadas por un sistema que los despreciaba y no por dogmatismos; que vieron en su líder la figura indiscutida que los acercaba a la dignidad. No entender, no aceptar lo que significó el Peronismo en nuestra historia es no intentar involucrarse con nuestras más sensibles raíces culturales; esa cultura invisibilizada desde 1852, que supo encontrar cierta pureza popular durante el Yrigoyenismo pero que fue rápidamente cercenada, sin miramientos ni eufemismos, por una clase dominante y darwiniana que jamás accederá a compartir equitativamente sus supuestos y sospechosos privilegios naturales.
Hablo de nuestra cultura profunda, de la identidad de las manos ajadas y los ojos llorosos por el frío del peón que se encontró, en cierta mañana cualquiera, con un Estatuto que atendía sus penurias; hablo de los límites a la explotación del hombre por el hombre reinterpretando a la sociedad como un todo íntegro y no absurdamente segmentada entre propietarios y proletarios.
Generacionalmente, hasta el advenimiento del kirchnerismo, no tuve la suerte de vivir la mejor faz de su desarrollo político. Sus mejores hombres habían caído en la lucha contra la proscripción y las dictaduras, sea en el exilio o en el cadalso. Su refundación contó con años de contradicciones con las cuales todavía tiene que lidiar y dar las explicaciones históricas correspondientes. El enorme poder de su impronta popular hizo y hace que en muchas ocasiones se acercarán al movimiento sujetos ideológicos que lejos estaban de expresar aquellos paradigmas industrialistas y desarrollistas fundacionales; aliados ciertamente llamativos, propiciadores de la flexibilización laboral y el desempleo, de modo regular el costo de la mano de obra (siempre la de otros, nunca la de ellos) que no diluyeran las extraordinarias ganancias que el sistema corpocapitalista propone.
Tal vez, mi no-definición a favor del peronismo radique en mi propia experiencia de vida. La idea de la amnistía como plataforma electoral en 1983, el neoliberalismo durante la década de los noventa, las sucesivas devaluaciones y pesificaciones permitiendo transferencias de fondos descomunales desde lo sectores menos favorecidos hacia los más poderosos marcaron desconfianzas que, por ahora, no se logran aplacar.
Poco me detengo en las permanentes y generalizadas acusaciones de corrupción. Todos los movimientos populares han sido multiacusados y muy poco es lo que se ha develado probadamente. El propio Yrigoyen y hasta los mismos Illia y Alfonsín debieron aceptar tardías disculpas. Una forma más de hacer política, un elemento más de proyección, un síntoma más de las conductas que algunos sostendrían si fueran poder. Entiendo a la corrupción y a la corruptela como un mal endémico de nuestra sociedad y no como parte esencial ni del peronismo ni el de ninguna otra fuerza opositora. En cualquier pequeño distrito, dentro de la estructura estatal, en el ámbito privado, en los medios de comunicación audiovisual, en nuestra vida cotidiana, solemos advertir una cosmética de absoluto desprecio por las normas y las leyes, amparada por cierta victimización y a la vez, culposa justificación. Un sofisma que suele exhibirse y en el cual debemos poner suma atención crítica es la aseveración que determinadas decisiones políticas constituyen per-se un evento viciado simplemente porque afectan algún interés específico. Por ejemplo la estatización de los fondos de pensión, los planes de asistencia social, o el comercio puntual con alguna determinada Nación. Una decisión política, justamente por el hecho de serlo siempre afecta, y dicho impacto va a tener un correlato plausible de ser analizado y no de ser estigmatizado bajo el prisma del desprecio y la ruin imputación propagandística.

En escritos anteriores he detallado la gran cantidad de medidas que durante estos 12 años modificaron buenamente la vida de los sectores más castigados desde el Rodrigazo hasta la Pesificación Asimétrica, omito entonces dicha nómina para no pecar de publicista. Quiero decir que con ambas gestiones POLÍTICAS, me reencontré con las ideas del Yrigoyenismo pueblo, volvió a tomar cuerpo la FORJA de Fleitas, Dellepiane, Jauretche, Manzi y Scalabrini, se han desempolvado los textos de Hernández Arregui, de Cooke, comenzaron a tener historicidad y respeto los martirios de Dorrego, José Font, Severino Di giovanni, Felipe Vallese, Juan B. Maciel, Costa, Vera, Navarro, Ortega Peña, Agustín Tosco, Héctor Oesterheld, Paco Urondo, Carlos Mujica, de los muertos cuando los bombardeos de la Plaza de Mayo, de Valle y sus compañeros fusilados, de nuestras treinta mil almas pensantes que hoy se ponen en perversa duda y de tantos otros que por ideales y militancia entregaron, a lo largo de la historia, lo máximo, el único capital verdadero e indivisible que se tiene : La Vida.

El Kirchnerismo, en el año 2003, ordenó un desquicio social y colectivo que se llamaba Argentina, que llenaba de honores a periodistas y empresarios inescrupulosos, entusiastas por ventajas del que cuanto peor, mejor. Comunicadores que ejercían y siguen ejerciendo una suerte de foquismo destructivo, tipos que suponen ostentar moralidades superiores, que deben sospechar y sentenciar por fuera de la justicia misma, que se creen con derecho natural a un relato indiscutible, no debatible, ciertamente dictatorial.

Néstor Kirchner supo abrir sin temores ni complejos un sinfín de debates postergados, no sólo en el ámbito del mismo Partido Justicialista, cosa que le provocó soportar traiciones y destratos, sino dentro de una sociedad que poco se atrevía, hasta ese momento, a organizar y tabular sus íntimas y arrinconadas miserias. Como bien menciono un buen amigo del Pago Chico, el kirchnerismo le resultó incómodo al peronismo orgánico..

Al fijar el incuestionable concepto de Dictadura Cívico Militar resume el arquetipo. Hasta la década pasada la idea de los dos demonios, instalada por la Conadep en el primer informe Nunca Más, había echado raíces profundas en el inconsciente colectivo determinando que un par de bandas de desmadrados se disputaban la tenencia del país, mientras que una mayoría silenciosa y civil era víctima de una obra de teatral por la cual no había pagado la entrada. A partir de ese salvoconducto, la civilidad, progresista y liberal, puso la tragedia colectiva en manos militares y guerrilleros, guardándose para sí sus propios correlatos y posicionamientos ideológicos.


