EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

miércoles, 18 de abril de 2012

YPF. Estoy feliz, no he tenido razón


Nuestro Gobierno Nacional ha provocado un nuevo golpe de escena de tremenda trascendencia política para intentar finalizar con un determinismo histórico que muchos veteranos del campo popular suponíamos inexorable. Considero que junto con la nacionalización de los fondos de pensión y con la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central la presente expropiación completa un triángulo de medidas económicas refundacionales las cuales pueden considerarse como ciertamente revolucionarias.

Por fuera de las observaciones técnicas, propias de los duchos en la materia, vamos a tratar de analizar políticamente la cuestión tratando de evitar todo tipo de efervescencia, algo que lamentablemente portamos desde que la sociedad en su conjunto decidió apoyar democráticamente el ideario neoliberal de la segunda década infame. 

Haciendo una breve reseña no podemos soslayar que el proceso privatizador de la empresa petrolera contó con el aval de la mayoría de la población. Durante los años en que duró dicha operatoria hasta su rescisión final, el 90% del marco político estuvo representado en cuestiones ejecutivas que tuvieron la oportunidad de revertir la medida. Algo que en la actualidad se le reprocha al ejecutivo gobernante. El Memenismo (neoliberalismo) fue la punta de lanza del proceso en consonancia con las provincias productoras del recurso. Aquel fue quién ideológicamente impuso condiciones a discreción apoyada por los acuerdos electorales populares que prosiguieron a la medida. La Unión Cívica Radical, abandonando sus históricas banderas y seducida por el postmodernismo ya había mostrado credenciales con su candidato Angeloz en 1989 acordando que YPF debía ser privatizada. Las opciones emergentes de centroizquierda que luego arribaron en alianza con el Radicalismo tampoco propusieron modificar dicho formato. En 1999 la empresa quedó definitivamente en manos de la corporación Repsol al permitírsele adquirir el complemento accionario adicional para posicionarse mayoritariamente. El gobierno emergente luego de Alianza (Duhalde) tampoco se ocupó de la situación entendiendo que el asunto no presentaba un frente de conflicto. Durante los seis primeros años del Kirchnerismo la cosa circuló dentro de los mismos parámetros. La crisis económica mundial del 2009 y el constante crecimiento del país provocaron que esas relaciones se modificaran substancialmente. Por obvias razones de pertenencia y de intereses corporativos Repsol-YPF comenzó un proceso de desinversión y de exportación de capitales atendiendo a su colectivo natural. 2010 y 2011 profundizaron dichas políticas obligando al Gobierno Nacional a tener que importar el insumo en función de atender a sus necesidades locales no pudiendo evitar de ese modo seguir comprometiendo recursos monetarios para tales fines. Lo sucedido en estos días guarda un orden taxativo en donde las contradicciones expuestas son simples fuegos de artificio si no intentamos entender la totalidad de proceso. Aquellas fuerzas políticas que se mostraban en contra de la privatización (Solanas, la Izquierda dogmática, el Nacionalismo etc.) nunca tuvieron apoyo popular masivo, de modo que enrostrar al actual gobierno situaciones no evaluadas oportunamente desde lo colectivo es un acto especulativo propio del presente comportamiento mediático, más allá que uno tiene la libertad de modificar sus posturas en función de la experiencia y en función de cambios coyunturales. Política y dinámica política son elementos que en estos temas no se pueden ni se deben omitir.

Desde los quebrachales chaqueños y santafesinos, pasando por el pacto Roca-Runciman, Aguas Argentinas, Iberia/Aerolíneas y ahora Repsol hemos podido constatar como el proceder empresarial privado transnacional, en lo que a servicios y a explotación de recursos se refiere, es más o menos equivalente. Para una empresa privada la renta no tiene patria, la inversión sí, en consecuencia nunca el objetivo será la eficiencia y la salud de la empresa, y menos aún lo es el interés social.

Por eso de aquí en más el debate ideológico debe superar cualquier instancia de miserabilidad. Aquellos paradigmas privatistas adquiridos a conciencia de modo popular están siendo revisados, tarde para mi gusto, pero revisados al fin. ¿Desde qué lugar puedo yo reprochar sobre cuestiones que el colectivo ha decidido acordar de modo democrático?. El pueblo, en su totalidad (y lo aclaro porque en oportunidades parece que los periodistas, los políticos y los analistas no votan, son asépticos, no han colaborado para ese orden siniestro) está observando sus erratas y me parece saludable toda corrección que deba hacerse en función del colectivo nacional.


En algunos artículos, como ferviente adherente al oficialismo, he reclamado que en estos últimos tiempos la profundización del modelo (más Estado) estaba resultando más una declamación política dialéctica que una actitud concreta. Cristina Fernández de Kirchner como es habitual ha dado por tierra con todo tipo de especulación al respecto. Estoy feliz, no he tenido razón; y eso es lo que me hace respetar aún más la capacidad operativa y el compromiso político con todos los Argentinos que tiene nuestro ejecutivo. Aún, con marcadas contradicciones, entusiasmos, urgencias y exigencias propias motivadas por mi individual desconocimiento sobre el momento y la oportunidad, nuestra Presidenta sigue dándole respuestas políticas el campo popular. Un campo popular que en oportunidades solemos olvidar los jirones que esta bellísima dama ha dejado en el camino.

Para finalizar me gustaría hacer una mención sobre Axel Kicillof. Impecable cuadro intelectual y político de La Campora que combina la fuerza de sus convicciones con un conocimiento extremo de los tópicos e incisos que aborda. La indisciplinada juventud “Maximalista” que bien atemoriza al conservadurismo corporativo.
Creo no equivocarme al afirmar que lamentablemente no existen individuos equivalentes en las restantes fuerzas políticas y sociales que se muestran como opción. A su impecable alocución se le oponen gestores ejecutivos que deben ostentar letristas a sus espaldas que les ofrezcan secretamente argumentos para poder responder, o están aquellos que necesitan de un titular mediático o de una columna editorial para tomar posición política. Igual concepto me surgen al recordar al extinto Iván Heyn, o a  Julían Alvarez, o al “Wado" de Pedro, entre otros...
Con sólo advertir que la última experiencia de carácter juvenil a escala nacional únicamente motorizó el consumo de sushi en "las cañitas" resulta esperanzador la irrupción de estos notables entusiastas del campo popular, grupo que le asegura a aquellos que pintamos canas que la batalla cultural no está en absoluto perdida y que tiene en su frente a comandantes de excepción.


 




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