FRASE DE EDUARDO GALEANO

EL ARTE Y LA CIENCIA EN UN DIÁLOGO ENTRE DOS SILENCIOS

viernes, 28 de febrero de 2014

MAESTROS DEL BLUES. EDDIE TAYLOR



Artista de alto nivel, diestro compositor, manejó con estilo la guitarra armonizando el conjunto con una fuerte y nítida voz. Fue un blueman genuinamente negro que curiosamente logró reconocimeinto en Estados Unidos luego de haber logrado gran renombre en los escenarios europeos de blues. Además era un permanente invitado cuando las mejores bandas de su tiempo hacían sus shows. BB King, Muddy Waters y John Lee Hooker solían engalanar sus presentaciones con el bueno de Eddie.

 

jueves, 27 de febrero de 2014

CORONEL DORREGO: EL LUJO ES VULGARIDAD, DIJO Y ME CONQUISTÓ…. de esa miel no comen las hormigas..





En la última sesión del HCD de Coronel Dorrego la palabra LUJO se presentó como la vedette del inició de la temporada política. Acaso como un novedoso intento de calificar una administración ciertamente errática se nos dijo que tenemos un distrito de lujo, con un Intendente de lujo y varios elementos distintivos y distinguidos que están más relacionados con aburridos pleonasmos que con realidades concretas. Puta me dije ¿será que los dorreguenses servimos en cumplir con un destino inmerecido y no nos damos cuenta de nuestra enorme fortuna? El nuevo Presidente de la bancada de la UCR desarrolló su tesis presuponiendo que los dorreguenses deseamos tener un distrito de lujo (¿?) ignorando quizás que modestamente nos conformamos con ser incluidos y comprendidos en nuestras  verdaderas necesidades. El lujo es vulgaridad escribió el Indio hace más de dos décadas y coincido. Tal vez el nuevo Presidente de la lujosa bancada de la UCR encaje dentro de la frase siendo probable entonces que aún no ha logrado asumir que los dorreguenses, más que subjetivos lujos inexistentes y discutiblemente deseados, queremos sencillamente que no haya ratas en la plaza principal, que el agua sea potable y si es posible con sabor bebible, que el regador pase de cuando en vez, que no se ausente el agua cuando las temperaturas agobian, que nunca falten dosis de antitetánica cuando uno acude a las salas de la periferia de la ciudad cabecera, ser bien tratado por los agentes comunitarios en los controles de tránsito, encontrar una respuesta responsable y amable cuando de dilemas puntuales se trata. Cosas simples, no lujosas, terrenales. Que instalen los tanques de gas en Oriente y Guisasola con la debida premura que el problema tiene, que dejen de subsidiar a instituciones “amigas”, instituciones pésimamente manejadas, librando cheques para pagar los sueldos de su personal rentado, que algún día funcione la sala de rayos que hace 5 años se instaló en El Perdido y que nunca operó, que se controlen a las empresas y plantas que contaminan a las poblaciones con sus aportes de granza, pesticidas y agroquímicos; cosas así, reitero, nada de lujos, nada de brillos, ni pomba ni boato, sólo un poco de política, doméstica y concreta.

Si uno recorre los suburbios de las aldeas, tanto las de la ciudad cabecera como las de las villas que completan el distrito, observaremos que la palabra lujo es un tanto arriesgada de imponer para un paisaje repleto de baldíos/basurales pletóricos en metales oxidados, roedores y comadrejas, calles despedazadas, ausencias de servicios esenciales y todo aquello relacionado con la vida de todos los días. En apariencia parece que el hombre no es de recorrer con asiduidad esa parte del mundo que le abona su salario, acaso sólo recorre la parte del mundo lujoso que tiene en su cabeza y que le suele palmear sus lujosas espaldas.

Por supuesto que hay incisos lujosos en Coronel Dorrego. Por ejemplo el sueldo de algunos longevos funcionarios (no por edad sino por permanencia) es un tangible lujo del cual “nos podemos ufanar” con relación a sus capacidades, calidades humanas y esfuerzos individuales. Hay también  funcionarios que hasta gratis serían un lujo por lo caro que nos cuestan sus enormes ineficiencias. Amén de que el nuevo Presidente de la bancada de la UCR esté de acuerdo con Solari y la palabra lujo la haya relacionado con la palabra vulgaridad. Y es allí en donde encontraríamos más coincidencias que diferencias.

Hace poco escuché a otro lujoso funcionario afirmar que el proyecto para incluir un profesor de Educación Física al frente de cada club del distrito era una medida profundamente equitativa e innovadora y que promovía seguridades a favor de los pequeños. Lo felicito, pero quiero apelar a su lujosa memoria. Es mi deseo recordarle a este lujoso funcionario que hace seis años y durante su gestión, en otro hito de notable distinción, tomaron la decisión política de nombrar, contratar y subsidiar, sin concurso, al lujoso clan de profesores de educación física encabezados por Valeria Schechtel, tal como lo sentenció nuestro lujoso Intendente en aquella recordada y lujosa inauguración, tanto para la escuela de deportes local como para el Club Progreso. Como se puede observar hay “lujos adicionales”, acaso mimetizados o escondidos, que parecen no rendirle honor a los personajes y que siempre es necesario averiguar un poco más – no alcanzan sólo con los títulos -  y conocer en manos de quién ponemos la formación y la inocencia de nuestros pibes. Aquello nos salió muy, pero muy caro. Y no hablo precisamente de dinero. No creo que los funcionarios actuantes puedan pagar, sobándose con lujos y banalidad retórica, el enorme daño provocado. Digo… la gente del común, esos que no sabemos entender que vivimos entre lujos inmerecidos, esos que ignoramos, los que ni siquiera sospechamos, no nos tragamos que “el importante comerciante” de Coronel Dorrego juzgado por abuso sexual de una menor no es otro que un tipo bien cercano al establishment local y presidente de una de las entidades culturales más importantes del distrito, también sabemos cómo operan nuestras lujosas cuevas, nuestras lujosas casas de tolerancia, nuestros lujosos distribuidores de yerba, nuestros lujosos ladronzuelos de abolengo, nuestras lujosas familias intocables, nuestros lujosos esclavistas…

Y dije cultura. Otro lujo. Le pagamos a dos funcionarias de primer orden por hacer lo mismo, de la misma manera y con los mismos resultados. Si tienen tiempo y ganas leer; de este mismo blog: Esa Cosa Llamada Cultura I, II, III, IV publicadas el 12/12/11, 13/02/12, 6/08/12 y 8/08/12 respectivamente… (Tristemente lo digo, no tengo que modificar ni una coma…)

Hace un tiempo, en un nuevo ensayo de autobombo, otro de los integrantes de la bancada oficialista, me refiero al actual Presidente del HCD hablaba también del lujo que significaba haber tenido como anterior Presidente del HCD a quien antes mencionábamos. Cuando recuerdo estos ronroneos amatorios y lisonjeros públicos, mediáticos, casi pornográficos, se me aparecen de inmediato imágenes de la película Calígula y esa pasión descomunal, desprolija, lindante con el desorden emocional, que para mal de nosotros impacta en la política diaria y como consecuencia, en nuestra vida cotidiana. Paren de pleonasmos escasamente poéticos y paren también de tirarse flores entre sí, empiecen a mirar un poquito pa´costado como dice el Alemán y abandonen la idea de seguir escribiendo hojas y hojas de mala literatura política. Son ustedes los que gozan del lujo de estar al frente de un pueblo tolerante, manso y comprensivo, un pueblo bueno, muy bueno, un pueblo lujoso en el más humano de los sentidos, un pueblo que les perdona el atraso, la falta de laburo, el olvido, la desidia, el maltrato, un pueblo que se conforma con ser una estación de ruta, sólo pide que le tengan limpio el playón y que nunca falten en el botiquín vacunas, gasas y curitas. Tal vez por eso el actual Presidente de la bancada de la UCR y oficialismo en general se relacionan tan íntimamente con el lujo. Porque el lujo, en definitiva, es vulgaridad como dijo el Indio Solari, y el único lujo que existe en Coronel Dorrego, somos nosotros: su sufrido y vulgar pueblo.