El siniestro rostro de la formal impunidad develado por el coraje de Néstor Kirchner nos posibilitó visualizar, de modo tangible, la connivencia extrema que existió entre los formadores de opinión (base y sustento de la propaganda y el ocultamiento totalitario) las cúpulas empresariales (como reaseguro de los negocios) con las fuerzas armadas (responsables del orden establecido) para que todo funcione según las formas y placeres de una mass media ilustrada que fijó un estatus de convenientes filones a la sombra de aquel relato políticamente correcto. Esta suerte de refrescante revisionismo histórico jamás será perdonado ya que muchos actores tuvieron la obligación de correr sus velos a propósito de sus propios intereses del pasado, situándolos en un cuello de botella que ni siquiera la dignidad del suicidio enaltecería. La solución escogida por estos fue huir hacia delante, disparando las mismas balas que durante treinta años aseguraron reprobar.
Hasta dónde entonces somos lo que decimos ser y hasta dónde creemos que tiene efecto lo que pretendemos hacer creer... En ambos casos los intereses de una corporación oligopólica son determinantes en los comportamientos individuales de sujetos que durante años mostraron un deber ser, hoy por hoy, insostenible y ciertamente sospechoso. O nunca fueron lo que dijeron ser o nunca dijeron lo que realmente son. Poco importa. Ya no hay retorno. El debate político, el grito, el trapo, lo real y lo simbólico hacen que las sociedades y sus protagonistas se reconozcan, en ocasiones con la tristeza de algún hallazgo inesperado, en otras con la firmeza de comprender que el error forma parte del camino, un camino que aprendimos a construir andando. “La política produce rituales y es hija de rituales que por pudor no desea analizar”, sostiene Horacio González.

Néstor Y Cristina fueron factor y esencia de esa construcción; sentimiento y correlato colectivo que no se rinde ante la adversidad, que no se dobla ante la amenaza y las operaciones corporativas, que no se deja amedrentar por la reiteración del embuste y la mentira.
En la histórica jornada en la cual Néstor Kirchner hizo bajar los cuadros de los genocidas Videla y Bignone, colgados en las paredes del salón principal del Colegio Militar de la Nación, muchos entendimos que nadie desde el Estado, hasta ese momento, se había interesado con marcada seriedad por el tema de los Derechos Humanos, advirtiendo que el éxito popular que había tenido la dictadura militar se encontraba muy claramente definido en la existencia y exposición de esas dos imágenes en una entidad estatal educativa y formadora de jóvenes. Poco tiempo después, al inaugurar el Museo de la Memoria en la ex Escuela de Mecánica de la Armada, en un  recordado discurso, el extinto ex Presidente pidió perdón a las víctimas de la represión por los últimos veinte años de claudicaciones. Esto molestó y fijó una divisoria de aguas definitiva con aquella burguesía que estaba muy complacida con el placebo institucional edificado 20 años atrás, que si bien juzgó a los Comandantes hizo todo lo posible, a partir de la sentencia, para detener la historia a como de lugar, instalando la teoría de los dos demonios y el falso concepto de guerra sucia. Kirchner, en ese momento, estaba anunciando una suerte de declaración de principios, base fundacional de su política sobre DD.HH. De ningún modo estaba agrediendo al ex mandatario Raúl Alfonsín, tal como fue interpretado su discurso por cierta progresía mediopelo. Como afirmara Eduardo Galeano, había comenzado un diálogo entre dos silencios.  El Presidente en ejercicio sólo relató los eventos tal cual sucedieron, haciéndose cargo, poniéndole el cuerpo a un sombrío dilema histórico / ético desde un Estado cuyo comportamiento fue ciertamente cobarde, sinuoso y acomodaticio.
Arturo Jauretche, sentenció “la falsificación de la historia ha perseguido precisamente esta finalidad. Impedir, a través de la desfiguración del pasado, que los argentinos poseamos la técnica, la aptitud para concebir y realizar una política nacional. Mucha gente no entiende la necesidad del revisionismo porque no comprende que la falsificación de la historia es una política de la misma historia destinada a privarnos de la sabiduría madre: la experiencia.


A propósito de esto ayer debatía con el amigo Emilio Liébana con relación a esta suerte travestismo socialdemócrata atreviéndome a afirmar: “De todos modos insistir, aún sabiendo el resultado negativo de la batalla, no deja de ser una linda manera de perder. Convengamos que cualquiera pelea lides con seguro resultado de victoria. Acaso estas son las que más me gustan. La escasez de aliados “meritúa”, y la cabeza gacha de los timoratos le dan tasación al intento. Y lo que más me gusta es la fenomenal cobardía que tienen ante un tipo sin espaldas y que lo único que tiene es el valor de una palabra que no tiene precio. Hoy me dio asco el comunicado del pibe Blázquez contra Centurión.. Son hipócritas desde pichones. Pretenden ser políticamente correctos y se revelan como estúpidamente perversos. Hace rato que saben qué tiene adentro el Pro y quién es Macri y cuál aliado fue su grupo empresario a la dictadura. Sin embargo no desdeñaron la alianza y allí están disfrutando de las limosnas neoliberales que les da el hacendado local Reyes. Criticar a Centurión es de cotillón y para la gilada. Son lo mismo, de lo contrario rompé. Son Morales y el secuestro de Milagro, de lo contrario rompé, son los que cagaron a tiros a los Mapuches, de lo contrario rompé. Nunca hay que olvidar que estos brotes verdes tilingosfascistoides presupuestados justificaron y estuvieron de acuerdo con censurar la muestra de Abuelas en el HCD.

domingo, 29 de enero de 2017

24 de Marzo. Obediencia debida y de vida de Macri a sus mandos naturales...


Joaquín Morales Solá escribió el 25 de Enero en La Nación: “Párrafo aparte merece el cambio de día para el feriado del 24 de marzo, aniversario del golpe militar de 1976. Tal como está el almanaque de este año y de los próximos dos, el cambio de día resulta absolutamente inútil. El Gobierno decidió conservar el feriado de ese día, instaurado como no laboral e inamovible por el gobierno de Néstor Kirchner en 2006. Varias organizaciones de derechos humanos cuestionaron en su momento esa decisión porque consideraron que le daba a la fecha un carácter festivo. No fue ésa la intención, desde ya. El 24 de marzo de este año será un viernes. ¿Para qué cambiarlo al lunes si lo mismo hubiera significado un feriado largo? Los próximos dos años caerá un sábado y un domingo sucesivamente. El primer problema lo tendrá el gobierno que esté en el año 2020, cuando caerá un martes. La modificación de día carece de sentido político porque hiere la sensibilidad de sectores sociales y somete al Presidente a una polémica inservible”.

