FRASE DE EDUARDO GALEANO

EL ARTE Y LA CIENCIA EN UN DIÁLOGO ENTRE DOS SILENCIOS

martes, 29 de diciembre de 2015

Joe Satriani en el desierto y algo sobre la sed...







La sed los convocó ante la potestad de los espejismos y su deriva. Oasis alucinantes diseñados a costa de ciertas soledades que suelen acompañar a los seres humanos de modo siniestro. Sus dos desiertos eran lo suficientemente extensos como para no dejarse llevar por el ensueño. La felicidad, como es usual, se disfraza de embustera y logra que por un breve lapso de tiempo la sed no logre injuriar aquello que por cierto estaba vulnerando. Cuentan los cronistas que luego de saciar sus necesidades en el espejismo ambos desconocidos continuaron su camino optando por cardinales opuestos, pero más sedientos aún, debido a que vaya paradoja, esas aguas que bebieron se hallaban altamente contaminadas por la ustible pócima del amor… 





domingo, 27 de diciembre de 2015

Los invisibles estamos allí, no nos fuimos, seguimos estando del lado nacional...






Invisibilizar al otro hemisferio de la grieta (prefiero la antinomia jauretchiana nacional-antinacional coincidiendo con el compañero Begus Camors) no es haberla eliminado y menos aún haber sedado el conflicto, histórica puja por la distribución de la riqueza y con ella del poder. Estos, los sectores dominantes de la economía, lo hicieron en muchos párrafos de nuestra historia, en la mayoría me atrevo afirmar. En parte les ha salido bien ya que una buena porción del pueblo cayó en la celada, sobre todo los sectores medios de la sociedad. Pero la exclusión tiene sus límites, incluso mediando una situación de país sitiado y represivo, más temprano que tarde se abrirán nuevamente las grandes alamedas cantaba Pablo Milanes...
Así como en infinidad de oportunidades descreímos desde esta tribuna sobre la conformación de una burguesía nacional que piense en un país profundo e incluyente, muy a pesar de los incentivos (subsidios) y las rentas que en estos 12 años ha tenido el sector debemos asumir que esta lógica incluye también a los medios de comunicación. Es imposible desarrollar políticas en el mediano y largo plazo si existe un constante bombardeo mediático en contra de dichas políticas. La ausencia de una burguesía comunicacional de carácter nacional que piense en la inclusión de todos los “nacionales” es un detalle cardinal para el éxito o el fracaso de los programas latinoamericanos de carácter distribucionista. Algunos observan con asombro el silencio de los medios con relación a los efectos de las medidas implementadas por el nuevo gobierno, esto va incluso más allá del avasallamiento que está desarrollando en contra de las instituciones democráticas, el dilema es más profundo. Siempre los medios, a través de la desinformación, han tenido un rol fundamental para ocultar los trazos gruesos y graves de los programas regresivos. Por caso, ni la dictadura ni el neoliberalismo noventista del menemato prolongado con la Alianza hubieran logrado el beneplácito popular que tuvieron de no mediar dicho silencio, cuestiones que se exhibieron cuando en ambos casos la crisis resultó terminal, vale decir era muy tarde para lágrimas. Durante estos períodos la invisibilización de las perversiones económicas incluía la invisibilización de la corrupción, la de los excluidos y la de los asesinados por el sistema. Cuando de gobiernos populares se trata el comportamiento es inversamente proporcional llegando a todo tipo de artilugio sofístico y difamatorio, con el inestimable apoyo del sector judicial conservador, para ocultar, ergo invisibilizar, la loable tarea que implica tener las variables económicas del país en condiciones generales dominadas pero con la gente adentro. En la actualidad, y en el marco de un eterno retorno, existe un nuevo rompimiento a favor de los sectores más concentrados de la economía, las clases medias han aportado lo suyo por medio de su comportamiento esponja absorbiendo cual mandato divino y como propias las penurias de los dueños de la hacienda y la información más allá de elaborar con cierta conciencia histórica las mejoras individuales alcanzadas en este década. El inciso más fuerte que determina que Cristina no dejó un país crítico, sino todo lo contrario, fue la inacción colectiva del campo laboral con relación a las medidas implementadas por este nuevo ensayo neoliberal. El colchón es tan amplio que gran parte de la población ha decidido aceptar buenamente el sacrificio a favor de los que más tienen para que volvamos a ser ese país normal del que tanto nos habla la derecha. En este caso los medios, a través de la invisibilización de las reales variables económicas, han instalado la idea de un país a punto de estallar. Lo notable es que lejos estuvo de tal hipótesis muy a pesar del formidable trasvasamiento de recursos efectuado desde esos propios sectores medios y bajos hacia las corporaciones hoy gobernantes. Los invisibles estamos allí, no nos fuimos, seguimos desde el lado nacional, debiendo asumir que no supimos crear en estos 12 años una burguesía afín, ni empresarial ni mediática, con el suficiente contrapeso institucional y político para sostener en el tiempo los desafíos que implican una distribución equitativa de la riqueza. Los argentinos no bajamos de los barcos, hace rato que es necesario abandonar dicha construcción, los argentinos debemos pensarnos como titulares de una Nación que es nuestra, no estamos de prestados como alguna massa media intenta convencernos, establichment que descendió  de los árboles bananeros con el solo objeto de invisibilizarnos. Sólo la política y con política más sus herramientas nos permitirán que algún día podamos internalizar que la Patria nos pertenece, que nos somos inquilinos, cuando eso ocurra habremos descubierto nuevas alamedas, por ahora debemos derrotar esa invisibilización a como de lugar, con ingenio, con coraje, con compromiso, no podemos aspirar a nueva crisis para acceder a un proyecto inclusivo. El hambre, la desocupación, la enfermedad y la muerte siempre están de un lado, jamás del otro. Nunca debemos olvidar que los inventores del sofisma grieta (reitero prefiero la antinomia  jauretchiana nacional-antinacional), hoy disfrutando de sus mieles en el exterior, estaban bien adentro del sistema y obtuvieron enormes dividendos cuando gobernó el movimiento nacional y popular, aún así no escatimaron esfuerzos para invisibilizarnos como ciudadanos, para recortar nuestros derechos, y a la par para invisibilizar sus miserias y sus compromisos excluyentes.


sábado, 26 de diciembre de 2015

Maestros del Blues. Frank Marino






 Por Javier Paco Miró... 


