EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

domingo, 20 de mayo de 2012


Chico Méndes

El padre de Chico, Francisco Méndes, llegó en 1926 al remoto Estado de Acre, en la selvática y aislada Amazonia occidental lindante con Bolivia y Perú, para trabajar elaborando caucho obtenido de las heveas. Venía huyendo de la extrema pobreza del “sertón” en el desertizado Estado de Ceará - el otro vértice del Brasil. Llamativamente, los Mendes habían luchado allí contra el trazado de una carretera que trajo una avalancha de flagelados, otra de las razones que les obligó a emigrar. Mendes se instaló en el seringal Santa Fe, cercano a la población de Xapurí y se transformó en seringueiro. Había que navegar cinco semanas por los ríos Purús y Acre, afluentes del río Amazonas, para llegar desde Manaus hasta Xapurí. Alli, un seringueiro debía “sangrar” entre 100 y 200 heveas por día para obtener su sustento. A siete horas remando desde su seringal estaba la “colocacao” donde vivía Iraci Lopes Filho, hija y nieta de seringueiros, que sería la madre de Chico. Francisco (Chico) Mendes nació la noche del 15 de diciembre de 1944 en la colocacao Pote Seco del seringal Porto Rico. Se crió en un ambiente donde predominaba el analfabetismo, el abandono, el aislamiento, las carencias de todo tipo y la sobreexplotación. En 1945 terminó la Batalla del Caucho al caer la demanda creada por la Segunda Guerra Mundial y la situación en Amazonia empeoró. Los norteamericanos abandonaron los muelles y aeropuertos, y los seringueiros se vieron obligados a malvender el caucho a mercaderes ambulantes arriesgándose a violar la obligación de vender sólo a los seringalistas. El diario A Provincia do Pará calculó que de los 50.000 “soldados del caucho” censados, 23.000 habían muerto “sin pan y sin cuidados médicos”. Chico tuvo la suerte de conocer a Euclides Fernández Távora, un refugiado político en Amazonia. A los 14 años aprendió con él a leer y a escribir, valiéndose de revistas y diarios viejos, enterándose de lo que sucedía en el mundo gracias a una radio de onda corta que Euclides había traído consigo. Hacia 1970 el presidente brasileño Medici decide construir una carretera Transamazónica de 5.000 kilómetros para ofrecer “una tierra sin hombres a los hombres sin tierra”. Sin embargo ni la tierra era fértil, ni estaba vacía: allí estaban los indios, los ribeirinhos, los seringueiros, gente que vivía de y cuidaba la selva. Las carreteras impactaron sobre 96 tribus. Sólo los nambiqwara, admirados por el antropólogo Lévi-Strauss, se redujeron de 20.000 a unos 650, después del trazado de la BR-364. El padre Turrini, misionero de Rio Branco, reveló que de cada mil niños nacidos en Acre, 838 morían antes del primer año de vida.
La deforestación masiva y los incendios intencionales se extenderían durante las dos décadas siguientes alentados por los fazendeiros y los garimpeiros. Los bosques milenarios eran reemplazados por haciendas y fincas de dudosa rentabilidad y más dudosa duración. En Amazonia la expansión agrícola es insustentable, la hacienda es cebú importado de India -para las hamburguesas de los Mc Donald’s de Texas, por ejemplo; y cuando llueve el frágil suelo, desprotegido, se erosiona rápidamente.En pocos años las fincas abandonadas de Amazonia, como los campos agotados de Mato Grosso, se parecen a un semidesierto. Mientras, los indios y los seringueiros emigran para hacinarse en los ghettos de las chabolas y las favelas, desarraigados y sin trabajo. En los años ’70 se fraguaban y adulteraban títulos de propiedad, y se otorgaban títulos sin importar que fueran territorios indígenas o habitados durante décadas por familias de seringueiros. Los fazendeiros quemaban la selva para “ponerla a trabajar” mientras obtenían la propiedad sobre cientos de miles de hectáreas y reclamaban subvenciones estatales. Los incendios pasaron de esporádicos a masivos. En el paroxismo de la destrucción los aeropuertos se cierran por las humaredas. Rondonia y Acre ardían por los cuatros costados aprovechando cada año la temporada seca. “No firméis nada!”, decía Chico a los seringueiros. “Esta tierra es vuestra. Cuando la transformáis en dinero, perdéis la posibilidad de sobrevivir. La tierra es la vida!”