LAS REDES Y FUNDACIONES QUE LABORAN A FAVOR DE LOS GOLPES EN LATINOAMÉRICA



AMÉRICA LATINA ES EL BLANCO DE LOS NUEVOS GOLPISTAS

Eduardo J. Vior, para Miradas al Sur

 Fundaciones que se apropian de la palabra “libertad” reúnen a la derecha más granada. Los “golpes blandos”, que han afectado a Venezuela, Argentina, Honduras o Ecuador, sin fuerzas militares a la vista pero con la ofensiva de poderosos medios informativos y presiones sobre la economía, tienen origen y entramado común.

La entrega del agitador ultraderechista Leopoldo López en Caracas el pasado martes 18 fue escenificada mediáticamente para desviar la atención de los graves atentados que impulsó siguiendo la estrategia de “revolución pacífica” y utilizando francotiradores para crear el caos.

“Nosotros tenemos que ser los constructores de la paz, seguir resistentes”, expresó este miércoles el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en rechazo a la violencia promovida por grupos de la derecha. Para deslegitimar la propaganda opositora, subrayó que “llegó el momento de la paz”.

Por su parte, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, aseguró el mismo miércoles 19 que en su país la democracia está amenazada por una alianza conformada por la extrema derecha latinoamericana y mundial. “Los procesos de desestabilización recaen siempre sobre gobiernos progresistas”, agregó. “Miren con detenimiento lo que está pasando en Venezuela y Argentina”, añadió.
El 28 de junio de 2009 había sido derrocado en Honduras el presidente constitucional y democrático Manuel Zelaya. En esa ocasión, Correa había definido el hecho como una “prueba piloto”. El 22 de junio de 2012, en Paraguay, esa misma “alianza de la extrema derecha latinoamericana y mundial” puso fin al gobierno democrático de Fernando Lugo.

A su vez, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, declaró también el miércoles que “estamos trabajando en una legislación para desalentar toda forma de violencia en las marchas” en una entrevista con una radio de Alagoas. Rousseff insistió en que defiende el derecho a manifestarse, pero repudia los “actos de vandalismo practicados por personas que esconden el rostro”.

En todos los países latinoamericanos gobernados por movimientos reformistas se observa una combinación de masivos ataques mediáticos, maniobras de desestabilización económica, alzamientos policiales, boicot de la Justicia a las reformas y manifestaciones opositoras que rápidamente escalan hacia actos violentos, utilización de las redes sociales para organizar acciones opositoras “espontáneas”, etc. Para entender el entramado que sostiene estas campañas, es conveniente conocer las organizaciones incumbidas.

Una siniestra red mundial.. La National Endowment for Democracy (NED, Fundación para el Desarrollo de la Democracia), fue creada por Ronald Reagan en 1983. Cuatro corporaciones constituyen su base: una rama de la central sindical, la American Center for International Labor Solidarity (Acils), el Center for International Private Enterprise (CIPE) de la Cámara de Comercio, el International Republican Institute (IRI) del Partido Republicano y el National Democratic Institute (NDI) del Partido Demócrata. Aunque jurídicamente es una organización no gubernamental, se financia por el presupuesto del Departamento de Estado, librando al gobierno de responsabilidades y con un grado de credibilidad superior al de una agencia del gobierno.

Aunque la NED nació como parte del arsenal ideológico de la Guerra Fría, desde la caída del socialismo intervino en 90 países para ayudar a “construir la democracia”. El presidente de la NED rinde regularmente cuentas ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense, caso único para una ONG. Los informes de la NED insisten en entender la “democracia” como mecánica electoral. En ese marco apoya a unos 6.000 proyectos de ONG en el mundo y es sede de la Network of Democracy Research Institutes con “eruditos y activistas de la democracia” en todo el mundo. La NED alberga también al secretariado de The Center for International Media Assistance, “un proyecto que se propone reforzar a los medios libres e independientes”.

Carl Gershman, su histórico presidente, de orientación neoconservadora, postula el objetivo de “crear un movimiento mundial pro democracia” como una “red de redes” cuyo centro es la NED. En 1996, justificó de modo significativo el pedido de aumento del presupuesto ante el Congreso: “La guerra global de las ideas sigue con ímpetu y Estados Unidos no puede permitirse entregar el campo de batalla ideológico a los enemigos de una sociedad libre y abierta. La NED necesita un financiamiento continuo para salvaguardar el futuro”.
De acuerdo con un artículo publicado por la periodista Stella Caloni en 2010 la lista de las ONG dependientes de las fundaciones “centrales” como la Usaid o la NED es interminable. En Argentina actúa la Fundación Libertad (FL), con sede principal en Rosario, que entre el 26 y el 28 de marzo de 2013 realizó allí el “Seminario Internacional sobre los Desafíos en América Latina” con personajes como Roger Noriega quien fue subsecretario para América latina del gobierno de George W. Bush; Mario Vargas Llosa, José María Aznar, los ex presidentes Vicente Fox, de México; Francisco Flores, de El Salvador; Luis Alberto Lacalle, de Uruguay; Osvaldo Hurtado Larrea, de Ecuador; Jorge Quiroga, de Bolivia; el presidente Sebastián Piñera, de Chile, y otros. Ya en marzo de 2008 había congregado a lo más granado de la derecha mundial para apoyar el paro ruralista. A fines de 2008, el gobierno de Evo Morales demostró el involucramiento de la Usaid en el reparto del dinero enviado para proyectos de desarrollo a los opositores de la Media Luna que protagonizaron el derrotado golpe “civilista” en agosto-septiembre de ese año.

Entre los días 12 y 14 de diciembre de 2008 se creó en Colombia la Unión de Organizaciones Democráticas de América (UnoAmérica), conformada por militares y policías de las pasadas dictaduras, para oponerse a la Unasur. Libertad y UnoAmérica, así como la Fundación Pensar –que nuclea a la plana mayor del PRO– tienen lazos con la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (Faes) que dirige José María Aznar y con la Fundación Internacional para la Libertad, presidida por Mario Vargas Llosa. UnoAmérica está acusada por el intento de magnicidio en Bolivia en abril de 2009 y de participar en el golpe en Honduras, lo que fue confirmado por el ex presidente de facto Roberto Micheletti. La NED participó en el golpe contra el presidente Hugo Chávez en 2002, como surge de documentos desclasificados del gobierno estadounidense.
Reacciones ambivalentes. Para protegerse, los gobiernos progresistas de América latina están recurriendo crecientemente a sus fuerzas armadas. El gobierno brasileño promueve la aprobación de una ley de seguridad nacional que incluye la intervención militar en el control del orden interno. En Argentina el gobierno de Cristina Fernández nombró al general nacionalista e industrialista César Milani como jefe del Ejército. En Bolivia, a su vez, el presidente Evo Morales forjó una alianza militar-obrera-indígena-campesina de gran eficacia en momentos cruciales como las recientes inundaciones. En Ecuador y Venezuela, finalmente, las fuerzas armadas son leales a las respectivas revoluciones.

(N de la R: De todas formas llama mucho la atención la ausencia de la justicia como reaseguro del cumplimiento de los procesos democráticos). 



¿Es la militarización la alternativa para defender los procesos populares en el continente? Indudablemente no basta. Las reacciones de las clases medias, el desencanto popular y las conspiraciones imperiales impactan en la legitimidad de estos gobiernos, porque los casos de corrupción, la burocratización y la ineficiencia han mellado su credibilidad. Sin embargo, sólo la ampliación y fortalecimiento de la democracia pueden ayudarles a afrontar el golpismo. Sólo el control democrático de la gestión pública puede recuperar la confianza. A la vez, si los procesos reformistas no profundizan su integración monetaria, seguirán a merced de la especulación. Sólo una mayor integración del transporte y las comunicaciones puede reducir los costos, asegurar el abastecimiento y aprovechar las posibles sinergias entre las economías. Finalmente, los servicios de inteligencia deben coordinarse, para detectar tempranamente las maniobras desestabilizadoras. El relanzamiento de la economía norteamericana agudiza su necesidad de recuperar el control sobre los recursos primarios del continente y de aventar concurrentes. Para ello requiere sustituir los gobiernos reformistas por regímenes que abran sus economías. El futuro de los movimientos reformistas depende de su capacidad de adaptación.