Francesco Antonio "Frank" Marino (nacido el 20 de noviembre de 1954) es un guitarrista canadiense italiano, líder de la banda de rock canadiense Rush de caoba. A menudo comparado con Jimi Hendrix, él es reconocido como uno de los mejores y más subestimado guitarristas de la década de 1970.
Cuenta la leyenda que una mala experiencia con lsd lo mando al Hospital y entre sueños recibió la visita del mismísimo Jimmi Hendrix después de esto lo que era un buen guitarrista se transformo en un excepcional músico que puede recrear por momentos a Hendrix aun conservando su propio estilo.

jueves, 24 de diciembre de 2015

El papel de los medios públicos forma parte de la discusión política argentina



¿Qué hacer con los medios públicos?

Por Verónica Ocvirk – Le Monde diplomatic Conos Sur


El papel de los medios públicos forma parte de la discusión política argentina y hasta se convirtió en un tema de campaña. Aunque todos coinciden en que deberían ser espacios de comunicación independientes tanto de la política como de las necesidades comerciales, no está tan claro cómo conseguirlo.

Todo el mundo pareciera estar de acuerdo acerca de lo que los medios públicos deberían ser: espacios de comunicación plurales y totalmente independientes tanto de controles políticos como de necesidades comerciales, al servicio de la audiencia ciudadana y con unos contenidos balanceados, de calidad y respetuosos de la diversidad cultural. Pero como sucede también con otros eslóganes de campaña, una premisa que carece de su antítesis defendible pierde validez propositiva. Así como nadie se opondría a consignas como “más trabajo para todos” o “que los niños estén mejor”, tampoco tiene demasiado sentido sentarse a discutir el hecho de que las emisoras públicas tendrían que ofrecer programaciones de excelencia evitando convertirse en meras herramientas de propaganda partidaria. Sin embargo, otras preguntas –cuál es la razón de ser de una televisión pública, cómo debe pararse ante los canales privados, con qué tipo de contenidos, bajo qué política– comienzan a hacer visibles las grietas, y con ellas el debate.


“El peor abordaje para la cuestión de los medios públicos es pensarlos desde el mismo modelo de siempre: el de la BBC de Londres”, señala el director de FLACSO Argentina, Luis Alberto Quevedo. “En primer lugar, porque la historia de la radio y la televisión en Europa es muy diferente de la argentina, pero además porque lo que reclama esa demanda de neutralidad es que los medios públicos deberían seguir una pauta también política que consistiría, por ejemplo, en que nada de la programación tuviera que ver con un gobierno comunicando lo que hace. Analizar los medios públicos en estado puro es una trampa; más interesante es enfocarse en el contexto en el cual funcionan”, explica.


Moldes y contextos


El siglo XX parió dos grandes modelos de radiodifusión pública: el estadounidense, bajo el cual el Estado otorga licencias a los privados para que las administren, y el europeo, donde las emisoras son gestionadas por el Estado y sin fines de lucro. En su origen monopólicos, los canales públicos de Europa comenzaron en los 80 a competir con los privados: debieron enfrentar desde entonces sucesivas crisis pero aun así conservaron su legitimidad. En América Latina predominaron los sistemas privados, desplegándose en paralelo televisoras estatales que, en especial durante las dictaduras, funcionaron al servicio de la difusión de discursos gubernamentales, lo que no contribuyó precisamente a cimentar su prestigio social.


Hoy las circunstancias son otras. Desde hace algunos años los gobiernos de la región han estado desarrollando sistemas de medios públicos a los que dotaron de más recursos y el suficiente aliento como para que fueran capaces de robustecer su presencia en la sociedad y equilibrar así una oferta de contenidos audiovisuales en la que a todas luces mandan los privados. Al mismo tiempo, las nuevas leyes de medios definieron un territorio en el cual, dada la altísima concentración de la propiedad en el sector de las industrias culturales, las grandes empresas se resisten a perder poder. Comunicacionalmente hablando, los fuertes ya no son los Estados. Y es ahí donde los medios públicos pueden jugar un rol clave.


Quevedo recuerda que cuando Raúl Alfonsín asumió la Presidencia encontró un Canal 7 –entonces ATC – “que venía de una historia nefasta del gobierno militar”; los demás canales, el 11 y el 13, eran también del Estado. El 9 ya había sido adjudicado a Alejandro Romay, y el 2 todavía no tenía cobertura en Capital. “Con lo cual, de las cuatro señales de televisión importantes tres eran públicas. Sin embargo, Alfonsín no pasó a la historia como el gran creador de una palabra única, en parte porque en la agenda política no imperaban entonces los medios electrónicos, sino los gráficos. Por eso él se peleó tanto con Clarín. En el caso de Menem su aparato de difusión no fueron los medios públicos sino que tuvo un pacto muy fuerte con los privados, a los que otorgó licencias, financió y cedió terrenos. Entonces uno puede decir: ‘Menem no usó Canal 7 como Cristina’. Claro, porque no tenía el contexto que tiene Cristina”.


Martín Bonavetti, director ejecutivo de Canal 7, dice que “cuando las cosas no forman parte de un proyecto terminan siendo puntos aislados, por eso es central pensar en la recuperación del canal a partir de un proceso de legalidad. La televisión pública está administrada hoy por el directorio de Radio y Televisión Argentina Sociedad del Estado, que según la Ley de Medios se conforma por dos representantes del Poder Ejecutivo, tres de las minorías parlamentarias, uno de las universidades y otro de los sindicatos. Eso habla de una instancia de legalidad a la cual el canal nunca había estado sometido y que no solo impone una serie de debates, sino que además establece previsibilidad. Y en términos institucionales eso es fundamental. Antes los canales estatales podían tener momentos de alza y baja, pero no se construía en función de una política, ahora existen definiciones que nos permiten trabajar a largo plazo”. Para Bonavetti, “a eso se suma una instancia de legitimidad que tiene que ver con revertir la imagen de Canal 7 como lugar de deterioro. Hoy la sociedad empieza a asociar a la televisión pública con un ámbito de calidad. Podrán faltar muchas cosas, pero el concepto de calidad está fortalecido”.

