FRASE DE EDUARDO GALEANO

EL ARTE Y LA CIENCIA EN UN DIÁLOGO ENTRE DOS SILENCIOS

martes, 30 de abril de 2013

Texto de Lectura Obligatoria (Un Lerú de historia a la derecha por favor)



Comunicado de la Juventud de la UCR 
de Coronel Dorrego

(Les juro por Néstor que no es joda)

 Representantes de la juventud Radical dorreguense acompañdos por Ernesto Sanz y el dirigente del radicalismo local Juan Carlos Chalde
La Juventud Radical de Coronel Dorrego salió a responder el comunicado del PJ local, que hacía referencia al documento emitido por los jóvenes de la UCR con motivo de los 28 años del Juicio a las juntas militares de la última dictadura.
“Nos duele que la mesa de conducción del PJ, conociendo la historia , la tergiverse para utilizarla a su favor.
“El Radicalismo siempre tuvo una política a favor de los Derechos Humanos sin miramientos ideológicos, sin incitar al divisionismo de la sociedad en busca de un rédito político.
“Observamos como agrupación política que el gobierno actual no puede garantizar los derechos humanos ni a los testigos de los juicios que se llevan a cabo en la actualidad, como es el caso de Julio Lopéz. Durante el gobierno de Alfonsín no hubo ni un solo desaparecido pese a que las cúpulas militares se encontraban aun a cargo de los cuarteles y con las armas en su poder, demostrado en los levantamientos que tuvo que sufrir la democracia recientemente recuperada.
“A todos ellos se les respondió desde el Gobierno con un fuerte mensaje en defensa de la democracia, de los valores republicanos, buscando la paz y no el derramamiento de sangre.
“Vemos claramente la importancia estratégica que el gobierno kircherista les da a los derechos humanos, una estrategia meramente electoral. En el pasado nunca estuvo el Partido Justicialista comprometido con los DDHH, por esto Luder pedía la amnistía a los militares, por eso Isabel y López Rega comenzaron con la represión de estado. El justicialismo se negó a participar de la Comisión por la Desaparición de Personas (CONADEP), el ya entonces Presidente por el PJ, Carlos Saul Menem les dio el indulto a los militares que habían sido enjuiciados y frenó todos los juicios que se estaban desarrollando.
“Por otra parte, los gobiernos deben garantizar los derechos humanos, no solo los del pasado, si no también los del presente y los del futuro. Este gobierno se jacta de ser el gran defensor de los DDHH para luego aprobar la Ley de las ART (Aseguradoras de riesgo de trabajo) con claras intenciones de favorecer al patrón por sobre el empleado. El actual gobierno no impulsa ninguna política donde los desposeídos puedan salir de esa situación, solo genera parches que lo “solucionan” temporalmente, generando así una situación de dependencia.
“La Unión Cívica Radical nunca abandonó la lucha por los Derechos Humanos, mientras algunos que hoy se quieren apoderar de esa lucha se enriquecían con la circular 1050 de la dictadura en tierras sureñas.
“Para finalizar, siendo un gran referente de la lucha contra el autoritarismo generado por el Régimen de las primeras décadas del siglo XX, vemos en Yrigoyen a uno de nuestros primeros referentes, un argentino que busco darle la dignidad al desposeído en nuestro país. Es su lucha, y también la de Leandro Alem, la que nos motiva a enaltecer nuestras banderas blancas y rojas, como así también Crisólogo Larralde, Arturo Illia y Raúl Alfonsín, tal vez, los políticos mas luchadores, nobles y honestos que han habitado nuestro suelo.
“El conservadurismo no es una posibilidad en nuestro sentir, pensar y actuar. No lo tolera nuestra cultura militante. Hay que tener en cuenta que los Derechos Humanos no se defienden por conveniencia política sino que deben ser defendidos con ideales y en todos los ámbitos de la vida. Hay que ajusticiar a los del pasado, pero luchando por los del presente y garantizando los del futuro.” (30|04|13)

Gentileza Blog de La Dorrego (www.ladorrego.com.ar)



Martínez: Una Maravilla
                                      dedicado a Julio Ernesto Vila



El boxeo es una actividad muy particular ya que permite que dos personas se tomen a golpes de puño sin protección y en la vía pública gozando ambas de inmunidad policíaca. Si dos o más personas hacen lo mismo en una plaza o en la calle son inmediatamente detenidos y puestos a disposición de la justicia. Por fuera de este sofisma que suelen exponer los detractores de la actividad, a la que no le reconocen entidad deportiva, bueno es contemplar que el sábado pasado fuimos testigos de un evento extraordinario cuyo protagonista fue un hombre que tenía todo para perder y que sin embargo se repuso a sus propias limitaciones físicas para entregarnos una velada que quedará para el recuerdo. Los posteriores comentarios me impulsaron a diseñar esta pequeña apología de manera marcar posición a modo de declaración de principios.



¿Desde cuándo un fallo polémico sobre una pelea reñida es un tongo?. Para los que gustamos del boxeo sabemos perfectamente lo que es el “tongo”. Tongo hubiese sido colocarle a Martínez un boxeador con ranking inventado y un record para nada comprobable. ¿Se acuerdan cuándo vino el pibe de Coggi a Coronel Dorrego?. Tongo es cuando enormes diferencias boxísticas no son reflejadas en las tarjetas, y esto puede ocurrir tanto para beneficiar al favorito como para fallar a favor de un supuesto pugilista de menor tenor de modo maximizar ganancias en las apuestas. Tongo es aquello que sucedió con Látigo Coggi en Tucumán o con la famosa pelea Firpo-Dempsey. En estos días se me cruzó por la cabeza la segunda pelea entre Carlos Monzón y Rodrigo Valdez. Pelea cerradísima, una revancha de toma y daca entre dos notables y auténticos guerreros. Rodilla en tierra del gran campeón en el segundo tras un directo secó a la mandíbula y un colombiano que nunca retrocedía a pesar del eficiente pistón del santafesino. Se la dieron a Carlos por un par de puntos. Nadie se atrevió a dudar del fallo a pesar del disgusto de Rodrigo.