Fuente: Miradas al Sur

martes, 25 de febrero de 2014

EL BUSTO DE MENEM y LA DÉCADA EXTRAVIADA

por José Natanson para Le Monde diplomatique


Desde que Eric Hobsbawm decidió que el siglo XX duró sólo 77 años, entre el estallido de la Primera Guerra en 1914 y el colapso de la Unión Soviética en 1991, se ha puesto de moda redefinir los períodos históricos con ingeniosa flexibilidad: digamos entonces que la década del 90 comenzó en Argentina el 27 de marzo de 1991, con la sanción de la ley de convertibilidad, y concluyó el 20 de diciembre de 2001, con la caída de Fernando de la Rúa. Y que desde hace ya un tiempo, en ese mundo desordenado y salvaje pero anticipatorio que son los blogs y las redes sociales, viene circulando una pregunta: ¿cómo contar los 90? O, mejor aún, cómo contarlos sin lugares comunes ni demonizaciones vacías pero superando la superficie de la nostalgia por los consumos culturales, las frenys de Pumper Nic, los discos de Los Redondos o el soft-porno de madrugada en el viejo VCC.
La literatura de treintañeros ya dio sus primeros pasos. En Los años que vive un gato, Violeta Gorodischer retrata las hipocresías y disfuncionalidades de una familia de clase media y se vale del menemismo como el ecosistema oleaginoso en el que se producen los cambios. En Alta rotación, Laura Meradi nos pasea por los trabajos más insoportables del mundo –vendedora de tarjetas de crédito, mesera, empleada de un call-center bilingüe– para dar forma a la mejor crónica escrita hasta ahora sobre la flexibilidad laboral. En la contratapa de Los años felices, Sebastián Robles se pregunta: “¿cómo narrar una época sin olvidar que la odié profundamente pero también la amé en secreto?”.
Obligadas a procesos de validación más o menos científicos y a menudo entrampadas en pesados mecanismos burocráticos, límites institucionales y guerras de vanidades, las ciencias sociales no han parido hasta ahora una mirada global sobre los 90. Hay sí excelentes análisis de algunos de sus aspectos fundamentales, desde los nuevos pobres a los cambios experimentados por el peronismo, de las denuncias de corrupción a la extranjerización de la economía, pero no una historia general que integre todas estas facetas en un todo y permita, desde ahí, entender lo que está pasando hoy.

Dos reformas

Revisemos primero lo básico: los 90 pusieron punto final al modelo estadocéntrico, habilitaron el salto tecnológico y consolidaron una catástrofe social, en el marco de la transformación económica más monstruosa del último medio siglo. Fue también en esos años cuando el poder militar terminó de subordinarse al poder civil, cuando se consolidó la democracia y cuando Argentina se dio a sí misma –¡finalmente!– una moneda, el peso, que contra todo pronóstico sobrevivió a la crisis de principios de siglo XXI (en rigor, muchas de las monedas hoy vigentes en los países latinoamericanos fueron “inventadas” en los 90: el nuevo sol peruano en 1991, el peso uruguayo en 1993, el real brasileño en 1994).
¿Cómo entender entonces los 90? ¿Desde qué punto de vista enfocarlos? Una vía interesante y no muy explorada consiste en analizar aquellas reformas que luego, ya en otro tiempo histórico, permitieron avances virtuosos: aquello que sobrevivió positivamente de la década y que ayudó a empujar las conquistas del siguiente período. Sin pretender agotar la lista, quisiera agregar a las políticas más mencionadas –el ahogamiento presupuestario de los militares y la firma del tratado constitutivo del Mercosur– dos reformas más: se trata en ambos casos de transformaciones tecnocráticas que, sin embargo, resultaron fundamentales para los cambios implementados a partir del 2003. Y fueron, no casualmente, dos centralizaciones.
La primera es la unificación federal de las cajas jubilatorias. Comenzó en 1990, cuando las diferentes cajas provinciales y sectoriales, casi todas ellas colapsadas, convergieron en el Instituto Nacional de Previsión Social (INPS). Dos años más tarde, en 1992, se creó el Sistema Único de la Seguridad Social (SUSS) bajo control de la flamante Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses), que pasó a concentrar, además de casi la totalidad del sistema previsional, las asignaciones familiares, los programas de empleo y las pensiones no contributivas. Después, por supuesto, se procedió a la privatización, pero lo que quiero subrayar aquí es que la eficiencia de un instrumento concebido para un objetivo ciertamente negativo –el ingreso del capital privado al sistema jubilatorio– pudo ser utilizado luego para fines más nobles: el kirchnerismo, en efecto, aprovechó la moderna estructura de la Anses para ampliar la cobertura previsional, estatizar casi de un día para el otro las AFJP y lanzar, también en poquísimo tiempo, la Asignación Universal, el Plan Conectar Igualdad, el Procrear y, más recientemente, el Progresar. Tanto es así que la Anses, de indudable perfil técnico, se convirtió en el trampolín político para dirigentes como Sergio Massa y Amado Boudou.
Mi tesis es simple: sin la modernización tecnocrática de los 90, sin la informatización, la homogeneización de los trámites y la descentralización de la atención al público a través de una red de oficinas de la Anses distribuidas por todo el país, los avances del kirchnerismo hubieran sido más difíciles, más costosos o más lentos.
El otro caso interesante es el de la recaudación impositiva, que a comienzos de los 90, y por obvio efecto de la crisis, estaba por el piso. En 1996 se fusionaron la Aduana, la Dirección General Impositiva y la Dirección General de Recursos de la Seguridad Social en una sola entidad, bautizada AFIP. Se unificaron las alícuotas, se eliminaron lo que los neoliberales llaman “impuestos distorsivos” y se simplificaron los trámites. La presión impositiva pasó del 13 por ciento en 1989 a más del 20 en los mejores años de la convertibilidad, aunque con un sesgo muy regresivo, pues el nuevo esquema elevó el IVA al 21 por ciento y redujo los impuestos al capital (se suprimieron los aportes patronales, por ejemplo). Fue también el inicio de un proceso de informatización basado en el software libre y realizado casi enteramente con recursos propios, que le ha hecho declarar a Axel Kicillof que el centro informático de la AFIP hoy parece la NASA. Y fue también en esa época cuando apareció el primer sheriff impositivo de la historia argentina, Carlos Tacchi, que prometió “hacer mierda a los evasores” y que es el antecedente directo de las persecuciones en las playas, los embargos a automóviles de lujo y las fotos aéreas que hicieron famoso a Santiago Montoya: la contribución de ambos pintorescos personajes a la creación de una cultura tributaria argentina debería ser valorada.
Pero no nos desviemos. Lo que quiero plantear es que la modernización de los instrumentos recaudatorios iniciada en los 90 fue decisiva para que el kirchnerismo, en un contexto económico muy diferente, lograra elevar la presión impositiva al fabuloso 37 por ciento del PBI de la actualidad, con todos sus efectos en cuanto a disponibilidad de recursos fiscales, fortalecimiento del Estado y equilibrio de las cuentas públicas (aunque con pocos avances en la construcción de una estructura menos regresiva). Igual que con la Anses, el camino fue la centralización, la digitalización y la construcción de organismos con autonomía operativa y diferenciación burocrática: los trabajadores de ambas entidades no forman parte del sistema general de los ministerios y cuentan con esquemas de carrera meritocráticos, sindicatos diferentes y salarios más altos.

