FRASE DE EDUARDO GALEANO

EL ARTE Y LA CIENCIA EN UN DIÁLOGO ENTRE DOS SILENCIOS

martes, 31 de enero de 2012

EL PERDIDO. CORDÓN CUNETA


Nunca es triste la verdad... lo que no tiene es remedio



Las sendas ordenanzas que encuadran a las dos etapas de la obra no dejan lugar a dudas. Tanto la 2972/10 que incluye a Oriente como la 3113/11 son claras y contundentes sobre tiempos, modos de financiación y demás asuntos concernientes.
Nadie puede llamarse a engaño. Ambas partieron de la máxima representación que tiene nuestro distrito y cuya responsabilidad en la distribución legislativa nos cabe de modo exclusivo por voluntad popular: El Honorable Concejo Deliberante. Desconocemos en Guisasola de qué cocina salió la especie que los fondos sojeros se encargarían de la inversión, sospecho que dicho correlato no hace más que potenciar injustas lluvias de puteadas que caen sobre las espaldas de los funcionarios como granza de la planta.
Si bien nuestro ejecutivo no trabaja para nosotros como dice la publicidad, ya que nos pagamos hasta el aire que respiramos, debemos asumir que en el marco de este inciso nunca nos ha mentido. Los artículos extienden la responsabilidad del pago a los frentistas, propietarios etc, del siguiente modo: Para la primera etapa $ 139 por metro lineal del cordón cuneta, y para la segunda etapa el equivalente a cuatro bolsas de Portlan según cotización local.
Del mismo modo y durante diez días estuvo a disponibilidad el registro de oposición para requerimiento de los vecinos. De tal forma, tanto desde lo legal como de lo ético, no existe nada para discutirle al ejecutivo municipal.

Ahora bien. Si de política se trata, la medida y sus consecuencias encierran varios tópicos a debatir.

1-     El descanso de la carga financiera sobre las espaldas de vecinos que todavía están haciendo frente a la obra general de GLP, sin mencionar aquellos que están afrontando sus obras particulares, es cuando menos un inciso que se debió haber contemplado

2-     La ausencia total de atención por parte de las comunidades a las resoluciones del HCD incide notablemente en el mal humor colectivo. Desde luego que esto no es responsabilidad ni del legislativo ni del ejecutivo, pero no es menos cierto que desde el poder se sabe que esta conducta social es recurrente y linda con la normalidad, ocurriendo que en determinadas oportunidades se especula con dicha ignorancia

3-     La presente experiencia nos marca la imperiosa necesidad de un armado colectivo local que atienda y entienda sobre este tipo de cuestiones. Que sepa analizar prioridades, informar y debatir comunitariamente todos aquellos incisos que impactan a nuestras pequeñas localidades desde lo operativo y desde lo económico. Una suerte de Ombusman local o cuerpo colegiado integrado por 3 o 4 vecinos elegidos democráticamente para que achique, en cierta medida, las franjas analíticas e informativas que venimos experimentando. En lo personal considero que la Comisión Directiva de la Cooperativa Eléctrica, debido a su importancia operativa, debería ser el ente convocante e instrumentar el formato adecuado para la elección democrática del mencionado cuerpo colegiado. Este organismo debe ser totalmente autárquico del ejecutivo gobernante y mantenerse aislado de toda actividad política partidaria. Esto no implica asepsia política de sus integrantes sino todo lo contrario, colocar la política local, esto es los intereses de la comunidad por sobre la segmentación partidaria. Vale decir, ingresar por los fabulosos senderos de la participación democrática directa.

4-     Es evidente que aquel Estado de Bienestar ha quedado en el pasado. Hoy priva un Estado administrador preocupado más en el armado de su propia Burocracia, capaz de invertir en ella casi un 60% de nuestro esfuerzo impositivo. (Recomiendo la lectura del ensayo que en este mismo foro colgamos de Herbert Read detallando este tipo de cuestiones.)

5-     Tal vez lo único que nos quede por hacer es ascender el tenor conceptual y comenzar a debatir nuestro modelo de Estado Municipal, reformularlo quizás, entendiendo que para afrontar los costos que determinados progresos en la calidad de vida ocasionan, es necesario modificar estructuras enquistadas que desde hace mucho tiempo vienen otorgando cuantiosos beneficios a unos pocos y enormes sacrificios a las mayorías. Este estado Hood Robin nos asfixia tratando de convencernos perversamente que nos regala. Allá pues la realidad, cada uno tiene plena libertad para mejorar lo que aquí se expresa, pero lo que no podemos hacer es incumplir con los compromisos asumidos, no haciéndonos cargo de la responsabilidad de una obra que nunca nos preocupamos por discutir desde su génesis. La resolución municipal será muy expeditiva si así las cosas: Los que paguen lo harán por los que no pagan y de ese modo el estado de injusticia se potenciará y el desencuentro entre nosotros será aún mayor. La gente contra la gente; geografía siempre deseada por las derechas gestionalistas.





lunes, 30 de enero de 2012

SOBRE EL ARTE DE UN ESCRITOR Autor Eduardo Galeano




El mío ha sido un largo camino hacia el desnudamiento de la palabra: desde las primeras tentativas de escribir, cuando era jovencito en una prosa abigarrada, llena de palabras que hoy me dan vergüenza, hasta llegar a un lenguaje que yo quisiera que fuera cada vez más claro, sencillo, y por lo tanto más complejo, porque la sencillez es la hija de una complejidad de creación que no se nota ni tiene que notarse.
Uno siente primero que el trabajo intelectual consiste en hacer complejo lo simple, y después uno descubre que el trabajo intelectual consiste en hacer simple lo complejo. Y un caso de simplificación no es una tarea de embobamiento, no se trata de simplificar para rebajar de nivel intelectual, ni para negar la complejidad de la vida y de la literatura como expresión de la vida. Por el contrario, se trata de lograr un lenguaje que sea capaz de transmitir electricidad de vida suprimiendo todo lo que no sea digno de existencia.
Para mí siempre ha sido fundamental la lección del maestro Juan Carlos Onetti, un gran escritor uruguayo muerto hace poco, que me guió los primeros pasos.
Siempre me decía: "Vos acordate aquello que decían los chinos (yo creo que los chinos no decían eso, pero el viejo se lo había inventado para darle prestigio a lo que decía); las únicas palabras que merecen existir son las palabras mejores que el silencio". Entonces cuando escribo me voy preguntando: ¿estas palabras son mejores que el silencio?, ¿merecen existir realmente?
Hago una versión, dos o tres, quince, veinte versiones, cada vez más cortas, más apretadas: edición corregida y disminuida.