Maravilla sube al ring dando enormes ventajas, perjuicios que no pasan solamente por su edad, cuestiones que muy pocos apuntan. No es un mediano natural, acaso sea un súper welter o un peso medio. Sus golpes no tienen el mismo efecto determinante. Tengamos en cuenta que los 72 kilos del pesaje oficial son ficticios al subir al cuadrilátero. Recordemos que a pesar de la extraordinaria paliza no pudo tirar a Chávez, y éste solamente un impacto casi lo duerme, menos aún pudo conmover a Murray. Mientras que un mediano natural sube al ring con largos 73,500 (y creo que con Chávez me quedé corto) Martínez no puede hacerlo debido a dos razones eminentemente técnicas: Primero perdería la mayor de sus virtudes, la movilidad, y en segundo lugar, ese exceso de peso conspiraría en contra de su maltrecha rodilla. Al arribar al cuadrilátero la diferencia entre un mediano natural y un peso medio oscila en no menos de cuatro kilos, y eso redunda en la potencia del impacto.



Es común que esto suceda con aquellos pugilistas que se arriesgan a subir de categoría. El enorme "Sugar" Ray Leonard fue víctima de los mismos dilemas teniendo que afrontar sus desventajas con movilidad y coraje. Recordemos su épica pelea con Marvin Hagler. Su boxeo, su calidad pugilística pudo emparejar la enorme fortaleza y sabiduría del pelado justamente en los dos últimos asaltos. Le dieron la contienda a "Sugar" en fallo dividido luego de haber recibido en varios pasajes de la pelea un descomunal castigo. Privó la ciencia pugilística a lo largo de los quince asaltos.



Hubiese sido más fácil colocarle a Martínez un “paquete” para que se luzca de modo sus  virtudes boxísticas escondan sus actuales flaquezas físicas. El gran Muhamad Alí diseñó parte de su carrera de ese modo y nadie lo discute. Aquí nos visitó un invicto, quinto en el ranking mundial, un boxeador muy bien armado físicamente, de buen traslado, ochos años menor,  y con un detalle que muy pocos advirtieron: un rostro que para nada nos delataba que estábamos en presencia de un pugilista castigado. El rostro es un inciso indiscutible con relación a la carga que un boxeador ha sufrido en su carrera.



Maravilla boxeó como es su costumbre: Caminó el ring, lanzó golpes desde distintos ángulos, se plantó en el toma y daca aún sabiendo la diferencia de potencia, siempre buscó la pelea. Ganó los tres primeros rounds y los dos últimos cómodamente, le tocó caer una vez, y aguantó el chubasco, incluso recibió varias infracciones no sancionadas. Murray no sólo ganó sin dudas y por dos puntos la vuelta en la que tuvo la suerte de agarrar de pleno al campeón, ganó claramente otros tres rounds. Los restantes fueron asaltos de apreciación en donde nada ocurrió, asaltos en los cuales tiene que haber un ganador sí o sí debido a que no se permite puntuar empate (cuestión a mi entender ciertamente ridícula). El resultado de un combate de boxeo deviene de la acumulación de puntaje con el correr de los asaltos. Viendo la pelea por segunda vez, más tranquilo y analizando con detenimiento nos vamos a dar cuenta que hablar de tongo en un pelea cerrada resulta un absurdo. Además los tres jurados tienen una posición determinante para evaluar una pelea. Ni la televisión, ni el 90% del estadio tienen dicha posibilidad de evaluación.



Maravilla es un enorme campeón. No merece ninguno de los comentarios que livianamente fueron emitidos desde el desconocimiento y en algún caso desde la envidia. Su carrera la edificó en sitios en donde los golpes duelen. Martínez es un pugilista, es un técnico por excelencia que en su categoría natural posee un golpe determinante. Murray, en cambio, es un fajador nato que si no puede conectar pierde el asalto ya que no posee recursos técnicos. Pues eso es lo que es necesario evaluar. De todas maneras estadísticamente Martínez conectó más golpes que Murray aunque su poder de daño, por obvias razones de potencia, haya sido mucho menor.



Muchos opinólogos me hicieron acordar de aquel viejo chiste de Jovao. Hombre que intentó batir el record de relaciones sexuales en un día tratando de llegar a un centenar de penetraciones con su respectiva eyaculación. El desafiante Carioca cae desvanecido luego de la relación número 99. El Maracaná en pleno vomita su disconformidad al grito de Jovao maricón.... Mucho de esto sucedió este sábado. No culpemos luego a Martínez si de aquí en más prefiere exponer sus virtudes fuera de la Patria. Será una pena, pero lamentablemente nos lo hemos ganado. 


lunes, 29 de abril de 2013

Videlismo al palo





Estamos viviendo épocas en donde ningún velo queda por correr. Treinta años después de la recuperación de la democracia comenzamos a entender las razones políticas por las cuales la dictadura cívico militar ha tenido tanto éxito en nuestra Patria. De alguna manera y del mismo modo podemos vislumbrar desde la praxis todos aquellos procesos exclusivos (proscripciones-fraudes patrióticos, exilios) que a lo largo de nuestra historia se han constituido como formato político de las clases dominantes.

Debemos reconocer que hemos sido bastante cándidos en estos años. Consideramos demócratas a cualquiera que bajo el prisma de un discurso más o menos lavado decoraba sus palabras y escritos detrás un falso republicanismo. Bastó para que llegara un Gobierno con marcadas intenciones inclusivas para que el sistema comience a vislumbrar aquellos nuevos viejos peligros. Demócratas que lo eran pero hasta cierto punto, republicanos en tanto y en cuanto sus intereses no sean puestos en discusión, liberales que no tenían empacho en amigarse con las prebendas estatales muy a pesar de sus principios. Y esto sucede debido a que nuestra sociedad, de manera mayoritaria y contundente, ha escogido por un modelo político, económico y social basado en la democratización de todos sus incisos, horizontalizando potestades, cuestionando aquellos derechos adquiridos conseguidos bajo tortura o en el mejor de los casos bajo extorsión.