El busto de Menem

Las dos reformas mencionadas son un ángulo posible para entender mejor los 90 y considerar no sólo los cambios sino las continuidades, en el contexto de un país adicto a las rupturas y poco inclinado a progresar por vía de la acumulación. Pero cuidado: el riesgo, para quienes hoy rondamos la treintena y nos acercamos –peligrosa, dramáticamente– a los 40, es caer en las miradas indulgentes propias de nuestra educación sentimental. Si de política se trata, conviene ser claros y huir de los enfoques azucarados: la de los 90 fue una década negativa desde casi todos los puntos de vista.
Dicho esto, creo que vale la pena revisitar el período para extraer algunas conclusiones sobre la Argentina de hoy e incluso sobre la Argentina que se viene. Y en este sentido el primer razonamiento podría ser un contraste, el que separa la figura de Alfonsín, alrededor de la cual se ha construido un curioso consenso multipartidario en torno a un líder aparentemente desprovisto de contradicciones, aristas amenazantes y ángulos problemáticos (el Alfonsín esférico), frente a un Menem que opera como el culpable absoluto de todos los males, del pasado y del presente. Aclaremos, una vez más, que esto no exculpa al ex presidente, responsable de mucho de lo peor de aquellos años, pero agreguemos también que es fácil detectar detrás de estos mecanismos de creación de sentido común colectivo una forma sutil de des-responsabilización social. Como sabemos los adeptos al extravagante hobby semanal de clases medias que es el psicoanálisis, un poco de negación siempre es necesario para seguir avanzando.
En una nota publicada en la edición especial de el Dipló por los 30 años de democracia, Martín Rodríguez se preguntaba quién se animaría a inaugurar, como hizo Cristina Kirchner con el de Alfonsín, el busto de Menem en la Casa Rosada. Mi respuesta sería: la generación que se prepara para llegar al poder –los Scioli, los Massa, los Insaurralde– está llamada a hacerlo. Se trata, ya lo hemos dicho, de una camada de dirigentes nacidos y criados en los años de Menem pero que se hicieron grandes durante el kirchnerismo. Expresión del mix entre política, espectáculo y deporte típica de los 90, son también líderes desideologizados y flexibles, tan populares como conservadores. Con un botín clavado en cada década, quizás alguno de ellos se anime a estrenar en un mismo acto los bustos de Menem y Kirchner, y en ese caso estarían haciendo justicia con sus propias trayectorias. Pero parece improbable: la sociedad difícilmente valore una operación simbólica de estas características y una de las claves del éxito de esta generación de políticos es la atención extrema a una opinión pública a la que nunca osan controvertir, un vicio en el que curiosamente no incurría ninguno de sus dos maestros.

Fuente: Le Monde diplomatique edición sur

lunes, 24 de febrero de 2014

SON INSACIABLES... ACORDATE PARA EL 2015, DESPUÉS NO DIGAS QUE TE ENGAÑARON...Lanata propone un "buen liderazgo" para bajar los salarios.. Hasta Sanz los corre por izquierda...





Vaya a saber si acorde con la opinión de sus patrones –lo que es muy probable –, el periodista estrella del Grupo Clarín se mostró deseoso de “un buen liderazgo político” para realizar un ajuste en el salario de los argentinos. Sin pelos en la lengua, Jorge Lanata se manifestó en favor de una reducción salarial masiva, al señalar que si "hubiera un buen liderazgo político en Argentina" los trabajadores aceptarían una rebaja en sus ingresos. "Si viniera un tipo que fuera verdaderamente un líder, y le dice a la gente que va a ganar un 10 por ciento menos y eso se destinara a un fondo especial destinado a financiar algo, la gente lo aceptaría”, dijo el periodista en su programa de radio Mitre. “Lo que pasa es que no hay buenos liderazgos", agregó Lanata (Fuente: Diario Registrado)



(N de la R: En línea con De Mendiguren, Solá, Massa, Giustossi y Macri, para Lanata (y para la derecha) los liderazgos fuertes son necesarios para reducirle los salarios a los trabajadores, no para enfrentar a las corporaciones y de ese modo mejorar la distribución de la riqueza...Sanz rechazó la idea...) Confirmado: Pretenden una salida tipo 2001 por medio de medidas regresivas que impacten directamente en los sectores asalariados




domingo, 23 de febrero de 2014

DOLINA Y EL NEOLIBERALISMO DE LOS 90. En ésta disiento troesma y te pido disculpas...





En un excelente reportaje que Mauro Viale le hiciera hoy domingo al Negro Alejandro Dolina éste manifestó que el liberalismo de los noventa acaso fue necesario debido a la crisis hiperinflacionaria. De pronto algo me hizo ruido cuando escuché su tesis. Si mal no recuerdo el proceso neoliberal del peronismo noventista tiene tres claras etapas. En la inicial utilizó la teoría del shock y la confianza de la mano de ministros ligados al establishment, me refiero puntualmente a Roig y Rapanelli implementando el recordado plan BB (Bunge & Born). Básicamente se comenzó con una fuerte devaluación y se inició el proceso privatizador que definiría la política económica de la época. Aun así, a pesar de dicho aumento y de los ingresos generados por estas privatizaciones, la situación económica se mantenía convulsionada y a fines de 1989 se produjo una segunda hiperinflación. El ministro de economía de la segunda etapa, Erman González confiscó los depósitos a plazo fijo y los cambió por bonos de largo plazo en dólares (Plan Bonex). Asimismo, restringió fuertemente la emisión monetaria. A grandes rasgos podemos afirmar que el plan González se basó en: Una liberalización de los precios, cosa que generó un inmediato brote inflacionario. Mas tarde y ante la coyuntura modifica su plan estableciendo condiciones para los encajes bancarios. Ante la recesión implementa un fuerte ajuste fiscal. La recesión impide que el superávit se mantenga durante mucho tiempo, de modo que nuevamente el gobierno recurre a un renovado ajuste fiscal. El plan Erman III no logró frenar los niveles inflacionarios por lo cual su renuncia determinó el arribo de la tercera etapa: Domingo Cavallo y su plan de Convertibilidad establecido por la ley 23928 del 1ro de abril de 1991. Hasta aquí una sucinta ayuda memoria. Y me surge una primera digresión. ¿Puede un esquema neoliberal tener su génesis en una ley (Muchos tiraron las Riquezas de la Naciones al incinerador) cuyo basamento es una simple expresión de deseos, ergo 1 Peso = 1 Dólar? Parece que todos los economistas “liberales” de aquel momento entendieron que era posible.

Volvamos al Negro y su extraña sentencia.

Como vemos el neoliberalismo se tomó dos años, tantas hiperinflaciones y varios ajustes para aplacar la inflación, y no lo hizo por medio de “la mano de negra” del mercado sino por medio de un fetiche económico, un atajo que muy poco tiene que ver con las teorías de los buenos de Adam Smith y David Ricardo. De modo que el neoliberalismo no fue el remedio contra la hiperinflación como marca el Negro, sino quién lo hizo fue una mentira que duró lo que dura, dura, dentro de una sociedad obsesionada por la moneda americana. ¿Son aptas entonces las teorías neoliberales para terminar con la inflación? El pensar en voz alta este texto me completa de dudas.

Una segunda cuestión. Si aplicar determinadas políticas económicas depende de determinados procesos, cuánto de inductivo hay en el asunto. Y me refiero al presente. Si como dice Alejandro es necesario un proceso neoliberal para frenar un dilema inflacionario cuántos actores económicos concretos actúan para que eso sea necesario en un país donde los formadores de precios son monopólicos. A mi entender el Negro cae en la trampa que el propio sistema propone y termina pensando que existe un único remedio para el mal que nos aqueja. Igualmente está todo bien Negro, en esta pensamos distinto, son muchas más las coincidencias que los disensos, además mi admiración hacia tu arte y tu inteligencia está por encima de cualquier debate coyuntural...






sábado, 22 de febrero de 2014

ROL DE ESTADO - “Las políticas públicas surgen a partir de las necesidades de la sociedad” Entrevista a la Doctora Alessandra Minnicelli por Francisco Balázs, para Miradas al Sur



La recuperación del papel del Estado y su intervención en el ámbito económico y social a partir de 2003 es uno de los principales ejes centrales de disputa política e ideológica. El llamado de la Presidenta a la ciudadanía a empoderarse en defensa de sus derechos apunta a la implementación de políticas públicas que consoliden esas conquistas en derechos permanentes. Hay un punto de coincidencia en todo el arco político argentino, basado en la necesidad de disponer de políticas públicas que trasciendan a las gestiones de los gobiernos de turno. Consensos en políticas de Estado que impliquen el compromiso de la dirigencia de los distintos sectores y, fundamentalmente, del actor social excluyente: la sociedad toda. Pero al momento de debatir esas coincidencias para transformar las políticas públicas en políticas de Estado, comienzan a entrar en conflicto y a evidenciarse los diferentes modelos de país que salen a la luz cuando lo que se debate es en qué ejes deberían lograrse esas coincidencias y sobre qué actores sociales se distribuyen las responsabilidades, cargas y costos en su formulación e implementación.

