EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

viernes, 8 de junio de 2012


Crónicas y curiosidades histórico-políticas del Siglo XXI

Antecedentes de la Economía Popular

Volumen IV Revista Siglo XXI
Publicación de la Universidad de Yale
24 de Marzo de 3058


                                                                                                                          
“La única manera de descubrir los límites de lo posible
es aventurarse un poco más allá de ellos en lo imposible”
Arthur Clarke


Y un día ante el encolerizado pedido de las masas burguesas, urbanas y rurales, protesta mediante acompañada por el batir de las cacerolas y un salvaje desabastecimiento producto de los cortes de ruta, los impuestos fueron finalmente derogados. Cada uno sería propietario y administrador de su utilidad y forjaría en función de su beneplácito y albedrío. El Estado abandonaba definitivamente su rol como nivelador de la renta al mismo tiempo que liberaba todas las variables económicas: Las retenciones agropecuarias fueron derogadas, el impuesto a las ganancias eliminado por decreto, ingresos brutos dejó de ser obligatorio mientras que el impuesto al valor agregado se fue retrayendo paulatinamente en la misma medida que el trabajo decrecía de modo inexorable debido a que esta última variable impactaba directamente en el consumo. Los bienes de uso y de capital eran importados y sólo posibles de adquirir por aquellos que estaban incluidos dentro del sistema. Lo único que conservaba el Estado para sí era la administración del residual de los fondos de pensión para cumplimentar los pagos de las jubilaciones limitando dicha cobertura hasta la desaparición de la generación que estaba comprometida con tal operatoria.

Un federalismo en estado puro aseguraba regiones ampliamente favorecidas en detrimento de otras escasamente productivas y rentables. De ese modo las autoridades de facto, mano activa y ejecutora que derrocó al último Gobierno Constitucional de carácter Populista liderado por una bella mujer de apellido Fernández, conformaron las aspiraciones de cada uno de los sectores que exigían del Estado la conclusión de sus apetencias distributivas. Los aplausos no se hicieron esperar. La voracidad impositiva de sesgo colectivista y popular dejaba de existir en forma definitiva.

A pocos años de implementarse las medidas comenzaron a desarrollarse procesos migratorios desde las regiones menos favorecidas hacia las más favorecidas. La Nación comenzó a despoblarse, cosa que fue muy bien aprovechada por el capital transnacional para adquirir grandes extensiones territoriales a precio vil.

La dolarización y la desmonetarización nacional formó parte del nuevo orden establecido. Ante la incapacidad de absorber mano de obra, debido a que las actividades primarias sin valor agregado centralizaban el modelo económico estructural, se multiplicaron exponencialmente los cinturones de extrema pobreza y con ellos las fatales consecuencias que dicho programa acarreaba. La educación, la salud y la cultura eran propiedad de quién podía pagarla, la esperanza promedio de vida bajó de modo alarmante; la deserción escolar, el analfabetismo, la mortalidad infantil, la proliferación de drogas y la violencia social aumentaron en progresión geométrica. La urgencia por reprimir y pertrecharse se hizo indispensable para la protección de los incluidos. La sociedad segmentada, fragmentada. Muros, pozos divisorios, alambrados...

“Reteneme ésta”, “basta de corrupción” y “queremos preguntar” rezaban las pancartas de los más enfervorizados luchadores que por entonces protestaban en contra de un Estado que asfixiaba su rentabilidad.



Sin fondos para solventar servicios, la policía y el ejercito fueron paulatinamente desactivados. Los edificios escolares al igual que los dispensarios y los hospitales públicos se transformaron en derruidos aguantaderos de marginales, mientras que los caminos dejaron de unificar a la sociedad por falta de mantenimiento.

Las organizaciones no gubernamentales perdieron los subsidios por lo que de modo automático dejaron de trabajar en el auxilio de la comunidad. Los medios de comunicación, como el resto de las industrias nacionales, cooperativas y empresas de servicios, desplazaron a cientos de miles de trabajadores debido a la ausencia de subsidios y beneficios operativos que permitían su normal y rentable funcionamiento.

Liberales, Conservadores y Progresistas, firmes militantes de las medidas antes mencionadas, comenzaron sus campañas de reproche ante un Estado ausente que no acudía ni contemplaba las necesidades de la sociedad. Los gremios no tenían a quién representar y las obras sociales fueron precarizando sus prestaciones hasta su mínima expresión.

Tanto los administradores nacionales como los provinciales y municipales fueron renunciando a sus cargos en la misma medida que los fondos públicos eran acotados ante lo exiguo de las recaudaciones.

El despotismo reemplazó a la política participativa instalándose dentro del marco de una sociedad que todavía tenía pendiente su etapa adolescente.

Cuentan los escritos hallados que aquel país llamado Argentina ocupaba los actuales territorios de los Estados Unidos Benetonianos, de la República Federativa del Atlántico Sur y de la Confederación de Estados Andinos.

Según la documentación sólo se mantuvo como Patria/Nación durante doscientos cincuenta años. Afirman que lo poco que queda de él son las maravillas naturales por las cuales se ufanaba, una nómina de notables escritores y poetas: Borges, Cortázar, Sábato, Bioy Casares, Marechal, Walsh, Filloy, Saer, un cantante de Tangos cuya nacionalidad aún mantiene más dudas que certezas llamado Carlos Gardel, un héroe mitológico o Dios pagano apellidado Maradona y la imagen del siempre presente Ernesto “Che” Guevara. Los historiadores y el departamento de antropología de nuestra Universidad aseguran que el célebre y respetado Comandante Latinoamericano fue el hilo conductor para establecer con seguridad la existencia de aquel supuesto paraíso mutilado.

Conclusiones:
El actual sistema de capitalismo estatal llamado Economía Popular instalado solidariamente en todas las naciones del planeta desde mediados del tercer milenio encuentra en aquel proceso embrionario y trunco su antecedente más exitoso. El apuntar a un estado de bienestar democrático y colectivo determina que nuestro presente tenga que sostener las debidas prevenciones para detectar tempranamente a las fuerza conspiradoras que si bien desde hace dos siglos se encuentran aplacadas nunca dejarán de sostener y privilegiar sus egoísmos en función de intereses sectoriales.





No hay comentarios:

Publicar un comentario