No veo oposición, veo Videlismo al palo. Veo tipos enceguecidos esperando que la economía fracase, veo miserables a la espera que un notorio caso de corrupción les otorgue credenciales que autoricen destitución, veo desquiciados repletos de odio esperando nuestra desaparición y muerte. Sabíamos que esto iba a suceder en tanto y en cuanto nuestro Gobierno manifieste concretas intenciones de abrir esa caja de Pandora que moraba sucia y olvidada en el estante más lejano, acaso el de más difícil acceso: El estante de la complicidad civil. La implosión no tardó en exhibir sus túnicas, cuestión que expuso de manera descarnada que aquellos siniestros medios de comunicación que se horrorizaban en el ochenta y tres fueron solamente plagiadores del dolor, acomodaticios que por algunos años escondieron sus fotos y encuentros con los dictadores de entonces. Pero hubo algo que no pudieron esconder: sus negocios. Estos pusieron blanco sobre negro en cuanto a sus interrelaciones e intereses comunes.

Quien ordena reprimir a periodistas, médicos, enfermeras y pacientes neuropsiquiátricos, quien está procesado por escuchas ilegales, quien colocó un 0-800 inquisidor para vigilar al piberío en los colegios, quien puso al Fino Palacios al frente de la metropolitana, quién se benefició con las varias licuaciones de pasivos que esquilmaron a las grandes mayorías populares reviste carácter de demócrata para la mass media tilinga y corporativa, en donde lamentablemente debo incluir al Radicalismo orgánico. Mientras tanto quien derogó calumnias e injurias, quien gobierna de acuerdo a un plan que tuvo enorme apoyo popular, quien respeta a ultranza todas y cada una de la libertades civiles como nunca ocurrió en nuestro país, quien es atacada hasta en sus dolores más profundos, por medios y manifestantes, es una dictadora.
No veo oposición, veo Videlismo al palo: Insultos, degradación, mentiras, acusaciones, deseos mortuorios, odios, operaciones. Pero también veo mucha inconsistencia y cobardía. Uno a uno, mano a mano, no se atreven. Aún jugando en campo propio y con referí localista no se atreven. Y no se atreven debido a que no hay política en sus manifestaciones.





Son una carcasa de nada al servicio de las corporaciones. Hay que ser muy hijo de puta, pero muy hijo de puta, para desear que al pueblo le vaya mal, de forma tal eso le sirva como plataforma de acceso al poder. Videlismo al palo Sanz. En lugar de presentar una alternativa concreta de Gobierno, el tipo tiene el ferviente deseo de que un tsumani lo ayude políticamente. Alguno dirá: “cada vez que estos tipos abren la boca espantan votos”... No sólo no lo creo y si así fuera no me alcanza. No puede ser posible que tengamos dirigentes, legisladores, cuyo deseo por el fracaso colectivo (el tuyo, el mío, el de todos) se constituya como motivo e inspiración política. Sanz, Aguad y Morales corrieron otro velo. Toda la oposición piensa y desea lo mismo. Videlismo al palo. Con solo recordar sus posturas cuando el dilema de los buitres y la deuda, la Fragata, las AFJP, y demás cuestiones que están ligadas a la soberanía económica alcanza y sobra. 

domingo, 28 de abril de 2013

La Justicia
y el fraude intelectual







“Este es un debate eminentemente político, por esa misma razón no debe ser solamente de exclusiva entidad de los juristas” (parte del Discurso del Diputado Dr. Jorge Rivas en la reciente sesión legislativa en donde se trato la reforma judicial).
Algunos hablan de que se intenta politizar a la justicia acaso desconociendo –vamos a ser benévolos - que la justicia hace muchos años ha decidido politizarse. Y ha decidido politizarse institucionalmente producto de sus propios devaneos ante cada coyuntura política. No tenemos más que repasar sus posturas y reacciones durante los últimos cuarenta años para darnos cuenta del dilema. La justicia, institucionalmente, ha sido consecuente en tiempos de dictadura, en tiempos de obediencia debida, en tiempos indultos y en tiempos de juicios por la verdad. Si estas marcadas contradicciones en un tema tan sensible no son políticas, entonces la política en dónde está.
¿Cuál es el temor de ciertos opositores para que los componentes del consejo de la magistratura sean elegidos por el pueblo? Según sus argumentos la incompetencia. Pregunta: ¿Cuántos ciudadanos de los que votan bianualmente adolecen de un conocimiento profundo sobre la concreta gestión política? ¿Cuál será el próximo paso, acaso calificar el voto?.
Y si de pronto y partir de esta nueva responsabilidad los comunes decidimos informamos y tratar de entender la mecánica del poder judicial con mayor profundidad. La oposición no se permite pensar en nuestras propias inquietudes e intereses ciudadanos. La intervención directa del pueblo en la elección de algunos integrantes del poder judicial forma parte de la política de inclusión y ampliación de derechos en la que está inmerso el Gobierno Nacional. Recuerdo que el proyecto para que los jóvenes voten a partir de los 16 años también tuvo un correlato similar: La ausencia de preparación y conocimiento.







Observo en la oposición un temor casi descarnado cuando de participación popular se trata. ¿Sospecharán que estos incentivos participativos puedan provocar en los ciudadanos compromisos superiores que impliquen informarse debidamente y que debido a esto puede resultar más complejo arrearlos desde el discurso dominante?
En lo personal me parece extraordinario que parte del poder judicial tenga representación popular y que cada candidato exprese sus conocimientos de cara a la sociedad. Esta mecánica abre de inmediato el debate sobre cuestiones e interpretaciones hasta hoy encapsuladas. Imaginemos por un instante un debate entre los representantes jurídicos del Radicalismo, del Pro y del FPV. Estimo que enriquecería a la sociedad de modo notorio agregándole conceptos hasta el momento ignorados. Hasta me atrevo afirmar que le daría un correlato técnico que acotaría notablemente cierta demagogia que los políticos tradicionales suelen exponer en sus discursos electorales.
La oposición coincide en que la mayoría de la población está de acuerdo que es necesaria una reforma del poder judicial, pero no de esta forma. Pregunta: ¿Cómo hago para sustentar esa afirmación si al mismo tiempo sentencio que el pueblo no está preparado para comprender ciertos dilemas?. Vale decir, para estos sectores el pueblo tiene posición tomada sobre algo que desconoce. No me resulta lógico el argumento.
Tampoco comprendo las razones por las cuales se afirma que el Gobierno desea manejar a la justicia. ¿Acaso conocen de antemano los resultados electorales? Imaginemos un rotundo triunfo Radical en los comicios de Octubre. Pues automáticamente dicha agrupación ocuparía la mayoría de esos cargos electivos.
Todo concluye en la extrema desconfianza que le tienen a la política determinados políticos. Gestores que necesitan que los poderes fácticos (poder real) sigan teniendo prerrogativas y prebendas de modo acordar con ellos cuando la voluntad popular les es esquiva.