La Inflación palabraria:

El problema de la inflación monetaria en América Latina es muy grave, pero la inflación palabraria es tan grave como la monetaria o peor; hay un exceso de circulante atroz. Algunos países han tenido éxito en la lucha contra la inflación monetaria pero la inflación palabraria sigue ahí, tan campante. Lo que me gustaría, modestamente, es ayudar un poquito a esa lucha contra la inflación palabraria. O sea, poder ir desnudando el lenguaje. Es el resultado de un gran esfuerzo, y no concluido, porque nace cada vez: a mí me cuesta escribir ahora tanto como cuando tenía 15 ó 16 años y lloraba ante la hoja de papel en blanco porque no podía.
¿Función social?
La literatura tiene siempre una función, aunque no sepa que la tiene, y aunque no quiera tenerla. A mí me hacen gracia los escritores que dicen que la literatura no tiene ninguna función social. A partir del momento que alguien escribe y publica está realizando una función social, porque se publica para otros. Si no, es bastante simple: yo escribo en un sobre y lo mando a mi propia casa, pongo "Cartas de amor a mí mismo" y me emociono al recibirlas. Pero es un círculo masturbatorio (no quiero hablar mal de la masturbación, tiene sus ventajas, pero el amor es mejor porque se conoce gente, como decía el viejo chiste).
Es imposible imaginar una literatura que no cumpla una función social. A veces la cumple, y es jodido, en un sentido adormecedor, a veces es una literatura del fatalismo, de la resignación, que te invita a aceptar la realidad en lugar de cambiarla, pero a veces es una literatura reveladora, reveladora de las mil y una caras escondidas de una realidad que es siempre más deslumbrante de lo que uno suponía. Por otro lado me parece que lo de la literatura social es una redundancia porque toda literatura es social. Muchas veces una buena novela de amor es más reveladora y ayuda más a la gente a saber quién es, de dónde viene y a dónde puede llegar, que una mala novela de huelgas. No comparto el criterio de una literatura política que además, en general, es aburridísima.
                                                                 FIN


domingo, 29 de enero de 2012

LA BORREGO: Un exilio que habla de nosotros - Nota de Opinión -


Calle 13 con al Sinfónica Bolivariana dirigida por el maestro Dudamel: Latinoamérica

El exilio de La Borrego habla de nuestra sociedad. De los inquisidores vernáculos, de los aprietes de turno, de la caza de brujas. Poco hay para decir y mucho para pensar. Como lector del blog siento pena de nosotros; de que continuemos afirmando que somos democráticos y pluralistas.
En Coronel Dorrego jamás tendrían cabida el Cantar del Mio Cid, El Cantar de Roldán, Las Mil y una Noches, Calila y Dimna y cientos de obras cuyos autores prefirieron atribuirse el derecho de no trascender públicamente.
Para la "mass media" dorreguense el anonimato descalifica al interlocutor, a la par que desde el mismo blog del medio más importante se lo utiliza y manipula a placer según la cara del retratado. Si existe la doble moral colectiva bueno es el ejemplo. 
Muchos dorreguenses estamos cansados de los que con nombre apellido ostentan impunidad, mienten son descaro, hacen del embuste una profesión, se apoyan en su poder para el logro de objetivos personales y por sobre todo, saben positivamente que no son muchos los que desde los medios van a cuestionarles sus despóticas conductas.
En lo personal voy a extrañar el espacio. Lo dije en su momento: me hacía reír, enojar y pensar. Tres cosas que lamentablemente no logran los que dicen hacer la nuestra desde los pasquines oficialistas. La Borrego también era "de acá y la hacía gente de acá".. Claro está... No siempre describía cosas que los "de acá" estaban dispuestos a leer...
Henrik Ibsen afirmaba que ante la existencia de periodistas no veía la razón por la cual los científicos continuaban utilizando ratas para sus investigaciones de laboratorio. No quiero ser extremista ni me afilio a la idea del dramaturgo noruego, lo cierto es que espero con ansiedad alguna mención al respecto de lo sucedido, sin peros, con cojones, como debe ser.


Mateando con la Ciencia - Hoy ceba Hiparco

Mapa estelar

En el año 134 a J.C. Hiparco observó una estrella en la constelación del Escorpión de la que no podían hallarse antecedentes previos. Era una asunto grave porque se suponía que el cielo era eterno e inmutable. ¿Se trataba de una nueva estrella o acaso Hiparco la había pasado por alto anteriormente?
De modo que el astrónomo se decidió a elaborar un mapa estelar de tal manera que en lo sucesivo cualquier científico del cosmos que observara alguna novedad estelar podía corroborarla en dicho mapa. Para realizarlo asignó a cada estrella su posición de acuerdo a su latitud y longitud como había hecho Euxodio hacia el 350 a J.C. Hiparco incluyó más de un millar de estrellas y tanto por su cantidad como por el cuidado puesto en el trabajo su mapa superó todos los calculados hasta el momento. Más todavía, a Hiparco se le ocurrió transferir a los mapas terrestres el sistema de latitud y longitud y así se ha venido haciendo desde entonces.
El el curso de la elaboración del mapa el astrónomo pudo comprobar las localizaciones de las estrellas con las que les asignaron los científicos anteriores y descubrió un corrimiento uniforme de todas ellas de Oeste a este, según una proporción que las llevaría a dar una vuelta completa alrededor del cielo en 26.700 años. Como esto significaba que el equinoccio vernal se había adelantado ligeramente cada año con relación al anterior este movimiento recibió el nombre de precesión de los equinoccios.
Tal vez, hacia la misma época Hiparco dividió también las estrellas en clases, llamadas luego magnitudes. Las veinte más brillantes eran de primera magnitud, las que le seguían en brillo de segunda y así sucesivamente hasta la sexta magnitud que comprendía a las apenas visibles.

sábado, 28 de enero de 2012

HERBERT READ Sobre Arte, Poesía y Política



Herbert Read, poeta, critico de arte, ensayista, es una de las personalidades más interesantes de Inglaterra del siglo XX. Paralelamente al desarrollo de sus actividades artísticas, Read se ha hecho conocer como uno de los más lúcidos e inspirados exponentes del ideario libertario moderno. Su enfoque es personalismo y preferentemente abstracto, difícilmente podría tachárselo de partidista, si bien es susceptible al respecto por su severa formación clásica y clara apreciación de la situación mundial contemporánea. Su tesis, avalada por su propia experiencia como poeta, se resume en la necesidad ineludible de la libertad para la creación artística, no sólo como posibilidad de seguir las tendencias propias del intelecto, sino como condición para la vitalidad misma de la sociedad de la que el artista forma parte y, en consecuencia, para la fructificación de su obra. En ello se basa su reprobación por los regímenes totalitarios de izquierda y derecha y su critica al capitalismo en lo que tiene de estancamiento, deshumanización y frustración vital. Consecuente con los principios de orden, verdad y belleza, su coincidencia con el anarquismo moderno es el resultado inevitable de un proceso razonado y honesto, centrado en la realidad y apoyado en la historia -tanto la política como la del arte-, dirigido hacia el logro de una vida en armonía con las leyes naturales.
He aquí algunos párrafos que encierran la base de su pensamiento...

Un racionalismo realista crece por encima de todas estas enfermedades del espíritu (se refiere al nacionalismo, misticismo, megalomanía y fascismo) y establece un orden universal del pensamiento, orden necesario porque es el del mundo real; y porque es necesario y real no es una imposición del hombre, sino es propio de la naturaleza; y cada uno, encontrando este orden encuentra su libertad. El Anarquismo Moderno es una reafirmación de esta libertad natural, de esta conmoción directa con la verdad universal... El hecho de manifestarse a favor de una doctrina tan remota, en esta etapa de la historia, será considerado por algunos críticos como un signo de quiebra intelectual; otros lo tomarán como una especie de traición, como de una deserción del frente democrático en su momento de crisis más aguda; otros, en fin, como un simple desatino poético. Para mí significa no sólo volver a Proudhon, Tolstoy y Kropotkin, que fueron las predilecciones de mi juventud, sino la comprensión madura de la justicia esencial  de sus ideas, como asimismo, de la necesidad de concentrarme en cosas esenciales.