La doctora Alessandra Minnicelli es autora del libro Eficacia, ideas y tensiones para la articulación actual de políticas públicas y derecho administrativo. Allí analiza la recuperación del Estado, luego del artero proceso de desmantelamiento regido por el orden neoliberal imperante desde 1976, hasta su minúsculo papel con el que culminó en las crisis del año 2001. Minnicelli realiza un repaso sobre los logros obtenidos, los desafíos pendientes y la necesidad de redefinir y establecer políticas públicas que sirvan de pilares para el desarrollo social, productivo y económico en un marco de equidad y de igualdad de oportunidades. En consonancia con el llamado de la Presidenta en sus últimos discursos, destinados a que la ciudadanía se empodere de sus derechos, Minnicelli destaca como único camino la concientización social de las mejoras obtenidas a lo largo del actual proceso político, la necesidad de ir por más conquistas y derechos, y también los riesgos de perder lo hasta aquí obtenido.

–En su libro, usted apunta que la función social del Estado se expresa a través de la implementación de políticas públicas. ¿Desde qué ámbito y cómo se construyen políticas públicas?

–Una de las cosas que planteo, base del trabajo e investigación, fue dónde están las políticas públicas. Si están en el ámbito de lo que son las ciencias de la administración, la ciencia política o si están en el derecho administrativo. Justamente, el trabajo de investigación tiene que ver con eso, con amigarlas y con juntarlas, porque lo que tenemos que tener en cuenta es que las políticas públicas surgen a partir de una necesidad de la sociedad. La discusión en la arena política se da en ese terreno. Lo que tiene que hacer el Estado, o el Gobierno en este caso, es identificar esas problemáticas, trabajarlas y ver cómo resolverlas. Y desde allí, generar la política pública. Así fue cómo, a partir de 2003, el Estado tuvo que llevar adelante, en cada punto del país, en nuestro mapa regional, toda una reconstrucción y una identificación puntual de las problemáticas que había y cuáles eran las que impedían el desarrollo y profundizaban las asimetrías básicamente. Por eso el Plan Estratégico Territorial, el Plan Nacional de Turismo, el Plan Industrial, el Plan de Salud. Sobre esa plataforma de identificación de problemáticas se monta la plataforma de identificación de políticas públicas, base de trabajo indudable de este Gobierno en estos últimos diez años.

–¿Cómo se transforman las políticas públicas en políticas de Estado?

–Las políticas públicas hablan básicamente de lo que es el contenido y lo que es la orientación del poder administrador, y en este sentido, habla de qué Gobierno tenemos o de qué poder administrador tenemos desde 2003 a esta parte. Nos corresponde a todos, no sólo al poder administrador, convertir las políticas públicas en políticas de Estado. Para que sean políticas de Estado deben tener permanencia en el tiempo, y la permanencia en el tiempo de políticas de Estado se logra porque se las normativiza y se vuelve por parte del Poder Legislativo como ley. Entonces, no se elimina por decisión de la firma de quien sea el titular del poder administrador, del Poder Ejecutivo. Y se sostienen a través del empoderamiento ciudadano, porque todos nosotros consideramos que son válidas, legítimas, útiles, necesarias, y va a ser muy difícil que alguien venga a querer cambiarlas. Entonces creo que la discusión es vana; y si lo planteamos en términos de políticas públicas o políticas de Estado, es pobre. Lo que me parece, insisto, es que hay que lograr una fuerte concientización del ciudadano hacia el compromiso que debe tener, incluso con la política, que ha estado tan vapuleada y tan golpeada y tan desarticulada.

–En cuanto a las conquistas obtenidas en materia de derechos sociales desde el año 2003, la Presidenta viene reiterando el concepto de empoderamiento de esos derechos a través de una fuerte interpelación a la conciencia ciudadana de que el sostenimiento en el tiempo de esos derechos depende de la defensa que realice cada uno de nosotros.

–En realidad, el llamado de la Presidenta a empoderar a la sociedad es muy novedoso en la política argentina, y es un término que comienza con el gobierno de Néstor Kirchner, basado en el control de las políticas públicas. Tanto para Kirchner como para la Presidenta, el control social fue y es inherente al proyecto político iniciado en 2003. Por eso, hoy por hoy, y después de muchos años de pelea, de discusión y de planteos, ese control social es a lo que se está refiriendo la Presidenta. Y para que el control social sea efectivo y cierto, debe haber empoderamiento del ciudadano. Cuando uno va, por ejemplo, a las provincias del interior del país, y pongo como ejemplo a Formosa, se observa con claridad cómo la gente se adueñó del proyecto, y así lo expresan: dicen “hemos crecido”, “logramos estos avances y mejoras”, y enumeran los beneficios obtenidos en estos años. Y saben reconocer a quienes fueron parte de que esos beneficios se concretaran. Y también con todo lo que tiene que ver con la recuperación histórica en el Acta de Recuperación, como lo llaman ellos, para poner en valor a sus provincias y todo el reconocimiento que hay. Son cosas que, por ahí, desde el pulpo del país, como es esta zona geográfica de la Capital Federal, no se identifican y no se ven, pero muchas de las prédicas que hace la Presidenta, afortunadamente, ya están encarnadas en el resto del país.

–Cuando la Presidenta se refería al empoderamiento, a cuidar los precios y no dejarse meter la mano en el bolsillo por los sectores concentrados formadores de precios, mencionó la aplicación de multas, pero también advirtió que muchas veces suelen terminar frenadas por la Justicia.

–Creo que lo que nos pasa, y también recreamos parte de nuestra charla inicial, es que la tutela efectiva de los derechos no pasa por aplicar alguna fórmula o para definir la justicia definitiva. Pasa por hacer un reconocimiento claro de la realidad y las herramientas que tenemos a nuestro alcance, más allá de la norma jurídica para reconocer esa realidad y en definitiva fallar o distribuir o impartir justicia desde ese lugar. Entonces, me parece que lo que está fallando, en parte, es esa mirada de uno de los poderes del Estado, concretamente el Poder Judicial, a los principios generales del derecho, porque no se aplica sólo en la norma fría y objetiva. Se aplican los principios generales del derecho. Y no se formula una aplicación de la justicia desde un deber ser o un marco teórico: hay que mirar la realidad y vivirla y entonces, a partir de ahí, legitimar, a partir de ahí, aplicar. Las cosas no cambian de la noche a la mañana. Y la verdad es que tiene que haber armonía entre los tres poderes del Estado, armonía en el compromiso de cómo llevar adelante las cosas, no estoy hablando de que interpreten lo mismo de la misma manera. Pero, por lo menos, que los criterios sean compartidos en este sentido. Las normas jurídicas solas no existen, hay que acompañarlas bajo la mirada de la realidad y de la mirada de las otras herramientas del derecho, los principios generales del derecho público, claramente.

–Volviendo al ejemplo de Precios Cuidados, el llamado al empoderamiento de derechos choca contra la idea que se expresa en ciertos sectores sociales de que esa es una responsabilidad exclusiva del Gobierno y no de la sociedad…

–Volvemos al tema de lo cultural y del empoderamiento. Cada uno de nosotros debe sentirse parte para poder participar, eso es lo que está pidiendo la Presidenta concretamente: sentirse parte. Porque si en esto no empujamos todos para el mismo lado no salimos adelante o retrocedemos muchos años, que siempre es el riesgo latente. Entonces, defendamos lo que tenemos y vayamos por más. Me parece que es un tema cultural, que muchos jóvenes lo están entendiendo, y alguna gente mayor está acompañando. De hecho, si vemos la plataforma digital de participación ciudadana en el control de los Precios Cuidados, hay mucho trabajo, la gente se está comprometiendo, está diciendo “esto yo lo defiendo porque no quiero retroceder”.

–Uno de los desafíos es contener los ataques que pretenden deslegitimar el papel del Estado confundiéndolo con el del Gobierno…

–Lo que pasa es que cuando alguien viene de una desarticulación tan grosera del Estado, de un desmantelamiento tan profundo, de un achicamiento tan violento, es muy difícil reconstruirlo sin generar esta visualización o esta imagen en espejo de que el Estado es el gobierno. Hasta llegar a comprender que el Estado somos los ciudadanos, que el Estado son las empresas, que son las universidades, que son las cooperativas, que son los sindicatos, que somos todos todavía falta. Pero debemos llegar allí, sobre todo porque lo que debemos lograr es que todos queramos participar y ser parte en las decisiones, porque si no lo hacemos parecería que el Estado fuera resolviendo cosas de turno. Y el Estado no va resolviendo cosas solo, el Estado va analizando lo que sucede, y en función de eso va tomando decisiones. Lo que no hay es una participación 100% clara del resto de los actores de la sociedad. Yo creo que esto también se construye con el tiempo, y también creo que estamos en un momento en donde de esa articulación público-privada y de todos los actores se va dando en distintos ámbitos.

