FRASE DE EDUARDO GALEANO

EL ARTE Y LA CIENCIA EN UN DIÁLOGO ENTRE DOS SILENCIOS

miércoles, 30 de noviembre de 2011

EL POPULISMO - Un Vocablo de la Industria Cultural



Las advertencias falsarias de los antagonistas económicos y políticos del populismo han adulterado a tal punto el debate, que la pregunta pertinente es qué se discute en realidad cuando se analiza ese tema. De qué discurso entonces el populismo es la excusa.

-         ¿Qué conflictos se estarían invocando en la presente disputa?
-     ¿Qué contraproducente deidad retornaría a América  Latina desde un supuesto cielo negro y para desdicha de la sociedad democrática republicana?
-   Remedando humorísticamente lo que expresó Jacques Derrida entre originales y copias “lo que se vuelve enigmático es la idea misma de la primera vez”. Esto es, en este caso, la fuente de una biografía política popular que alimentó lo más decisivo de la crónica de masas en el continente.


Finalizada casi la primera década del siglo XXI, los escarnios contra la idea madre populista no consignan tanto a sus múltiples eventos históricos, complejos de catalogar, como a los desatinos y perfidias culturales de estas época. Una atracción ciertamente desafiante desde la derecha, esa misma que declama conjeturar el fin de las derechas y las izquierdas, lo antiguo de los antagonismos sociales o lo inútil de exponer luchas de intereses en un mundo cuyo mercado es tecnocrático y globalizado. Queda todo encerrado entonces en manipulaciones ideológicas de sojuzgamiento económico y cultural expandiéndose en términos periodísticos. Se instala la peste del populismo sobre los países latinoamericanos desde una nueva y a la vez vieja maquinaria de clasificación construida con el fin de emplazar una idea política que afecta intereses económicos depredadores de la salud de las sociedades reverenciados como indiscutibles. Desde estas usinas se construye la idea de que el populismo es una forma básica y primitiva de aislar a Latinoamérica del concierto mundial, dándole al vocablo directo significado es ese sentido.

“Populismo es un restringido mundo codificador de las políticas actuales, que el proyecto de país, o continental, resulta imposible. Malogrado por la propia maldición del pueblo llano cuando de manera impertinente y con distintos líderes pretende medianamente protagonizar la historia. O, según dicha versión, “irracionalizarla” con el voto de mayorías y Estados intervinientes : Panorámica que concluye atentando con la producción de riquezas, derrames de mercado, oportunidades y libertades”.
El teórico del socialismo español Ludolfo Paramio crítico de las políticas populistas de América Latina de hoy afirmó: “El populismo se sintetiza en aquello que dificulta o directamente sabotea la importancia de las instituciones como marco imprescindible para el buen funcionamiento de los mercados”.  De esta manera se responde muy bien a la pregunta ¿De qué hablamos cuando hablamos de populismo? 

La cuestión engloba a toda la complejidad de América Latina y de su diversidad se obtienen los modos más eficaces para una batalla cultural que tienen las políticas neoliberales a fin de hacerle frente a la oposición de las contradictorias fuerzas democráticas populares.

Las derechas económicas y financieras, en sus diversas sintonías de un dial que contienen también voces de izquierda y progresistas amigas, se plantean sin desmayo esta ofensiva.
Sociedades entonces donde lo mediático, como poder concentrado de emisión, actual como una acentuada política cultural que canoniza la escala de significados sociales. Lo hace desde lo privado empresarial comunicativo con un alta inversión económica bajo la sapiencia y lógica de audiencias a retener, de géneros propicios en términos receptivos, de espectáculo informativo en horario ininterrumpido que siempre “está ahí” para contar el país, de reflejo de públicos, y donde todo este tinglado de articulación mensajera construye las formas decisivas de la politización despolitizadora. Edifica culturalmente esa política, que si bien no es irreductible ni es ineludible en sus performances, resulta un dispositivo que por su lógica de “vivir de públicos-conciencias” con su accionar pretende por una parte un efecto de totalización comprensiva, y por la otra acciona mediáticamente desde el prisma de la permanente construcción ficcional-realista de la vida común de la gente. Vida común transmisora y receptora: una suerte de matrimonio ideológico mediático cotidiano de las distintas “hablas” de un idioma de pura comunicacionalidad que, más allá de sus simulacros e ilusionismos transgresores, exhibe el más natural conformismo de valores y conductas de un ser social tipo: Instala una cultura política de derecha sin “partidos desprestigiados”. Una cultura que atraviesa lo comunitario desde el alarmismo social, la antipolítica, el sentimiento ciego, el protolinchamiento permanente, el cinismo, el termómetro de la inseguridad, el analfabestismo a toda cuestión compleja, la vacuidad temática del rating y el comportamiento histérico. 


El politólogo Alain Rouquié, afirma que cuando dice de un partido o de una persona política que es populista es porque no le gusta. Es un término casi insultante y por eso no puede ser un concepto analítico... Sirve para cubrir nuestra ignorancia... cuando los regímenes parecen complejos... y no corresponden a los esquemas tradicionales, entonces son populistas.

Sin embargo, el término se impone como un ícono explicativo que definiría algo preciso desde una autoridad intelectual del que lo esgrime.  El nombre desborda su matriz teórica conceptual y desde la comunicación de masas pareciera apuntar con una enorme eficacia política para definir el secreto de una historia generalmente de contradictorios rasgos populares. Al carecer de una representación claramente verificable, el término asume oblicuamente el debate intelectual y político esta identidad sensitiva demasiado llena de drama histórico, sobrecargada de frustraciones. Sería lo inentendible que todos entienden. El término es encubridor de lo que en realidad se endilga, en tanto la caracterización se expone saturada de signos pétreos, gruesos, llevada a la discordia de un “ismo”, imposibilitada de encontrar a esta altura una mínima autonomía comprensiva.
Populismo consistiría en una historicidad semántica sofocante y acumulada en los altillos societales de especialistas, que gravita decididamente y no si éxito en el lenguaje político de masas que se pretende interpelador de lo inmediato. Populismo es la operatoria política expresa de un vocablo que llena un espacio en el cual el sentido común de un dominio cultural quiere alertar sobre valores, morales y procedimientos alterados en sentido negativo, irracionales. Incorporado en ámbitos de estudio sociológicos desde hace medio siglo para estudiar un tiempo industrializador en América Latina, el largo recorrido del populismo como texto de autoridad explicativa insertando en las batallas de las izquierdas pasó a formar parte – como dice Rouquié – de un vulgarizada y recurrente categórica del “mal político” en el cual nadie se reconoce. Lo curioso de esta era antipopulista que trasnformó el mote maldito desde circunscriptos libros sociológicos a comunicadores radiales de buen rating es que esos programas en el éter, las mismas radios, los medios, las páginas editoriales, revistas, los suplementos culturales, periodistas de televisión, el cientificismo gráfico, el columnista intelectual, el nuevo teatro, la banda de rock, los entrevistadores, la joven generación de cine, los obispos, cardenales, ganaderos indispuestos, todos, conforman un inmenso muestrario acabadamente populista de distintos tamaños, tonos, colores y figuras. También populista es el ser del mundo bajo lógica mediática.