sábado, 27 de abril de 2013

Fines de Abril del 2003
... y una vieja nota de opinión de Nicolás Casullo de Enero del 2008






Posiblemente contestarse qué es hacer política desde una perspectiva popular en los actuales marcos de la democracia sea el debate de estos próximos cuatro años en la Argentina y en Latinoamérica. La pregunta no es retórica, ni postergable en nuestro caso, en la era de un proceso que hoy preside Cristina Fernández. La pregunta no ceja de estar a la orden del día todos los días. Y envuelta en esa pregunta madre, se elucidará “la redistribución de la riqueza”, la “política sobre los recursos energéticos”, las ampliaciones democráticas. No desde la abstracción o muletillas.

¿Hasta dónde alcanza una mecánica normativista republicana que canalice acertadamente el imprevisto, la dificultad, la terca historia, todo lo que resta? ¿Hasta dónde, en cambio, pesa la decisión política de gestar política siempre, sin otro reaseguro que las palancas ejecutivas de poder? Hasta dónde ese difícil arte de construir el conflicto, de hacerlo lo más inteligible que permitan las circunstancias, dentro de una normalidad despolitizadora que supura la sociedad de mercado desde sus mitologías, que van desde “gerenciar el mundo sin ideologías” hasta los más ínfimos detalles para la construcción de nuevas subjetividades de época.

En el juego de nuestra democracia vernácula, básicamente mediática, los únicos interlocutores válidos -gestores de relatos “reales”- parecen ser, hoy por hoy, un gobierno actuante y un haz de medios de masas: para un diagrama cotidiano, entre ellos, de una guerra por imponer agendas-relatos.

Las jornadas políticas que se viven son esas dos voces: lo son desde un poder de gobernar el país que se arroga, puede y se permite un itinerario de opciones. Y desde el calendario que produce periodísticamente cierta prensa gráfica matutina, que luego usufructúa y repite gran parte de una radio sin mayores “producciones” propias, y que corona entre crónica roja, melodrama social y movileros a la intemperie los noticieros nocturnos en pantalla.

Es lo que hay, diría un escéptico, refiriéndose al pasaje desde el tiempo de las masas siglo XX al tiempo de los públicos del XXI. Pero lo cierto es que no se puede hacer politicología hoy sin esta escena completa -neocultural- de las narratividades actuantes, que supera en mucho la propia especificidad teórica de “la política” con sus actores y espacios clásicos.

La Presidenta no se equivoca cuando apunta que se trata de una disputa por los relatos. Ella lo dice con cierto eco del campo de los estudios político-culturales, en el intento de darle mayores fronteras comprensivas, de abarcar un fenómeno social amplio y complejo (que fuga de las lecturas inmediatistas y abruma a la propia política). Hace referencia a una narratología que articulan las grandes corporaciones dominantes y sus voceros, en su tarea de tipologizar gentes, relaciones, negocios, rumbos, recetas y vaticinios, tarea que intenta hacerse dueña del día, de la semana, de la encrucijada. Patrimonializar la realidad es situar un relato como centro radiante. En todo caso el kirchnerismo, a los biandazos y sopapos, fue la política que trató de diversas formas de no domesticarse a esa “Constitución Argentina” sin preámbulo ni artículos editados.

Si tomamos las últimas secuencias del acontecer nacional volvemos a encontrarnos con esa escena de los relatos. El gobierno de Cristina Fernández “estaba obligado a cambiar muchos ministros y secretarios cuestionados”. A la vez por “tales y cuales lógicas y señales a la vista” no tenía más remedio que aceitar aceleradamente las relaciones con USA. La deuda con el Club de París “obligaba a una rápida respuesta” a como diese lugar. La relación con el presidente Hugo Chávez comenzaría un gradual enfriamiento. La política del nuevo ministro de Economía reconocería los errores del último tiempo de Kirchner. El modelo de las relaciones con el sindicalista Hugo Moyano llegaba a su abrupto fin, habría notables cambios de perspectivas en el Ministerio de Defensa, el presidente saliente se distanciaría hasta geográficamente de su esposa para simular y aparentar su condición de “ex”, la relación de Cristina con los medios sin duda iba a dejar atrás la disputa política sobre los medios que caracterizó la conciencia de los habitantes de la Casa Rosada.

He aquí una agenda en oferta. No sólo un derrotero a cumplir, sino una instalación de la Argentina “conveniente”, un estado de los valores, una bucólica y “neutra” estampa informativa, una fabricación del país verdadero, un puro presente sin pasado histórico, la imposición de un léxico, una neutralización de los nudos que hacen a la política, la instauración de una mirada analítica conservadora, un curso de tesis políticas sobre la comprensión del mundo. Podría decirse que en la gestación de un relato, este, lo menos importante es la superficie escrita, el copete, la frase del tecnócrata autorizado, si no ese inestimable mundo de sentidos callados que la narración derrama por debajo de sí misma como el efectivo estado de las cosas. El relato es la disputa por la historia nacional.

El otro relato

La renovada discusión sobre la índole de la política en la Argentina -para una democracia ceñida por una alta injusticia social y en un capitalismo globalizado- es un campo de actuación y debate reabierto por el kirchnerismo de manera contradictoria, limitada pero a la vez lo suficientemente despejada. Un claro en el bosque para repensar las cosas, diría un discutido filósofo alemán.

Los últimos cuatro años fueron un desaliñado cortar maleza, lazos, lianas y follajes carcelarios de por lo menos medio siglo de un paquete o país político-económico-social.