Hablo de doctrina, pero nada hay que rehuya tanto instintivamente como un sistema de ideas estático. Comprendo que la forma, la estructura y el orden son aspectos esenciales de la existencia; pero en sí mismo son atributos de muerte. Para crear vida, para promover el progreso, para suscitar interés y vivacidad, es necesario quebrar las formas, modificar estructuras, cambiar la naturaleza de nuestra civilización. Para crear hay que destruir; y un agente de destrucción en la sociedad es el poeta. Creo que el poeta es necesariamente un anarquista y que él debe rechazar todas las concepciones organizadas del Estado, no sólo aquellas que heredamos del pasado, sino también las que se imponen al pueblo en nombre del futuro. En este sentido no hago distinción entre fascismo y marxismo.

Yo sé quien soy, mis ideas se refieren a mi mismo. Están condicionadas por mi origen, el ambiente que me rodea y mi condición económica. Mi felicidad consiste en el hecho de que encontré la ecuación entre la realidad de mi ser y la dirección de mis pensamientos. Como, poeta, sólo me importan los hechos elementales. En un sentido más profundo mi actitud es una protesta contra el destino que hizo de mí un poeta en la era industrial. Pues es casi imposible ser un poeta en una era industrial.  Comprendo, sin embargo, que el industrialismo debe ser soportado y que el poeta debe tener intestinos que le permitan digerir los alimentos férreos. El éter nos dará la energía que los antiguos señores extraían de sus siervos: no habrá necesidad de esclavizar a ningún ser humano.

La civilización ha ido de mal en peor desde la época de Gauguin y hay actualmente muchos jóvenes artistas cuyo único deseo es el de huir hacia alguna tierra fértil, bajo un cielo estival, donde pudiera dedicarse por entero a su arte, libres de las distracciones de un mundo insensato. Pero no hay huida posible. Además de la dificultad práctica de hallar un refugio seguro en este mundo, la verdad es que el hombre moderno jamás puede huir de sí mismo. El lleva consigo su psicología retorcida tan inevitablemente como sus dolencias físicas. Pero la peor enfermedad es la que él forja de su propio aislamiento: fantasías dislocadas, símbolos personales, fetiches privados. Pues si bien es verdad que la fuente de todo arte es irracional y automática - no se puede crear una obra de arte por un esfuerzo del pensamiento -, es igualmente cierto que el artista sólo adquiere su significación como miembros de una sociedad. La obra de arte, mediante procesos que hasta ahora tan escapado a nuestra comprensión, es el producto de la relación existente entre el individuo y la sociedad y ningún gran arte es posible, a menos que exista correlativamente la libertad espontánea del individuo y la coherencia pasiva de la sociedad. Escapar de la sociedad - si ello fuera posible - seria escapar del único suelo lo bastante fértil para nutrir el arte. La huida de Gauguin y la huida de Mayakovsky, son pues métodos alternativos de suicidio. Sólo queda el camino que yo elegí: reducir las creencias a lo fundamental, rechazar todo lo que sea temporal, y luego permanecer donde uno se encuentra y sufrir si hay que sufrir.

El 14 de abril de 1930, Vladimir Mayakovsky, reconocido entonces como el poeta más grande de la Rusia moderna, cometió suicidio. No fue el único poeta ruso moderno que se quito la vida: Yesenin y Bagritsky, hicieron lo mismo, y no eran poetas insignificantes. Pero Mayakovsky fue en un sentido excepcional; fue la inspiración del movimiento revolucionario en la literatura rusa, un hombre de gran inteligencia y de estilo inimitable. Las circunstancias que determinaron su muerte son oscuras, pero él ha dejado un trozo de papel donde escribió este poema:

Como suele decirse 
“el incidente queda terminado”. 
La barca del amor
se destrozó contra las costumbres.
Pagué mis cuentas con la vida.
No hace falta enumerar
las ofensas mutuas,
los daños y las penas.
Adiós y buena suerte.

No hace falta enumerar. No hace falta detallar las circunstancias que llevaron a la muerte del poeta. Hubo evidentemente un asunto de amor, pero, para sorpresa nuestra, hubo también las costumbres, las convenciones sociales contra las cuales se destrozó esa barca de amor, Mayakovsky fue en un sentido muy especial el poeta de la Revolución; él celebró su triunfo y sus progresivas conquistas en versos que tenían toda la vitalidad y el apremio del acontecimiento. Pero debía perecer de su propia mano, como cualquier mísero introvertido subjetivista del capitalismo burgués. La Revolución no había creado evidentemente una atmósfera de confianza intelectual y de libertad moral.

Podemos comprender la muerte de García Lorca, fusilado por los fascistas en Granada en 1936, y extraer de ella coraje y resolución. En fin de cuentas, un odio no disimulado contra los poetas es preferible a la callosa indiferencia de nuestros propios gobernantes. En Inglaterra los poetas no son considerados como individuos peligrosos, sino simplemente como gente que pueda ser ignorada. Dadles un empleo en una oficina, y si no quieren trabajar dejadles que mueran de hambre…

En Inglaterra como en Rusia, en Alemania como en América ocurre la misma cosa. Visto de  otro modo, el poeta es sofocado. Tal es el destino de la poesía en todo el mundo. Es el destino de la poesía en nuestra civilización, y la muerte de Mayakovsky sólo prueba que en ese respecto la nueva civilización de Rusia es simplemente la misma civilización disfrazada. No son los poetas los únicos artistas que lo sufren; los músicos, los pintores y escultores están en la misma barca del amor que se estrella contra las costumbres del Estado totalitario. La guerra y la revolución no crearon nada para la cultura porque no crearon nada para la libertad. Pero es éste un modo demasiado vago y grandilocuente para expresar una sencilla verdad. Lo que quiero decir realmente es que para las civilizaciones doctrinarias que son impuestas en el mundo -capitalistas, fascistas, marxistas- excluyen por su propia estructura los valores en los cuales y por los cuales viven los poetas.

El capitalismo no combate en principio a la poesía; simplemente la trata con indiferencia, ignorancia y crueldad inconsciente. Pero en Rusia, Italia, Alemania, como en la España fascista, no hubo ignorancia ni indiferencia y la crueldad fue una deliberada persecución que llevo a la ejecución o al suicidio. Tanto como el fascismo como el marxismo tiene conciencia del poder que tiene el poeta, y porque el poeta es poderoso, quieren usarlo para sus propios fines políticos. La concepción del Estado totalitario implica la subordinación de todos sus elementos a un control central y entre esos electos, los valores estéticos de la poesía y de las artes en general no son los menos importantes.

Esta actitud hacia al arte se remonta a Hegel, fuente en común del marxismo y del fascismo. En su afán de establecer la hegemonía del espíritu o de la Idea, Hegel encontró necesario relegar al arte, como producto de la sensación, a una etapa histórica superada de la evolución humana. El arte es considerado como una forma primitiva del pensamiento o como una representación que ha sido gradualmente superada por el intelecto o la razón; y, por consiguiente, en nuestra actual etapa de desarrollo debemos poner a un lado al arte, como aun juguete desechado.