. Pero los que no firmaban eran amenazados, desalojados por la fuerza y muchas veces muertos por los matones enviados por los fazendeiros. La nueva carretera BR-317 que unía Rio Branco con Xapurí traía consigo una pesadilla: para quemar la selva los terratenientes paulistas no dudaron incluso en usar napalm. Quemados los árboles el suelo se erosionaba y se levantaban nubes de mosquitos desde los charcos, transmitiendo la malaria. En esos años los misioneros católicos publican el “Catecismo de la Tierra”, explicando los derechos básicos de los seringueiros. El primer sindicato se formó en 1975. Entre sus líderes estaban Maia, Wilson Pinheiro y Chico Mendes. Pinheiro fue muerto por asesinos a sueldo en julio de 1980. A fines de los ’70 el precio del oro se disparó y la “fiebre del oro” se abatió sobre la Amazonia. En marzo de 1980 había cinco mil personas trabajando en el garimpo de Serra Pelada; en 1983 eran 100.000 y seguían llegando para vivir en condiciones infrahumanas. Se construyeron pistas de aterrizaje donde se anudaban los circuitos ilegales del oro, el tráfico de fauna, las drogas y la prostitución. Parte del oro se refina con mercurio. Por cada tonelada de oro, una tonelada de mercurio en el ecosistema. Análisis de sangre de indios kayapós vecinos a los garimpos revelaron que más del 25% tenían un exceso del letal mercurio, al igual que la totalidad de los peces. Frente a los avances sobre las tierras ancestrales aparecen los “empates”, movilizaciones de seringueiros y pequeños productores que comprenden que van a perder su trabajo y su modo de vida si no defienden la selva. Chico acciona desde el sindicato, pero cuando se aventura en la contienda electoral no obtiene los votos ni el apoyo esperados. Es que, al decir de Javier Moro, Chico “al no ser dogmático, chocaba siempre con los límites impuestos por las distintas ideologías”, la suya “era más una autoridad moral que política”. Sin embargo aprovecha los mitines electorales para denunciar las talas ilegales, las expulsiones violentas y los arrestos arbitrarios. En abril de 1983 se casa con Ilzamar Moacyr y se van de viaje de bodas a un congreso de la CUT en San Pablo. Después vivieron en una casa prestada. A principios de los ’80 el gobierno de facto impulsa en Brasil el proyecto del Polonoroeste destinado a “poner en producción” 25 millones de hectáreas sobre la frontera con Bolivia; para ello hubo que alargar 1.200 kilómetros la BR-364 uniendo Cuiabá, capital de Mato Grosso, con Porto Velho, capital de Rondonia. El Banco Mundial y el BID, desoyendo a sus propios expertos medioambientales, fueron los financiadores. Los pronósticos eran claros; después de la BR-364: aniquilamiento de los indígenas, devastación de la selva, extinción de especies, erosión de los suelos, desastre social y económico. Poco más tarde se construye Tucuruí, en ese momento la cuarta represa hidroeléctrica más grande del mundo, sobre el río Tocantins, un afluente del Amazonas, considerada hoy un desastre ambiental, sanitario y social. Después seguiría otro descalabro total: el de la mega-represa de Balbina, construida para dar electricidad a la zona industrial de Manaus. Estos hechos promovieron proyectos de legislación ambiental en los Estados Unidos, exigiendo estudios de impacto antes de la financiación de este tipo de obras; “fáciles de manipular, pero al menos un buen principio”, dijo entonces Barbara Bramble, quien desde la National Wildlife Federation conocía y apoyaba la lucha de Chico, junto a Bruce Rich, Blackwelder, Steve Schwartzman y otros ecologistas norteamericanos. Ellos comenzaron una tarea de lobby en el Congreso, mientras cuestionaban al Banco Mundial. El Departamento del Tesoro pidió explicaciones al BM por primera vez. Goodland y Price, asesores del BM, dieron informes contundentes sobre los desastres medioambientales y sociales financiados por el Banco. Entretanto Adrian Cowell, un cineasta británico, conmocionaba al mundo con una serie titulada “La década de la destrucción”, filmada en Amazonia; que incluye “Apostando al desastre”, un documental con imágenes escalofriantes de los incendios y las consecuencias dramáticas después del asfaltado de la BR-364. Se juntaron firmas para una carta al BM, desde ONGs hasta el Bundestag alemán. Poco después se logró la victoria de bloquear temporariamente fondos del BM; hasta que en 