EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

martes, 1 de mayo de 2012




FINALIZANDO EL DÍA DEL TRABAJADOR
REFLEXIONES BREVES DE UN TRABAJADOR: AGUSTÍN TOSCO

    Uno de los objetivos fundamentales del movimiento obrero en lo que hace a su organización interna, ha sido el de lograr la constitución de una sola central sindical, de forma de agrupar en ella la mayor cantidad posible de trabajadores, con el propósito de ejercer más eficazmente la defensa de sus derechos, promover nuevas reivindicaciones específicas y luchar por la transformación en la que los forjadores directos de todos los bienes que dispone se encuentran injustamente relegados, cuando no ignominiosamente explotados. Quien haya leído un poco sobre la historia del movimiento obrero, sabe que el reconocimiento de su función institucional en la sociedad no ha sido un hecho espontáneo, ni ha sido el producto de la comprensión de los sectores dominantes de origen patronal, sino que ha sido la consecuencia de largas luchas, heroicas muchas veces, en las que la derrota transitoria en varias circunstancias no frenó su auge y su peso cada vez mayor en el ámbito social, económico y político de cada país y en el mundo.

Si tuviéramos que tomar dos referencias para comprobar con el examen de los hechos históricos la aseveración precedente, podríamos citar por un extremo la ley “Le Chapelier”, dictada en Francia en el año 1791 y que prohibía como sediciosa toda agrupación integrada por obreros, so pretexto de impedir el resurgimiento de las corporaciones medievales, y por el extremo contemporáneo, la inscripción del derecho sindical en la mayoría de las constituciones modernas y en la propia declaración Universal de los Derechos Humanos aprobada por la Asamblea de las Naciones Unidas en el año 1948.
Ante la imposibilidad de detener el ascenso de esta poderosa fuerza social y sin perjuicio de aplicar una persistente represión para mantenerla total o parcialmente sometida, las patronales y las oligarquías enseñoreadas en el poder del Estado, procuraron circunscribirla a sus problemas aparentemente específicos (lo estrictamente “gremial”), o atarla institucionalmente al carro de sus intereses.

Se procuró por todos los medios hacer de la organización de la clase trabajadora, una institución subsidiaria de un sistema de esquematización política pretendiendo al mismo tiempo que no tuviera visión ni capacidad de decisión en ese mismo aspecto.

El progresivo avance de la democratización institucional, el fortalecimiento de los Sindicatos, la ampliación de los conceptos humanistas, de todo lo cual fueron principales sostenes los trabajadores, permitió que en muchos países, generalmente los más avanzados, la Clase Trabajadora participara desde su punto de vista político en la dinámica de la organización social, ya sea en forma directa de partido político o indirectamente apoyando los programas políticos más progresistas, transformadores o revolucionarios.

Sólo en los regímenes más reaccionarios, o sea los que defienden a ultranza los intereses excluyentes de las patronales, de las oligarquías y de los monopolios, tanto nacionales como internacionales, se pretende anular el papel político de la Clase Trabajadora. Se lo hace por dos vías principales: por la represión directa e indiscriminada o por la instrumentación institucional discriminatoria, acompañada de represión y al servicio de modelos corporativistas o comunitaristas.

¿Qué es una organización política corporativista? Podríamos decir que es la estratificación de los componentes económico-sociales de un pueblo, bajo el poder y la orientación de las clases privilegiadas. Es la rigidez de una estructura, donde se trata de bloquear la dinámica del cambio hacia el progreso general. En consecuencia, el estado corporativo, neocorporativo o comunitario, bajo el disfraz de la integración y concurrencia de fuerzas, representa una “involución” histórica, donde en definitiva, todo queda al servicio del sector dominante por encima de los verdaderos intereses de la mayoría de la población y de hecho del propio país. Este sistema específico de la era medieval, cayó casi totalmente aniquilado a partir de fines del siglo XVIII por la imposición de las fuerzas evolutivas de la propia sociedad. Sin embargo sus efectos residuales traspusieron decenas de años y revivieron adaptados a la época, especialmente en Italia, Alemania, España y Portugal; en los dos primeros fue eliminado; en los dos segundos subsiste provocando el más bajo nivel de vida, la menor industrialización y el mayor oscurantismo político y cultural de Europa.