En la Rusia soviética, toda obra de arte que no sea simple, convencional y conformista, es denunciada como “individualismo pequeño burgués”. El artista debe tener una finalidad, y solamente una: suministrar al público lo que el público quiere. Las frases varían en Italia y en Alemania, pero el efecto es el mismo. El publico es la masa indiferenciada del Estado colectivista y lo que ese publico quiere - es lo que ha querido a través de historia - son melodías sentimentales, copias de ciego, mujeres hermosas sobre las tapas de las cajas de chocolate: Todo lo que los alemanes llaman con la vigorosa palabra Kitsch. Es claramente concebible un arte tan realista y lírico, digamos, como Shakespeare, pero libre de esas oscuridades e idiosincrasias personales que echan a perder la perfección clásica de sus dramas; o un arte tan clásicamente perfecto como el de Racine, pero más intimo y más humano; el fondo de Balzac unido a la técnica de Flaubert. No podemos afirmar que la tradición individualista que ha producido a esos grandes artistas, haya alcanzado las más altas cúspides del genio humano. ¿Pero hay acaso en la historia de cualquiera de las artes alguna prueba qué obras de esa calidad extraordinaria pudieran ser producidas de acuerdo con un programa? ¿Hay alguna prueba qué la forma y la finalidad de una obra de arte pueden ser predeterminadas? ¿Hay alguna evidencia qué el arte en sus más altas manifestaciones puede apelar, más que a una minoría relativamente pequeña? Incluso si admitimos que el nivel general de la educación podrá ser elevado hasta el punto de que no haya excusa para la ignorancia, ¿no será compelido el genio del artista, por este mismo hecho, a buscar aún más altos niveles de expresión?

La causa del arte es pues la causa de la revolución. Todas las razones, de índole histórica, económica y psicológica, llevan a la conclusión de que el arte sólo puede prosperar en una sociedad de tipo comunitario, donde todos los modos de vivir, todos los sentidos y facultades funcionan libre y armónicamente, dentro de una conciencia de lo orgánico. Hemos sufrido las formas más duras de explotación capitalista. Y hemos pagado por ello, no sólo en miseria y horror físico, en terribles desiertos de carbón y humo, en ciudades de viviendas malsanas y ríos de fango, sino que también hemos pagado esa explotación capitalista con la muerte del espíritu. No tenemos gusto porque no tenemos libertad. Y no tenemos libertad porque no tenemos fe en nuestra común humanidad.

Cuando un artista, un poeta o un filósofo - el tipo de persona a la cual calificamos generalmente como intelectuales- se aventura a participar en controversias políticas, lo hace siempre a costa de cierto riesgo. No es que tales cuestiones se hallen fuera de su orbita; por el contrario, ellas implican en ultima instancia, los mismos problemas de arte o de ética que son objeto de su particular incumbencia. Pero la aplicación inmediata de principios generales es raramente factible en materia política, la cual se rige por reglas de conveniencia y oportunismo, es decir por modalidades de conducta que el intelectual no puede decentemente aceptar. Sin embargo, en la medida en que su equidistancia intelectual, que equivale simplemente al método científico, lo conduce a conclusiones definidas, el intelectual debe declarar su posición política.

Pero ocurre que el poeta se halla en ese sentido en una situación más difícil que la mayoría de sus congéneres. El poeta es un ser de intuiciones y simpatías y por su naturaleza de tal tiende a rehuir actitudes definidas y doctrinarias. Ligado al cambiante proceso de la realidad, no puede adherir a las normas estáticas de una política determinadas. Sus dos deberes fundamentales son reflejar al mundo tal cual es él, imaginarlo tal como podría ser. En el sentido de Shelley, el poeta es un legislador, pero la Cámara de los Poetas tiene menos poder aún que la Cámara de los Lores. Privado de franquicias a causa de su falta de radicación en alguna entidad constituida, vagando sin fe en la tierra de nadie de su propia imaginación, el poeta no puede, sin renunciar a su función esencial, instruirse en los fríos conventículos de un partido político. No es su orgullo lo que le mantiene fuera, sino más bien su humanidad, su devoción a la compleja totalidad de lo humano; es, en el sentido preciso del término, su magnanimidad.

La realidad es un conjunto múltiple; algo así como un, magneto de cuatro barras (materia, sensación, intuición e intelecto) con iguales líneas de fuerza que corren a través de sus barras paralelas.

El arte es una disciplina -“una disciplina simbólica”- como lo expresó tan bien Wyndham Lewis. Ahora bien; una disciplina es siempre practicada con el propósito de dirigir una fuerza en un sentido determinado. La disciplina del arte dirige nuestra sensibilidad, nuestra energía creadora hacia estructuras formales, formas simbólicas, mitos dramáticos o fábulas alegóricas, hacia la formación de obras (literalmente construcciones) de arte. Pero esa disciplina, y las órdenes que ella imparte, no existen por sí mismas. No constituyen un fin, sino un medio. No existe una forma general o universal susceptible de ser impuesta a una multitud de fenómenos. Hay más bien un sentido individual de ritmo o armonía. Hay metros, pero no un metro; formas, pero no una forma. El artista sólo logra la belleza a través de la variación. La disciplina del arte no es, pues, estática; continuamente cambiante, es esencialmente revolucionaria.

Lo que más me repelió probablemente en nuestros socialistas del periodo que medió entre las dos guerras, fue su incapacidad de apreciar la significación del punto de vista del artista.

Trotsky nos previene en alguna parte sobre la necesidad, la difícil necesidad, de distinguir entre el verdadero y el falso revolucionario. Semejante discriminación es precisamente tan necesaria en arte moderno como en política moderna.

La relación entre la realidad y el espíritu, entre el individuo y la comunidad, no es una relación de precedencia; es más bien de acción y reacción, de avanzar contra la corriente. La corriente de la realidad es poderosa y perpetua al espíritu; pero el espíritu aferra esa fuerza contraria y, por efecto mismo de la oposición, se eleva más alto y avanza más lejos.

Yo definiría como realista a una persona que ha aprendido a desconfiar de toda palabra a la cual no puede asignar una significación perfectamente definida. Una persona que desconfía particularmente de esas frases ideológicas, palabras-trampas, los slogans y símbolos, bajo cuya cobertura se desenvuelven generalmente las actividades políticas. Tenemos un recuerdo muy amargo de frases tales como “la guerra para poner fin a la guerra” y “hacer el mundo seguro para la democracia”. Como realista, considero con profunda suspicacia palabras tales como “democracia”, “raza”, “nación”, “partido”, “unidad”, “decencia”, “moralidad”, “tradición”, “deber”, etc. prefiero palabras como “razón”, “inteligencia”, “orden”, “justicia”, “acción” y ”objetivo”; son igualmente abstractas, pero representan hábitos más ordenados del espíritu. La palabra “liberalismo” habría de ser naturalmente sospechosa; pero tiene asociaciones con la palabra “libertad”, y en nombre de la libertad se han conquistado las principales cosas que yo aprecio, en la vida y en la literatura. ¿Qué ocurre, pues, con la palabra libertad?
Admito que ella representa una idea a la cual me siento apasionadamente adherido. Pero es también una palabra que he llegado a contemplar con ojos desencantados. Comprendo que ella representa cosas distintas para diversas personas y que muchas de las interpretaciones de las que es objeto carecen de valor. Yo sé, en suma, que las implicaciones idealistas de la palabra están completamente  desprovistas de realidad. La libertad se halla siempre en relación con el dominio que el hombre ejerce sobre las fuerzas naturales y sobre el grado de ayuda mutua que él encuentra necesario practicar para ejercer ese dominio. Por eso es que, frente a los problemas materiales de la existencia, el ideal de la anarquía se convierte en la organización práctica de la sociedad, conocida como anarcosindicalismo. El gobierno - es decir el control del individuo en interés de la comunidad - es inevitable cuando dos o más personas se unen para un propósito común; gobierno en la concreción de ese propósito. Pero este sentido de gobierno está muy lejos de la concepción de un Estado autónomo. Cuando el Estado se divorcia de sus funciones inmediatas y se convierte en una identidad que pretende controlar la vida y el destino de sus súbditos, la libertad deja entonces de existir.