    ....del libro Las Cuestiones de Nicolás Casullo 
           Fondo de Cultura Económica  -  2008






martes, 29 de noviembre de 2011

SANTIAGO SYLVESTER (Salta 1942)




RETRATO

Esta cara es también las otras que alguna vez ha sido. Este pelo blanco, en cambio, no es el otro, pero cumple su tarea con la misma fe. 

El brazo izquierdo, con un reloj en la muñeca, pregunta la hora a cada rato; el derecho acerca la comida, se estira hacia el teléfono y dispone de una mano que no tiene descanso: una mano que detuvo un camión en Payogasta. 
La pierna izquierda alguna vez se golpeó contra una piedra (dos meses inactiva); se acompaña con la otra y entre las dos transportan esta carga difícil, de opinión imprevista. 
El hígado promueve aclamadas satisfacciones; el sexo euforia súbita, esperanza sucesiva de una nueva euforia. Los ojos miran gestos, colecciones de gestos, y de ellos sacan la conclusión que necesitan. Esta mirada no siempre es impasible, esconde un centro incontrolado, una acumulación de miradas: todas necesarias, ninguna con la solución. No puedo distraerme; un solo instante de abandono y muero aplastado por estos desconocidos que he juntado y que trabajan para mi perdición...

lunes, 28 de noviembre de 2011

HISTORIAS OCULTAS DE CORONEL DORREGO: EL TESTIMONIO DE ADRIANA ARCHENTI


Von Wernich abrió la boca para embarrar la cancha.

El ex capellán de la policía pidió testimoniar antes de que declarara Luis Velasco, de quien dijo que pertenecía al Batallón de Inteligencia 601. No quiso responder preguntas, pero pidió permanecer en la sala. Velasco recordó cada pasaje de su cautiverio como si no hubiesen pasado más de 30 años. También testificaron Blanca Rossini y Adriana Archenti.

1. Luis Velasco Blake
El cura procesado sostuvo que Etchecolatz, condenado en tres oportunidades por delitos de lesa humanidad, le informó que Velasco “perteneció al batallón 601 de inteligencia del Ejército argentino” y sostuvo que “en su momento se lo tuvo para que recogiera información de las personas alojadas en distintas comisarías”. Luego de que ampliará su declaración no aceptó que se le realizaran preguntas y solicito permanecer presente en el recinto ante la declaración del testigo Velasco.Relató que el cura, Christian Von Wernich, hacía bromas sobre las secuelas dejadas por la picana: “Von Wernich me tocó los pelitos del pecho y empezó a hacer bromas, me decía que en la tortura me habían quemado todos los pelitos”.Velasco indicó que durante todo el tiempo que estuvo en cautiverio en la comisaría 5ª “el cura jamás le informó a mis padres sobre mi destino. Y cuando salí mis padres me contaron que nunca les dijeron si estaba vivo o muerto siendo que Von Wernich, era pariente de mi tía”.El testigo además indicó que en los sucesivos encuentros “que fueron varios” al cura le obsesionaba el tema de la tortura y en reiteradas oportunidades les dijo: “Ustedes no tienen que odiar cuando son torturados”.A lo que Velasco le respondió “me gustaría verlo a usted con cinco tipos encima suyo torturándolo a ver si no odia” y el cura replicó “tiene que pagar por lo que le hicieron a la patria”.El testigo también relató que Néstor Bozzi, otro detenido, se arrodilló y le pidió: “Padre yo no quiero morir” a lo que el cura contestó: “La vida de los hombres la decide Dios y tu colaboración”.En otra oportunidad Von Wernich le dijo a Velasco:

“Sos un boludo, porque te hacés quemar en ‘la parrilla’ y después resulta que hablás con tus compañeros en la celda, ya mandaste a muchos en cana”, yo dije: Nooo. Entonces Von Wernich contestó: ¡Ahh… ¿Entonces no dijiste todo en la tortura…?!
Velasco se dirigió al tribunal para solicitarle: “Pregúntenle a Von Wernich donde Están Gustavo Pérez Monsalve, Marcelino Pérez Roig” Y también reclamó por el paradero de Ana Libertad Baratti, la beba nacida en cautiverio. 

2. Blanca Rossini
Fue la segunda en declarar, relató como diez o quince personas armadas  invadieron su casa. Luego contó que “siguió una serie de interrogatorios en la Brigada” donde fue golpeada y torturada porque no daba nombres.
También destacó que “no nos dejaban dormir para que escucháramos la tortura de los otros prisioneros. Nos decían acá no tenés que dormir, acá tenés que sufrir”. Además en la Comisaría 5ª, contó que “una vuelta vinieron unos oficiales jóvenes nos hicieron poner contra la pared y se llevaron a una ‘¿Esta te gusta?’. Y se la llevaron toda la noche. Cuando volvió pidió por favor que no le pregunten nada. Estaba destruida”.