Como vemos no se trata de la corrección de una errata política, y más lejos está el Presidente de reconsiderar la medida de eliminar el feriado del 24 de marzo desde lo histórico, lo humanístico o lo ético. Menos lo es para no promover nuevas heridas. Es una simple especulación calendaria, almanaque mediante, Macri obedece al instructivo emitido por sus mandos naturales. Nadie puede creer en los falsos arrepentimientos de una casta gobernante que se dedica a destruir no solo los derechos populares sino también sus símbolos más sentidos... 

Un detalle no menor que me permito observar. ¿Por qué la tribuna de doctrina, aliada al gobierno, expone públicamente y con tanta crudeza la escasa inteligencia de Macri para evaluar el impacto de sus decisiones políticas ?.. Me llama la atención el sincericidio 

viernes, 27 de enero de 2017

Maestros del Blues.. El legendario CARLOS DEVADIP SANTANA.. invita Javier “Paco" Miró




 por Javier "Paco" Miró



Allá por 1966, mucho antes del boom del rock latino y toda la fama que le esperaba, Santana frecuentaba el legendario templo del blues “Bill Graham Fillmore West”. Durante un espectáculo de matiné del domingo, Paul Butterfield fue programado dentro del show pero fue incapaz de hacerlo como resultado de estar intoxicado. Graham había montado una improvisada banda de músicos que conocía, sobre todo a través de sus conexiones con la banda de Butterfield y con Grateful Dead y Jefferson Airplane, pero todavía no había escogido a todos los guitarristas. El manager de Santana, Stan Marcum, inmediatamente sugirió a Graham que Santana se una a la improvisada banda, cosa Graham aceptó. Durante el mismo año, Santana formó la Santana Blues Band, con músicos de la calle. Sus compañeros fueron Marcus Malone (percusión), David Brown (bajo) y Gregg Rolie (voz, órgano de Hammond B3)
La historia posterior de Santana es archiconocida.






miércoles, 25 de enero de 2017

Cambiemos no es un gobierno, es una compleja patología social




El actual gobierno está conformado unívocamente, y ninguno de sus integrantes escapa a la regla, por mitómanos y psicópatas. Primero, de propia boca o a través de sus aliados mediáticos y judiciales, establecen sofismas, falacias dialécticas que en determinadas coyunturas les son útiles para tratar de eliminar al adversario. De tanto repetirlas, de tanto huir hacia delante, las terminan incorporando como argumento político hasta que llega el día en el cual corren el riesgo de ahorcarse. Pero son duchos en las artes de la erística, aún desconociendo de qué se trata, nunca llegan a suicidarse con ninguna verdad, antes asesinan con una mentira. Es allí en donde la psicopatía emerge. Un psicópata, según he leído en varios tratados sobre el tema, acaso el más esclarecedor es el de Wendy Koenigsmann es un individuo absorbido en sí mismo, sin conciencia ni sentimiento alguno para los demás y para quien las reglas sociales no tienen significado alguno. Son monstruos que no se pueden tratar ya que son tipos carentes de emociones.. Incluso bueno es saber que existen psicópatas carismáticos, eficientes manipuladores. Son antisociales detestan las regulaciones, solo priva su ser individual y sus deseos. Los mancomuna una suerte de osadía me atrevo a decir.. y no me refiero a la osadía ligada con la épica, sino con una miserable y absoluta falta de conciencia e interés por las consecuencias que pueden tener sus actos.. 
Marcos Peña Braum, afirmó: "el kirchnerismo nos enfermó a todos”. Temo que sobre todo los enfermó a ellos y no pueden disimular su patología. Los enfermó con la universalización de derechos, con empleo, con inclusión, con la accesibilidad a los bienes. Sus propias e inhumanas declaraciones hacen que no sea necesario redundar en el tema.  Para ellos todas esas enfermedades requieren de un rápido tratamiento invasivo y que ataca de manera directa los centros neurálgicos de la sociedad, sobre todo el de la autoestima, el del pensamiento crítico, el del análisis histórico.
Tristemente por ahora somos un número no determinado de francotiradores dispersos, cada uno desde su lugar, sin organización y parece que sin futuro. Nuestros dirigentes no aparecen,  hoy los nuestros somos nosotros, los que nos quedamos sin trabajo, los que recibimos los palos, los detenidos, los expulsados, los que fuimos entregados por una dirigencia burguesa que nunca confió en nosotros porque nuestra movilización también pone en peligro algunos de sus privilegios. 
Somos todos peronistas, somos todos del campo popular y nacional, hasta que hay que pagar una indemnización, afirma un buen amigo. Y me atrevo extender el concepto. Somos todos peronistas, somos todos del campo popular y nacional, hasta que hay que pagar aportes patronales, hasta que hay que tomar un par de tipos que están en la mala, hasta que hay que resignar algo de la ganancia individual para hacer verdad eso de que la Patria es el otro. Todos los dirigentes, que a lo largo y a lo ancho del país, que gobiernan sus distritos bajo sello FPV-PJ, están afiliados a la teoría del ajuste. Igual sucede con empresarios que adherían al kirchnerismo. Ni que hablar de los que pelecharon cargos con suntuosos salarios y gastos reservados. Pareciera que les vino de parabienes estas políticas. Ninguno promueve actitudes contracíclicas, nadie se arriesga, desde la imaginación, la convicción y el compromiso militante, a enfrentar políticamente, desde la praxis local, este modelo que nos vino a curar de males que no teníamos, embaucadores que desean subsumirnos a beber elixires que nos conducen a una dependencia de la cual resulta muy complejo liberarse justamente porque se trata de placebos que adormecen a gran parte de la sociedad. Mitómanos y psicópatas tomando decisiones sobre un colectivo social que por el momento ha exhibido una buena dosis de candidez y una inesperada silueta timorata a la hora de conservar sus derechos.
Hace pocos días escribí, a cuento de mi pesimismo sobre el futuro del kirchnerismo lo siguiente: “Se cierra el candado y con él, el cofre. Dentro descansarán por siempre las cenizas del poeta, las cenizas de los poemas escritos por el poeta y la llave del cofre. Fue su confesión, su secreta voluntad. Fui el encargado de la encomienda y como amigo que lo amó, cumplo. En este tiempo de descuento que el poeta me obsequió solo hay espacio para encender mi pira...”
No cabe duda que una de las estrategias de la derecha hoy gobernante, cuando sus tiempos opositores, fue bajar la vara del debate político, simplificando, resumiendo, tratando de soslayar y hasta negar las pujas sociales existentes. Los medios dominantes en consonancia con las corporaciones que representan, desde hace no menos de 10 años, han decidido la fatigosa tarea de lobotomizar el cerebro del ciudadano mediante una cirugía diaria que incluye anestésicos poderosos, generales, y tratamientos invasivos. Los primeros sirven para que el paciente no se percate que está siendo sometido a una violación cultural de su libre pensamiento, los segundos para inocularle a voluntad dosis de dependencia mediante operaciones y placebos que derrotan sus defensas naturales. Lo que el paciente no sabe, reitero, es que estaba sano antes de todo esto, que lo único que debía hacer era dudar y no entregarse mansamente en las manos del primer matasanos que encontró vía control remoto. Hasta ahora han tenido éxito con la mitad de la población. Digamos que empezaron trastabillando, pero son constantes. A pesar del 2007 y del 2011 han tenido la suficiente paciencia para rehacerse de sus ruinas. No existe nada más complejo que recuperar a una persona adicta, pues esa es la tarea.. Hoy ese 50% es adicto a un tratamiento por un enfermedad que no tenía, y ahora tiene... su cerebro lobotomizado presenta una enorme dificultad..
Esta praxis dialéctica continúa durante su gobierno acuarelizando todas y cada una de las medidas que lleva a cabo, aún las más reaccionarias. Evidentemente este "éxito" no solo se debe a su capacidad para amplificar dicha licuación sino también, y aquí lo más grave, a la cándida aceptación por parte del campo opositor formal de tan banal formato dialéctico. Hoy el conflicto social se ha potenciado de manera exponencial y las pujas son descarnadas sin embargo esto no se ve reflejado en el debate político, dichas pulsiones se encuentran susbsumidas en el dolor invisible del pueblo profundo, nosotros. El falso consenso mass media le ha ganado al conflicto político tangible, por fuera de la fuerza de los medios dominantes por anestesiar la realidad, concluyo que existe una ausencia total, por parte de la dirigencia opositora, de una conciencia real de la ignominia a la cual estamos sometidos. Muy sueltos de cuerpo y sin ponerse colorados puede afirmar sin recibir refutación: “No sirve armar una protección tan grande del trabajador que haga que finalmente no sea rentable la explotación económica".. y decían que Marx, la ideología y su tesis sobre la plusvalía no corrían más..
Evidentemente nosotros debemos despertar a los dormidos de su cómoda modorra, de lo contrario este eterno retorno neoliberal no va a tener dificultades para cumplir sus objetivos psicóticos de máxima, sin mayores trámites que la cruel imposición de sus dogmas excluyentes, mitomanía mediante...