1985 el gobierno de Brasil cumplió con demarcar un territorio para los indígenas y la BR-364 siguió adelante. Tony Gross y Mary Allegretti, una antropóloga de Brasilia que había conocido a Chico y trabajado en la selva, refuerzan el movimiento internacional para llamar la atención sobre Amazonia. En esa época, Chico rescató de las reuniones de los seringueiros la idea de las “reservas extractivas”: áreas donde se aprovecharía no sólo el caucho nativo sino también la recolección de frutos y medicinas silvestres - 1.400 plantas selváticas contienen principios activos contra el cáncer, por ejemplo. Se demuestra que una hectárea de selva produce - sólo en caucho, nueces, resinas y frutas- mucho más que una hectárea dedicada a la ganadería. Además de que estas reservas garantizan la conservación del bosque y las poblaciones tradicionales. En 1987 Chico, alentado por Mary, Adrian y Steve, viaja a los Estados Unidos. Habla con directivos del BM y del BID, y explica la idea de las reservas extractivas mientras critica las carreteras transamazónicas. Poco después, en Washington, mantiene una serie de entrevistas incluida una reunión clave en el Senado. Luego el senador Kasten pedirá explicaciones a los Bancos sobre los desastres en Rondonia y Acre. La gira fue un éxito; pero también desató reacciones adversas, sobre todo entre los terratenientes de Brasil. Entretanto, a mediados de 1987, el satélite NOAA-9 detecta grandes quemas en la Amazonia. Esa temporada, a los lados de la BR-364 hubo más de 200.000 incendios provocados: dos veces la superficie de Suiza estaba ardiendo. Setzer, el investigador brasileño que había seguido atónito las imágenes satelitarias en su computadora, calculó que los incendios habían inyectado en la atmósfera más de 500 millones de toneladas de carbono; equivalente al 10% del aporte mundial de gases de efecto invernadero que afectan el clima, cada año. En junio de 1987 Chico recibe el Premio Global 500 de las Naciones Unidas, lo que lo catapulta al interés internacional. Aunque el gobierno del Brasil y los medios de su país lo ignoran, Chico recibe el premio en Londres con cobertura de la prensa internacional. Poco después recibe en Nueva York el premio de la Better World Society, creada por Ted Turner, el dueño de la CNN. Chico calculó que con lo que costaba un desayuno en el Waldorf Astoria una familia de caucheros vivía cuatro meses. El obispo Grechi apoya las propuestas de Chico y su oposición al estilo de “desarrollo” que se pretende imponer salvajemente en Amazonia. En noviembre de 1987 Chico habla en la Asamblea Legislativa de Acre. Se inicia la resistencia y un “empate” histórico en el seringal Cachoeira frente a los intentos de tala y colonización agrícola. Chico impulsa la expropiación para convertirla en reserva extractiva. En junio de 1988 el Ayuntamiento de Río le entrega las llaves de la ciudad: es el primer reconocimiento público en su propio país. Pero llega tarde; la violencia de los terratenientes en Acre crece. Luego de un nuevo asesinato de un líder seringueiro el gobierno federal decreta que los seringales Cachoeira, Sao Luis do Remanso, y dos más, se conviertan en las primeras reservas extractivas de Brasil. El clima de represalias creado por los fazendeiros no se detiene. El 6 de diciembre de 1988, en San Pablo, Chico participa en un seminario sobre Amazonia organizado por la Universidad. Allí pronuncia el célebre discurso que termina diciendo: “No quiero flores en mi tumba porque sé que irán a arrancarlas a la selva. Sólo quiero que mi muerte sirva para acabar con la impunidad de los matones que cuentan con la protección de la policía de Acre y que desde 1975 han matado en la zona rural a más de 50 personas como yo, líderes seringueiros empeñados en salvar la selva amazónica y en demostrar que el progreso sin destrucción es posible”. El 22 de diciembre de 1988, en su casa de Xapurí, Chico recibe en el pecho el impacto de un disparo hecho a corta distancia, desde la oscuridad.

Fuentes: Fundación Proteger. “Senderos de Libertad”, de Javier Moro, Editorial Seix Barral, Barcelona, 1993; Mary Allegretti, Parabolicas, núm. 44, Sao Paulo, Brasil, octubre 1998; Steve Schwartzman, Chico Mendes, Website, Environmental Defense Fund, 1999.

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