Aquí y ahora


En el libro Cajas mágicas, el renacimiento de la televisión pública en América Latina, se destacan tres variables que inciden en el desempeño de la televisión pública: el contenido que se programa, el mecanismo de financiación y la estructura de control. De las respuestas a esas tres preguntas –¿quién paga?, ¿quién controla?, ¿qué y cómo se programa?– derivarán los distintos modelos de medios públicos, que se acercan o alejan de los dos modelos tipo extremos: el puramente comercial en manos privadas, guiado por la lógica del mercado y la conquista de las audiencias, y el puramente gubernamental, pagado, programado y controlado por el poder político.

Se supone que el contenido de la televisión pública no debería estar sujeto a la tiranía del rating, aunque al mismo tiempo invertir dinero público en una programación que casi nadie ve –advierten algunas voces– no sería tampoco razonable, por más que hablemos de emisiones culturales, programas educativos o narrativas experimentales. “A los programas culturales hay que pensarlos en dos sentidos. Uno es el rating. Ok, puede ser que tengan bajo rating, pero también hay que preguntarse por el tema del tiempo, para cuándo son esos productos. Ejemplo: si la televisión española no hubiera producido el ciclo A fondo hoy no tendríamos las voces de Cortázar, Borges, Dalí o Carpentier. El canal Encuentro emite programas que formarán parte de la memoria audiovisual del país, que tienen que ver con el arte argentino, con nuestra historia, con la posibilidad de divulgar ciencia y filosofía y que surgen de una política a la que no le interesa tener un punto más de rating, porque detrás hay una proyección a futuro. Por eso el tema es para cuándo y también para quién, porque muchos materiales son bajados por miles de docentes a través de Educ.Ar o se proyectan en los centros culturales”, sostiene Quevedo.

De acuerdo a Bonavetti, “la televisión pública no trabaja en los bordes de la televisión comercial, sino desde otra perspectiva: mientras la privada le habla a un cliente, la pública se dirige a un ciudadano”. “A los escenarios de la comunicación vos los disputás con tus armas y con tus valores, y das una versión desde un punto de vista que posiblemente sea muy distinto al que da el mercado. Lo que sucedió en estos años fue que los medios públicos incorporaron la perspectiva del hombre político en términos de ciudadano con una agenda de temas que no son subsidiarios de las discusiones de los tinellis y las susanas; no son lo empobrecido”, explica.


Dicho de otro modo: la televisión pública no recoge lo que la privada deja afuera, sino que desde su condición –menos dependiente del apoyo comercial y más comprometida con la diversidad– es capaz de abordar los mismos temas desde otra perspectiva. Ejemplo de esa diferencia son las coberturas de los casos policiales, donde, voraces de primicias, los canales de noticias suelen caer en un discurso amarillo y proclive a la mercantilización del dolor que hasta infringe en ocasiones las leyes de protección de los menores. Los espacios informativos de la televisión pública no se privan de tocar esos casos resonantes, pero aportan a su tratamiento un rigor y una prudencia que muy rara vez –por no decir nunca– exhiben los privados. Otra muestra de este nítido contraste tiene lugar en la franja de las 6 de la tarde, hora en la que tres canales se dirigen al público adolescente: el 9 con Combate, un reality de juegos cuya cara visible es Guillermo “Fierita” Catalano, el 13 con A todo o nada, de entretenimientos varios, conducido por Guido Kaczka, y la TV Pública con Una tarde cualquiera, donde jóvenes de todo el país moderados por un dúctil Bahiano debaten acerca de temas como el embarazo adolescente, el bullyng o las elecciones presidenciales con una altura y apertura notables.


“Este programa sólo se puede hacer en la televisión pública, es el único lugar donde podemos trabajar con tanta libertad”, señaló Pedro Brieger al recibir el premio Democracia 2014 por Visión 7 Internacional, que lleva al aire once años ininterrumpidos. “Peter Capusotto y sus videos tampoco se podría hacer en un canal privado –advierte Bonavetti–. Después del tercer año vino Canal 13 y se lo quiso llevar, creyendo que lo lograría con una facilidad asombrosa. Yo le dije a Pedro (Saborido): ‘Andá. No tengo problema. Pero cuando te pidan meter videos de Miranda y de las bandas con las que ellos hacen negocios no sé de qué te vas a disfrazar’”.


El juego político


“La ventaja de los medios públicos es que no dependen de la publicidad, y eso permite generar una programación menos orientada a competir con la televisión privada”, sostiene Pablo Avelluto, coordinador del Sistema de Medios Públicos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y designado ministro de Cultura de la Nación. “La tensión –añade– es la política. Por eso acá se pensó una programación que no está vinculada a la coyuntura política. En el canal no hay un 6, 7, 8 con un panel de tipos que te dicen que Macri es bueno. Ni siquiera hay un informativo. Y te pueden decir que estás eludiendo la política, lo que pasa es que el sentido del canal no es ser vocero del gobierno, sino que la ciudad se muestre en sus manifestaciones artísticas, comerciales, literarias, deportivas, creativas y culinarias”.
Según Avelluto, “el kirchnerismo ha sido proclive a ver todo en clave política. Y por ingenuidad, por candor, por inteligencia, por experiencia o por ser sapo de otro pozo el PRO no cree que todo sea parte de una batalla más grande. Son dos mundos diferentes”.


“No es verdad que toda la programación de Canal 7 esté atravesada por la discusión política –señala Bonavetti–, y por otro lado en el discurso lavado hay también una definición política. Creo que no hay que confundir lo público con un ámbito inodoro, incoloro e insípido, y con esto voy al tema del que todos queremos escuchar: 6, 7, 8. Ese programa emergió en un escenario de muchísima asimetría, donde no había una sola voz que mostrara las operaciones mediáticas. El periodismo fue mutando sin crisis aparentes desde la época de Rodolfo Walsh a las empresas periodísticas, y en la Argentina ese proceso puso a ciertos periodistas en el lugar de inapelables. Lo que hizo 6, 7, 8 fue cuestionar esos interlocutores que no habían sido interpelados por nadie, sencillamente porque nadie los podía interpelar. Los medios públicos eran el único lugar desde el que eso podía ponerse en evidencia”, afirma. Y añade no obstante que “el canal tiene que construir un espacio de debate”.