En Argentina, país, subdesarrollado y dependiente, es posible colocarse en las vías de una verdadera independencia y desarrollo, con la real concurrencia de las fuerzas interesadas en el cambio y en el progreso, a partir de un enfoque y una práctica política dinámica, global y coincidente en lo fundamental. No desde una política unilateral sectorizada y sectarizada, donde la Clase Trabajadora juegue el triste rol de la “participación” en el cumplimiento de planes y objetivos que no responden a sus intereses ni a los de la nación.

¿Por qué la dictadura de Onganía ha prohibido la discusión y la práctica política general en nuestro país?

¿Por qué ha prohibido a la clase trabajadora todo enfoque político sobre las cuestiones más importantes del país, que es donde ella vive y por eso le interesa primordialmente?

Muchos han sido los pretextos. Muchas las aparentes justificaciones.

Pero lo real, lo concreto, lo palpable, es que la Clase Trabajadora Argentina, la inmensa mayoría de la población Argentina, hoy no puede tener otra perspectiva ni otra intervención que la que le señala la política impuesta por sí y para sí por la Dictadura. Que alguien demuestre lo contrario.

Entonces, si la Dictadura se preocupa tanto de la “normalización” de la CGT, es para que ésta pueda hacer valer su punto de vista y su peso en otra política, que no sea impuesta por la propia Dictadura, que es a su vez la de los monopolios, la de los organismos crediticios y financieros internacionales y en definitiva la del imperialismo mundial del dinero; la política de los intereses de la metrópoli yanqui sobre su esfera en la división internacional del trabajo; la de la oligarquía nativa asociada a ese poder económico y político.

La preocupación de la Dictadura y de todos sus corifeos, es una sola CGT para hacerla “participar” como herramienta de trabajo institucional en el programa económico de las sociedades anónimas, de los monopolios, bajo la fórmula del “desafío americano”. Participar y opinar sobre cómo hacer o cómo contribuir mejor a hacer lo aprobado, sin la participación efectiva del pueblo argentino. Por eso la Dictadura quiere una CGT “apolítica”; para hacer su política. Por eso no quiere los partidos políticos; para hacer con exclusividad y sin cuestionamientos su política.

¿Es en definitiva la política de la Dictadura la que le conviene al país? ¿La que le conviene a la Clase Trabajadora, a los profesionales, a la pequeña y mediana industria nacional, a la educación y a la cultura Argentina, a los campesinos y propietarios rurales no latifundistas, al pequeño y mediano comercio, a todos los que quieren la justicia social, la libertad, el imperio de la soberana voluntad ciudadana y la autodeterminación nacional?

Evidentemente que no. De lo contrario la Dictadura tendría un verdadero consenso explícito y público.

Sin embargo la dictadura quiere una sola CGT como la quiere el movimiento obrero. Es como si ambos quisieran un “medio”, un “vehículo” institucional para trasladarse en la historia. La diferencia está en que la Dictadura la quiere para marchar en contra de la historia, a contramano de la evolución, en el sentido de la reacción. El movimiento obrero la quiere para marchar rumbo a la historia, hacia la plena realización de los propios ideales de la humanidad, de los cuales dan cuenta en todo momento los hechos y los pronunciamientos de los países y de las instituciones sociales, políticas y religiosas más avanzadas.

¿Qué papel jugarán en esta coyuntura los dirigentes sindicales? Ya conocemos lo que piensan, lo que hacen y lo que son los “títeres de la dictadura”, el sector partipacionista con Alonso, Coria y Peralta a la cabeza. Sabemos también qué piensan, qué hacen y qué son los Compañeros que tienen como programa el claro y valiente Manifiesto del 10 de Mayo de la CGT de los Argentinos. Queda un gran núcleo de dirigentes por decidirse definitivamente. Tienen la clara opción de constituir una CGT domesticada por y para Onganía y el neocorporativismo, o una CGT identificada y consecuente con las reivindicaciones y aspiraciones del movimiento obrero, con los sectores progresistas del pueblo y con los grandes objetivos de justicia social y liberación nacional.

Es bueno que esos dirigentes recuerden que los pueblos siempre encuentran el camino de su liberación, como así que, siempre la historia retorna su curso pese a las transitorias desviaciones que suele imponerle la reacción con la colaboración de sus cómplices.

UN COMPAÑERO
Agustín Tosco



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