Fuente: En este posteo deseo compendiar los cambios de opiniones que tuvimos por estos días con varios compañeros vía face. Gracias a todos por enriquecer con argumentos mis insolvencias.. no los nombro para no pecar con algún olvido..


lunes, 23 de enero de 2017

“Cuando la verdad es substituida por el silencio”, dijo una vez el poeta soviético disidente Yevtuschenko, “el silencio es un mentira”. Las semillas del fascismo del siglo XXI fueron sembradas, fertilizadas y regadas por la administración Obama y la elite liberal políticamente quebrada”. (John Pilger)

Obama, Trump y los cerebros liberal-progresistas anegados en el formaldehído de las políticas de identidad


John Pilger, nacido en 1939 en Australia, es uno de los más prestigiosos documentalistas y corresponsales de guerra del mundo anglosajón. Particularmente renombrados son sus trabajos sobre Vietnam, Birmania y Timor, además de los realizados sobre Camboya, como Year Zero: The Silent Death of Cambodia y Cambodia: The Betrayal, para REVISTA SIN PERMISO



Para el día de la inauguración de la presidencia de Trump, miles de escritores estadounidenses se aprestan a expresar su indignación. “Para sanarnos y avanzar”, escriben los Writers Resist  (Los escritores resisten), “queremos eludir el discurso político directo para centrarnos inspiradamente en el futuro y en cómo nosotros, como escritores, podemos ser una fuerza unificadora en la tarea de proteger la democracia”.
Y: “Urgimos a los organizadores y oradores locales a evitar la mención de nombres de políticos o  servirse de un lenguaje ‘anti’ durante el acto del Writers Resist. Es importante garantizar que las organizaciones sin ánimo de lucro, que tienen prohibida la participación en campañas políticas, se sientan cómodas en el patrocinio de este acto.”