Para Quevedo existe una suerte de jibarización de la discusión en la que se equipara a los medios públicos con 6, 7, 8. “Entonces se escucha que les preguntan a los candidatos: ‘¿Usted va a dejar que siga 6, 7, 8?’. 6, 7, 8 es una gota en una política de comunicación muy grande. Yo diría que Argentina Conectada es mucho más poderosa que todo el Canal 7, y a eso se suma la alianza con el Incaa, con Arsat, DeporTV, el Fútbol para Todos, Encuentro y Paka Paka, que a la vez no se entienden si no es en sintonía con Educ.Ar y con la posibilidad de tener todo ese contenido adentro de las computadoras de Conectar Igualdad. Esa sinergia marca una ganancia clave en cuanto al crecimiento del espesor de lo público en el espacio audiovisual”, remata.



Que la voz de los canales privados se escuche es crucial. El problema aparece cuando esa voz termina por transformarse en única: no sólo por su mirada política sino por sus idearios, lenguajes, representaciones y estéticas. Frente a ese panorama, la televisión pública tiene la posibilidad de emerger con un contradiscurso, convirtiéndose así en la vía para garantizar una democracia con pluralidad de voces.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Por estos días Alvin Lee estaría cumpliendo 70 años... y un breve texto acompaña su recuerdo..






.. quien la ama mi señora 
es un breve y oscuro escritor 
al cual los años se lo han llevado puesto. 
Lejos está de ese joven que le hacer el amor 
conforme su helénica belleza lo merece.  
Aún así sé de buena fuente 
que mis párrafos de entre sábanas 
provocan que sus piernas desnudas 
tiemblen hasta el paroxismo, 
éxtasis maduro y profundo, 
armonía que se reitera 
ante cada nueva lectura. 
Si tal rol me conforma, 
le cuento que no, mi señora. 
Desearía con gusto y placer 
dejar de ser 
ese breve y oscuro escritor 
orgásmico y a distancia, y poseer 
esas hedónicas virtudes terrenales 
para sentirla transpirar y gemir 
ante mi desgastado y esmerilado cuerpo, 
ese mismo al cual los años 
se lo han llevado puesto…

... y la bella dama no demoró su respuesta... 




"…para llevarme al éxtasis no le hacen falta virtudes carnales, que con sus palabras me hace suspirar y lo bueno de todo esto es que lo tengo cada vez que busco sus poemas y los releo, y es como estar entre las sábanas disfrutando del amor...usted seguramente lo expresa mejor que yo pero en definitiva mi alma lo admira y mi mente lo piensa...mi corazón lo extraña...mi cuerpo...mi cuerpo espera..."








martes, 22 de diciembre de 2015

ESPAÑA LUEGO DE LOS COMICIOS DEL DOMINGO




Hacia un cambio irresistible

Por Carlos Enrique Bayo Falcón Director del diario digital español publico.es

Fuente: Le Monde diplomatic Cono Sur


España vive un cambio de dimensiones sísmicas que se hizo patente por primera vez con el cénit del movimiento de “los indignados” –el 15-M– que generó un tsunami de “mareas” ciudadanas del que ha emergido una nueva forma de hacer política. En 2015, el bipartidismo PP-PSOE, asentado desde 1978, agoniza con su propuesta económica monocorde en las urnas y pronto dará paso a una nueva era socio-económica, pendiente del desafío soberanista catalán.
El líder de Podemos, Pablo Iglesias, lleva tiempo anunciándolo, pero que 2015 es el año del cambio radical en todos los aspectos de la sociedad española –empezando por los ámbitos político y económico– es ya un hecho incontrovertible. La España que surja de las cinco elecciones a las que han sido llamados los españoles en sólo nueve meses, comenzando con las autonómicas andaluzas el 22 de marzo y que culminarán el 13 o el 20 de diciembre con unas generales, será completamente distinta de la que se han repartido los dos grandes partidos que pactaron la Transición tras la muerte de Franco.

Para empezar, en enero de 2016 el Congreso de los Diputados presentará un reparto de escaños en el que ni el conservador Partido Popular (PP) podrá sumar mayoría de gobierno con aliados de la derecha –fundamentalmente, el partido Ciudadanos, creado en Cataluña hace diez años en contra del catalanismo nacionalista–, ni el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) la sumaría aunque lograse el apoyo de Podemos, el movimiento ciudadano de ascenso fulgurante fundado por Pablo Iglesias para canalizar el empuje de los indignados del 15-M. En consecuencia, o de alguna forma se consigue que la nueva alineación de fuerzas dé paso a pactos multipartidistas, o sólo quedará una posibilidad: la Gran Coalición (PP-PSOE) a la alemana de la que ambos protagonistas abjuran y que es repudiada por la gran mayoría del electorado.


Pero incluso en ese último caso se confirmará el fin de la hegemonía del bipartidismo, puesto que por primera vez desde la recuperación de la democracia esos dos gigantes ya no sumarán los dos tercios de ambas Cámaras del Parlamento, requeridos para cambiar la Constitución, tras perder 8,4 millones de votos desde 2008. Ni siquiera podrán repetir maniobras de rodillo parlamentario para hacer enmiendas constitucionales (que sólo requieren una mayoría reforzada de tres quintos) como la que impulsó José Luis Rodríguez Zapatero en el verano de 2011, modificando el Artículo 135 de la Carta Magna para limitar la deuda pública y dar “prioridad absoluta” a su pago a los acreedores –los llamados “mercados”–, poniendo los intereses del gran capital por encima de las propias necesidades de la ciudadanía.

Un hipotético gobierno formado en Gran Coalición por los hasta ahora principales enemigos políticos españoles tampoco tendría vía libre para imponer medidas antipopulares o perjudiciales para las clases más desfavorecidas, y no sólo por carecer de la mayoría cualificada necesaria sino, sobre todo, porque en esta segunda Transición se ha producido una movilización permanente de la ciudadanía; una hasta hace poco impensable politización de las masas –y especialmente de la juventud– que ha cuajado con la consolidación de las ya célebres “mareas” reivindicativas: la blanca, en defensa de la sanidad pública; la verde, en demanda de mejor educación pública; la roja, contra el desempleo; la naranja, en demanda de servicios sociales; la violeta, por la igualdad de sexos… y así hasta una docena que se agruparon en una movilización gigante en toda España en febrero de 2013 y que se autodenominó “Marea ciudadana contra el golpe de los mercados”.