–Lo que también genera una gran tensión…

–Claro, una gran tensión también porque en esa relación hay límites concretos, porque hay intereses concretos particulares. Pero digamos que es la pelea y la discusión de toda democracia: grupos de interés, factores de poder. Lo que hay es que conciliarlo, y digamos que siempre depende de la actuación del Estado, el representante es quien ejerce el poder administrador. Fija un lineamiento y acompaña decisiones de los particulares también, que es como un juego de articulación bien interesante, pero ninguno puede estar al margen. Todos tienen que estar sentados en la misma mesa, y también acompañando las acciones con gran responsabilidad.

–Un capítulo de su libro está destinado al Estado de Bienestar. ¿Cuáles son las limitaciones o desafíos actuales para recomponer esa categoría ante el avance de fuerzas e intereses que crecieron concentrando un poder tan fuerte como el que disponen en la actualidad?

–Creo que la percepción es que el Estado de Bienestar, indudablemente, enfrentó demasiado presión ejercida por el lobby financiero internacional por sobre lo que era el Estado de Bienestar o lo que eran las bases del Estado de Bienestar, lo que hizo que finalmente colapsara o que existiera esa sensación de colapso. Lo que también observo es que la actuación posterior a la crisis, sobre todo de los países centrales y de Estados Unidos, no acompañó este cambio de sensación porque de hecho lo que hicieron fue apuntalar al lobby financiero internacional que en realidad es el mentor y el sostenedor de las políticas neoliberales. También hubo una cuasi pantalla de responsabilidad social de los distintos actores sociales, empresas, etcétera, que no logró de completarse claramente. Entonces hay como una hipocresía muy importante. Yo creo que el Estado de Bienestar está en este momento contra la pared. No quiero decir ni que murió ni que desapareció, y espero que no pase, pero la pelea que nos tenemos que dar es, justamente, con los lobbies financieros internacionales que son los que están dominando hoy la escena y el discurso político.

–Usted realizó su tesis doctoral en la Universidad de Salamanca. Y en su libro destaca que, a diferencia de lo que sucede en la Argentina, en España los principios generales del derecho fueron quedando constitucionalizados.

–Así es. Lo que hice fue tratar de vincular de alguna forma nuestro derecho administrativo con el derecho español. El derecho español es derecho constitucional concretizado, claramente. La normativa, la Carta Magna española, tiene constitucionalizados muchos principios generales del derecho, que nosotros, si bien los tenemos en el derecho, no los tenemos en nuestra Constitución.

–¿Por qué?

–Porque nosotros tenemos que convivir con una Constitución Nacional de neto corte liberal, y estamos dentro de lo que nosotros llamamos un Estado social y democrático de derecho que pretender ser un Estado de Bienestar, como el que se está construyendo. Entonces, para poder conciliar esa realidad normativa con esta realidad, o realidad efectiva, lo que hay que hacer es un trabajo no sólo de un planteo objetivo de lo que supone el interés público, sino de identificación concreta. Entonces, la objetividad de la administración para poder plantear o definir una política pública es el interés público, pero quien dice que es el interés público concreto es el Estado, es el Gobierno a través del acto administrativo que define la instrumentación de la política pública. Entonces, es un trabajo muy puntual de lo que no esté cubierto por la norma jurídica se cubre con los principios generales del derecho. Por eso el libro se titula Eficacia, y por eso uno de los principios preliminares en los que yo trabajo es el principio de eficacia. Que los objetivos que se fijen como metas al diseñarse una política pública se logren plasmar en definitiva en lo que la realidad demanda, que es la base de la discusión.

–¿Y cómo se resuelve eso?

–En realidad, creo que se resuelve con una reforma bien clara de la Constitución, o con otro compromiso por parte de uno de los poderes del Estado, como es el Poder Judicial, de comenzar a mirar la realidad y no sólo la norma. Porque si miramos la norma, tenemos un deber ser y un marco teórico que no sirve para evaluar cuestiones concretas. Sirve para dar marcos teóricos de referencia pero no para hacer un reconocimiento claro de derechos para el ciudadano y de legitimación del ejercicio. Entonces, se van separando de la realidad y vemos muchos fallos desde el Poder Judicial, incluso desde la Corte Suprema de Justicia, que se alejan de la realidad, se alejan de las cuestiones concretas y se alejan de la gente.

–¿Dónde ubica los próximos desafíos en avances de políticas públicas?

–Para hablar de desafíos, y lo hago a partir de algo autorreferencial, que tiene que ver con la convocatoria que me hizo oportunamente la editorial Atlántida para la publicación del libro, era cómo convertir el formato rígido de una tesis en algo que fuera comunicacional y que les permitiera a todos los lectores entender cómo funciona el Estado, qué son las políticas públicas, qué es el quehacer político del Estado, qué es el interés público. Es decir, conceptos que tienen mucha precisión desde lo académico. Es por eso que, una de las cosas que me planteo es que este tema contribuya a que cada uno pueda plantearse qué produce y cuál es su contribución a la sociedad. Creo que si todos nos ponemos a pensar qué produce cada uno de nosotros, dónde estamos, de dónde venimos, qué hicimos, qué logramos y qué hacemos por los demás y por la sociedad, creo que ese será el punto de partida al desafío máximo para que no retrocedamos, que es lo que no tiene que suceder. Por eso creo que en eso tenemos que poder acompañar, en nuestro barrio, con nuestros vecinos, en nuestra comunidad, a nuestros gobiernos locales, al sindicato de referencia, a la cooperativa de referencia. Es decir, tenemos que poder generar la inercia que se necesita para (aunque resulte una frase muy hecha) construir un país con oportunidades para todos. No es una pavada, es una realidad, y tenemos, todos, que ponernos las botas para caminar en esa dirección.

–¿Es optimista respecto de esta batalla que se viene dando desde lo cultural?

–Sí, claro que soy optimista, porque creo que cuando empezó todo esto, o cuando explotó la crisis en el año 2001 había mucha gente contra la pared, y contra la pared incluso en la administración pública, expectante y mirando sorprendida a toda esa gente que se iba sumando. Algunos más críticos, y bienvenidos que sean críticos, porque acompañan decisiones o cuestionan decisiones que pueden mejorarse, y a no tenerles miedo a las acciones correctivas o al rediseño de las acciones o de las políticas públicas. Ese es un tema que hay que desmitificar ya que a algunos les conviene generar estos mitos. Entonces, yo creo que si todos nos involucramos en las cosas pequeñitas que nos tocan hacer todos los días, estoy segura de que tenemos buenas oportunidades de salir adelante, ya que tuvimos la gran plataforma de chances que es lo que no podemos perder. Siempre tenemos que ir por más.

Burocracia estatal y controles

¿Cómo analiza a la estructura burocrática del Estado respecto de la preparación y formación de sus funcionarios?

–La estructura administrativa es suficientemente sólida como para mantenerse aun cuando se la ha pretendido desarticular y llevar a su mínima expresión. A partir de 2003 se fortaleció la estructura de gestión y control del Estado porque, obviamente, se necesitaba una estructura administrativa sólida para llevar adelante este criterio de gestión que tenía muchísimo liderazgo del Estado, de un Estado presente, promoviendo y actuando. Y también creo que, desde 2003 a esta parte, se han dado herramientas, nuevas herramientas de control y de gestión a los funcionarios a través de los distintos institutos. De hecho, trabajamos con el doctor Bernardo Kliksberg en un programa de responsabilidad social del funcionario público. Los nuevos conceptos que se dan en este momento también son lindas excusas para recrear viejos problemas que se están instalando en el imaginario y en la gestión y en el control del día a día del funcionario y del empleado público.

–En cuanto a control, ¿cuánto se ha avanzado en estos años?

–Muchísimo, sobre todo porque en materia de control, que es una de las áreas que yo más domino, lo que se ha trabajado es en un control presente, y en un control concomitante, sobre todo el órgano de control interno del Estado. Necesitamos procedimientos de gestión claros en el cumplimiento del objetivo, pero que tengan incorporadas las herramientas de control, no que el que controla venga cinco años más tarde a ver si hizo bien o si hizo mal. Entonces, para ese control concomitante con la gestión se requiere también mucho conocimiento de gestión por parte del que controla, y mucho conocimiento de las herramientas de control por quien debe gestionar. Es como todo, un permanente ida y vuelta. Y, como todo también, una formación complementaria, articulada, integrada, porque tampoco se puede controlar lo que no se conoce, con lo cual tiene que haber formación en el conocimiento de lo que se está haciendo.