Selva de símbolos aprisionantes que la dictadura del ’76 radicalizó hasta convertir en el paisaje hegemónico de una vasta sociedad media nativa. Sobre todo capitalina. Sociedad que de diversas formas se hace representativa “de todos los que somos de por aquí”. Y que la crisis del 2001 soliviantó y desperdigó en muchas direcciones, pero que no cambió lo sustancial de sus valorizaciones, atavismos y autodefensas.

Por el contrario, la carga antipolítica en las calles del finales del 2001 no fue sólo un gesto de ruptura que libera y desfonda un modelo. Sino también, y en gran medida, un retorno eclosionante de lo siniestro, de la idea de caos y miedo a la pérdida de un mundo nacional “que siempre se pierde” y precisa un orden (desde el origen histórico de la barbarie en Sarmiento, o desde los exilios de inmigrantes con sus historias desaparecidas atrás).

La temeraria apuesta kirchnerista desde su 22 por ciento de votos fue una reapertura, desde la política, en discusión crítica contra todo aquello que aparecía como supuesta presencia dominante “desde la no política”, y desde la antipolítica. ¿Quiénes? Los poderes institucionalizados en sectores, espacios, corporaciones, intereses, medios, autoridades y universos simbólicos con la enorme capacidad de reiterar una y otra vez lo dado. Y también contra una desagregada sociedad silvestre en descampado ideológico por la frustración democrática y por el denostado imperio de los partidos políticos. Un mundo histórico liberal-conservador no nuevo, pero ahora extremado, que desde 1955 fue siempre pura “restauración de una antigua historia” (diría Metternich en la Viena del siglo XIX). Restauración antipolítica. Y donde lo político popular de 1973-75 resultó solo fracaso, muerte y fin de un determinado peronismo que no hizo mella en aquella constante.

Solo desde esta perspectiva mayor de narraciones, de memoria, debe también contabilizarse el corto tiempo de la presidencia de Cristina Fernández que repone de inmediato el sello kirchnerista: el poder de la política para fijar un relato de litigio contra la imposición de agendas desde aquellos bastiones tradicionales nunca votados en comicios. La propia puesta en escena de ella, en su discurso de asunción, remite al eje del drama: fue sobre todo un relato, alguien que cuenta. Y así fue tomado en su meditada improvisación. La pieza de la presidenta fue el relato, en su significado más prístino. La evidencia de ese día fue esa dimensión literaria, ese fondo ético-estético con que la política finalmente quiere dirimir un curso comunitario, o abdica frente al mismo.

Y a partir de ese día la escena argentina del presente retomó eso que se decía al principio: la disputa, clave, por la articulación entre voluntad política y fundamentación argumentativa. Articulación entre decisión de poder y construcción republicana. Entre la real gobernanza política de las cosas y la edificación de lo institucional ciudadano bajo una impronta popular. En definitiva: entre política, verdad y proceso histórico en democracia. Es decir, la cuestión central a encarar en términos de construcción política diaria, y de construcción de nuevas identidades políticas semiextraviadas.

Frente a la citada más arriba imposición de aquella agenda “caída del cielo” desde el sistema de poderes históricos, el nuevo gobierno de Cristina buscó otra vez exponer su mando político del país: “continuidad” ministerial, embestida contra Estados Unidos, postergación de negociaciones con Club de París, ratificación de sus estrechas relaciones con Chávez, confirmación de los lineamientos económicos, ratificación de la relación con la actual CGT, la misma línea de acción para recrear la biografía de las fuerzas armadas, no esconder la figura de Kirchner, y reponer la idea (ya no como producto de encontronazos sino como lectura de un presente) del papel “curiosamente coincidente”, dice ella, entre medios de comunicación y oposición a los gobiernos capitalistas democráticos populares en América latina.

Los nuevos escenarios

Se puede afirmar que la política es esa capacidad decisoria que confronta democráticamente con lo adversario, ni antes ni después de su justo momento. Que para hacerlo en todo caso no puede perder -aquí, en Washington o París- lo que hoy es tildado de rasgo “populista”, píldora sin embargo que la vitaliza cuandohace falta en término de respuesta, contenido, práctica de una soberanía, simbolización del conflicto, marcado de cancha, visualización de aliados y contrincantes. Esto es, de la invención imprescindible de la política como poder, ya no solo como tesis, hipótesis o bibliografías amedrentadas.

Pero a su vez el combate de los relatos contrapuestos que signan la actualidad argentina exige bastante más que esta voluntad política de acción inmediata, coyuntural. Lo que no logra institucionalizarse, organizar universos delegativos, desplegarse ciudadanamente de manera visible y audible, crear fundamentación, texturas y estructuras políticas para un ordenamiento democratizante, intervenir en un campo político, cultural e intelectual argumentativo para la batalla de las ideas por una nueva república, el relato que no avanza estas piezas en el tablero debilita esa propia política que hace las veces de corazón alerta del cazador solitario, ese arte siempre en tensión de ataque frente a los infortunios diarios del mundo.

El gobierno de Cristina Fernández confirmó este litigio de relatos a partir de una nueva escena inaugurada en realidad en el 2003. Escena donde la política de la política no resigna atributos decisivos, y donde a la vez el espacio que hace inteligible lo político remite y revela una ecuación mayor de crisis y metamorfosis nacionales profundas: de corte histórico-cultural, biográfico-social, mediático-productivas.

Se habita políticamente una ecuación de globalización y “re” nacionalización de imaginarios, que obliga a una nueva combinación y a otro tratamiento distinto del tema de la república, la democracia y la calidad institucional que directa o disfrazadamente impuso el neoliberalismo de época como único molde. Se vive en una neoescena donde decisión política y el armado de un sistema democrático se lastiman todavía mutuamente en esta edad capitalista de tránsito y mutaciones, como cuestión que no solamente aflige a la Argentina. Se hace política a veces temeraria creando ciudadanía para otra democracia modificadora de lo que impera. O se cuida la democracia pero como hueco y vaciado retórico y se renuncia a lo más genuino de lo político. ¿Cómo superar los límites de ambos relatos latinoamericanos?