No defiendo la libertad intelectual – la libertad de seguir rumbos individuales de pensamiento y de hacerlos conocer públicamente, para el interés o el recreo de los demás hombres - por un espíritu de vago idealismo. La ideología política de la libertad es el liberalismo o laissez-faire, que es la doctrina más adecuada a un capitalismo predatorio. Pero la doctrina pura de la libertad o libertarianismo, será una doctrina viviente en tanto sobreviva nuestra civilización; pues la vida de la civilización depende de nuestra libertad. Y depende de ella en la forma más práctica y demostrable.

Naturalmente, la abolición de la pobreza y el consiguiente establecimiento de una sociedad sin clases no habrá de ser lograda sin lucha. Cierta gente debe ser desposeída de su poder autocrático y de sus ganancias ilegitimas. Pero ahora que el sentido real del capitalismo ha llegado a ser tan evidentemente en la paradoja mundial de la “pobreza en medio de la abundancia”, el verdadero mal ha quedado revelado; y contra ese mal - el monopolio del dinero -  se unirá, no ya una clase, sino, todo el resto de la comunidad.
El problema, en sus líneas generales, es bastante simple. Por un lado, un conjunto de seres humanos que necesitan cierta cantidad de bienes para su subsistencia y felicidad; por otro lado, tenemos a los mismos seres humanos, equipados con herramientas, maquinas y fabricas, explotando los recursos naturales de la tierra. Existen todas las razones para creer que con el moderno poderío económico y los modernos métodos de producción hay o puede hacer bienes suficientes para satisfacer todas las demandas razonables. Sólo es necesario organizar un sistema eficiente de distribución y de cambio. ¿Por qué no se organiza?
El trabajo estaría subordinado en general a la finalidad del goce de la vida, y seria considerado como intervalo necesario en los ocios del día. Pero incluso esta propia distinción entre trabajo y ocio ha nacido de nuestra vieja mentalidad de esclavos; el goce de la vida es la actividad de la vida, el cumplimiento indiferenciado de funciones intelectuales y manuales: cosas realizadas o a realizar, es respuesta a un deseo o impulso natural.

Se objetara que estos son accidentes relativamente poco importantes frente a las realizaciones de la Unión Soviética en el terreno industrial, militar, educativo. Pero tal objeción entraña una visión miope de los elementos que intervienen en la formación de la civilización y la cultura. Cuando Stalin y sus creaciones hayan sido pisoteadas en el polvo por nuevas generaciones humanas, la poesía de Pasternak y la música de Shostakovich serán tan vivientes como cuando surgieron del espíritu de sus creadores.

El principio esencial del anarquismo es que la humanidad ha alcanzado una etapa de su desarrollo en que es posible abolir la antigua relación de amo-criado (capitalista-proletario) y sustituirla por una relación de cooperación igualitaria. Este principio se basa, no sólo en fundamentos éticos, sino también en fundamentos económicos. No es solamente cuestión de sentimiento de justicia, sino de un sistema de producción económica. El anarquismo ética de Bakunin ha sido completado por el anarquismo económico de los sindicalistas franceses.

Hoy, naturalmente, en una sociedad de ricos y pobres, nada es más necesario que la burocracia. Si se requiere proteger una injusta distribución de la propiedad, un sistema de gabelas, de especulaciones, de monopolio del dinero; si tenemos que impedir que otras naciones reclamen nuestras mal habidas posesiones territoriales, o que protesten contra nuestros mercados cerrados y nuestras rutas mercantiles; si como consecuencia de esas desigualdades económicas estamos empeñados en mantener rangos y privilegios, pompas y ceremonias; si hemos de sostener todas esas cosas o algunas de ellas, tendremos necesidad de una burocracia. Cada país tiene la burocracia que merece. Nuestra británica burocracia es educada en la escuela publica y en la universidad, es eficiente, carente de imaginación y sentimientos, torpe y honesta. En otros países la burocracia no tiene condiciones tan caballerescas: es perezosa, miserable, corrompida. De cualquier modo, capaz o inepta, honesta o corrompida, la burocracia nada tiene de común con el pueblo; es un cuerpo parasitario que ha de ser mantenido por medio de gabelas y extorsión. Una vez establecida (como ha sido establecida durante medio siglo en Inglaterra y como se ha establecido en Rusia) hará todo lo que esté a su alcance para consolidar sus posiciones y mantener su poder. Incluso si abolimos todas las demás clases y distinciones sociales, pero dejamos subsistir la burocracia, estaremos lejos aún de la sociedad sin clases, pues la burocracia es de por sí el núcleo de una clase, cuyos intereses son totalmente opuestos a los del pueblo, al que pretende servir.

Cuándo, intentamos crear la verdad, sólo podremos imponer a nuestros semejantes un sistema arbitrario e idealista que no tiene relación con la realidad; y cuando procuramos descubrir la belleza, la buscamos allí donde no puede ser hallada: en la razón, la lógica, la experiencia. La verdad está en la realidad, en el mundo visible y tangible de la sensación; paro la belleza está en la irrealidad, en el mundo sutil e inconsciente de la imaginación. Al confundir el mundo de la realidad con el mundo de la imaginación, engendramos no sólo la soberbia nacional y el fanatismo religioso, sino también las falsas filosofías y el arte inanimado de las academias. Debemos someter nuestra menté a la verdad universal, pero nuestra imaginación es libre para soñar. Es libre como el sueño; es el sueño mismo.

Debemos equilibrar el anarquismo con surrealismo, razón con romanticismo, entendimiento con imaginación, función con libertad. La felicidad, la paz, la alegría, constituyen un todo gracias a la perfección de ese equilibrio. Podemos referirnos a ello en términos dialécticos - términos de contradicción, de negación, de síntesis -; el sentido será siempre el mismo. La desgracia del mundo es producida por los hombres que se inclinan tanto en una sola dirección, que rompen ese equilibrio, destruyen la síntesis.
La sutilidad y la delicadeza de ese equilibrio esta en su propia esencia. La felicidad sólo es concedida a quienes se esfuerzan por conquistarla y que, habiéndola alcanzado, la mantienen en suave equilibrio.

Hace falta más coraje para mantener la civilización que para destruirla. La vida de la razón es de por sí una salvaguardia eficaz contra la decadencia.

La ética es la ciencia de la buena conducta. Como tal implica una teoría, o al menos, un sentido de los valores. Pero no veo como puede ser impuesto ese sentido desde arriba o desde fuera. El sentido de lo justo y lo injusto es un sentido subjetivo: si yo no siento lo que es justo y lo que es injusto, no puedo actuar justa o injustamente, sino bajo coerción. Conocer  un código de lo justo y de lo injusto, es conocer la concepción que un tercero nos acerca esos valores. La verdad, la justicia, la bondad, la belleza, son los valores universales del filósofo, y más de una vez he insistido sobre la realidad de la experiencia de las mismas.