Nuevos movimientos de base


La imparable fuerza de esa unidad popular espontánea se convirtió en un huracán con las Marchas de la Dignidad del 22 de marzo de 2014, que concentraron en Madrid a casi dos millones de personas que llegaron caminando desde todos los rincones de España, y repitió esa imponente demostración un año después.


Aunque quizá ha sido todavía más importante, para confirmar la proyección política futura de ese inmenso movimiento de base, la creación de candidaturas ciudadanas unitarias que han sacudido el tablero municipal de uno a otro extremo del país al conquistar en las urnas las alcaldías de las mayores urbes: Ahora Madrid, Barcelona en Comú, Compromís/València en Comú, Zaragoza en Común, la Marea Atlántica gallega (Santiago y A Coruña)… en muchos casos expulsando del poder a la derecha tras décadas de abrumadoras mayorías absolutas conservadoras. Hasta en Cádiz, un perroflauta (término acuñado por los dirigentes más duros del PP para desdeñar a los acampados del 15-M en la Puerta del Sol) como José María González Santos, más conocido por el mote andaluz Kichi, desbancó a la alcaldesa derechista Teófila Martínez, poderosa dirigente del partido de Rajoy que llevaba veinte años con el bastón de mando.

La debacle electoral de la derecha gobernante, tanto municipal como autonómica (perdió 6 de sus 10 comunidades y quedó a merced de Ciudadanos en las otras 4), sólo ha sido posible gracias a esa toma de conciencia política popular sin precedentes, que augura además un país de jóvenes militantes como no se conocía desde la Segunda República. Porque, inopinadamente, la juventud española se ha convertido en decisiva para los resultados electorales y este fenómeno es muy poco halagüeño para el futuro próximo de los dos grandes partidos, en particular el PP: los sondeos demuestran que prácticamente no atrae a ningún elector de otras formaciones y sólo cuenta con un 2,5% de votantes noveles, los que cumplieron 18 años después de los comicios anteriores.


El panorama político que se abre es, por tanto, desolador para los dinosaurios de la política española: el meteorito de las redes sociales ha acabado con los viejos árboles de los que se alimentaban, y la evolución de las nuevas especies de votantes los va a dejar atrás.


Más aun cuando esos novedosos movimientos de base municipales están sembrando una cosecha vindicativa y de recuperación de los derechos básicos de la ciudadanía: ocho de los alcaldes de grandes urbes del espacio Podemos –conocido en España como el “sí se puede”– dieron una nueva sacudida a la conciencia de los españoles al centrar su primera cumbre, en Barcelona, en la creación de una gran red ciudadana de solidaridad con los miles de refugiados que llegaban a las fronteras de Europa y eran vergonzosamente expulsados por los gobiernos de la opulenta UE. Ese encuentro –titulado Ciudades por el bien común. Ganar compartiendo experiencias de cambio– marcó otro hito importantísimo en la historia del futuro de España, porque no sólo estableció una plataforma de ayuntamientos progresistas (los mayores del país) dispuestos a seguir impulsando “el cambio” conjuntamente con los del resto de Europa, sino que también se convirtió en el germen de la Red de Ciudades de Acogida de los refugiados que obligó a cambiar de golpe de política no sólo al Gobierno de Rajoy, sino también a la propia Merkel… y a Cameron, Hollande y muchos más.


Fracaso con América Latina


Sólo dos meses antes del viraje del Gobierno español sobre este terrible drama humano –con Rajoy afirmando ahora que España acogerá a todos los refugiados que sea preciso–, el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, se negaba a aceptar ni siquiera la minúscula cuota (4.288) asignada entonces por la UE y aseguraba que Madrid sólo aceptaría a 1.449. Un ministro ultra que comparó la marea de refugiados con “goteras” que había que taponar y que apoyó el disparo de pelotas de goma contra inmigrantes que trataban de llegar a nado a Ceuta, causando la muerte de 15 de ellos. Pero el empuje electoral de las plataformas ciudadanas ha obligado al PP a anunciar una política exterior más humana, buscando caras nuevas y mensajes más solidarios. 


Por tanto, ha eclosionado un nuevo frente popular en España que está también cambiando la política internacional. Mientras, por ejemplo, permanece en la conciencia latinoamericana la naufragada política exterior aznarista de Europa contra Cuba –increíblemente invalidada por la progresista Casa Blanca– resulta que el ministro español de Exteriores, José Manuel García-Margallo, sigue encastillado en posiciones que son claramente caducas y cambiarán diametralmente en el futuro. Como ya ha ocurrido en cuanto Washington ha reanudado relaciones con La Habana y los mismos ministros que hasta entonces presionaban en la UE para que mantuviera la “Posición Común” de bloqueo de las relaciones con el Gobierno de Castro han salido corriendo hacia la isla en busca de las oportunidades de negocios perdidas.


Llegan tarde, porque la herencia de José María Aznar ha dejado a España aislada de América Latina, y el Gobierno de Rajoy no tiene protagonismo ninguno en el nuevo capítulo de la relación Cuba-UE. Como explica el eurodiputado de Izquierda Unida y hermano del camarógrafo asesinado en Bagdad por las tropas de EE.UU., Javier Couso: “Había una relación entre Madrid y La Habana que los gobiernos habían entendido que estaba por encima de la política. Aznar se cargó una tradición que no había roto ni Franco”.


Ahora ya es tarde para rectificar una política exterior tan miope como la que impuso quien alardea de haber sido el mejor presidente de Gobierno español. No se trata sólo de haber dilapidado siglos de lazos fraternos con los cubanos, sino que la diplomacia española ha dejado de tener influencia en el conjunto de Latinoamérica; de ser el eslabón imprescindible para el enlace de Europa y del resto del mundo con esa región en ascenso, España ha pasado a actuar como una mera comparsa, ajena a la crucial evolución exterior iberoamericana transatlántica y transpacífica. Así lo subraya también la ex ministra de Exteriores socialista Trinidad Jiménez, quien afirmó al diario Público: “Cuando Aznar impuso la Posición Común, el PP rompió un consenso básico en política exterior. No sólo perjudicó y bloqueó las relaciones con Cuba, también aisló a España de sus relaciones con el resto de América Latina”.


Las chispas que saltarán


Todo ello está siendo por fin asumido en las filas conservadoras, y sea cual sea el resultado electoral en las elecciones generales de diciembre, España va a dar un giro copernicano a su política exterior… aunque no a la informativa de sus grandes medios de comunicación, vasallos del gran capital que los ha (literalmente) comprado.

