EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

martes, 14 de noviembre de 2017

Cuando la utopía no llega a emitir sus primeros sonidos, menos logrará dar sus primeros pasos






Únicamente nos queda un día, sentenció Jean Paul Sartre, uno que siempre se repite, se nos da al amanecer, se nos quita al anochecer.  Por eso sospecho que el crepúsculo es brillante y hermoso en tanto tenga la capacidad de asegurar la próxima claridad, de lo contrario será tan lúgubre como la puerta del ingreso al cenit de los extremos sucios. Todo ha sido resuelto excepto cómo vivir agregó El Castor, como lo llamaba cariñosamente Simone de Beauvoir, en la vida como en la política, nadie es como otro, ni mejor ni peor, si logran están de acuerdo es por un casual malentendido. No perdamos nada de nuestro tiempo los hubo más bellos seguramente, pero éste es el nuestro, celebró. De mi parte no estoy muy seguro que el actual crepúsculo político nos esté anunciando algo similar a un amanecer. Y eso es lo que nos toca muy a pesar que, parafraseando a Schopenhauer, nos están gobernando seres de los que no se concibe cómo llegaron a caminar sobre dos piernas aunque eso no signifique mucho, la paradigmática vulgaridad de cómo “pasar” el tiempo y no cómo “aprovecharlo”. Pues allí la síntesis: cómo aprovechar ese tiempo no escogido al cual fuimos arrojados, inevitable y omnímodo para nuestra existencia.
El sábado 19 de septiembre de año 2015, en una de las últimas columnas que realicé en el Programa Testigos de Privilegió afirmábamos:



... pues desde mi punto de vista, durante aquel tiempo, poco y nada hicimos desde la gnosis para defender y fijar esos derechos, los mal entendimos como asumidos, acaso algunos tengan razón y todo aquello que no se logra con sacrificio se le otorga poco valor y rara vez le son atribuidas capacidades a proteger. No me consta dicha aseveración burguesa, pero muchos se escudan de la premisa para abrevar del sofisma.. 

Viene a mi memoria el proyecto Conectar Igualdad, programa inclusivo que no solo “entregaba una computadora” para uso didáctico sino que además intentaba acotar las diferencias sociales a favor de un circuito integrador en donde el conocimiento era el factor de equilibrio. Tristemente muy pocos entendieron el mensaje educativo y formativo que venía entre sus líneas, letra gruesa que tanto el docente en general como  la familia del alumno, y el joven en particular, prefirieron omitir debido a que comprendía un compromiso formal en el día a día. Esto es, primero y fundamental darle a la herramienta, en su utilización correcta en clase, el valor agregado para lo cual fue ideada y en un segundo plano merecer y poner en virtud, mediante el cuidado, el sacrificio colectivo que estaba haciendo la sociedad a favor de modernizar las técnicas de instrucción. Hoy los servidores ya no existen y nada se sabe de las máquinas, pero acaso no haya sido el actual gobierno y sus lamentables autoridades educativas las responsables de su volatilización, el programa había muerto a poco de nacer debido a la nula conciencia social y reflexiva que existió sobre aquellas dos variables mencionadas. Temo que nunca existieron la suficiente cantidad soldados formadores para dar tantas batallas en tantos frentes y así como cayó el programa mencionado, las mismas suertes corrieron decenas de intentos que dentro de los mismos paradigmas inclusivos e integradores se planteó la sociedad democráticamente hasta no hace más cuatro años aproximadamente. La militancia tiene un objetivo claro y contundente dentro de la política, nadie lo pone en duda, pero no alcanza, la ingeniería que requiere el desarrollo de una conciencia social incluyente y equitativa es mucho más compleja y necesita apropiarse de herramientas y lugares en mucho casos desconocidos y hostiles, debiendo hasta beneficiarse del aporte del enemigo para lograr el objetivo. Como cuenta Julio Cortázar en Rayuela: “La violación del hombre por la palabra, la soberbia venganza del verbo contra su padre llenaban de amarga desconfianza la meditación de Oliveira, forzado a valerse de su propio enemigo para abrirse paso hasta un punto en que pudiera licenciarlo y seguir hasta una reconciliación consigo mismo y con la realidad que habitaba”.

En el presente absolutamente todos los derechos de los sectores populares, pasivos y activos, están puestos en discusión como nunca antes en la historia, incluyendo incisos que ni siquiera fueron observados ante el advenimiento de dictaduras. Esto se corporiza so pretexto del costo y la competitividad, con un consecuente achicamiento de la producción nacional y el mercado de consumo interno. Desde luego que jamás se ponen sobre la mesa de discusión las rentas, esas no solo se preservan sino que el programa de recorte de derechos masivos implica taxativamente el crecimiento de las tasas de ganancia.

Y finalizo con Julio Cortázar que a modo de reflexión nos sentencia sobre los peligros de la banalidad: “Los que asistimos a reuniones como ésta sabemos que hay palabras-clave, palabras-cumbre que condensan nuestras ideas, nuestras esperanzas y nuestras decisiones, y que deberían brillar como estrellas mentales cada vez que se las pronuncia. Sabemos muy bien cuáles son esas palabras en las que se centran tantas obligaciones y tantos deseos: libertad, dignidad, derechos humanos, pueblo, justicia social, democracia, entre muchas otras. Y ahí están otra vez, aquí las estamos diciendo porque debemos decirlas, porque ellas aglutinan una inmensa carga positiva sin la cual nuestra vida tal como la entendemos en el presente no tendría el menor sentido, ni como individuos ni como pueblos. Aquí están otra vez esas palabras, las estamos diciendo, las estamos escuchando, pero en algunos de nosotros, acaso porque tenemos un contacto más obligado con el idioma que es nuestra herramienta estética de trabajo, se abre paso un sentimiento de inquietud, un temor que sería más fácil callar en el entusiasmo y la fe del momento, pero que no debe ser callado cuando se lo siente con fuerza y con la angustia con que a mí me ocurre sentirlo. Una vez más, como en tantas reuniones, coloquios, mesas redondas, tribunales y comisiones, surgen entre nosotros palabras cuya necesaria repetición es prueba de su importancia; pero a la vez se diría que esa reiteración las está como limando, desgastando, apagando. Digo: "libertad" digo: "democracia", y de pronto siento que he dicho esas palabras sin haberme planteado una vez más su sentido más hondo, su mensaje más agudo, y siento también que muchos de los que las escuchan las están recibiendo a su vez como algo que amenaza convertirse en un estereotipo, en un cliché sobre el cual todo el mundo está de acuerdo porque ésa es la naturaleza misma del cliché y del estereotipo: anteponer un lugar común a una vivencia, una convención a una reflexión, una piedra opaca a un pájaro vivo. Esas palabras no estaban ni enfermas ni cansadas, a pesar de que poco a poco los intereses de una burguesía egoísta y despiadada empezaba a recuperarlas para sus propios fines, que eran y son el engaño, el lavado de cerebros ingenuos o ignorantes, el espejismo de las falsas democracias como lo estamos viendo en la mayoría de los países industrializados que continúan decididos a imponer su ley y sus métodos a la totalidad del planeta. Poco a poco esas palabras se viciaron, se enfermaron a fuerza de ser viciadas por las peores demagogias del lenguaje dominante. Y nosotros, que las amamos porque en ellas alienta nuestra verdad, nuestra esperanza y nuestra lucha, seguimos diciéndolas porque las necesitamos, porque son las que deben expresar y transmitir nuestros valores positivos, nuestras normas de vida y nuestras consignas de combate”.





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