El libro
Eficacia, ideas y tensiones para la articulación de políticas públicas y derecho administrativo. Editorial Atlántida
Sinopsis
En los últimos años, el ideal de un Estado activo ha recobrado vital importancia frente al imaginario neoliberal. La función social del Estado, con sus redes de protección, se expresa a través de las políticas públicas: su elaboración, implementación, medición y control. En este marco, la doctora Minnicelli busca reconciliar el tratamiento teórico de las políticas públicas con el derecho administrativo a partir de sus principios generales. Es, ante todo, mediante el principio de eficacia que se pueden exigir metas y resultados, lo que permite reforzar el sentido de transparencia de la actividad estatal. La doctora Alessandra Minnicelli es abogada y procuradora (Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UBA), y doctora en Derecho por la Universidad de Salamanca. Además, se desempeña como investigadora del Instituto de Investigaciones Administrativas de la Facultad de Ciencias Económicas (UBA). Adjunta del doctor Kliksberg en el programa Prácticas para la inclusión social de la Facultad de Ciencias Económicas (UBA). Consultora de la Unidad de Investigación y Transferencia en la responsabilidad Social Institucional (Recin) del Grupo de Estudio de Trabajo y la Producción (GETyP) en la Facultad Regional La Plata de la UTN. Además del ejercicio privado de la profesión, ha desempeñado tareas de gestión y de control desde el Estado, con especial participación en diseño, implementación y monitoreo de políticas públicas, tanto en lo que hace a la gestión como al control. Tras dejar la función pública en el año 2007, donde se desempeñó como síndica general adjunta de la Sigen (2003-2007), comenzó a trabajar en temas vinculados al mejoramiento de la gestión de las organizaciones (tanto del sector público como privado). Es socia fundadora y presidenta de Fonres S.A., empresa especializada en responsabilidad social empresaria, y preside e integra el Consejo de Administración de la Fundación Observatorio de Responsabilidad Social (FORS)


viernes, 21 de febrero de 2014

Maestros del Blues. Buddy Whittington





 Baby how blue can you get




Nació el 28 de diciembre de 1956, en Fort Worth, y se enamoró de la guitarra eléctrica de muy pequeño, como un sinnúmero de niños de su época. Siempre había música en el hogar de Buddy. Probablemente la mayor influencia en el maquillaje musical del joven fue la colección de discos de su hermana mayor, que abarca todo, desde bandas British Invasion a éxitos de R & B de la época, Elvis, Buddy Holly, Beatles, Stones, The Who, The Yardbirds, los Bluesbreakers de John Mayall para 'Los Temps y La Tops', Gary Moore, Bond, Jimmy Reed, y Slim Harpo. Una sucesión de esfuerzos musicales en ciernes con diversos grados de éxito siguió, culminando en una oferta por John Mayall para unirse a The Bluesbreakers en 1993. En la actualidad es un solista muy respetado dentro del género, incluso es habitualmente convocado para participar en los shows de las glorias del blues.

http://www.buddywhittington.com/


 Greenwood - Dedicado a Peter Green





Sobre VENEZUELA, por RUBÉN BLADES el de Camaleón y por ATILIO BORON, el de El Lado Oscuro del Imperio


... y es el mismo Blades que afirmó hace pocos años atrás que volvería a la política panameña sólo el día que la gente se dé cuenta que para hacer un omelet había que romper varios huevos. Está claro que no le satisface el omelet que ha intentado recetar el Chavismo o en su defecto de pronto se asustó al saber que no se trataba solamente ni de huevos ni de cocinar banales omelets… Sobre el asunto se encarga de contestarte Atilio Borón…

“Aun cuando no he nacido en Venezuela, siento respeto, afecto y agradecimiento hacia esa Nación y su gente. Por eso considero oportuno esbozar una opinión acerca de la situación que actualmente atraviesa el hermano país. Entiendo perfectamente que la posición por mí expresada no ha de satisfacer a algunos, pero eso no es de extrañar. Es precisamente la intransigencia lo que define a los grupos en pugna, gobierno y oposición.

Estas dos facciones políticas han tenido, cada una en su momento, la oportunidad de servir realmente al país, pero han fallado, tal vez porque cada una ha preferido servir a sus propias agendas, fracasando en el intento de integrar al país mayoritario. Es quizás por esa razón que los argumentos que esgrimen los representantes de ambos bandos suenan demagógicos a los oídos independientes. Ninguno de los dos posee realmente el apoyo mayoritario, de allí la parálisis. Ambos argumentos poseen un pedazo de la verdad, pero ambos se rehúsan a unirlos para crear el terreno común que permita concertar una propuesta para todos los venezolanos. El país está tristemente polarizado y por eso hoy Venezuela duele. La aparente ausencia de una solución se debe a la falta de un liderazgo que establezca un propósito de lucha que unifique al país, en lugar de dividirlo. Si estás a favor de la oposición, eres un burgués parásito, agente de la CIA, vendido al Imperio. Si favoreces al gobierno eres un comunista, maleante, vendido a Cuba y a los Castro. Ninguna de estas definiciones habla de Venezuela y de su necesidad. Sólo pintan el odio y la expectativa personalista de quien esgrime el argumento, impidiendo la posibilidad de un diálogo inteligente y patriótico. El gobierno ha fallado monumentalmente en la tarea de la administración pública y ha despilfarrado de manera insólita e irresponsable un caudal económico único en la América latina. Intenta consolidarse cambiando leyes y ajustándolas a su argumento ideológico, censurando de paso a quienes no opinan o acatan la línea que pretende imponer. Maduro, de quien se dice es heredero de a dedo y con apoyo derivado, no parece poseer la suficiente claridad, sagacidad y manejo que requiere un mandatario para dirigir un país tan complejo. Capriles, por otro lado, no tiene el carisma ni el planteamiento programático que convenza a la enorme cantidad de escépticos e independientes, sin mencionar al sector popular que lo identifica como heredero de las políticas rapaces de los Adecos y Copeyanos de antaño, descalificándolo como opción. Esa falta de confianza en su persona parece impedirle ganar el apoyo de otros sectores que ya no gustan del actual gobierno y sus ejecutorias.

La necesidad de nuevos protagonistas que planteen una agenda objetiva y patriótica, no demagógica o ideológica, es vital en estos momentos. Por eso iniciativas como la de los estudiantes, la formación de grupos verdaderamente independientes, puede resultar el inicio de un movimiento que permita a la razón nacional superar la rabia partidista y el odio de clases.

En Panamá ocurrió algo semejante. Recuerdo que en el tiempo de la dictadura de Noriega, algunos grupos de la oposición al régimen me atacaron por no unirme a ellos. Incluso llegaron a acusarme falsamente de apoyar al dictador, e incluso de formar parte del gobierno militar. Imagino que en igual situación se encuentran muchos venezolanos que rehúsan participar incondicionalmente, o se niegan a endosar las exageraciones, calumnias, frases panfletarias y demás formas con las que la politiquería tradicional pretende conquistar adeptos, tácticas que tanto gobierno como oposición han utilizado ayer y hoy.

A estas alturas, me resulta verdaderamente incomprensible cómo ha ocurrido que un país con tanto recurso natural y humano, con tanta calidad, nobleza y talento, se encuentre hoy sumido en una situación tan precaria, sin lograr comprender que cuando se cae en un hoyo, lo primero que se tiene que hacer para intentar salir, es dejar de cavar. Por esa razón, en estos momentos confío más en las posibilidades del argumento de los estudiantes, que en los de gobierno y oposición. Ojalá que logren sentar las bases para la discusión del país que puede ser, y no el que hoy pretenden forzar dos bandos en conflicto de intereses. Que no les obliguen a escoger entre alternativas como el cáncer o el ataque al corazón. Que los estudiantes del país, desde El Guajiro hasta Cumaná, planteen su agenda de vida y se la presenten a los dos grupos que hoy se debaten en pugna por el Poder. Díganles cuál es el país que quieren, y aclaren que no aceptarán como únicas alternativas las propuestas por los dos bandos en disputa.