3. Adriana Archenti
Por último, le siguió el turno a Adriana Archenti quien señaló que estuvo todo el tiempo tabicada y con las manos atadas y que si bien nunca mientras estuvo en cautiverio vio ni supo el nombre del ex capellán señaló que “había un cura que era habitué del lugar al que todos los guardia cárceles le tenían respeto y miedo”.
“Lo escuché hablar con un lenguaje eclesial y mesiánico. Hablaba de las posibilidades de salvación, de las posibilidades de colaborar para obtener la salvación. Un discurso religioso absolutamente cínico” sentenció Archenti.
Además la testigo dijo que conoció a Liliana Galarza, que estaba a punto de dar a luz, y efectivamente, en abril comenzó con trabajo de parto. Posiblemente el parto se hubiera adelantado, ya que la madre había sido muy torturada. Fue cuando “se la llevaron fuertemente custodiada a un galpón, donde iluminada con las luces de un auto y en condiciones deplorables, nació una beba”.
Poco después, relató Archenti, “Liliana me paró en el pasillo que va al baño y me levantó el tabique para que viera a su beba. La vi y la sentí llorar. Fue terrible. Luego Liliana se descompuso, se llevaron a las dos y nunca más supe de ellas”.
Liliana Galarza vivió unos meses más y su hija, entregada más tarde a sus abuelos, es querellante en este juicio, representada por los abogados de APDH – CTA.
El jueves se llevará adelante la décimo cuarta audiencia, donde están citados a declarar Osvaldo Lovazzano, Alberto Canciani, ambos ex detenidos desaparecidos y Nidia Andreani madre del detenido-desaparecido Jorge Andreani.

Confirman que Patrault era  “el Tío” de la comisaría 5ª  
Un policía, que resultó ser su sobrino, dijo hoy ante la Cámara que ese era el apodo que tenía. De esta forma, se identifica a un oficial que tenía contacto con los detenidos ilegales.  
  



Ex detenida 

En otro orden, también testimonió hoy Adriana Archenti, una ex detenida que pasó casi tres meses en el centro clandestino que funcionó en la Brigada de Investigaciones de la Policía provincial. 
Archenti dijo que fue secuestrada el 3 de febrero de 1977 en su casa de Coronel Dorrego (sur de la provincia de Buenos Aires) y trasladada a un lugar cercano a Bahía Blanca. Allí permaneció cinco días detenida, “sin comida y sólo saliendo para ir la baño”, expresó. Luego fue trasladada a la Brigada de La Plata hasta que la liberaron el 29 de abril del mismo año. 
La testigo hizo una minuciosa descripción del centro clandestino y de las personas con las que compartió el cautiverio, aunque no supo dar el nombre de estas. Dijo que había una “Liliana” (se trataría de la desaparecida Galarza) que estaba embarazada, que fue llevada a otro lugar a dar luz y que, por problemas de salud, fue trasladada de la Brigada cuatro o cinco días después. 
“Hubo dos traslados masivos (de prisioneros), los individuales eran constantes”, manifestó Archenti en otro tramo de su declaración. “Una vez llegaron unos chicos que dijeron haber sido trasladados en avión desde Bahía Blanca, estaban en muy mal estado de salud”, agregó después. 
La mujer identificó al represor “El Francés”, del que dijo que “era reconocido por su mezcla de crueldad y sagacidad en la tortura”. Hasta hoy nadie había nombrado en el Juicio a “el Francés” como represor en la Brigada. Se lo conocía por su actuación en el centro “La Cacha”, y algunos ex detenidos dijeron que su nombre era Raúl Fierro. 
“Había tortura psicológica —dijo Archenti—. Una vez, a los dos meses de estar secuestrada, me llevó a torturar para decirme que mi padre me había denunciado”.
Adriana Archenti también dijo que a un represor le decían “cura”, y que podría tratarse del sacerdote Cristian von Wernich. Agregó que la noticia de su liberación “me fue dada por un oficial de alto rango, corpulento. Entiendo que podría ser el comisario Etchecolatz”, manifestó la testigo. 

Fuente: EFEME de la CALLE - Bahía Blanca AÑO 2007


IRALITA de Martín Iriarte Nicora (Cuento)



Iralita

                            ....de Martín Iriarte Nicora - 10 años 
                             José A. Guisasola - Coronel Dorrego
    Jugador de la 8va división del Club Atlético y Recreativo Progreso


El Rengo Irala debía tener diez años. Era cartonero Iralita. Con su Papá recorrían la ciudad con un modesto carro fabricado, por ellos mismos, con ruedas de bicicleta. Revolvían tarros de basura, bolsas y hasta contenedores; ahí sólo podían encontrar revistas viejas, cartones, latas y cajas de zapatillas. ¡Ah las cajas de zapatillas!... eran un tesoro para el Rengo Iralita como lo llamaban en la villa.
El apodo le venía desde el día que el Papá le pisó, sin querer, con la rueda del carro el pie zurdo;  al no poder llegar a tiempo al hospital la dificultad de su pie izquierdo se agravó, por lo que le quedó una renguera permanente.
Un día recorriendo un barrio cercano a la villa, encontró una caja de zapatillas que en su interior tenía un par de botines marca “Sacachispas” en buen estado. Los botines le quedaban grandes pero Iralita se las ingenió igual rellenándole la puntera con papel de diarios. 
Y llegó el día lunes, el día preferido de Irala. Los lunes eran los días que junto con su Viejo iban a limpiar el monumental del Club Atlético River Plate. Club del cual era hincha fanático.
El Presidente de River de entonces, un tipo llamado Luis Maria Aguilar, les pagaba con monedas al Rengo y a su Papá por el trabajo. Un día, terminada la tarea de recolección y limpieza se encontró un gorrito de River en la tribuna popular; la que tiene el cartel luminoso. Era un gorrito miserable estilo coya con agujeros y roturas de toda clase. Pero para el Rengo esos colores se sentían en el corazón. Ya no le faltaba nada a Iralita, era el pibe más feliz de la villa. Tenía un gorrito de su equipo favorito, tenía botines y estaba en el Monumental; ¿que más quería?. Un sueño. El Rengo se calzó el gorro hasta las orejas y con un rollo de papel se imaginaba jugando al fútbol en la primera de River en medio de un clásico contra Boca.

Entusiasmado relataba para sí mismo sus maravillosas jugadas...