Es precisamente en el terreno mediático donde más chispas saltarán en cuanto cambie el panorama político español, nada más comenzar 2016. Porque el bipartidismo ha conseguido que unos pocos grupos (a menudo dominados por intereses multinacionales) controlen casi todos los canales de TV, periódicos de difusión nacional y emisoras radiofónicas, de forma que la ciudadanía ha perdido toda confianza en su prensa, privada de credibilidad y perdiendo influencia a pasos agigantados.

Por sólo citar un ejemplo: al nacer Podemos como fuerza política de cambio que se presentaba a las elecciones europeas, los grandes diarios españoles le hicieron el vacío, creyendo que si la condenaban al ostracismo no tendría posibilidad ninguna de triunfar. De hecho, de las 35 macro-encuestas publicadas antes de esos comicios, sólo 3 llegaron a preguntar por el movimiento de Iglesias, Monedero y Errejón... y las tres coincidieron en que sacaría “entre 0 y 1” escaños, es decir, ninguno. El Mundo no dio ni un miserable breve sobre la existencia del partido morado… hasta las 23 horas de la noche de la jornada electoral, cuando se vio obligado a informar del escrutinio que adjudicaba cinco eurodiputados a Podemos porque había reunido más de un millón de votos.


Como ésa, muchas otras evidencias prueban que las campañas mediáticas tradicionales ya no tienen la influencia de antaño, por muy sesgadas que sean, porque las redes sociales han creado un foro de discusión popular propio que es imposible de manipular con precisión: si se intoxica a los ciudadanos por esa vía, nunca se puede saber cuál será el resultado final. España es uno de los países con más actividad política en Internet y tiene a 22 millones de usuarios en Facebook, para un censo electoral de 34,5 millones. Twitter arde todos los días con un ciber-debate muy politizado y Pablo Iglesias cuenta ya con casi 1,25 millones de seguidores.


Al mismo tiempo, esa politización de la ciudadanía ha impulsado movilizaciones populares masivas muy desestabilizadoras, como la incontenible oleada independentista en Cataluña, donde no ha sido Artur Mas quien ha puesto en marcha el proceso soberanista, sino que lo que hizo el president de la Generalitat fue subirse a la gigantesca ola del nacionalismo catalán de base que tomó Barcelona en la Diada del 11-S de 2012. Desde entonces, las amenazas y medidas coercitivas del Gobierno central no han hecho más que exacerbar el movimiento secesionista, que no era más que una pequeña llama y fue atizado por la política anticatalanista del PP: logró con su recurso al Constitucional que el tribunal abrogase en 2010 el Estatuto de Cataluña aprobado en 2005 tanto por el Parlament de Catalunya como por el Congreso de los Diputados español, y refrendado por los electores catalanes en referéndum al año siguiente.


Fábrica de independentistas


Empleándose a fondo contra el nacionalismo catalán, con el fin de atraer votos en las regiones de España más refractarias a reconocer la identidad y cultura propias de Cataluña, el Partido Popular no ha hecho más que avivar ese incendio independentista en una comunidad donde tradicionalmente habían sido mayoría los que preferían permanecer en el Estado español, siempre y cuando se les permitiese desarrollar su lengua libremente y se les reconociesen derechos fiscales como los que gozan vascos y navarros.


Ni una cosa ni otra son santos de la devoción de la derecha española, heredera de un franquismo que hizo colgar en bares y restaurantes de Cataluña carteles que ordenaban: “Habla la lengua del Imperio” (el castellano). Así que Rajoy se ha empeñado en interferir en la enseñanza del catalán –la “inmersión lingüística” que sólo ofende a los que viven fuera de Cataluña y la desconocen–, hasta el punto de que su ministro de Educación, José Ignacio Wert, llegó a proclamar que la intención del Gobierno era “españolizar a los alumnos catalanes”, en un auténtico tic imperial.


En definitiva, los verdaderos fabricantes de independentistas han sido los que se arrogaban el monopolio de la defensa de la unidad e integridad de España, y sólo la aparición de las iniciativas políticas ciudadanas ha matizado la creciente indignación catalanista contra el Estado español. Según las encuestas del propio Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat, en 2010 menos del 20% de los catalanes estaban a favor de la secesión, pero en junio de 2015 el porcentaje de partidarios de la independencia se había duplicado, alcanzando el 38%. Al comenzar la campaña electoral para las elecciones autonómicas del 27 de septiembre de ese año, los que se declaraban dispuestos a votar a favor de una de las dos listas separatistas rondaban el 48%.


Finalmente, en las elecciones del 27 de septiembre las dos candidaturas independentistas –Junts pel Sí y la CUP– obtuvieron el 47,74% de los votos válidos, pero también sumaron una clara mayoría absoluta de escaños en el Parlamento de Cataluña: 72 diputados, 4 más de la mitad de la Cámara. Ése será el otro gran problema que tiene que afrontar España en el futuro inmediato: su comunidad más rica y próspera, con el 15% de la población, el 25% del PIB y desde la que sale el 28% de sus exportaciones, la primera en ingresos por turismo y la más avanzada tecnológicamente, quiere el divorcio.


Es perfectamente legítimo argumentar que no hay una mayoría popular deseosa de afrontar los riesgos y obstáculos que padecería Cataluña si proclamase la muy debatida Declaración Unilateral de Independencia, ya que un 48% de votantes independentistas no supone más que un tercio del censo electoral completo. No obstante, es también innegable que el propio sistema electoral vigente –que nunca han querido cambiar ni PP ni PSOE… y tampoco modificaron en Cataluña, aunque podían, los anteriores presidentes de la Generalitat–, diseñado para impedir que los partidos pequeños pudieran influir en las decisiones de gobierno, permitirá que una mayoría exclusivamente parlamentaria ponga en marcha una hoja de ruta estudiada para alcanzar la independencia en año y medio.


Aunque es más que previsible que esa secesión no llegará a culminar en un Estado catalán, por la férrea oposición del Estado español y porque esa secesión no interesa al resto de la Unión Europea, no cabe duda de que en los próximos años se vivirá una grave tensión política, social y económica entre el Gobierno central y la Generalitat, que en gran medida eclipsará los aun más serios problemas de desigualdad e injusticia que sufren, también en Cataluña, las clases trabajadoras.