No existe ninguna duda de que el Presidente Maduro, como Jefe del Estado venezolano, debe hacerse responsable por la seguridad e integridad física del Sr. Leopoldo López, y de la misma manera, de todos los que en su legítimo derecho político participen en las protestas. Pero también es necesario que los manifestantes no desaten la violencia. Deben argumentar en forma pacífica; el que tiene la razón no necesita gritar, o pegarle al otro para validar lo que dice.




Algunos pensarán que me inmiscuyo en asuntos que como panameño no me incumben. Me permito hacerlo por el afecto y apoyo que los venezolanos me han entregado durante más de 40 años, haciendo suyas la música y letra de mis canciones. Por esa entrega, los venezolanos están condenados a mi cariño y a mi respeto”.

(N de la R: Esta carta de Blades es un cover de la teoría de los dos demonios)


Atilio Borón.. lo que desconoce o no quiere reconocer Rubén Blades

La escalada desestabilizadora que actualmente sufre la Venezuela bolivariana tiene un objetivo no negociable: el derrocamiento del gobierno de Nicolás Maduro. No hay un ápice de interpretación de quien esto escribe en esta afirmación. Fue expresada en reiteradas ocasiones no sólo por los manifestantes de la derecha en las calles sino por sus principales líderes e instigadores locales: Leopoldo López (ex alcalde del municipio de Chacao, en Caracas, y jefe del partido Voluntad Popular)  y María Corina Machado, diputada por Súmate a la Asamblea Nacional de Venezuela.  En más de una ocasión se refirieron a las intenciones que perseguían con sus protestas utilizando una expresión a la que regularmente apela el  Departamento de Estado: “cambio de régimen”, forma amable y eufemística que reemplaza a la desprestigiada “golpe de estado”. Lo que se busca es precisamente eso: un “golpe de estado” que ponga punto final a la experiencia chavista. La invasión a Libia, y el derrocamiento y linchamiento de Muammar El Gadafi son un ejemplo de “cambio de régimen”; hace medio siglo que Estados Unidos está proponiendo  sin éxito algo similar para Cuba. Ahora lo están intentando, con todas sus fuerzas, en Venezuela. Esta feroz campaña en contra del gobierno bolivariano –en realidad, un proceso de fascistización de larga data- tiene raíces internas y externas, íntimamente imbricadas y solidarias en un objetivo común: acabar con la pesadilla instaurada por el Comandante Hugo Chávez desde que asumiera la presidencia en 1999. Para Estados Unidos la autodeterminación venezolana afirmada sobre las mayores reservas comprobadas de petróleo del mundo, la derrota del ALCA  y los avances de los procesos de integración y unidad en América Latina y el Caribe –la UNASUR, el Mercosur ampliado, la CELAC, Petrocaribe, entre otros- impulsados como nunca antes jamás por el   líder bolivariano son desafíos intolerables e inadmisibles, merecedores de un ejemplar escarmiento. Para la oposición interna el chavismo significó el fin de las prebendas y negociados que obtenía por su colaboración con el gobierno de Estados Unidos y las empresas norteamericanas en el saqueo y el pillaje de la renta petrolera, y que encontró en los líderes y organizaciones políticas de la Cuarta República sus socios menores e imprescindibles operadores locales. Tanto Washington como sus peones estaban seguros de que el chavismo no sobreviviría a la desaparición física de su fundador. Pero con las presidenciales del 14 de Abril del 2013 sus esperanzas se esfumaron: Nicolás Maduro prevaleció sobre Henrique Capriles por un porcentaje muy pequeño, pero suficiente e indiscutible, de votos. La respuesta de estos oligarcas travestidos en señeras figuras de la república fue primero desconocer el veredicto de las urnas y luego desatar violentas protestas que cobraron la vida de más de una decena de jóvenes bolivarianos, dejando heridos a unos cien, amén de la destrucción de numerosos edificios y propiedades públicas. Cabe consignar que al día de hoy, diez meses después de las elecciones presidenciales, Washington no ha reconocido formalmente el triunfo de Nicolás Maduro. En cambio, el inverosímil Premio Nobel de la Paz demoró horas en reconocer como triunfador de los comicios presidenciales hondureños del 24 de Noviembre pasado -viciados hasta lo indecible y fraudulentos como muy pocos- al candidato de “la embajada”, Juan O. Hernández. El imperialismo no se equivoca al elegir a sus enemigos: los Castro, Chávez, ahora Maduro, Correa, Morales; y contrariamente a lo que algunos ingenuamente postulan, no existe una derecha que sea “oposición leal” a un gobierno genuinamente de izquierda. Menos aun cuando se trata de una derecha manejada por telecomando desde la Casa Blanca. Si se comporta con lealtad es porque ese gobierno ya fue colonizado por el capital. Pese a la violencia de los militantes de la Mesa de Unidad Democrática que sostenía la candidatura de Capriles el gobierno logró restablecer el orden en las calles. Contribuyeron a ello la clara y enérgica respuesta gubernamental y, además,  la certeza que tenía la dirigencia del MUD que las próximas elecciones municipales del 8 de Diciembre -que la derecha caracterizó como un plebiscito- les permitirían derrotar al chavismo para luego exigir la inmediata renuncia de Maduro o, en el peor de los casos, convocar a un referendo revocatorio anticipado sin tener que esperar hasta mediados del 2016 tal como lo establece la Constitución. Pero la jugarreta les salió mal, porque fueron ampliamente derrotados por casi un millón de votos y nueve puntos porcentuales de diferencia. Atónitos ante lo inesperado del resultado, que por primera vez le ofrecía al gobierno bolivariano la posibilidad de gestionar durante dos años los asuntos públicos y administrar la economía sin tener que involucrarse en virulentas y distractoras campañas electorales, los antichavistas peregrinaron a Washington para redefinir su estrategia en función de las necesidades geopolíticas del imperio y recibir órdenes, dineros y ayudas de todo tipo para sostener su proyecto desestabilizador. Derrotados en las urnas ahora la prioridad inmediata era, como lo exigiera Richard Nixon para el Chile de Salvador Allende en 1970, “hacer chirriar la economía”. De ahí los sabotajes, las campañas de desabastecimientos programados y el desenfreno de la especulación cambiaria (según recomienda en su manual de operaciones el experto de la CIA Eugene Sharp); los ataques en la prensa en donde las mentiras y el terrorismo mediático no conocen límite o escrúpulo moral alguno y, luego, como remate, “calentar la calle” buscando crear una situación similar a la de la ciudad de Bengasi en Libia, capaz de desbaratar  por completo la economía y desatar una gravísima crisis de gobernabilidad que tornase inevitable la intervención de alguna potencia amiga, que ya sabemos quién es, para que acudiese en auxilio de los venezolanos para restaurar el orden quebrantado. Una tras otra todas estas iniciativas terminaron en el fracaso, pero no por ello la derecha abandonará sus propósitos sediciosos. Leopoldo López se acaba de entregar a la justicia y es de esperar que esta le haga caer, a él y a su compinche, María Corina Machado, todo el peso de la ley. Llevan varias muertes sobre sus mochilas y lo peor que le podría pasar a Venezuela sería que el gobierno o la justicia no advirtieran lo que se oculta dentro del huevo de la serpiente. En situaciones como éstas, y ante enemigos como éstos, cualquier intento de “reconciliación nacional” o de “línea blanda” es la segura ruta hacia la propia destrucción. Los fascistas y el imperialismo sólo entienden el lenguaje de la fuerza. López y Machado deberán recibir un castigo ejemplar, siempre dentro del marco de la legalidad vigente, y no deberían descartarse violentas manifestaciones para exigir su inmediata liberación. Tampoco habría que desechar la hipótesis de que, en su desesperación, la derecha pudiese apelar a cualquier recurso, por aberrante que sea.  Pero el procesamiento y castigo de los instigadores de tanto derramamiento de sangre no será suficiente para aventar el riesgo de un brutal derrocamiento del gobierno bolivariano; la única garantía estriba en la activa movilización y organización de las masas chavistas para sostener a “su revolución”, con sus muchos aciertos y también sus errores. Eso es lo único que permitirá aventar el peligro de un asalto fascista al poder que pondría sangriento fin a la gesta bolivariana, desencadenando una oleada reaccionaria que reverberaría por todo el continente. De ahí que lo que esté en juego en estas horas no es sólo el futuro de Venezuela sino el de toda Nuestra América.