Y la pelota va para Irala y su renga, a los cuarenta y cuatro minutos del segundo tiempo. River está a punto de perder la final del torneo Clausura. Toma la pelota Irala deja dos hombres en el camino, también deja atrás al arquero, le sale el último defensor, el rústico venezolano Oswaldo Vizcarrondo, al cual deja sin asunto mediante un brillante movimiento de cintura... El roce de la pelota en el defensor provoca que se abra un poco y le quede cerrado el ángulo de tiro para definir; sin embargo logra con su renga tocar suavemente haciendo que el balón acaricie suavemente las redes interiores. Gooooooooooooooooolllllllllllll de River..... Irala, Irala, Irala, el Rengo Irala pone a River a tiro de Campeonato ya que con el empate Boca no lograría alcanzarlo en la tabla de posiciones..... Los Borrachos del Tabón coreaban el apodo de Irala como un canto de guerra victorioso...”

Ese día fue espléndido.. El mejor que el Rengo Irala recuerde... había metido el gol de su vida...   el martes, ....el martes sería distinto..



Fin

domingo, 27 de noviembre de 2011

EL INTELECTUAL

            
                 El rol del intelectual, en todos los ámbitos del debate contemporáneo, configura uno de los elementos más interesantes que ha puesto en escena nuestra actualidad social y política (a mi entender mérito de un clima de época motorizado a partir de la amplia mesa de debate que propuso el Kirchnerismo). En el presente apellidos como Laclau, Sarlo, Forster, Kovaldoff, González, Casullo, Sebreli, Rozichner, Abraham, Feinmann, Caparros, Dorio, organizaciones como Carta Abierta u otras cercanas al Socialismo y a la Derecha nos han despertado de una cierta modorra que parecía inexorable luego de los paupérrimos noventa. Sus dudas, enojos, cuestiones, críticas, debates, y hasta sus rostros son tan conocidos como aquellos que simulaban ser los únicos dueños de los espacios mediáticos, públicos y privados. Pero ¿Qué es un intelectual y cuál es su rol en la sociedad moderna? Nicolás Casullo ensayó un extenso alegato sobre el tema en el libro Las Cuestiones. Como introducción al tema e invitación a su lectura me permito extraer una síntesis de su comienzo. 