Sociedad, políticas y representación

Si nos retrotraemos al principio del gobierno Kirchner, ya se percibe ese choque de relatos. Uno, aquel famoso decálogo del diario La Nación para ser cumplido por el nuevo mandatario: límpida pieza, perla sintetizadora de la dominación histórica de la Argentina siglo XX. Dos, el despliegue desde presidencia de una batería política reformuladora, que más que representar “bases” buscó producir nueva ciudadanía y nueva inteligibilidad de los conflictos. La baja de veintitantos altos mandos de las fuerzas armadas, la profunda reformulación de la Corte, la política no represiva contra permanentes protestas en las calles y piquetes, el respaldo al temible e “inflacionario” poder sindical, Fidel Castro hablando a los estudiantes argentinos en las explanadas de Derecho, el fuerte rechazo al ALCA, el alto quite de la deuda, el fin de los disciplinamientos al FMI, un inédito Mercosur de centroizquierda, la tenaz solicitud del Ejecutivo de juicios al terror militar del ’76, ¿fue un pedido de las mayorías sociales? ¿Fue un desemboque de conciencia sufragista colectiva?

Me temo que no. El triunfo electoral de Menem ese año, y la anecdótica diferencia entre Kirchner y López Murphy no indican ese derrotero de “las mayorías”. Pero a la vez señalan, para el período 2003-07, el encuentro de un proyecto capitalista de reforma y desarrollo productivo socialmente inclusor, con un teorema peronista distinto de la relación entre política y sociedad. Con la construcción de un relato de hechos, enunciaciones y memorias que inauguró otros horizontes sociales. Que habilitó otros cursos representativos, y donde una ciudadanía potencial es llevada hacia un “sí misma” distinto a aquel donde supuestamente la historia coyunturalmente la retenía.

En las antípodas ideológicas de esta experiencia del kirchnerismo (que interpreta en el 2003 una potencialidad social democratizante sin correlato político todavía que la represente ni que vote tal cosa, potencialidad a resituar en otro espacio), hace unos días la revista Pensamiento de los Confines publicó una larga y puntillosa entrevista hecha en 1980 por la revista Redacción al almirante Emilio Massera. Diálogo bastante previo a la debacle de las Malvinas, donde el militar en pleno apogeo de la dictadura se propone como candidato a la presidencia para una nueva etapa, y busca leer a la sociedad que él mismo gobierna: “Creo que los argentinos aún sienten miedo de vivir en democracia. Es un modo de explicar la recurrente crisis institucional en la que estamos envueltos desde hace medio siglo. El miedo a la democracia se traduce en lo que sienten distintos sectores de nuestra sociedad unos hacia otros”, miedo a la anterior inseguridad, a “la política”, él quiere representar ese miedo, inmovilizarlo, plantear la política como despolitización, como armado policial. Que todos permanezcan en sus lugares.

La política es una pragmática que abre cursos históricos, de ser ejercida realmente. Tiene esencialmente contenidos, exigidos de formas democráticas a respetar. Proyectos sociales necesitados de la república ordenadora. Lecturas resolutivas que precisan organizaciones nucleadoras. Pero sobre todo relatos magnos que proponen qué historia emprender, por qué y hacia dónde. Ahí no hay equivalencias ni administraciones compartidas. En esta dimensión hay derechas e izquierdas, proyectos populares y antipopulares. Política o simulacro.

Fuente: www.listao.com.ar
 




Grandes Mujeres de la Historia
Margaretha Geertruida Zelle


Sus dotes de seducción y sus amoríos con personajes de la época a quienes frecuentaba le hicieron obtener muy pronto el éxito y la fama. Sin embargo, esas relaciones con la alta oficialidad europea durante la guerra del catorce la envolvieron en un oscuro episodio de espionaje, del que fue a la vez participante y víctima, pues su carrera mundana fue trágicamente tronchada por un pelotón de fusilamiento.

Ella misma lo decía "Desde chica me fascinaron los uniformes". Y en efecto, en esos uniformes vendrían envueltas las sensaciones más intensas de su vida la boca sonriente y tibia del amante y la boca fría y letal de los fusiles apuntados a ella.

Margaretha Geertruida Zelle vino al mundo el 7 de agosto de 1876 en la ciudad holandesa de Leeuwarden. Los negocios de su padre —dueño de una próspera sombrerería- marchaban en esa época viento en popa, y Adam Zelle pudo rodear a sus hijos, Margaretha, Ari Anne, Cornelis Coenraad y Johannes, de una atmósfera suntuosa.

Desde muy niña Margaretha se destaca netamente entre las otras chicas por su belleza. En las distinguidas escuelas y colegios a los que asiste aprende lo necesario para desenvolverse en un mundo refinado y elegante, además del inglés, el alemán y otras materias elementales para una mujer culta de la época. Esta formación, sin embargo, no llega a frenar su irreprimible tendencia a pisar las candilejas: se la recordaba como la niña más atrevidamente vestida de Leeuwarden, la de los gestos más rebuscados, la que contaba historias fantasiosas, y la más descarada.

Pero en 1889 su mundo rosado se desvanece: quiebra el negocio de su padre, y este, sin abandonar su elegante sombrero de copa, su chaleco florido y su bastón, escapa a La Haya.

Incapaz de afrontar la situación, su esposa muere en 1891 y es enterrada por los vecinos, mientras Margaretha da rienda suelta a su dolor encerrándose en la casa y tocando el piano durante toda esa noche. Un tío la acoge luego en su hogar, algo cohibido ante esta sobrina audaz y deslumbrante.

PRELUDIO JAVANÉS

Pocos años después Margaretha tiene ocasión de poner en práctica lo que sería su lema de toda la vida "Más vale ser amante de un oficial pobre que de un banquero rico". Pero el oficial Rudolph McLeod no le pide que sea su amante. Él busca—y para eso ha puesto un aviso en los periódicos- esposa legítima. Entre las cartas que recibe hay una que incluye osadamente una fotografía. Cita inmediata, flechazo, declaración fulminante, como cuadra a un militar. Y como a Margaretha no parece importarle que McLeod sea calvo, poco atractivo, sin patrimonio y veinte años mayor que ella, la boda se celebra sin dilaciones el 11 de julio de 1895.