Así pues, hay que evitar la protesta real, que no está libre de impuestos.
Compárese esta basura palabrera con las declaraciones del Congreso de Escritores Norteamericanos celebrado en el Carnegie Hall de Nueva York en 1935 y, luego, dos años más tarde, en 1937. Se trató de actos electrizantes, con escritores que debatían cómo hacer frente a hechos ignominiosos que estaban aconteciendo en Abisinia, China y España. Se leyeron telegramas de Thomas Mann, C. Day Lewis, Upton Sinclair y Albert Einstein, en los que se reflejaba el miedo al gran poder rampante y la convicción de que no era ya posible debatir de arte y literatura no ya sin política, sino sin entrar en la acción política directa.
“Un escritor”, declaraba la periodista Martha Gellhorn en el segundo congreso, “debe ser ahora un hombre de acción… Un hombre que haya dedicado un año de su vida a las huelgas del acero, o que haya estado un año en el desempleo, o que haya sufrido los problemas del prejuicio racial, no ha perdido o desperdiciado su tiempo. Es un hombre que ha llegado a conocer cuál es su sitio. Si has sobrevivido a eso, lo que tendrás que decir luego no será otra cosa que la verdad, lo necesario y real, y por eso será duradero”.
Esas palabras resuenan ahora como un eco a través de la unción y violencia de la era Obama y el silencio de quienes coadyuvaron a sus engaños.
Que la amenaza del poder rapaz – rampante desde mucho antes del ascenso de Trump — ha sido bien encajada por escritores, muchos de ellos privilegiados y celebrados, y por los guardianes de las puertas de la crítica literaria y de la cultura (incluida la cultura popular), es cosa fuera de discusión. No iba con ellos la imposibilidad de escribir y promover literatura privada de política. No iba con ellos la responsabilidad de hablar claro, ocupara quien ocupara la Casa Blanca.
Hoy, el falso simbolismo lo es todo. La “identidad” lo es todo. En 2016, Hillary Clinton estigmatizó a millones de votantes calificándolos como “panda de deplorables, racistas, sexistas, homófonos, xenófobos, islamófobos, llamadle como queráis”. Ese insulto lo pronunció en una marcha LGBT como parte de su cínica campaña para atraerse a las minorías insultando a una mayoría blanca principalmente obrera. Divide e impera, se llama eso; o política de las identidades, en la cual raza y género, al tiempo que esconden la clase social, permiten librar la guerra de clase. Trump lo comprendió a la perfección.
“Cuando la verdad es substituida por el silencio”, dijo una vez el poeta soviético disidente Yevtuschenko, “el silencio es un mentira”.
No se trata de un fenómeno norteamericano. Hace unos años, Terry Eagleton, entonces profesor de literatura en la Universidad de Manchester, opinaba que “por vez primera en dos siglos, no hay ningún poeta, dramaturgo o novelista británico eminente dispuesto a cuestionar los fundamentos del modo de vida occidental”.
No hay un Shelley que hable a favor de los pobres, ni un Blake que escriba a favor de sueños utópicos; no hay un Byron que condene la corrupción de la clase dominante, ni un Thomas Carlyle y un John Ruskin que desvelen el desastre moral del capitalismo. William Morris, Oscar Wilde, HG Wells o George Bernard Shaw no tienen hoy su equivalente. Harold Pinter fue el último en levantar la voz. Entre las insistentes voces del actual feminismo de consumo, ninguna se hace eco de Virginia Woolf, que tan bien describió “las mañas para dominar a otros… por la vía someter, matar o adquirir tierra y capital”.
Hay algo venal y profundamente estúpido en esos escritores que se aventuran fuera de su mundo mimado para abrazar una “causa”. En la sección de reseñas del Guardian del pasado 10 de diciembre había una refitolera imagen de Barack Obama mirando al cielo y estas leyendas: “Fascinante gracia” y “Adiós, jefe”
El servilismo adulatorio discurría página tras página como una suerte de arroyuelo de pestilente parloteo. “Ha sido una figura vulnerable en muchos sentidos… Pero la gracia. La gracia integral: en las maneras y formas, en el argumento y el intelecto, con humor y sobriedad… Es un brillante tributo a lo que ha sido y a lo que puede volver a ser… Parece dispuesto a mantener el combate, y sigue siendo un formidable campeón al que hay que conservar de nuestro lado… La gracia… los casi irreales niveles de gracia…”.
He amalgamado estas citas. Hay otras todavía más hagiográficas y carentes de moderación. El apologista en jefe de Obama en The Guardian, Gary Younge, siempre se ha cuidado de mitigar un poco las loas. Su héroe “podría haber hecho más”: pero, ¡oh!, esas “soluciones calmadas, mesuradas y consensuadas…”.
Pero nadie puede superar al escritor norteamericano Ta-Nehisi Coates, el agraciado con una beca para “genios” de 625.000 dólares otorgada por una fundación de izquierda liberal. En un interminable ensayo para The Atlantictitulado “Mi Presidente era Negro”, Coates aportó un nuevo significado a la postración. El “capítulo” final, titulado “When You Left, You Took All of Me With You” [Cuando te vayas, te me llevarás todo contigo] – un paso de la canción de Marvin Gaye —, describe el espectáculo de un Obama “saliendo de la limousine, más allá del miedo, sonriendo, saludando, desafiando a la desesperanza, desafiando a la historia, desafiando a la gravedad”. La Ascensión, nada menos.
Uno de los rasgos persistentes de la vida política norteamericana es un extremismo cultista  rayano en el fascismo. Se expresó y reforzó durante los dos mandatos de Barack Obama. “Yo creo en el excepcionalismo americano con todas y cada una de las fibras de mi ser”, dijo Obama, quién llevó el pasatiempo militar favorito norteamericano – los bombardeos y las escuadras de la muerte (“operaciones especiales”) — más lejos que ningún otro presidente desde la Guerra Fría.
De acuerdo con la investigación del Consejo de Relaciones Exteriores, sólo en 2016 Obama lanzó 26.171 bombas. Es decir, 72 cada día.  Bombardeó a los más pobres de la Tierra Afganistán, Libia, Yemen, Somalia, Siria, Irak, Pakistán.
Cada jueves – informa el New York Times —, él personalmente seleccionaba a quién había que asesinar con endemoniados misiles lanzados con drones. Bodas, funerales o pastores de rebaños se convirtieron en blancos de ataque, junto con quienes trataban de reunir las partes de los cuerpos diseminadas por el “objetivo terrorista”. Un senador Republicano, Lindsey Graham, estimaba – con aplauso — que los drones de Obama habían matado a 4.700 personas. “A veces le das a gente inocente, y yo odio eso”, dijo, “pero nos hemos cargado a miembros muy principales de al Quaeda”.
Como el fascismo de los años 30, grandes mentiras servidas con precisión de metrónomo. Gracias a unos medios de comunicación omnipresentes, a la descripción de los cuales cuadran ahora las palabras del fiscal de Nuremberg: “Tras cada gran agresión, con algunas excepciones oportunistas, iniciaban una campaña de prensa calculada para debilitar a sus víctimas y preparar psicológicamente al pueblo alemán… En el sistema de propaganda… la prensa diaria y la radio eran las armas más importantes”.
Recuérdese la catástrofe en Libia. En 2011, Obama dijo que el presidente libio Muammar Gaddafi estaba planeando un “genocidio” contra su propio pueblo. “Sabemos… que si esperamos un día más, Benghazi, una ciudad de las dimensiones de Charlotte, podría sufrir una masacre que reverberaría por toda la región y mancharía la consciencia del mundo”.
Era la consabida mentira de las milicias islamistas abocadas a la derrota a manos de las fuerzas gubernamentales libias. Se convirtió en la historia dilecta de los medios de comunicación; y la OTAN – dirigida por Obama y Hillary Clinton — lanzó 9.700 “incursiones punitivas” contra Libia, de las cuales más de un tercio dirigidas contra objetivos civiles. Se usaron cabezas de uranio; las ciudades de Misurata y Sirte fueron arrasadas. La Cruz Roja encontró fosas comunes, y la Unicef informó de que  “el grueso [de los niños muertos] tenían menos de 10 años”.
Bajo Obama, los EEUU extendieron las operaciones de “fuerzas especiales” a 138 países, el 70% de la población mundial. El primer Presidente Afroamericano lanzó lo que equivalía a una invasión a gran escala de África. Reminiscente del Gran Reparto de África de fines del XIX, el Comando Africano de los EEUU (Africom) ha construido una red de peticionarios y suplicantes entre los regímenes africanos colaboracionistas, ávidos de sobornos y armas estadounidenses. La doctrina “soldado a soldado” del Africom incrusta oficiales estadounidenses en cada nivel de mando, desde el generalato al último cabo furriel. Sólo faltan los salacots.
Es como si la orgullosa historia de la liberación africana, de  Patrice Lumumba a Nelson Mandela, hubiera sido destinada al olvido por una nueva elite dominante negra, cuya “misión histórica” – según advirtió Franz Fanon hace ya medio siglo — es la promoción de “un capitalismo rampante aun si camuflado”.
Fue Obama quien, en 2011, anunció lo que ha terminado conociéndose como el “pivote de Asia”, por el que casi dos tercios de las fuerzas navales estadounidenses fueron transferidas al Pacífico asiático para “confrontar a China” (en palabras de su Secretario de Defensa). No había amenaza china; la aventura era de todo punto innecesaria. Era una provocación extrema para hacer feliz al Pentágono y a sus enloquecidos logreros.
En 2014, la administración Obama supervisó y financió un golpe dirigido por fascistas en Ucrania contra el gobierno democráticamente elegido, amenazando a Rusia en la frontera occidental por la que Hitler invadió en su día a la Unión Soviética con una pérdida de 27 millones de vidas. Fue Obama quien emplazó misiles que apuntaban a Rusia en la Europa del Este, y fue el ganador del Premio Nóbel de la Paz quien incrementó el gasto en cabezas nucleares a un nivel más alto que cualquier otra administración desde la Guerra Fría (después de haber prometido en un emotivo discurso en Praga “ayudar a librar al mundo del armamento nuclear”).
Obama, el “ius-constitucionalista”, persiguió a más filtradores de información que cualquier otro presidente en la historia, a pesar de que la Constitución estadounidense los protege expresamente. Declaró culpable a Chelsea Manning antes del fin de un proceso que era una farsa. Rechazó el perdón a Manning, que había sufrido años de tratamiento inhumano que la ONU equipara a tortura. Dio alas a una persecución judicial falsaria contra Julian Assange. Prometió cerrar el campo de concentración de Guantánamo, y no lo hizo.
Secundando el desastre en relaciones públicas que fue George W. Bush, Obama, el delicado operador de Chicago vía Harvard, se apuntó a restaurar lo que llama “liderazgo” a escala planetaria. La decisión del comité del Premio Nóbel fue parte de eso: el tipo de empalagoso racismo inverso que beatificó al hombre por la sola razón de que resultaba atractivo para las sensibilidades liberal-progresistas y, huelga decirlo, para el poder norteamericano, ya que no para los niños acribillados en los países empobrecidos, la mayoría musulmanes.
Tal es el “Atractivo de Obama”. No difiere mucho del silbido canino: inaudible para la mayoría, irresistible para los sumidos en el encantamiento y la imbecilidad, y particularmente para los “cerebros liberal-progresistas anegados en el formaldehído de las políticas de identidad”, como dejó dicho Luciana Bohne. “Cuando Obama entra en la sala”, requebró George Clooney, “quieres seguirle a algún lado, a cualquier lado”.
William I. Robinson, profesor en la Universidad de California, y miembro uno de los grupos de pensamiento estratégico incontaminados que han mantenido su independencia durante los años de silbidos caninos posteriores al 11S, escribía esta semana:
“Puede que el Presidente Barack Obama… haya contribuido más que nadie a asegurar la victoria de Trump. Aun cuando la elección de Trump ha disparado una rápida expansión de las corrientes fascistas en la sociedad civil estadounidense, una deriva fascista del sistema político está lejos de resultar inevitable… Pero el contraataque precisa de claridad en el diagnóstico de cómo llegamos al borde de este peligroso precipicio. Las semillas del fascismo del siglo XXI fueron sembradas, fertilizadas y regadas por la administración Obama y la elite liberal políticamente quebrada”.
Robinson señala que “tanto en su variante del siglo XX como en la incipiente variante del siglo XXI, el fascismo es, sobre todo, una respuesta a profundas crisis estructurales del capitalismo, como las de los años 30 y la que empezó con la fusión financiera de 2008… Hay una línea casi directa que va de Obama a Trump… La negativa de la elite liberal a enfrentarse a la rapacidad del capital transnacional y su recurso a las políticas de identidad sirvió para eclipsar el lenguaje de las clases trabajadoras y populares… empujando a los obreros blancos a una “identidad” de nacionalismo blanco y ayudando a los neofascistas a organizarlos”.
El lecho de siembra es la República de Weimar de Obama, un paisaje de pobreza endémica, política militarizada y cárceles bárbaras: la consecuencia de un extremismo de “mercado” que, bajo su presidencia, impulsó la transferencia de 14 billones de dólares de dinero público a empresas criminales de Wall Street.
Tal vez su mayor legado sea la cooptación y la desorientación de cualquier oposición real. La engañosa “revolución” de Bernie Sanders queda al margen. La propaganda es su triunfo.
Las mentiras sobre Rusia – en cuyas elecciones los EEUU han intervenido sin embozo — han convertido en un hazmerreír al grueso de los periodistas autoproclamados importantes del mundo. En el país que goza constitucionalmente de la prensa más libre del mundo, el periodismo libre subsiste sólo por honrosas excepciones.
La obsesión con Trump es una tapadera para mucha de la sedicente “izquierda liberal”: como una proclamación de decencia política. No son de “izquierda”, ni siquiera particularmente “liberales”. Buena parte de la agresión norteamericana al resto de la humanidad ha venido de administraciones Demócratas autoproclamadas liberal-progresistas: como la de Obama. El abanico político norteamericano va del mítico centro hasta la derecha lunática. La “izquierda” son renegados sin techo, a los que Martha Gellhorn describió en su día como “una fraternidad tan rara como de todo punto admirable”. Excluidos quienes confunden política con autofijación umbicular.
Me pregunto si, mientras “se sanan” y “avanzan”, los portavoces de Writers Resisty otros antitrumpistas reflexionan sobre eso. O más al caso: ¿cuándo surgirá un genuino movimiento político de oposición? Airado, elocuente, todos para uno y uno para todos. Mientras la política real no regrese a las vidas de las gentes, el enemigo no es Trump, somos nosotros.