El Intelectual
Antes y Hoy
Nicolás Casullo

Repasar las secuencias de conformación de la figura del intelectual, con su papel interpretativo, crítico, acusador de un presente o de la memoria de las cosas, significa ingresar de lleno en la historia de las ideas modernas, percibir cómo se gesta el espacio de esa subjetividad, y de qué forma es recibida la misma por la sociedad y los poderes. Escuchar a esa conciencia intelectual por lo general independiente, muchas veces solitaria, o adscripta a un credo, involucrada en la política, en lo social, en las ciencias, es como oír detonaciones posicionales que se disparan como un plus de esfuerzo desde la filosofía, la literatura, el arte, la sociología, la teoría crítica, el psicoanálisis, la propia religión. Es una crónica de secuencias intensas que algunas veces se eslabonan, otras no: otras serpentean como caminos apartados uno de otro por la montaña de una edad histórica. Hoy que el intelectual navega entre ser sólo referencia de un mercado cultural, vendido como el que piensa por usted, como autoayuda que simplifica y aplana lo complejo, o reformulado como figura desprovista de toda intensidad por la burocracia y rutina académica donde ya no aspira a otra cosa que a fichar un viejo libro o decir que todos ya suponen sin su ayuda, hoy precisamente recobra sentido discutir, rastrear o actualizar su derrotero político.
Sitio del intelectual, rol del intelectual, papel del intelectual, misión del intelectual, son variantes para pronunciar una tarea que cubre a Occidente desde Europa como madraza de las ideas; tarea que bañó la tierra americana de una manera rotunda y libre desde principios del siglo XIX (que tuvo en Argentina las figuras de Moreno, Castelli, Monteagudo, Belgrano), y que implica partir hacia su recorrido biográfico, hacia un mundo de pensamiento crítico, inconformista, rebelde, de avanzada, preguntándose desde qué encrucijada intelectual, desde qué actualidad se inicia este viaje que se remontará por dos siglos y medio hasta las rumoreadas fuentes de su figura. La pregunta es desde qué situación con respecto a esta discutida fragua intelectual se va en busca de sus perfiles. Las cuestiones históricas adquieren significado cuando se va en pos de las genealogías a partir de estar advertidos de qué se discutió, allá atrás, sobre lo que todavía tenemos visible o neblinoso delante de la vista, cerca, denominando zonas del presente. La arqueología de una problemática, en este caso entre un actor singular y la sociedad, sólo cobra un valor porqué (más allá de la simple erudición) es el presente el que nos solicita el desmonte de sí mismo para ver los conflictos que llevan a repensar el pasado para una actualidad desguarnecida la mayoría de las veces. La historia del intelectual es la biografía de un pensamiento inscripto junto a la política y a la cultura. Significa dejar constancia o abrir la cerrazón de lo político desde el pensamiento y la crítica. Es fabular esa misión frente al intelectualismo frío, la academia inerte, el periodismo rutinario, y asentado en la historia de las ideas.
Se trata al menos de plantear como prólogo y a grandes rasgos la intervención crítica y los lugares ideológicos y políticos del intelectual en el proceso argentino de los últimos años y en la presente escena del país; de revisar su participación pública en este tiempo democrático teniendo en cuenta los distintos marcos de referencias que resulta importante situar en relación con esa intervención. Podría hablarse de la incidencia de un marco político siempre muy complejo, donde jugaron distintas presencias de gobiernos a los largo de más de dos décadas. Puede hablarse de la relación entre la tarea intelectual crítica, los poderes políticos y la situación social y nacional. O de la vinculación entre los posicionamientos intelectuales y el mercado mass mediático cultural, como así también el mundo de prácticas profesionales con sus ofertas, casilleros y formas de ordenar sus productos, sus lenguajes artísticos y sus consumos, ya sean obras, sujetos, perfiles, campo temáticos, géneros, objetos de estudio, casos periodísticos.
En definitiva, pensar ese rol intelectual dentro de contexto mayor de una cultura democrática con sus momentos esperanzadores, con sus crisis severas y recaídas permanentes. Trabajar sobre ese tema significa, en principio, discutir no tanto sobre la crítica, sino sobre las atmósferas que impregnaron o motivaron esa crítica; biografiar en esos parajes una práctica de difícil caracterización, desconsiderada, bastardeada, y a la vez mitificada en la historia de la ideas modernas, que nadie solicita pero que a la vez las circunstancias de los acontecimientos o el simple interés del mercado demanda y organiza.
La función de un intelectual en una determinada y precisa historia presupone que existe una tarea crítica intelectual. Ser parte entonces de una herencia intelectual nacional e internacional. De una historia intelectual que es necesario repasar y situar como extenso trayecto. Aunque indudablemente es lógico que la primera pregunta recale hoy en la índole de esta práctica. ¿Escribir ensayos, aparecer opinando en una revista o un diario, tomar la palabra en una mesa redonda, intervenir en un programa de televisión sobre el tema de la semana, dar cuenta de una interpretación crítica de las otras interpretaciones? ¿Eso es una práctica diversa a otras prácticas intelectuales? ¿A las de un médico, un geógrafo, un bioquímico, un jefe de sección bancaria, un director técnico? Ser parte de la hipótesis de que sí es una faena particular con su historia, y sobre ella se trataría de analizar su recorrido.
Esta tarea, la del intelectual reflexivo, que nadie exige y sin embargo tiene su lugar, podría ser definida de distintas maneras, y así registra la historia de las ideas. Una de las definiciones, tal vez la de mayor amplitud, es comprender tal trabajo crítico como un esfuerzo de sentido ahí donde es difícil desentrañarlo. Donde no aparece, o no existe o donde se considera que se plasmó una explicación equivocada. Donde el sentido es la confrontación contra un poder cultural hegemónico. Esfuerzo de enunciación en la jungla de portadores de enunciaciones explicativas, donde las profesiones, las corporaciones, los suplementos culturales, los locutores de noticiero, la voz de la universidad, los circuitos de ideas, los conductores de programas aportan o conspiran contra la necesidad de interpretación.
La cuestión de la crítica intelectual sería en definitiva un esfuerzo por un otorgamiento de sentido ahí donde la realidad supuestamente se presenta casi ciega a sí misma o generadora del unanimismo del sentido común, o uniformada por las grandes emisiones mediáticas o el abuso de políticas totalizantes o totalitarias. En tales circunstancias, el intelectual se piensa llamado a intervenir. ¿Qué significa esta última frase?¿Quién llama al intelectual? Nadie. ¿En dónde está inscripta, en cada circunstancia concreta, su pretendida “misión”? En ninguna parte. ¿Qué espacio de la cultura establecida le reconoce su lugar impostergable? Ninguno. Y es precisamente esta ausencia de necesidad de ningún intelectual crítico con que se muestra el mundo daría  neutralmente, ingenuamente, lo que construye finalmente su significado actoral. La crítica ausente que pasa desapercibida, o como natural condición de un mundo no pensado en lo que vela al mundo, lo posterga, lo incumple, lo cierra, lo absuelve, lo mal traduce: esa ausencia le confiere al intelectual la idea de su misión. ¿Quién se la otorga? Una genealogía en la historia de las ideas modernas que creó en la intensidad de la historia intelectual, en la toma de conciencia como tarea intelectual crítica, la condición de la propia modernidad en tanto infinita respuesta insatisfecha, ya no emitida sólo desde los gabinetes y laboratorios de una elite, sino en y hacia los mundos de la política, hacia el conflicto expuesto, hacia el plexo de la polis.
El intelectual hoy, como un rostro a la vez frecuente, legitimado por demandas de mercado cultural, por un juego democrático que se repite al escucharlo dentro de la comarca de las opiniones, al mismo tiempo es, para muchos, una figura más intrascendente que antes. Es un producto de un determinado consumo, es parte de la estrecha ciudad culta, lectora, a diferencia de una noción pretérita de compromiso que se tenía hasta hace tres décadas sobre el valor de una posición intelectual en el campo de la política, de las irreversibles luchas sociales, de las ideas y los mundos que lo vinculaban con los destinos populares. Hace treinta años la figura del intelectual de izquierda, la mayoría de las veces de manera anónima, estaba profundamente relacionada con el proyecto de la revolución social, con sus teorías, fórmulas, versiones, pasos, éticas y objetivos mayores y menores.
Se situaba entonces el intelectual en la Argentina de manera férreamente contestataria frente a tiempos dictatoriales, persecutorios, censores, proscriptores de la política de los partidos y de la democracia, o frente a democracias proscriptivas. Su propia misión estaba inhabilitada de ser ejercida con libertad. La opción entonces pasaba a ser su renuncia a esas formas de una democracia inexistente, en cuanto a exponer de manera pública voces y escrituras del disenso. Para el objetivo se buscó inscribir las ideas en este caso en perspectivas revolucionarias, que no sólo luchasen contra un sistema capitalista burgués carcelario, sino que también esa participación intelectual metamorfoseada, sin nombre y apellido, orgánica, debatida de manera colectiva, productora de textos y argumentos serviciales a una causa, se reuniese de alguna forma real o imaginaria con el proyecto de las clases subalternas, explotadas en la producción: con aquellos sectores jamás vinculados con los “mundos intelectuales”.
Esta tarea férrea, militante, antiindividualista, que se apartaba del mundo de los autores y nombres del mercado cultural, enmascarada constantemente, gestó a la vez, por la misma politicidad que la ceñía, una subjetividad intelectual dogmática, en ocasiones soberbia, a menudo profética, por lo general fanatizada o militante crística, para cumplir con la palabra programática establecida, para obedecer textos canónicos que ya habían definido teórica y científicamente el curso de la historia y sólo bastaba darles cumplimiento. Se situaba con sus compromisos estéticos, políticos, ideológicos, en relación con una causa explícita, identificable, inexorable. Desde esa elección de lugar y escritura, ejercía una lectura reunificante, reductora, un hilo conductor que articulaba la conducta intelectual de manera existencialmente integral: desde una frase de un texto hasta cómo se debía agarrar el tenedor, ver un filme, relacionarse sexualmente, tomar el futuro poder social. Un hilo denso y aseverativo unificaba lo que era dable de interpretar y valorar, cómo actuar, cómo pensar, cómo enfrentarse a la lectura de un periódico, a la propia sociedad, a sus distintos actores sociales. El intelectual crítico de izquierda, independiente o como cuadro político, se planteaba desde una verdad por venir con la revolución.