Desde cualquier ángulo que la encarecemos, la vida es así una aventura individual. Integramos el mundo y somos su instrumento más sensitivo. Estamos sometidos directamente a millares de sensaciones: unas placenteras, otras penosas. Nuestra naturaleza nos lleva a buscar lo placentero, y aunque pronto descubrimos que el camino de la menor resistencia no es necesariamente o finalmente el camino hacia el mayor placer, tratamos de ordenar nuestra vida de tal modo que contenga la máxima intensidad de placer. Llegamos a ser buenos conocedores de una variedad de placeres, expertos en la integración de las sensaciones y desarrollamos gradualmente una jerarquía de los valores, que constituye nuestra cultura. Si esa jerarquía está bien construida, nuestra cultura sobrevive; si es demasiado mezquina o demasiado perjudicial para nuestra salud, la cultura perece.

Las catástrofes naturales - hambre, epidemias, inundaciones, tempestades - inspiraban terror, antes que los hombres pudieron explicarlas racionalmente. La lucha por el alimento inspiraba rivalidades y odios. El hombre que había logrado triunfar contra sus rivales era el jefe y no sólo sacaba partido de su propia fuerza, sino también del terror a la muerte que estaba latente entre sus semejantes. La ambición de poder y el temor a la muerte son los pecados originales. Ellos solos bastan para explicar la represión de los instintos naturales y la creación de esas fantasías tétricas de las cuales procede toda la melancolía del mundo.

viernes, 27 de enero de 2012

CUENTO CON SU AYUDA (Poesía) Autor: Gustavo M. Sala

Cuento con su ayuda,
pero por favor, pido no se inquiete.
Necesito de su parte
cierta cuota de contención,
alguna dosis de silencio
y sus más secretas fidelidades.
La empresa es simple,
no le llevará tiempo
ni esfuerzos inhumanos.
Hasta puede llegar a confundirse
y considerarla un juego
en donde yo, su ficha,
se manifieste conforme
vuestro instinto y albedrío.
Se trata que compartamos
la porción de nuestro tiempo
que sospechemos disponible.
Algo que es motivo de rimas
discusiones y congresos
desde los inicios de la historia.
Algo que no tiene respuesta
y sí, cientos de preguntas
equivocadas e irreverentes.
De todas formas le aclaro,
me llama mucho la atención
que algo tan simple y placentero
sea motivo de juristas,
cláusulas y convenios,
tan caros a los valores
de legistas y tal lejos
del deseo y la pasión.
Sin más, le reitero,
mi propuesta sigue el pie.
La amo,
y eso reviste para quién suscribe
una impronta irreductible
un tanto dictatorial,
si lo desea desprolija.
Disculpe mi formalismo
y esta marcada ausencia de talento,
seguro de mi próximo infortunio
no le veo caso
dejar en su memoria
rima alguna digna de ser evocada.

Mención Especial – Concurso Universo Soriano 2007-
Universidad Nacional del Centro – Tandil

jueves, 26 de enero de 2012

LA BUENA GENTE Y LA MALA GENTE


Suena a verdad de “Perogrullo” afirmar que en todas las comunidades existen buenas y malas personas. Nada le estamos agregando a la ciencia, ni al conocimiento sociológico, ni al sentido inteligente con tal sentencia. Lo que me parece oportuno es hacer notar que la diferencia substancial entre las comunidades radica en lo determinante de esas conductas y el rol  de importancia que ocupa cada uno de esos segmentos a escala social. Es decir, si las pautas de comportamiento general tienen un correlato especulador, perverso, egoísta, poco apegado al marco legal, alejado de los principios solidarios, escasamente propensos al respeto por la diversidad y ciertamente impunes, será debido a que dicha comunidad se encuentra bajo el dominio institucional, político y social de las malas personas. Esto no significa que la población desquiciada sea mayoría, lo que determina la conducta social de esa comunidad es en definitiva quién se encuentra al frente de las decisiones coyunturales, vale decir, quién de modo concreto y por poder logra imponer la verdad como realidad absoluta, ecuación que tranquilamente puede plantearse, y ocurre muy a menudo, dentro del marco de la misma democracia.

En pequeñas localidades como las nuestras rompe a los ojos tales comportamientos. La pregunta que nos debemos hacer es cómo podemos ascender nuestras defensas para detectar que dichas hegemonías no pueden ni deben acceder a cuestiones esenciales de la vida diaria.

Cuando las Instituciones intermedias son cooptadas por grupos específicos y con fines determinados que se afirman en aviesas intenciones individuales con falsos formatos cooperativistas o solidarios, y que luego se transforman por presión política local en organizaciones no gubernamentales debidamente subsidiadas, cuando se decide la proyección de obras de infraestructura inconsultas y de escasa prioridad, falseando su modo de financiación para luego hacer descansar su costo en el pueblo por medio de deudas impensadas, cuando se invierte la carga de la prueba responsabilizando al ciudadano, colocándolo en contra de su vecino debido a la precaria prestación de un insumo básico como el agua, cosa marcadamente fogoneada por una “mass media” perversa y opinante, cuando el respeto por la ley matiza tonalidades según nombre, apellido y abolengo, cuando la ayuda social está enmascarada según escala de privilegios y obediencias políticas, cuando la discriminación ideológica y personal hacen al boceto general y fresco cotidiano, cuando la ilegalidad hace que la comunidad pierda el concepto social de Estado transformándolo en un ordenamiento tribal de correlato feudal cuyo eje dominante lo constituye un “patrón” que nos ofrece un paraguas protector que cobija nuestros intereses, cuando desde el poder político se contrata irresponsablemente y con marcada desidia a sospechosos clanes para atender a la formación de nuestros pibes, cuando medios contestatarios y ciertamente discutidores del ordenamiento dominante son amenazados y obligados a replegarse, constituyen ejemplos claros que nos encontramos habitando una comunidad en donde los abyectos, sean mayoría o no, dominan la escena de la aldea global.

No obstante se puede desde el colectivismo social, desde la militancia solidaria y política trocar dicho ordenamiento. La empresa no es sencilla debido a que en comunidades pequeñas el entrecruzamiento de relaciones juega un rol determinante. Siempre vamos a afectar a un allegado cuando de luchar contra la hijodeputez se trate, pero no es menos cierto que debemos ser inflexibles cuando observamos los comportamientos enumerados debido a que nuestro antagonista no nos va a obsequiar con gracilidad derechos que le implicarían pérdidas de poder y como consecuencia de privilegios.

Así las cosas. Tal vez los buenos deberían dejar de serlo por un rato y enfrentar a los infames con sus propias armas, con su misma ética, con su misma ignominia, con el mismo desprecio que tienen por el vivir ajeno. Coraje e inteligencia, comunión y firmeza, organización y sabiduría. De los buenos depende, los malos nada van a regalar. El dilema crucial es darse cuenta quién se encuentra de cada lado, y percibir esas hilachas cotidianas que le dan significado y significante a cada actitud individual en función del colectivo social.


Quién bien atiende bien aprende, si además de oír entiende...

DÓNDE ESTÁN LOS EX INDIGNADOS ESPAÑOLES

ANTE LOS AJUSTES DE RAJOY, ANTE EL IGNOMINIOSO JUICIO A BALTASAR GARZÓN


PARA QUIÉN JUGÓ ESTE 
DESARTICULADO COLECTIVO SOCIAL ????