Fuente: Revista Sin Permiso


sábado, 21 de enero de 2017

EL JEFE DE MACRI, HOY.. Y EL LIBRO DE AUTOAYUDA QUE LE ESCRIBIÓ NOVARO... ANALIZA MARTÍN SIVAK



SOBRE ASÍ LO VIVÍ, CONVERSACIONES ENTRE MAGNETTO Y NOVARO. Kirchner y yo


Por Martín SIVAK, Periodista. Autor de Clarín, la era Magnetto (2015) y Clarín, el gran diario argentino. Una historia, (2013), Planeta.



La derrota del Frente para la Victoria y las medidas del nuevo gobierno favorables al Grupo Clarín envalentonaron a Magnetto a contar su versión de la guerra con el kirchnerismo. En un libro administrado por su propia empresa, el CEO confirma que el duelo está lejos de terminar.
Un año después de inventariar los cañones del periodismo de guerra que comandó durante siete años, Héctor Horacio Magnetto pierde la oportunidad de autoexaminarse y examinar el mundo Clarín. En un libro de conversaciones revisita la oratoria que su firma desplegó durante la prolongada confrontación con el matrimonio Kirchner. Pero el CEO no explica las razones o el origen del conflicto, elude las inquisiciones sobre la trayectoria del grupo y elige la esgrima contra las caricaturas anti-clarinistas. 