Dos años después el matrimonio se embarca rumbo a las Indias Orientales, ya con un hijo, Norman John, a quien sigue a un año de distancia Jeanne Louise.

Se establecen en Medán, isla de Java, y allí el pequeño Norman, de dos años, muere envenenado. Unos hablan de la venganza de un subordinado de McLeod, otros de la de una niñera con la que el oficial habría tenido amoríos.


Las relaciones entre marido y mujer habían andado mal des-de el principio, y en 1902 McLeod acepta, a instancias de Margaretha, retornar a Europa. Allí, tras un nuevo intento de convivencia, el matrimonio se deshace definitivamente. El oficial se queda con Jeanne, mientras Margaretha vuelve a refugiarse en casa de su tío.

El telón caía así sobre otro capítulo de su vida, pero se iniciaban otros más dramáticos. Marcha a París, "lugar-dice-donde huyen las mujeres que se liberan de sus maridos".
 
NACE MATA HARI




París se hallaba entonces en el apogeo de la Belle Epoque, y el esnobismo y el gusto por lo exótico habían prendido fuertemente en la alta sociedad. Margaretha decide probar suerte, y en una muy exclusiva función de beneficencia se presenta como bailarina hindú. Para dar aliento a esta ficción posee ojos negros, cabello negro y, sobre todo, mucha imaginación.

Sus extravagantes contorsiones logran éxito inmediato y pronto se le acerca un personaje típico de la época, hombre serio o impostor, según los casos y los días. Émile Guimet es un poderoso industrial aficionado al orientalismo que ha fundado el muy valioso Museo Guimet, dedicado a las religiones de todo el mundo, y donde dan conferencias los más prestigiosos especialistas. Pero como buen hombre de negocios, sabe aprovechar la ocasión cuando se le presenta, aun a costa de la superchería.

Así es como anuncia que la bailarina "Mata Hari" (que en hindú significa "ojo del sol" u "ojo de la mañana") se presentará en el segundo piso de su Museo, para bailar "la danza de los siete velos", en un templete hindú que ha hecho traer de Asia.

Al día siguiente del debut llega la fama. Mata Hari deslumbra al "todo París", más por su audacia que por su arte, y más por sus atavíos que por la cadencia de sus movimientos. La fórmula es: sostén recamado de joyas, ancho cinturón de pedrería, pulseras con extraños signos y, sobre todo, desnudez.

Baila en los salones más aristocráticos de París, en el Trocadero y en el Olympia, en la Ópera de Montecarlo y hasta en la Scala de Milán. Europa se rinde a sus pies. Un industrial holandés lanza al mercado los cigarrillos ''Mata Hari" y ella aplaude esta oportuna publicidad.

AMORES MARCIALES

Pero la danza hindú no acapara todo su tiempo. Otro uniforme surge en su vida: el de un noble alemán, oficial de alta graduación del Regimiento de Húsares de Westfalia. Von Kiepert alquila para su amante un suntuoso piso en la Nachosstrasse, en Berlín, y ella lo acompaña a las maniobras del ejército en Silesia. Entre tanto derrocha dinero a manos llenas, frecuenta los lugares más selectos y se relaciona con multitud de artistas, políticos, hombres de negocios y, por supuesto, militares.

Sin embargo, la guerra se encarga de trastornar sus vínculos cosmopolitas. En 1914 se refugia en Holanda, donde vuelve a bailar con gran éxito de crítica y de público. Allí encuentra también a otro oficial que la sostiene durante años con suculentos cheques.

Pero Holanda no era escenario apropiado para Mata Hari. En 1916 resuelve marcharse a París pasando primero por Londres. Pero Sotland Yard desconfía ya de esta bailarina con tantos amigos políticos y militares de diversas nacionalidades y no le concede la visa. Es el primer anuncio de la tormenta.

LA BELLA Y LOS FUSILES

Lo que la lleva a Francia es, más que nada, la presencia en ese país de Vadim de Massloff, oficial ruso, sin duda el hombre a quien más amó, y que se encuentra en Vittel, en los Vosgos, a la sazón zona militar.

Para llegar hasta allí debe entrevistarse con el capitán Ledoux, jefe del Servicio de Inteligencia francés, quien tiene que darle autorización para que se reúna con su amado.

Quiso su destino fatal que Ledoux, por sugerencia de Scotland Yard, ya la estuviera vigilando desde un año atrás. Astutamente, le propone "cooperar con Francia", y Mata Hari acepta, a cambio del permiso para pasar dos semanas entre los fuertes brazos del ruso, y de un millón de francos, que serán su dote para casarse con él. Su primera y única misión se desarrolla en Madrid, donde seduce con facilidad al agregado militar de la embajada alemana, quien no tarda en revelarle importantes secretos militares.

Regresa a Francia con su botín para reunirse con su amado, pero una orden de arresto la arranca brutalmente de su embeleso. Acusada de espía, es conducida a la prisión de Saint-Lazare. Siguen siendo oscuros los motivos que impulsaron a Ledoux a denunciar a su propia agente. En todo caso, Mata Hari era inocente.

Pero había tenido demasiados contactos con militares de demasiados países. Las pruebas estaban en su contra, y el 18 de octubre de 1917 Mata Hari debe enfrentar el pelotón de fusilamiento en el cuartel de Vincennes. Ni siquiera en esta ocasión descuidó su apariencia: zapatos de taco alto, pesado kimono de seda, amplia capa de terciopelo negro orlada con piel, sombrero de fieltro de ala ancha. Afrontó los fusiles sin vendaje, y después de la descarga, con el corazón destrozado, cayó con postrera elegancia.

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres - Las Reinas - Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe

Notables Mujeres de la Historia



Mateando con la Ciencia 
Hoy ceba Thomas Johann Seebeck






El físico alemán (nacido en Rusia) Thomas Johann Seebeck fue el primero en advertir en 1821 que si dos metales distintos se unían por dos sitios y los dos puntos de unión se mantenían a diferentes temperaturas una corriente eléctrica atravesaría continuamente el circuito. Se trata del efecto Seebeck y fue la primera demostración del efecto de la termoelectricidad, norma que recién un siglo después fue utilizada en la práctica.

