EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

miércoles, 8 de octubre de 2014

Cuando el arte explica – CUATRO BREVES CUENTOS ORIENTALES ANÓNIMOS que hablan de la soberbia... y un buen Blues instrumental





 EL VERDADERO PODER 


Un hombre de corazón endurecido decidió hacerse discípulo de un sabio con fama de tener mucho conocimiento y poder.  En realidad, lo que deseaba era llegar a convertirse en maestro él mismo y reunir miles de discípulos que lo venerasen y procuraran todos sus caprichos.  

Pero el sabio, leyendo el corazón de aquel hombre, lo rechazó como discípulo. No obstante, no se dio por vencido. Corría el rumor de que el maestro poseía un talismán mágico que era la fuente de su poder y sabiduría, por lo que decidió averiguar si era cierto, y llegado el caso, robarlo.  Por fin, una noche, después de mucho esperar y acechar, logró hacerse con el talismán. Pero aquel individuo, por más que manipulaba y estudiaba el talismán, no era capaz de adquirir un ápice de conocimiento ni poder aunque, no obstante, llegó a tener algunas centenas de pobres discípulos a los que enseñaba. Confiaba en que antes o después el talismán le relevase todos sus secretos.  Pero una noche, de repente, apareció en su estancia el maestro.

- Eres un pobre desgraciado que no conoce las consecuencia de sus actos -le espetó-. Haces creer a esos incautos que eres un maestro, y en realidad estás manipulando sus emociones y anhelos. Nadie te dio la potestad de enseñar. Esta potestad sólo puede otorgarla un hombre de conocimiento como yo. Y ni yo, ni nadie como yo te la dará jamás. Ahora devuélveme el talismán que me robaste. 

Aquel hombre, sintiéndose atrapado, contestó lleno de ira:  

-Está bien, tal vez yo no logre nunca el conocimiento y el poder, pero tú lo has perdido y por eso vienes a buscar el talismán mágico que otorga esos dones. Pues has de saber que no te lo devolveré nunca, antes te mataré o tendrás tú que matarme. 

-Repito, eres un pobre desgraciado -dijo el maestro-, no te das cuenta de tu estupidez. ¡Yo soy un maestro y puedo hacer otro talismán! ¡Tú con el talismán en poder no puedes hacer un maestro!



EL VERDADERO CULPABLE



Un hombre fue al puesto de guardia a denunciar el robo de su burro. Una vez allí, y enterados al detalle de lo sucedido, los policías comenzaron a hacerle observaciones: 

-Usted ha tenido poco cuidado. ¿Cómo se le ocurre tener un simple cierre de madera en la puerta de la cuadra en vez de un sólido cerrojo? - opinó uno.  

-No puedo creer que desde la calle se pudiera ver el burro, siendo una tentación para cualquiera. ¿Es que no se le pasó por la cabeza nunca guardar al animal de miradas ajenas elevando las paredes de la cuadra? -dijo otro. 

Un tercero, en tono crítico, le censuró: 

-¿Pero dónde estaba usted en ese momento? ¿Cómo es posible que no viera al ladrón marcharse con el burro? 

De este modo fueron cayendo sobre él un buen número de acusaciones hasta que, harto ya de esa situación, dijo: 
-Señores, acepto todo lo que me han dicho, pero algo de culpa también ha de tener el ladrón, ¿no creen?



PODERES QUE LLEVAN AL DESASTRE



Un hombre que había alcanzado la conquista de poderes sobrenaturales, pero que carecía de percepción de lo real, realizaba un viaje en barco cuando se desencadenó una fuerte tormenta.  

El experimentado capitán comunicó al pasaje que no era la primera vez que él y su tripulación afrontaban una situación de ese tipo y que siempre habían salido airosos. Por ello dio las órdenes oportunas, y los marineros llevaron a cabo las tareas precisas destinadas a preparar la nave para la tormenta.  Sin embargo, el hombre de los poderes excepcionales no confió ni en la experiencia del capitán ni de la pericia de la tripulación. Por ese motivo, recurrió a las artes mágicas, e invocando a los genios adecuados, ordenó: 

-¡Que inmediatamente cese la tormenta! 


Lo que sucedió en el acto, para sorpresa de todos. 

Pero ocurrió que el barco había sido preparado para soportar las olas y los fuertes vientos, por lo que la repentina calma provocó que la nave se escorara primero, se inundara después y por fin se hundiese, llevando a la muerte a todos los miembros de la tripulación y el pasaje, incluido al estúpido hombre de los poderes prodigiosos, que lógicamente tuvo que dar cuenta a Dios, de aquellas horrendas muertes provocadas por su ignorancia.



 NO SE PUEDE COMPRAR TODO


Un noble inmensamente rico decidió un buen día que debía contar entre su séquito con un rapsoda que compusiera y cantara himnos y alabanzas a su persona. Para ello, mandó contratar al mejor juglar que hubiera en todo el mundo. De regreso, los enviados contaron que, en efecto, habían hallado al mejor rapsoda del mundo, pero que éste era un hombre muy independiente que se negaba a trabajar para nadie. Pero el noble no se dio por satisfecho y decidió ir él mismo en su búsqueda.

Cuando llegó a su presencia, observó que el juglar, además de ser muy independiente, se encontraba en una situación de franca necesidad.


-Te ofrezco una bolsa llena de oro si consientes en servirme -le tentó el rico. 

-Eso para ti es una limosna y yo no trabajo por limosnas -contestó el rapsoda. 

-¿Y si te ofreciera el diez por ciento de mi fortuna? 

-Eso sería una desproporción muy injusta, y yo no podría servir a nadie en esas condiciones de desigualdad. 

El noble rico insistió:

-¿Y si te diera la mitad de mi fortuna accederías a servirme? 

-Estando en igualdad de condiciones no tendría motivo para servirte.



-¿Y si te diera toda mi fortuna? 


-Si yo tuviera todo ese dinero, no tendría ninguna necesidad de servir a nadie.




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