EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

sábado, 18 de agosto de 2012


Mateando con la Ciencia: Hoy ceba Ardis







Originariamente el comercio se limitó al intercambio. Tu me das esto y yo te doy aquello. Si dos personas tenían algo que no necesitaban y la una apetecía lo de la otra el comercio era fácil. Sin embargo ambas partes solían mostrar deseos de asegurarse de que no iban a desprenderse de algo valioso a cambio de algo inferior. Puesto que los valores comparativos resultaban difíciles de juzgar muchas veces los dos comerciantes se percibían estafados.
Con el tiempo se impuso la costumbre de emplear metales, sobre todo oro, como método de intercambio. El oro era hermoso y muy apreciado como adorno. No se oxidaba ni se corroía, y era raro, de tal manera que obtener una pequeña porción requería una largo viaje. Una vez que todas las cosas se valoraron en un determinado número de unidades de peso en oro, una persona podía comprar un objeto por esa cantidad o cambiarlo por otro equivalente a la misma.
En todas las transacciones se hizo necesario disponer de una balanza que pudiera usarse para pesar pequeñas piezas de oro con los acostumbrados temores por ambas partes de que la balanza o las pesas pudieran estar trucadas.
En Asia Menor occidental, hacia el 680 a J.C. Giges fundó el reino de Lidia manteniéndose en el trono hasta el año 648 aproximadamente. En tiempos de su hijo y sucesor Ardis, quien reinó hasta el 613 el gobierno lidio, emitió piezas de oro de peso uniforme con dicho peso marcado y un retrato del monarca incluido como garantía del Estado. Desde ese momento, en toda transacción, bastaba que un determinado número de monedas cambiara de manos; ya no era necesario el peso. El desarrollo de las monedas aceleró grandemente el comercio, y la idea resultaba ventajosa a todas luces, con lo que no tardó en ser adoptada por otros gobiernos.

Fuente: Isaac Asimov – Historia y Cronología de la Ciencia y los Descubrimientos

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