Fuente: Isaac Asimov
Maestros del Blues
Clarence "Gatemouth" Brown






“Soy sólo un músico americano que toca música del mundo al estilo tejano” afirmó a mediados de los cincuenta. Música popular lisa y llana. Brown lleva en su sangre todas las referencias de la música americana. En sus entregas, el Gospel, los metales, el Country y el Jazz, conviven con el blues en una suerte de paseo artístico, a veces sufriente, a veces gozoso. 











viernes, 26 de abril de 2013

Teoría del Honor y del Insulto
Rafael Barret





Don Tomás. – Me encuentra usted leyendo un bonito artículo.

Don Ángel. – ¿Usted, que no toca nunca los diarios?

Don Tomás. – Es que este artículo pertenece a una categoría especial: es insultante. Los movimientos del odio me interesan. Por una casualidad dichosa, sé que una de las acusaciones aquí lanzadas no tiene base física. Se trata de un abogado que retuvo algunos días en su casa las joyas y efectos de una cliente suya, la cual se había ausentado de pronto, exponiendo el valioso equipaje al robo irremediable y anónimo. Bajo inventario, delante de testigos y según acta varias veces publicada, el abogado depósito el cuerpo del futuro delito en las arcas del juez. ¡Pues nada! A pesar de tan sencillas pruebas, el pobre hombre, mientras viva, pasará por ladrón de alhajas. Cuando usted llegó, me hallaba yo reflexionando sobre la bella fecundidad de la mentira.

Don Ángel. – Lo cierto es que la verdad no tiene valor social. En cambio los errores comunes son bastante robustos para llevar el peso de una civilización. Un ataque personal que no inventa y adorna, de acuerdo con el ambiente, un ataque fundado en hechos verificables no aplasta. Nadie cree la verdad. Lo que se demuestra se refuta. Lo que se sugiere, vence. La verdad no afirma: duda. No afrenta: explica. La mentira mata. No es la luz la que mancha, sino el lodo. ¿Cómo deshonrar al prójimo sin deshonrarnos nosotros mismos? Somos solidarios. La única acción justa sería comprender, perdonar y curar.

Don Tomás. – Se puede sostener en efecto que la verdad no es humana. Si nos emancipáramos un poco de Lamarck, nos fijaríamos, no sólo en la influencia del medio sobre la especie, sino en la de la especie sobre el medio. No es imposible entender el Universo sin transformarlo de un modo positivo y durable. Nos es imposible digerir la verdad cruda. Hay que adobarla y guisarla y ensalzarla en nuestros laboratorios y gabinetes. Por eso el que insulta debe, para ser escuchado, ejercitar su fantasía, mucho más humana y contagiosa que la exactitud.








Don Ángel. – Basta enunciar el insulto para darle toda su fuerza. No importa que el insultado sea inocente; es insultado. A él le atañe probar su honorabilidad y recobrar lo perdido. Tiene que probar que cada minuto de su existencia ha sido honorable hasta el momento del insulto. Pero como semejante empresa es absurda, el efecto del insulto es casi eterno. Alcanza hasta la cuarta generación. ¡Calumnia, que algo queda!

Don Tomás. – Presenta usted mal la cuestión. Se diría que para usted el insulto goza de una virtud intrínseca, y es fórmula de exorcismo al revés, que mete los demonios en el cuerpo en lugar de sacarlos. El que insulta siempre tiene razón, cierto; en cuanto yo insulte arbitrariamente, y con energía, pondré a las gentes de mi parte. ¿Por qué? ¿Manía de aritméticos, que suponen una suma fija de ignominia destinada a la humanidad, y que se alegran de que les caiga en suerte a los otros el mayor lote? No: es que los hombres suelen ser viles. Muchas de las enfermedades que frecuento no son sino la sombra que los vicios del alma proyectan en la carne. Los hombres son viles. Al declarar vil a un hombre determinado, planteo una proposición sumamente probable.

Don Ángel. – ¡Bah! Murmure usted al oído del vulgo que el joven más vigoroso de la capital es involuntariamente casto, y no habrá quien le contradiga.

Don Tomás. – El insulto pintoresco es irresistible. Hay una estética del insulto.

Don Ángel. – Ello es que el honor depende del capricho de cualquiera que no tema una venganza individual.

Don Tomás. – ¡No! El honor se lava.

Don Ángel. – ¡Ah! ¿El duelo? Déjeme reír.

Don Tomás. – No se ría usted. Examine. El honor es tan delicado que un soplo lo empaña, aunque sea el aliento de una víbora. También la conciencia católica, el soplo de un breve pensamiento, se ennegrece con el pecado mortal. No es razonable que seamos todos infames, ni que todos vayamos al infierno. La conciencia católica se lava, don Ángel; el honor lo mismo. Es necesario el sacramento. El duelo es un sacramento civil; sirve para desagraviar al público-Dios; es un sacrificio ritual. La espada es la hostia, y los padrinos los sacerdotes. Tenemos un clero del honor, representantes vitalicios de los caballeros miembros de los juris de inapelables sentencias. El insultado vuelve a la gracia mediante la trascendental ceremonia del terreno. ¡Ay del que falte a la sagrada regla! ¡Ay del que muerda la hostia! ¡Ay del sacrílego! ¡Atención a las palmadas! Sí se equivocan, serán malditos y excomulgados. Les echarán del templo, cosa peor que la muerte. Saqueen, mientan, torturen y escarnezcan, pero no pinchen a destiempo. En Buenos Aires, por una estocada prematura, ha sido ejecutado un duelista. Rompió las hostilidades, como el Japón, contra los cánones diplomáticos. No fue suficientemente culto para asesinar a la voz de mando. Careció de disciplina. Obedeció a sus instintos primordiales. Profanó el sacramento.

Don Ángel. – Si nos insultan, don Tomás, ¿qué haremos?

Don Tomás. – Cerraremos las puertas, y seguiremos conversando.