DICEN QUE EN EUROPA SE LES CAGAN DE RISA 
(Jorge del Barrio de Constitución)

miércoles, 25 de enero de 2012

AGUANTE ANDRÉ - Quién dijo que la opera no es popular

EL OFICIO DE VIVIR I (Fragmentos) - Autor Cesare Pavese


1935

28 de octubre

La poesía comienza cuando un necio dice del mar: "Parece aceite". No se trata, en absoluto, de una más exacta descripción de la bonanza, sino del placer de haber descubierto la semejanza, del cosquilleo de una misteriosa relación, de la necesidad de gritar a los cuatro vientos que se ha notado. Pero resulta igualmente necio detenerse aquí. Iniciada así la poesía, es preciso acabarla y componer un rico relato de relaciones que equivalga hábilmente a un juicio de valor. Esta sería la poesía típica, la idea. Pero normalmente las obras están hechas de sentimiento -la exacta descripción de la bonanza- que a ratos espumea en descubrimientos de relaciones. Puede ocurrir que la poesía típica sea irreal y al igual que vivimos también de microbios lo que se ha hecho hasta ahora conste de meros trozos miméticos (sentimiento), de pensamientos (lógica) y de relaciones a la buena de Dios (poesía). Una combinación más absoluta quizá sería irrespirable y necia.

1 de noviembre

Es interesante la idea de que el sentimiento en arte sea el puro trozo mimético, la exacta descripción de la bonanza. Esto es, una descripción hecha con términos propios, sin descubrimientos de relaciones imaginativas y sin intrusiones lógicas. Pero, si es concebible una descripción que no cuente imágenes (que quizá la misma naturaleza del lenguaje niega), ¿puede existir una descripción al margen del pensamiento lógico? ¿No es ya expresión de juicio observar que el árbol es verde? O, si parece ridículo encontrar un pensamiento en semejante trivialidad, ¿dónde acaba la trivialidad y comienza el verdadero juicio lógico? Remito a mejor filósofo el segundo párrafo. Sin embargo, me parece exacto que el sentimiento consiste en describir con propiedad. Utilizar las emociones para descubrir en ellas relaciones es, en efecto, elaborar ya racionalmente estas experiencias. ¿Y cómo es que la naturaleza del lenguaje niega la posibilidad de usar imágenes? El que verde se derive de “vis”, y aluda a la fuerza de la vegetación, es una relación hermosa e indiscutible; pero también es indiscutible la sencillez actual de esta palabra y su remitirse de inmediato a una idea única. El que arribar significase antaño abordar, y al principio fuera hacer una imagen náutica decir que el invierno arribaba, no priva de absoluta objetividad a la misma observación hecha líneas antes. Mi paréntesis era, pues, estúpido. Y no le demos más vueltas.

10 de noviembre

¿Por qué pido siempre a mis poesías un contenido exhaustivo, moral, juzgador? ¿Yo, a quien no le convence que el hombre juzgue al hombre? Mi pretensión no es sino un vulgar deseo de echar mi cuarto a espadas. Lo cual dista mucho de la administración de la justicia. ¿Hago yo justicia en mi vida? ¿Me importa algo la justicia en las humanas cosas? y entonces, ¿por qué la pretendo pronunciada en las poéticas? Si hay algún símbolo en mis poesías, es el símbolo del que ha escapado de casa y regresa con alegría al pueblecito, tras haberlas pasado de todos los colores y siempre pintorescas, con poquísimas ganas de trabajar, disfrutando mucho con cosas sencillísimas, siempre generoso y bonachón y franco en sus juicios, incapaz de sufrir a fondo, contento de seguir a la naturaleza y gozar a una mujer, pero también contento de sentirse solo y sin compromisos, dispuesto a recomenzar cada mañana: los Mares del Sur en suma.

7 de diciembre

Ha de profundizarse la afirmación de que el secreto de mucho gran arte estriba en los impedimentos que, en forma de reglas, impone el gusto contemporáneo. Las reglas del arte, proponiendo un ideal definido que hay que alcanzar, dan al artista una meta que impide el laboreo en el vacío del ingenio. Pero es preciso agregar que jamás el valor de las obras está para nosotros en las reglas observadas, sino -en vista de la heterogeneidad de los fines- en estructuras crecidas, bajo la mano del artista durante su búsqueda de lo que la regla -el gusto- exige. El ingenio recalentado por un juego racional, como es el intento de alcanzar ciertos resultados tenidos por valiosos, supera el abstracto valor de convención de esos "gustos" y crea arrebatadamente nuevas arquitecturas. Sin saberlo; y esto es lógico, si se piensa que el secreto de una estructura artística se le escapa a su creador hasta que, esclareciéndosela, él mismo le quite interés. Así resuelvo la necesidad de "inteligencia" en arte: existe aplicación consciente de ésta, pero sólo a aquellas metas contemporáneas que, válidas para el artista y para su tiempo, se funden después en la erupción de poesía nacida del recalentamiento del ingenio. El artista trabaja con su cerebro para llegar a metas que perderán valor ante la posteridad; pero, al obrar así, su "cerebro" crea precríticamente nuevas realidades intelectuales: Ejemplo: la manía de la noción o expresión imaginativa, ingeniosa o aguda, entre los isabelinos y el resultado shakesperiano de la imagen-relato. La afición al ejemplo concreto del mundo científico clásico y la resultante visión cósmica de Lucrecio.

15 de diciembre

En cuanto a mí, la composición de una poesía se produce de un modo que -de no mostrármelo la experiencia- jamás hubiera creído. Moviéndome en torno a una informe situación sugerente, gimoteo para mí mismo una idea, encarnada en un ritmo abierto, siempre el mismo. Las diversas palabras y los diversos nexos colorean la nueva concentración musical, identificándola y lo más importante está hecho. Sólo queda entonces volver sobre esos dos, tres, cuatro versos, casi siempre ya en estos estadios definitivos e iniciales, y atormentarlos, interrogarlos, adaptar sus variados desarrollos, hasta que doy con el justo. La poesía ha de extraerse toda del núcleo que he dicho y cada verso que se añade lo determina cada vez mejor y excluye un número cada vez mayor de errores fantásticos. Hasta que las posibilidades intrínsecas del punto de partida están todas identificadas y desarrolladas en la medida de mis fuerzas; poco a poco se han ido formando bajo la pluma nuevos núcleos rítmicos, identificables en las diversas "imágenes" singulares del relato; y llego, desganadamente porque el interés se está ya acabando, al último verso conclusivo, casi siempre amplio y reposado y ligado con el comienzo y recapitulación alusiva de los diversos núcleos. ¿Será esto la cristalización de Stendhal? Tengo ante mí un conjunto rítmico -lleno de colores, de pasajes, de impulsos y de distensiones- donde los distintos momentos de descubrimiento, de avance -los núcleos, en suma- se intercambian, se iluminan, perennemente activados por la sangre rítmica que corre por doquier. Me encojo de hombros de pensar en otra cosa, pero sonrío estimulado por el secreto.


