EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

sábado, 6 de junio de 2015

EL ORIENTAL

..a don  Alfredo Zitarrosa

Diez Décimas de Saludo al Pueblo Argentino

de Bernardo Blázquez Di Croce



Recién llegado de quién sabe qué escenario, se ve una silueta masculina, un hombre vestido  con saco negro, pelo engominado y un cigarrillo a medio terminar entre sus dedos. Dedos aquellos que supieron empuñar la pluma para escribir canciones, de protesta, de libertad, de amor, de olvido, de nostalgia.
Se sienta, destapa una botella de whisky y procede a llenar esa copa que supo comprar en los tiempos del exilio en México, único lugar donde pudo conciliar un poco de esa calma perdida en su patria platina, de la que fue obligado a marcharse.
Toma el primer sorbo, apaga la colilla prende otro cigarro y toma la guitarra. La visión es borrosa, se hace difícil tocar si no se distinguen las cuerdas ni los espacios;  otra vez, el alcohol. Aquel sedante de sus pesares lejos de Montevideo, aquel transporte hacia los recuerdos de su vida alegre y combativa en Uruguay, terminó por consumir al hombre.
_Hermano, por querer esfumarme hacia otro sitio, aunque sea en la ilusión, me he convertido en un dependiente de tu esencia, tus cadenas me han atado como un esclavo de tu entidad_.
Si hasta suena paradójico, quien ha sido un anarquista romántico, un desmembrador de cadenas opresoras que atan al sujeto a no moverse, como un vil criminal que no se le permite ver la luz del sol. A ese hombre, lo venció un simple vicio, por querer olvidar su destino de viajero errante y desterrado.
Libertario empedernido, cantor popular, consuelo de desconsolados, refugio de oprimidos. El mismo que vivió su vida para alcanzar la libertad y otorgársela a sus hermanos, se vio signado por la dependencia, condicionó su sueño, porque a él le negaron el suyo.
Termina el whisky, se levanta de la mesa y se toma el pecho. Camina hacia el teléfono, se desploma. No se mueve, pero  de su mano izquierda, se ve caer, abollada, fruto de ser aferrada mil y una vez, una foto de José Artigas.


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