Mateando con la Ciencia - Hoy Ceba Sir Francis Bacon




Método Científico

El filósofo Inglés Francis Bacon publicó Novum Organum en 1620. Este título encierra una referencia a Organon de Aristóteles en el que enunciaba las reglas de la lógica.
Bacon argumentó con energía que la deducción puede servir para las matemáticas pero no para la ciencia. Las leyes de esta última deben hallarse por inducción, esto es, deben establecerse como generalizaciones extraídas de una amplia cantidad de observaciones específicas. Esta ciencia experimental ya se había puesto en práctica, pero Bacon le aportó respaldo teórico, describiendo lo que hoy llamamos Método Científico.

sábado, 26 de noviembre de 2011

TESTIGOS DE PRIVILEGIO - Nota de Opinión


Hoy no puede ser un gran día, hoy de hecho, es un gran día.. Tenemos, como DORREGUENSES, el enorme privilegio de ser testigos vivientes de TESTIGOS DE PRIVILEGIO por nuestra AM La Dorrego. Un programa que no necesita suerte, sólo necesita que le prestemos la debida y justa atención...

Carlos, Susana, Eugenia, Pablo  a disfrutarlo.. nada más merecido..

viernes, 25 de noviembre de 2011

CRÍTICA POLÍTICA - Nota de Opinión

Frente a un cuatro mandato consecutivo
de la Unión Cívica Radical en Coronel Dorrego

A priori cualquier observación sobre gestión de políticas públicas cae en el vacío absoluto ante la contundencia de los resultados electorales. Si bien las decisiones populares tienen un significado y un significante superior, analizar ciertas cuestiones pueden agrandar de buen modo muestras recortadas percepciones individuales sobre el modelo de sociedad que estamos construyendo colectivamente. No se trata pues de calificar particularidades y menos aún de justipreciar desde un falso púlpito postulados universales. La cosa es más simple y más concreta. Desentrañar democráticamente y de forma respetuosa ciertos misterios sociales que promueven y enfatizan la elección por un modo de gestión política determinado.

En particular no me conforman las explicaciones ligadas a la vulgaridad del pensamiento inicial. No creo que el Radicalismo local triunfe ampliamente en cada acto eleccionario por una simple cuestión histórica, considero que tal enfoque minimiza sus méritos políticos contemporáneos. Tampoco creo en una cosmovisión reduccionista que califica como visceralmente antiperonista al distrito, de igual modo este reduccionismo ignora de plano los errores y horrores políticos del PJ.  Ambas premisas son sencillamente refutables de mediar un poco de memoria y una buena cuota de conocimiento del Pago. Además atentan contra la inteligencia de los electores sometiéndolos a simples decisiones espasmódicas ligadas más a lo emotivo que a lo racional. Me temo que debemos ascender el tenor de la exigencia para evitar elaborar pensamientos fronterizos ante un fenómeno tan determinante como complejo. De lo contrario estaríamos elaborando diagnósticos falsos sobre supuestos males endémicos, o lo que es peor, sobre enfermedades inexistentes.

Surge de inmediato que el Radicalismo ha logrado construir política por medio de una horizontalidad ideológica que a primera vista parecería contradictoria pero que en lo profundo diseña una estrategia política que no se puede ni se debe soslayar en cuanto a sus aspiraciones de alcanzar el poder, habiéndose transformado, por méritos propios y desde hace más de una década en la más clara alternativa de gobierno existente. En sus filas conviven, sin ningún tipo de conflicto, la histórica vocación humanista a favor de los derechos civiles e individuales del Profesor Fabián Barda con el antigarantismo puesto de manifiesto públicamente por el mismísimo Doctor Fabián Zorzano. Al igual podemos observar una concepción autodefinida como progresista por parte del Concejal Fernando Dimatz en supuesto antagonismo con el virulento ataque de la Concejal electa De Inés hacia las asignaciones universales decretadas por el Gobierno Nacional a favor de los sectores más sensibles de la sociedad (desestimo que un ciudadano que afirma ser progresista no valore la AUH). Posturas incompatibles desde lo ideológico sobre la mirada y la observancia que se hace de la sociedad y en algún sentido hasta de la misma democracia, pero que jamás han provocado carnicerías públicas que promuevan hacia un estado de no retorno. Siempre han procurado prudentes silencios ante marcadas y notorias discrepancias ideológicas. Temas como Seguridad, Campo, DD.HH, siempre fueron abordados por aquellos que bien representan “un debe ser” político vernáculo. Como alguna vez afirmara Néstor Kirchner ante el cuestionamiento sobre el rol de Redrado y su inclusión en el Gobierno Nacional:  “Poner a aquel recurso que desean tener enfrente para declamar y declarar lo que ellos quieren escuchar, de modo nosotros continuemos desarrollando nuestro plan, nuestro proyecto, sin interferencias de ninguna clase. Si quiero lograr dicho objetivo no puedo mandar al Flaco Kunkel a negociar con el Banco Mundial.”

Lo dicho nos permite suponer que, a escala local, el concepto movimientista históricamente tipificado por el Justicialismo ha encontrado un nicho confortable en el ámbito de la filosofía política del Radicalismo dorreguense. Esto faculta a observar que no existe nada más alejado que una única y definida concepción ideológica en su electorado, cosa que nos puede disparar elementos analizables de modo muy amplio. El título del ensayo precedente sobre nuestra política doméstica sintetiza la idea. Nada existe a la derecha del Radicalismo en Coronel Dorrego, al igual que nada existía a la derecha del Menemismo durante los noventa, debido a que en ambos casos logran confortabilizarla respondiendo y arropando sus puntuales intereses corporativos. 

La resultante más destacable de este panorama es su enorme base de adherentes, instancia que le garantiza ser permanente alternativa de gestión, lógica que promueve que el electorado independiente estime considerar que el Radicalismo se constituye, de modo concreto, como la única fuerza posible de gobernar Coronel Dorrego, aún tolerando errores y desidias. Evidentes sucesos de expresa responsabilidad ejecutiva, pero que no son percibidos como determinantes por el conjunto dorreguense, cuando menos de modo mayoritario, a fin de considerar instancias de castigo obviando tener que hacer frente al utilitario y siempre crítico costo político.

