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domingo, 9 de marzo de 2014

Política salarial durante el ciclo kirchnerista por Julián Blejmar para Miradas a Sur




Durante los últimos once años, los salarios reales experimentaron aumentos de forma casi sostenida. El resultado del actual conflicto con los gremios docentes exhibirá en gran medida si se quiebra o no con esta tendencia.
Con la excepción de los años 2008, 2009 y 2013, donde se produjeron leves descensos del salario real, los ingresos de los trabajadores experimentaron significativas subas durante la mayor parte del ciclo kirchnerista.
Por eso, la primera oferta salarial que el Gobierno ha efectuado este año –realizada al gremio docente sobre su salario básico y rechazada por sus cinco sindicatos–, puede llegar a significar un quiebre en la sostenida política de defensa del empleo y los salarios. Sucede que la propuesta de otorgar un aumento de un 31%, pero en el lapso de un año y medio, dividiéndolo en cuatro tramos (12% en marzo, 5% en agosto, 5% en noviembre y 9% en marzo de 2015) más tres sumas adicionales de mil pesos por presentismo (a abonar en junio, diciembre, y junio de 2015), provoca que, debido a estos plazos, la oferta quede situada incluso por debajo de la inflación experimentada el año pasado, que según el IPC 9- Provincias de Centro de Estudios Cifra de la CTA fue de un 29,7%, y en la que la perspectiva para el presente año no es de reducción sino de aumento.
Salarios y coyuntura. Luego de una tendencia declinante en el poder adquisitivo de los salarios, que se extendió a lo largo de gran parte de la década del noventa e inicios de la pasada, con los gobiernos kirchneristas y la implementación de las negociaciones paritarias, el nivel de ingreso de los trabajadores comenzó a crecer paulatinamente, con excepción de los leves descensos experimentados en 2008, 2009 y el año pasado. Exceptuando el retroceso de 2009 –íntimamente ligado a la crisis mundial–, las otras dos caídas, como así también la desaceleración de las subas salariales a partir de 2008, estuvieron directamente relacionadas con el aumento en los índices de inflación. Sucede que fue justamente a partir de aquellos años que la inflación superó los índices del 20% –con excepción del 2009–, debido a la denominada “puja distributiva”, es decir, la lucha de los grupos económicos por no continuar cediendo parte de su elevada rentabilidad al sector del trabajo. Desde aquel lejano 2008, también, gran parte de los economistas de la oposición se unificaron bajo la consigna de “enfriar” la economía, es decir, reducir el consumo, tanto para que la inflación no se saliera de control como para evitar la denominada “estanflación” (inflación con recesión). Las medidas ortodoxas y recesivas que proponían, consistían en acciones cuyos efectos serían el freno al crecimiento del salario real y a la generación significativa de empleo. Con el correr de los años, el gobierno de Cristina Kirchner demostró que la política de defensa del empleo y de los ingresos de la clase trabajadora, no tuvo como correlato una pérdida de control de las principales variables económicas, ya que si bien la inflación se mantuvo muy elevada, los salarios estuvieron casi siempre por encima de la misma, tal como se puede observar en el gráfico del Centro Cifra difundido en 2011. (En relación a 2012, este organismo señaló recientemente que también se experimentó un “ligero crecimiento del salario real”).
Tres factores. Son muchos los factores internos que inciden en el nivel salarial y de inflación. Pero en lo que respecta específicamente a la vinculación entre poder adquisitivo y precios, la actual coyuntura puede relacionarse fundamentalmente con tres importantes factores. El primero de ellos, mencionado anteriormente, se vincula con la puja distributiva operada a partir de 2007, cuando los sectores concentrados del capital, frente a la negativa del Gobierno de reducir los salarios reales (vía devaluación) comenzaron a remarcar los precios de los bienes y servicios ofertados, como forma de no perder su “porción de la torta” del PBI, es decir, del total de lo producido en el país. A esta inflación sostenida, se le sumaron dos factores de peso operados durante diciembre y enero. El primero de ellos, fue el reclamo salarial “a punta de pistola” que efectuaron la mayor parte de los cuerpos policiales provinciales. Con el factor de presión que producía sus acuartelamientos, muchos gobiernos subnacionales otorgaron aumentos de entre el 33 y el 69%, lo cual tuvo sus implicancias en materia de futuras demandas salariales y perspectivas de inflación. Finalmente, la presión sostenida por parte de los sectores concentrados en función de operar una fuerte devaluación, les dio sus frutos durante enero, cuando el Gobierno se vio obligado a devaluar el peso en un 20%, a raíz de la especulación operada por estos sectores – fundamentalmente ligados al agro pampeano –, lo que, como es habitual en nuestro país, se trasladó casi inmediatamente a muchos precios y tiene su correlato en las actuales demandas salariales.
Como se señaló, ya en 2013 se había experimentado una leve caída del salario real. Por eso, el presente año, exhibe el gran desafío para el Gobierno de no alejarse de uno de los pilares de su política económica, como lo fue la defensa del ingreso de los trabajadores, lo que se traduciría en seguir aumentando, manteniendo o afectando pero de forma muy leve, el nivel del salario real. Está por verse si la actual oferta al gremio docente se encuentra dentro de una estrategia de negociación que busque fijar un techo definido de aumento –para frenar también las fuertes expectativas inflacionarias– o si por el contrario, el Gobierno se mantendrá inflexible, comenzando a modificar su enfoque económico al buscar una reducción del salario real.

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