El contexto de publicación de Así lo viví: el poder, los medios y la política argentina podría prestarse a la magnanimidad del que se cree vencedor. Con la derrota electoral del Frente para la Victoria, el Grupo ha recuperado su proyecto de expansión y diversificación en suspense desde la 125: semanas después de la asunción del ingeniero Macri consiguió la primera gran caricia oficial con la derogación vía decreto de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, su 7-D invertido. Poco interesado por el presente promisorio y el muy frecuentado debate sobre el futuro de la industria, Magnetto se inclina por el pasado para continuar su diálogo imaginario con Néstor Kirchner, el otro duelista. Esa fijación no ha quedado en el mundo privado del CEO, ni en su libro: ciertos segmentos de sus medios continúan librando el cuerpo a cuerpo con Cristina Fernández de Kirchner, como si la posguerra nunca hubiese empezado. 


El poder de no explicar


Desde que en 1982 Magnetto instrumentó el despido de sus camaradas frigeristas para comenzar el mayor proceso de expansión de la prensa moderna en América Latina, su empresa recurrió al asesoramiento de intelectuales en dos ocasiones. A comienzos de la década de 1990 contrató a un grupo heterogéneo –Eliseo Verón, Oscar Landi, Aníbal Ford, Alberto Ure, Alejandro Piscitelli– en busca de análisis cuantitativos sobre sus lectores y de ideas y sentidos para darle forma y coherencia al multimedios. Verón determinó que las Criollitas y el Obelisco eran como Clarín: parecía todo y nada a la vez. Para diferenciarse, debía apostar a la calidad periodística en un período de supremacía y prestigio social. 


En 2010, el multimedios convocó a una mesa de intelectuales y especialistas para administrar el conflicto con el kirchnerismo. Participaban Marcos Novaro, el hoy animal suelto Sergio Berensztein y otros. En esas mesas de arena, Novaro advirtió lo que nadie quería escuchar en la calle Piedras: que CFK podía recuperarse de la muerte de su esposo y conseguir la reelección. 


Desde entonces Novaro ha sido consultor de la empresa, ha participado en la publicación de varios libros de Clarín, como Democracia y Desarrollo y expone sus opiniones sobre Argentina y el mundo en los medios del multimedios. Investigador del Conicet, autor de libros sobre historia reciente y de divulgación, Novaro subraya que en su trabajo sobre los empresarios argentinos encontró una incertidumbre similar a la de los dirigentes políticos. Su impresión de Magnetto destaca una dualidad: cierta apertura que no disimula “una profunda y constitutiva intransigencia”. 

En este libro, administrado por su propia empresa, Magnetto mantiene su intransigencia: no responde a la intemperie. Desde que entró a Clarín en 1972 ha dado muy pocas entrevistas. La mayoría durante el conflicto con el kirchnerismo y a la prensa internacional. A los periodistas argentinos les ha fijado reglas precisas: preguntas anticipadas, off the record, difusión pactada de algunas respuestas. Magnetto sólo se expuso a una entrevista no controlada con un argentino cuando aceptó la invitación de Bernardo Neustadt a un vivo de Tiempo Nuevo en diciembre de 1989. Les sobraban razones para lucir exultantes: Clarín acababa de ganar la licitación de Canal 13 y Neustadt oficiaba de escribano de las privatizaciones de la presidencia Menem. 


Los CEO de las grandes empresas periodísticas –los pares de Magnetto–, los jefes de Estado, las autoridades de sindicatos y empresas han mostrado mayor predisposición para las entrevistas que el elusivo Magnetto, mucho más próximo a los procedimientos de las monarquías europeas. El poder, para Magnetto, es la prescindencia de dar explicaciones. Así lo viví es la continuación de esa idea por otros medios. 


Pretendidamente invisible, consigue que su rostro no aparezca en el libro, como había ocurrido con su biografía autorizada El hombre de Clarín, también administrada por su empresa. Para intentar condensar una época, elige una foto de una bandera desplegada de Clarín miente –aquel eslógan que Moyano no patentó a tiempo– y firmada por Comunidad del INDEC. El libro debería llamarse Kirchner y yo. 


Reescribir la historia


Magnetto pretende establecer el fin de las metáforas. No practicó periodismo de guerra, no se divorció de los Kirchner. También avanza sobre hechos verificables: desconoce empatía y un buen vínculo inicial con Néstor Kirchner. No hubo nada hasta que, inopinadamente, el santacruceño se propuso quedarse con su empresa y conseguir su arresto. Como pionero que primerea a la doctora Carrió, asegura que había advertido el riesgo totalitario en 2003. “Recuerdo una luz amarilla que mencioné ya en el encuentro gerencial a fines de 2003, época en la que, según el mito, supuestamente estaba en pleno auge el idilio entre Clarín y los Kirchner. Dije que el reto que tenía el gobierno era encarar la construcción desde una visión pluralista, evitando la tentación hegemónica y aceptando las críticas.” En el anexo del libro se publican frases parciales de ese y otros discursos privados que intentan mostrar que descubrió al monstruo en su concepción. 


Hay una constante de la empresa en sus tres etapas (la de Roberto Noble, la de Rogelio Frigerio y la de Héctor Magnetto): no tiene una conversación sobre su historia; prefiere la reescritura. El suplemento de los 50 años, en 1995, es uno de los ejemplos contundentes. Con una elección capciosa de párrafos, intenta cambiar sus posiciones editoriales sobre el primer peronismo, el Cordobazo, la última dictadura militar, el gobierno de Alfonsín y otros. 


Magnetto resalta la obsesión de Kirchner con los contenidos de Clarín, cuantifica sus encuentros bilaterales (no más de siete u ocho en los cuatro años de mandato y un par de veces más desde que asumió CFK) y hasta aporta una versión de uno de esos encuentros. Antes de las elecciones de 2009, el entonces ex presidente le pidió al CEO acompañamiento en la campaña electoral a cambio de no mandar una ley que se parecería a la “ley de medios”. Ante cada oferta de Kirchner, Magnetto aparece como sorprendido. Como si de la nada alguien le hubiese ofertado algo impensado y no como parte del ajedrez tenso que ambos practicaron. 