Porque, como explica el catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas, y ex catedrático de Economía, Vicenç Navarro, el sufrimiento de las clases populares catalanas se debe al formidable dominio que las derechas han tenido en las instituciones financieras, económicas, políticas y mediáticas del establishment catalán, cuyo centro ha sido el pujolismo (de Jordi Pujol, presidente de la Generalitat durante más de 23 años). Esta clase dominante y su alianza con la clase política y mediática que ha controlado el Estado español explican el gran deterioro del bienestar y calidad de vida de las clases medias y bajas en esa comunidad, donde los gastos públicos sociales por habitante son de los más bajos de la Unión Europea de los quince.


Así que en Cataluña se produce la sangrante paradoja de que el independentismo está siendo azuzado por un nacionalismo españolista del que es portaestandarte la derecha posfranquista del PP, que al mismo tiempo comparte políticas y objetivos económicos con el catalanismo conservador de Convergència, que intenta ahora ponerse a la cabeza del movimiento secesionista. Es revelador que el president de la Generalitat –emboscado en el número 4 de la candidatura Junts pel Sí–, Artur Mas, dirija sus ataques más envenenados contra Podemos, cuando este movimiento (coaligado con la izquierda catalana de ICV en la lista Catalunya Sí Que Es Pot) es precisamente el que promete respetar el “derecho a decidir” de los catalanes en un referéndum sobre su soberanía y su futuro.


Lo que no se puede tapar


¿Por qué, entonces, Mas llega al disparate de tildar el discurso de Iglesias como “el mismo que el de Aznar o el de la ultraderecha”? Se trata de tapar la realidad, exactamente opuesta: fue Mas y su partido (Convergència) los que le dieron la presidencia del Gobierno a Aznar, cuando éste aún no gozaba de mayoría absoluta, y fue su Govern catalán el que primero y más diligentemente aplicó en Cataluña, nada más estallar la crisis, los recortes y las privatizaciones de la doctrina económica ultraliberal.


Camuflado tras la cortina de humo nacionalista –más bien la tormenta de arena independentista levantada por la indignación ciudadana– Mas ha conseguido convencer a los catalanes de que las terribles consecuencias del austericidio que él también cometió se deben todas a las imposiciones del neocapitalismo al que sirve Rajoy y, por tanto, el Estado español. Aunque es bien cierto que las secuelas de esa política de austeridad exigida por la Troika (Banco Central Europeo, Fondo Monetario Internacional y Comisión Europea) han sido nefastas para el conjunto de los españoles, incluidos los catalanes, y serán sin duda responsables del previsto fracaso del PP en las elecciones generales de fin de año.


Mientras Rajoy alardea de que España está a la cabeza de la recuperación económica en Europa, la realidad que sufre el pueblo llano es una multiplicación descomunal de la pobreza y la desigualdad. Pese a que en los últimos meses el desempleo se ha reducido hasta el nivel que el PP heredó del PSOE al tomar el poder en diciembre de 2011, durante la legislatura que se cierra los padecimientos de los trabajadores que han permitido el astronómico rescate de la banca y el enriquecimiento de los más adinerados quedan patentes con los fríos e incontrovertibles datos al cierre de su tercer año de mandato, 2014, el último para el que hay cifras completas, que seguidamente apuntamos.


Durante los primeros tres años de gobierno de Rajoy, se destruyeron más de medio millón de empleos y el número de parados de larga duración aumentó en más de 700.000; la renta media por hogar bajó a niveles de diez años antes y 150.000 españoles engrosaron la lista de los ya casi 13 millones en riesgo de caer en la pobreza; también creció en 800.000 el número de niños que viven en España bajo el umbral de la pobreza, y la tasa de pobreza infantil se disparó del 28,2% al 36,3%, un incremento sólo superado por México; España se convirtió en el país con mayor brecha entre ricos y pobres de la OCDE, con un ritmo de ampliación de ese abismo de desigualdad (+64,3%) que no sólo supera, sino que quintuplica o sextuplica, a los siguientes en la lista: México (+13,8%) y EE.UU. (+9,27%).


Pero esa política autodestructiva es insostenible: los asalariados sufragan el 90% de los ingresos del Estado, mientras España es un paraíso fiscal para las corporaciones, multinacionales y grandes fortunas. De hecho, España es el segundo país de la OCDE –tras Israel– donde más ha caído la recaudación fiscal desde que comenzó la crisis.

Por todo ello, y mucho más, España vive un fin de ciclo político y dará un giro copernicano a su gobierno tras las elecciones generales. De lo que se tratará en 2016 es de si PSOE y Podemos serán capaces de poner en práctica una reforma radical que permita “democratizar la economía para salir de la crisis mejorando la equidad, el bienestar y la calidad de vida”, como se titulaba el documento de bases que aportaron los profesores Juan Torres y Vicenç Navarro para el programa económico que ha elaborado el equipo de Pablo Iglesias. Si el nuevo líder del PSOE, Pedro Sánchez, logra revitalizar el partido socialista y se puede gobernar España mediante una coalición de fuerzas de izquierda, el cambio será rotundo e irresistible.


Quizá en ese caso los catalanes se reincorporen a la barca común y remen al unísono con el resto de los españoles. En caso contrario, los expertos prevén que el proceso de “desconexión” de Cataluña sacuda y desestabilice la nave de España durante los próximos diez años.