Al mismo tiempo esas profundas diferencias conceptuales poseen la marcada característica de no impactar dentro de los límites del distrito, debido a que dichos contrastes ideológicos nunca cruzan el marco del debate local. Así la UCR ha comprendido el diseño de una aldea de propia lectura cuyas reglas y principios nunca van a ser sombreados por debates nacionales, de modo tal, tanto las derechas como las progresías liberales, autodefinidas como de centroizquierda, puedan sentirse incluidas sin conflictos esenciales.

Con el diseño de un Estado Municipal presentado como inocente y dependiente de poderes superiores ha logrado sacar del debate político el tema de las decisiones locales. Justamente el modo de hacer las cosas es lo que separa al mundo de la política; desterrada de la mesa de disputa dicha parcela, el conflicto queda olvidado en uno de los tantos cajones burocráticos existentes.
Aparece entonces, a mi criterio, la matriz del fenómeno social más gravoso de esta supuesta fórmula de éxito político: El convencimiento que Coronel Dorrego posee características particulares que hace que este modo de gestión sea la única forma posible de administración política. Un conservadurismo casi fundamentalista que percibe al cambio como un riesgo de incierto futuro, como un evento demasiado complejo para la inteligencia y el confortable sopor de sus habitantes. Definir este posicionamiento político como pragmático sería darle un correlato científico que no tiene. Al haber sólo gestión administrativa, el mundo de las decisiones, ergo de la política, quedará sumida en los arrabales de las editoriales y las entrevistas, en consecuencia no puede existir nunca pragmatismo si no se presentan cuestiones políticas a dilucidar. El pragmatismo es resolver asuntos sin atender a los significados y significantes ideológicos. El no resolver cuestión política alguna es otra cosa muy distinta. Me atrevo a afirmar que priva el concepto de piloto automático. Cierto determinismo que nunca nos hará responsables de lo que nos ocurre. Lo peor de la peor burocracia: La inacción política como concepto elaborado y relato irrebatible.
Futbolísticamente expresado sería como jugar sistemáticamente al achique delegado en los jueces la recuperación del balón. Nosotros sólo salimos en la foto de El Gráfico levantando el brazo derecho solicitando excusas y piedad mientras progresa geométricamente el ítem de goles en contra; así y de modo exclusivo Nación y Provincia serán los blancos esenciales, únicos destinatarios de nuestras esperanzas, y también de nuestros dardos y desventuras.

Contrariamente el Partido Justicialista local ha formalizado en todas sus expresiones y vertientes un profundo sectarismo militante contribuyendo a cerrar filas dentro de un espacio, aparentemente, puro y homogéneo. Desmovilizando, desechando ampliar la mesa, transformando un histórico Movimiento de masas en una matriz político/partidaria casi dogmática, contrariando los mismos preceptos fundamentales del proyecto Nacional y Popular que lidera nuestra Presidenta.

Para ello se insiste con el falaz y ortodoxo argumento de campaña, ratificado recientemente por el Concejal Speranza, que señala el carácter imprescindible de sostener lineamientos viscerales con los ejecutivos nacionales y provinciales. Elevando la apuesta al sostener que no entiende por qué nuestro pueblo no comprender tan fácil ecuación. (Tal vez lo que no asume el Concejal del FPV es que el pueblo entiende tal cosa como una auténtica falacia)

Mas allá que dicha tesis (se suele argumentar con el único e insistente ejemplo de Monte Hermoso) sea fácilmente refutable debido a la existencia de distritos no Justicialistas que han crecido y desarrollado importantes fuentes laborales y de servicios, la idea coloca automáticamente el debate político en un sitio equivocado, ya que el campo de las decisiones políticas sobre lo que hay que hacer en Coronel Dorrego continúa vaciado de contenido. Sostener, desde la política, que el único modo de desarrollo distrital depende de estar alineado con los oficialismos nacionales y provinciales constituye una doble peligro argumental. En primer lugar tiene la pretensión de abortar tangencialmente la instancia democrática y federal sobre la autonomía conceptual y política que detenta como garantía imprescindible cada ciudadano del distrito y el mismo distrito como entidad colectiva.. Ser opositor o no estar alineado no debe significar vivir bajo el yugo de un supuesto castigo. De hecho no lo es; considero el argumento como injusto y hasta agresivo para con nuestras autoridades nacionales. Es tan falso como risible. Cristina lo ha demostrado a lo largo y a lo ancho del país al igual que Scioli a escala provincial.

Si se quiere presentar de ese modo es debido a una alucinación secretamente hegemónica que se tiene de la democracia. Tal vez esa lectura popular no encuentre un nicho de comprensión dentro de la estructura intelectual del Concejal. ¿Alguien puede garantizar, a ciencia cierta y probadamente, que si los Gobiernos Nacionales y Provinciales estuvieran en manos del Radicalismo, Coronel Dorrego modificaría su impronta política y su desarrollo interno? ¿Ocurrió durante los ochenta, ocurrió durante el período de la Alianza?.¿Qué haría el Concejal ante un Gobierno Nacional de sesgo Socialista y un Gobierno Provincial de carácter Liberal?
En segundo término temo que sí el Dr. Speranza fuera electo Intendente ante una coyuntura de triunfo Radical debería renunciar a los cinco minutos debido a que una similar sintonía partidaria es el único argumento “político” que él mismo sostiene como proyecto de gobierno. Al no tenerla no podría gobernar. Me surge, tal vez engañosamente, la hipótesis que el FPV local poco entiende de dinámica política.

Dicho esto, sendas fuerzas políticas centralizan sus debates y dilemas en proponernos ser lo que no somos. No piensan la política en función de la realidad. Tampoco observo que desarrollen ideas y proyectos en si propio, entendiendo ambas que Nación y Provincia constituyen segmentos políticos refundacionales sobre decisiones o por lo menos intencionalidades nunca explicitadas.

Una cuestión surge como ejemplo para clarificar el concepto:
¿Qué o quién nos impiden aumentar localmente el presupuesto de salud modificando o reelaborando los índices de las partidas? No hablo de aumentos nominales por depreciación de la moneda, hablo del impacto del ítem salud en dicho presupuesto. Es una decisión política local en la que nada hace suponer que los ejecutivos nacionales o provinciales intervengan. Sin embrago la salud continúa siendo una materia pendiente, ausente de nuestras mesas de debate político. Comprendo perfectamente que existe un ordenamiento sanitario provincial que determina ciertas pautas sobre grado de complejidades y por ende de inversiones, pero de ahí a no tener un servicio de Gastroenterología público, o de Urología, o un servicio de Pediatría regular en El Perdido, es una cuestión que tiene que ver más con una política sanitaria de desarrollo local que por razones de carácter global. De igual nodo ocurre en cultura, en seguridad y hasta en infraestructura. En consecuencia alinearse o no, ser oficialista o no, no es el punto. Ni Nación ni Provincia diseñan nuestros políticas internas. Popper diría que habría que comenzar a pensar de nuevo ya que la falsación resultó exitosa ante el sospechoso y débil argumento esgrimido.