Magnetto omite las concesiones del kirchnerismo a Clarín –como la fusión de las empresas de cable–, y minimiza un tema central del origen del conflicto: el ingreso de Clarín a Telecom, prioridad del Grupo para acceder al triple Play.
Kirchner inicialmente dio luz verde para que el multimedios entrara, luego exploró que se asociara con un grupo de empresarios afines a la Casa Rosada y cuando la relación se agrietó, evitó el ingreso de Clarín. “Creo que él llegó a fantasear con algún tipo de sociedad con nosotros. De hecho, quiso apostar a algo así con el tema de Telecom”. No fue una fantasía: fue un proyecto concreto del que participaron ejecutivos del Grupo Clarín que no actuaron como librepensadores.


Así lo viví es, en muchos pasajes, un libro sobre los intentos del CEO de Clarín de caracterizar al kirchnerismo: “un régimen de orientación autoritario y populista”, ensaya. Entre sus rasgos, el contador destaca la concentración de poder, la perpetuación, la apropiación de recursos, la primarización de la producción y el consumo sin inversión. Magnetto no ve en el Kirchner inicial rasgos desarrollistas ni el esbozo de una ideología: lo describe como un mero acumulador de poder y dinero. Sostiene que Argentina iba camino a convertirse en Venezuela. Rogelio Frigerio (abuelo del actual ministro) no hubiese tolerado la idea de la venezuelización: educó a sus cuadros a estacionar la economía antes que a la política y evaluar las condiciones estructurales que harían imposible ese viaje. Magnetto le reconoce a Kirchner la renegociación de la deuda externa, el abordaje del conflicto social sin violencia, la contención temporaria de las tarifas, los superávits gemelos y la renovación de la Corte. 


¿Por qué Clarín sobrevivió al kirchnerismo? La cohesión interna de la empresa, la fidelidad de las audiencias y la integridad en los negocios son las explicaciones del CEO. En otras palabras, Magnetto cree que ganó porque tuvo la calle, otra de las aparentes disputas con NCK. Omite una variable fundamental a la supervivencia: la espalda financiera del negocio del cable. 


El kirchnerismo subestimó esos rasgos centrales, en particular la masividad de sus audiencias, y prefirió pensar en la tomografía de un medio cómplice de la dictadura y padrino del neoliberalismo. 


Desde la Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas, Ricardo Molinas investigó el caso Papel Prensa entre 1984 y 1988. En las conclusiones de su trabajo –el más serio y riguroso producido por un organismo estatal– señala que se trató de uno de los casos de corrupción más graves de la historia argentina. En lugar de responder a Molinas, Magnetto elige levantar la guardia a los desvaídos guantes de Guillermo Moreno. Sostiene que en el informe Papel Prensa preparado por el ex secretario de Comercio, Moreno inventó pruebas. “Fue el episodio más parecido a los juicios de Moscú que se haya visto en el país.  Todo una leyenda.” En los juicios de Moscú de la década del 30 se juzgó –y en muchos casos se ejecutó– a ex miembros del Partido Comunista. Magnetto insiste con una idea: la compra de Papel Prensa fue beneficiosa para la industria y para la sociedad. En la única mención a su política editorial durante la dictadura militar destaca que Clarín “fue el primer diario en cuestionar el plan económico”.


Magnetto tiene una notable insensibilidad frente al dolor ajeno y elude responsabilidades. En el libro elige presentarse como víctima. “Uno de los peores momentos (del conflicto) fue cuando intentaron mezclar dos historias inventadas, el caso de Noble y lo de Papel Prensa, para tratar de meternos presos a la señora de Noble y a mí.” Hasta el 10 de diciembre de 2015, el grupo Clarín eludió el autoexamen sobre su línea editorial frente a la dictadura por considerarlo una concesión al kirchnerismo. En su libro Magnetto confirma que no tiene ningún interés en ensayar una explicación. 


Los tiempos de Macri


En el mundo de los dueños de medios argentinos, Magnetto es el que tiene mayor formación política e intelectual. Lee, estudia y no hace citas eruditas innecesarias. En las conversaciones con Novaro decide desconocer una parte de su biblioteca y de las bibliotecas del mundo: las que sostienen que la concentración de la propiedad de los medios de comunicación es un problema para la democracia. Considera la concentración como un fenómeno global que Clarín también padece con anunciantes cada vez más concentrados. Cuando Novaro le insiste con el tema, responde que se trata de una pregunta anacrónica y analógica. “Su pregunta parecería trasuntar cierto reproche. Como que hubiera responsabilidad de Clarín en la ausencia o escasez de otros multimedios”. Todos los competidores de Magnetto piensan lo contrario: Julio Ramos de Ámbito Financiero, Héctor Ricardo García de Crónica y Jorge Fontevecchia de Perfil, entre otros, lo han dicho en voz alta. Magnetto dice creer que la competencia es franca y que nunca jugó con la cancha inclinada.


En cuanto a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, pensada para reducir el tamaño de Clarín, Novaro le cuestiona al CEO que su empresa haya priorizado el escueto planteo de inconstitucionalidad.
Magnetto tampoco responde: “La ley fue una parte esencial de una estrategia de domesticación de la prensa”. 
Desde que asumió Macri, Clarín ha conseguido el decreto de anulación de la Ley, la recomposición de la pauta publicitaria (el Poder Ejecutivo se propone fijar montos de acuerdo a las audiencias), el buen trato y el acceso periodístico y el fin de la “clarinización” del debate público. La posición del gobierno es que el mercado, o los grandes jugadores del mercado, ordenen la industria y eventualmente disminuyan la influencia del multimedios.
Asoman las primeras tensiones leves a través del conflicto entre Telefónica y Clarín por el reingreso a la telefonía celular, la televisación del fútbol y otros. 


Desde el primer semestre Macri ha recibido pedidos específicos del multimedios, como que ayude a terminar las causas judiciales pendientes (1).  Sobre el final del segundo semestre, el juez Fabián Ercolini sobreseyó a Magnetto en la causa de Papel Prensa. Cuando Clarín se vuelve más crítico del gobierno, el Presidente ubica al CEO en el círculo rojo que siempre lo subestimó y, supuestamente, apuesta al empoderamiento de Sergio Massa. En su libro Magnetto dice muy poco sobre el Presidente. “Se cierra un ciclo negativo y hay una oportunidad... Veo aciertos y errores de gestión, pero también un camino orientado a recuperar cierta normalidad a la Argentina (sic)”. Para el Grupo, la normalidad argentina se parece a la pax clarinista. 


1. Un viejo consultor de la empresa, Fabián Rodríguez Simón (Clarín administró su libro Clarín y la ley de medios que salió días después del fallo adverso de la Corte y por eso sólo se distribuyó en la cadena Cúspide, perteneciente al Grupo) es el principal operador judicial de Macri.


© Le Monde diplomatique, edición Cono Sur