lunes, 21 de diciembre de 2015

ARGENTINA AÑO VERDE - Macrividad CARLOS VILLALBA para MIRADAS AL SUR


Algunos analistas del reciente proceso electoral concluyeron que el PRO de Mauricio Macri, travestido en la alianza Cambiemos, además de afirmar que respetaría las políticas kirchneristas aprobadas por las mayorías, acertó en las formas de relacionarse con la ciudadanía. Desde el paquete de hogares elegidos para el timbreo muestral, presentado como un despliegue respetuoso del jefe del espacio y de su ladera estelar, la hoy gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, hasta la diferenciación simpática del “estilo K”, convertido desde los medios dominantes en “impulsor de la grieta” y en “conflicto permanente”.
Explicaron que Macri y su banda de accionistas y gerentes convertidos en ministros de la Nación, la Provincia y la Ciudad, eran un “equipo” de budismo zen, que apuntan al “equilibrio” la “armonía”, la “alegría” y la “felicidad”. Seguramente no es cierto, aunque, si lo fuese, todas y cada una de las decisiones que tomaron desde los días previos al 10 de diciembre en que el ingeniero boquense bailó con la banda presidencial puesta en el balcón de la Casa Rosada, apuntan a la destrucción de cada una de las medidas construidas con grandes consensos a lo largo de la última docena de años.
El discurso se derrumbó enseguida. Confirmó las amenazas electorales –que no pocos argentinos confundieron con “promesas” que les serían beneficiosas– y devaluó, generó inflación, adelantó la quita de subsidios de los servicios públicos, eliminó o redujo retenciones con una transferencia desde el Estado que alimenta las políticas globales hacia los grandes jugadores de la agroexportación de aproximadamente $ 20.000 millones anuales y generó el escenario de base para que comiencen a producirse los primeros despidos, privados y gubernamentales.
El modelo que impulsa el equipo de ministros de los grupos económicos oligárquicos necesita “reducir el costo laboral”, los trabajadores no son más que un tornillo que se debe abaratar, y la vía regia hacia esa meta es elevar la desocupación, que hoy ronda el 7%, a más del 15%, al que debe sumarse el sector de trabajadores informales y los subocupados.

Un zorro en cada gallinero

La economía puede explicarse a partir de situaciones sencillas. En el mundo actual hay dos modelos básicos de economía, una regulada y otra “liberada”; la primera podría ilustrarse a partir de un país-plaza, con un cuidador que abre y cierra puertas a determinadas horas, permite o impide que los perros usen los areneros, que los chicos se suban a los canteros o que los más grandes se sienten a fumar en las hamacas. El placero regula acciones, tiempos y permisos. Puede ser bueno o malo, corrupto u honesto, pero ordena. Sería el escenario de una economía regulada, con presencia del Estado, el modelo que imperó entre el 25 de mayo de 2003 y las 23.59 hs cautelares del 9 de diciembre pasado.
El otro ejemplo es el de la libertad para todo y para todos, el del famoso “mercado” que acomoda el conjunto de variables, como los melones cuando la camioneta empieza a moverse.
El primero es un país en el que entra más gente, apretujada, con problemas, pero entra más. El segundo es el país para pocos, con hombres y mujeres que empezarán a perder trabajo, chicos que se desnutrirán y certezas modestas pero definitivas que se irán perdiendo.
En la fábula del zorro y el gallinero, el saber popular sintetizó la forma en que los tramposos engañan con su
concepto de libertad, la de la igualdad entre quienes trabajan poniendo huevos y quienes se los comen, además de masticarse a los propios plumíferos. La tenebrosa libertad para todos del zorro en el gallinero.

El peronismo, estatista, populista, inclusivo, nacional, siempre denunció el veneno que encierra ese “modelo”. En 1983, un candidato radical, seguramente diferente al Ernesto Sanz que logró que la UCR se quebrase en el altar del PRO, coincidió en que “la bandera de la libertad sola no sirve, es mentira, no existe la libertad sin justicia. Es la libertad de morirse de hambre, la libertad del zorro libre, en el gallinero libre, para comerse con absoluta libertad las gallinas libres”. Se llamaba Raúl Alfonsín, el mismo que dijo en 1992 que si la sociedad “se hubiera derechizado, lo que tiene que hacer la UCR es prepararse para perder elecciones pero nunca para hacerse conservadora”.
Esa es la “libertad” que proclama el presidente que armó un gabinete absolutamente cautivo de los grupos concentrados de la economía. La del zorro comiéndose a las gallinas, sus huevos y sus pollitos. La zoología, a veces, permite explicar las cosas mejor que los egresados de Harvard que, eso sí, saben disimularlas.

Aplastar la Constitución

Desde el llano, las derechas les reclaman a los oficialismos inclusivos y redistribuidores el respeto a la Carta Magna y el apego a las leyes. Macri no llevaba 24 horas de instalado en la Casa Rosada cuando lanzó su ráfaga inicial de decretos de Necesidad y Urgencia que tanto criticó a la presidenta Cristina Kirchner. Entre ellos, el que ordena que la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca) y la Autoridad Federal de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (Aftic) dejen de pertenecer a la órbita de la Presidencia de la Nación y pasen a subordinarse al Ministerio de Telecomunicaciones y modifica parte de la ley de medios, declarada constitucional por la Corte Suprema de Justicia.
Oscar Aguad, ministro del ramo –uno de los premios consuelo que el macrismo les cedió a los radicales que se ataron a su suerte– tuvo un ataque de violación explícita de poderes, al afirmar que “una ley del Congreso no puede limitar la capacidad del presidente”. Si no fuese por la legalidad de origen del gobierno, podría decirse que Videla no podría haberlo expresado con más claridad.
Tres días después, el Presidente volvió a recurrir al decretazo, esta vez para designar dos jueces de la Corte Suprema de Justicia “en comisión”, violando la Constitución Nacional que, si su equipo legal y técnico hubiese leído completo el capítulo referido a las atribuciones del Poder Ejecutivo, se hubiese enterado que tiene prohibido “bajo pena de nulidad absoluta e insanable, emitir disposiciones de carácter legislativo”.
Macri defendió su intención de usar un atajo para instalar a Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz, representante del Grupo Clarín en la audiencia que organizó el propio máximo organismo judicial para analizar la ley audiovisual.

PRIMER FRENO. Sin embargo, tuvo el primer choque contra el paredón de las instituciones, la debilidad de las alianzas de circunstancias y, sobre todo, el 49% de votos que encarna el Frente para la Victoria, en este caso encarnado por la mayoría del Senado que rechazó la aprobación de los pliegos y la primera minoría de Diputados, que convocó a una marcha en defensa de la República.
La Rosada tuvo que decidir su primer frenazo y los dos aspirantes a supremos debieron guardar sus trajes de estreno para mejor oportunidad. Cuando llegue la hora de defender sus pliegos, el rector de la Universidad de San Andrés, Carlos Rosenkrantz, además de repechar el contrapeso de su clientela que va mucho más allá de Clarín y Fibertel, tendrá que salvar la muralla de la defensa de la Verdad, la Memoria y la Justicia, que caracteriza al FpV, a partir de su rechazo de la inconstitucionalidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y de los indultos a los criminales de la última dictadura cívico-militar.