1936


10 de abril

Cuando un hombre está en mi situación sólo le queda hacer examen de conciencia. No tengo motivos para rechazar mi idea fija de que cuanto le ocurre a un hombre está condicionado por todo su pasado; en suma, es merecido. Evidentemente, buenas las he hecho para encontrarme en este punto.
Ante todo, ligereza moral. ¿Me he planteado nunca en serio el problema de lo que debo hacer en conciencia? He seguido siempre impulsos sentimentales, hedonistas. No caben dudas sobre esto. Hasta mi misoginia (1930-1934) era un principio superfluo: no quería incordios y me complacía esa pose. Luego se ha visto hasta qué punto esa pose era invertebrada y también en la cuestión del trabajo, ¿he sido alguna vez más que un hedonista? Me complacía en el trabajo febril dar saltos, bajo la inspiración de la ambición, pero tenía miedo, miedo de ligarme. Nunca he trabajado de veras y en realidad no sé ningún oficio, y se ve con claridad también otra lacra. Jamás he sido un simple inconsciente, que goza con sus satisfacciones y se le da un ardite de lo demás. Soy demasiado cobarde para eso. Me he acunado siempre con la ilusión de sentir la vida moral, pasando instantes deliciosos -es la palabra exacta- al plantearme casos de conciencia, sin la decisión de resolverlos en la acción. Y eso si no quiero desenterrar la complacencia que antaño experimentaba en el envilecimiento moral con finalidad estética, esperándome de eso una carrera de genio. Y esa época no la he superado aún. A las pruebas. Ahora que he alcanzado la plena abyección moral, ¿en qué pienso? Pienso en lo hermoso qué sería si esa abyección fuese también material, si tuviera por ejemplo los zapatos rotos. Sólo así se explica mi actual vida de suicida. Y sé que estoy condenado para siempre a pensar en el suicidio ante cualquier molestia o dolor. Esto es lo que me aterra: mi principio es el suicidio, nunca consumado, que no consumaré nunca, pero que acaricia mi sensibilidad. Lo terrible es que todo cuanto me resta ahora no basta para enderezarme, porque en idéntica situación -aparte las traiciones- me encontré en el pasado y tampoco entonces encontré ninguna salvación moral. Ni siquiera me endureceré esta vez, está
claro. Y sin embargo -puede que la infatuación me engañe, pero no lo creo-, había encontrado el camino de salvación. Y con toda la debilidad que en mí había, esa persona sabía sujetarme a una disciplina, a un sacrificio, con el simple don de sí misma. Y no creo que eso fuese una bobada, porque el don de ella me elevaba a la intuición de nuevos deberes, les daba cuerpo ante mí. Porque abandonado a mí mismo, ya he hecho la experiencia, estoy seguro de no tener éxito. Hecho una carne y un destino con ella, habría triunfado, estoy igualmente seguro. A causa también de mi propia cobardía: habría sido un imperativo a mi lado. Y en cambio, ¡qué ha hecho! Quizá ella no sepa, o si no sabe no le importa. Y es justo porque ella es ella y tiene su pasado que le traza su futuro. Pero ha hecho esto. Yo he tenido una aventura, durante la cual se me ha juzgado y se me ha declarado indigno de continuar. Ante este golpe de gracia no es ya absolutamente nada el lamento del amante, que sin embargo es tan atroz, o el derrumbe de la posición, que también es grave.
Se confunde, el sentido de este golpe de gracia con el martillazo que en 1934 había cesado de golpearme: ¡fuera la estética, fuera las poses, fuera el genio, fuera todas las mentiras!, ¿he hecho algo en la vida que no sea el gilipollas?
Gilipollas en el sentido más trivial e irremediable de hombre que no sabe vivir, que no ha crecido moralmente, que es vano, que se sostiene con el puntal del suicidio, pero no lo comete.

24 de abril

Es preciso haber sentido la manía de la autodestrucción. No hablo del suicidio: gente como nosotros, enamorada de la vida, de lo imprevisto, del placer de "contarla", sólo puede llegar al suicidio por imprudencia. Y además, el suicidio aparece ya como uno de esos heroísmos míticos, de esas fabulosas afirmaciones de una dignidad del hombre ante el destino, que interesan estatuariamente, pero que nos dejan abandonados a nosotros mismos.
El autodestructor es un tipo más desesperado y utilitario al tiempo. El autodestructor se esfuerza por descubrir en su interior cualquier lacra, cualquier cobardía, y por favorecer estas disposiciones a la anulación, buscándolas, embriagándose con ellas, disfrutándolas. El autodestructor está en definitiva más seguro de sí que cualquier vencedor del pasado, sabe que el hilo del apego al mañana, a lo posible, al prodigioso futuro, es un cable más fuerte -tratándose del último empujón- que no sé cuál fe o integridad. El autodestructor es sobre todo un comediante y un dueño de sí. No desperdicia ninguna oportunidad de sentirse y de probarse. Es un optimista. Lo espera todo de la vida, y se va afinando para producir bajo las manos del caso futuro los sonidos más agudos o significativos. El autodestructor no puede soportar la soledad. Pero vive en un continuo peligro: que lo sorprenda una manía de construcción, de ordenación, un imperativo moral. Entonces sufre sin remisión, y podría incluso matarse. Es preciso observar bien esto: en nuestros tiempos el suicidio es un modo de desaparecer, se comete tímidamente, silenciosamente, chatamente. No es ya un hacer, es un padecer. ¿Quién sabe si volverá aún al mundo el suicidio optimista? Expresar en forma de arte, con finalidad catártica, una tragedia interior, sólo puede hacerlo el artista que a través de la tragedia vivida estaba ya tendiendo sutilmente sus hilos constructivos, desarrollaba una incubación creadora, en suma. No existe la tempestad sufrida locamente y después liberación a través de la obra, so pena de suicidio. Tan cierto es esto que los artistas que se han matado de veras por sus trágicos casos, suelen ser ligeros cantores, aficionados a sensaciones, que nada insinuaron jamás en sus cancioneros del profundo cáncer que los roía. De lo cual se aprende que el único modo de huir del abismo es mirarlo y medirlo y sondearlo y bajar a él. Es de una desolación tonificante -como una mañana invernal- el padecer una injusticia. Eso hace retoñar, según nuestros más celosos deseos, la fascinación de la vida; devuelve el sentido de nuestro valor frente a las cosas; adula. Mientras que sufrir por puro azar, por una desgracia, es envilecedor. Lo he probado, y quisiera que la injusticia que la ingratitud hubieran sido mayores. Esto llama vivir y, a los veintiocho años, no ser precoces. Para la humildad. Es tan raro, sin embargo, sufrir una hermosa y total injusticia. Son tan tortuosos nuestros actos. En general, siempre encontramos que un poco de culpa la tenemos también nosotros, y adiós mañana invernal.

martes, 24 de enero de 2012

Mateando con la Ciencia - Hoy ceba Giambattista Della Porta


Sociedades Científicas

A lo largo de la historia los científicos han acostumbrado trabajar solos debido a las dificultades en las comunicaciones. A veces se daban cita en algún centro intelectual en concreto como lo fueron Atenas, Alejandría y Bagdad, pero aún así la reunión era fortuita.
La implantación de la imprenta facilitó, como es lógico, la acumulación y publicación de los avances siendo el conflicto Tartaglia - Cardano de 1535 (metodización de la ecuaciones cúbicas) una verdadera revelación sobre la importancia de publicar si uno aspiraba a cierto reconocimiento. De este modo se intercambiaban informaciones valiosas no sólo en función del afán egocéntrico de los científicos sino en beneficio de la ciencia en general.
En 1560 el físico Italiano Giambattista Della Porta fundó la primera asociación científica concebida especialmente para ese intercambio de ideas: La Academia de los Secretos de la Naturaleza. Posteriormente fue clausurada por la inquisición siempre celosa y suspicaz ante cualquier reunión en aquellos tiempos duros de conflictos religiosos: Sin embargo la idea era demasiado buena para ser malograda siendo ejemplo de varias asociaciones científicas que más adelante perduraron. Dichas sociedades ayudaron a crear una comunidad científica muy superior al intento del científico individual, de la misma forma que la falange o la legión lo era con respecto al soldado individual.