Podemos inferir entonces que ante un problema real ambos promueven soluciones insuficientes con argumentaciones falsas. La horizontalidad política del Radicalismo en confrontación con el sectarismo Justicialista da como resultante la marcada diferencia existente en los recientes comicios. La UCR presenta un Estado Municipal dependiente y minusválido, víctima de poderes superiores, mientras que el PJ presenta con sus argumentos taxativos un visible culpable, y a la vez una excelente batería de insospechables excusas que serán eficientemente utilizadas por el oficialismo local. Reitero, éste no necesita culpabilizar al gobierno provincial, quién lo hace muy eficazmente, con sus tesis sobre el alineamiento, es el propio FPV local. El pueblo también vota por confianzas, individuales y colectivas. Ambas posturas han dado con el rostro por tierra luego de la clara victoria obtenida en la ámbito distrital por Cristina Fernández de Kirchner.

Recordemos lo mencionado oportunamente: Esta misma línea argumental se utilizó tanto en la Provincia de Santa Fe como en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires,  con idéntico resultado electoral. Mientras un ejecutivo inactivo se victimizaba, el PJ FPV, en campaña, otorgaba validez conceptual y política a dicha victimización  mediante la idea fuerza del inevitable alineamiento, desvirtuando de plano, toda instancia de matiz, mostrando una conducta sectaria y excluyente, sobre todo para el análisis de las clases medias urbanas, curiosamente el segmento más favorecido por el modelo neoindustrializador con un ingreso per-capita promedio superior a los $ 35.000 anuales.

La presencia de la agrupación FORD con un 30% de las voluntades la instala como una posibilidad observable y tangible de cara al futuro. El muy buen caudal de sufragios, de algún modo, refiere al correlato argumental mencionado. Poco más del 80% de lo votantes dorreguenses han considerado que estar alineado partidariamente al Gobierno Central no es condición indispensable para gestionar políticas de modo eficiente; reitero, el heterogéneo porcentaje obtenido por Cristina Fernández lo determina de modo contundente. La agrupación vecinal presentó un discurso en donde reconocía que el presupuesto municipal es de suficiente importancia como para direccionarlo con políticas más efectivas, en donde, la imaginación, el compromiso y el convencimiento son factores esenciales para el desarrollo del distrito. A partir del 10 de diciembre tendrá la sana oportunidad de incomodar al orden establecido. De todos modos la incipiente conformación liderada por Hugo César Segurola deberá en la acción política concreta demostrar voluntad legislativa para poner sobre la mesa esos ocultos debates, más allá de su éxito o fracaso en la aprobación de los mismos.

Coronel Dorrego no dirime dilemas políticos. Esencialmente su estado de espera es coincidente con el de aquel que aguarda tres cifras a la cabeza con redoblona a los cinco para comenzar a pensarse a sí mismo. No percibe que el distrito está vivo y necesita que se lo considere como ente respirante. Se comporta igual que aquel pueblo de la antigüedad rendido a las suertes de los Dioses. Una lluvia abundante y temprana, algún guiño presupuestario superior, y en sus suburbios la feudalidad al palo, pública y privada, insiste que el pueblo les debe agradecer sus almuerzos y sus cenas.
El futuro pinta a camposanto, tal vez esa elección colectiva sea la democrática lección que nos resta por aprender. Uno puede ser el creador de sus propias aventuras al igual que ser el arquitecto de sus más llamativos y complejos laberintos.



jueves, 24 de noviembre de 2011

¡¡¡¡ Grande Sabina !!!!

PÉSAME


LOS HIJOS DE ERNESTINA HERRERA DE NOBLE SON COMO MIS HIJOS, ANTONIO DOMINGO BUSSI ERA COMO MI PADRE... JUSTO HOY.. SE NOS VA.. EL DÍA QUE PATRICIA DECIDIÓ ABANDONAR LA RESISTENCIA AL RÉGIMEN...




TE ACOMPAÑO EN EL DOLOR. VAMOS QUEDANDO POCOS MI QUERIDA ELISA.
A PROPÓSITO ¿QUE TE PARECE SI LE PROPONEMOS A FUERZA BRUTA QUE SE ENCARGUE DEL VELORIO? VICENTE 

miércoles, 23 de noviembre de 2011

ADOLFO CASTELO 29/08/1941 - 23/11/2004



Adolfo Castelo eligió hacerle frente a la vida desde el humor. Se inició en el periodismo como colaborador de la Tía Vicenta, donde intentaba iniciar carrera como humorista gráfico. Landrú –editor de la revista– le recomendó escribir notas de humor político porque sus dibujos eran “pésimos”. Puesto a escribir, siguió su carrera en “Primera Plana”, un baluarte del periodismo serio, donde desarrolló un humor ligado a la política que en igual proporción convocaba a la risa y a la reflexión. Estas notas dieron luz a un estilo irreverente y transgresor que, poco después, alcanzó su plenitud cuando Adolfo Castelo inicia su trayectoria en la radio, su medio predilecto.Hacia 1968, condujo junto a Anselmo Marini y Jorge Vaccari, “Las ventajitas”, el primer programa radiofónico de humor absurdo. Entre los programas más destacados de su trayectoria radial se encuentran “Qué extraño es este mundo”, “Claves para bajarse de la cama”, ”Demasiado tarde para lágrimas” –como partenaire de Dolina– “Uno por semana”, “El ventilador”, “El tiburón blanco”, “Turno tarde” y “Mirá lo que te digo”. Su trabajo como productor de avisos comerciales y programas de televisión –“Videoshow”, “Cantaniño” y “Cha cha cha”, entre otros– lo acercó a Raúl Becerra con quien trabaría una larga amistad. Juntos idean “Semanario insólito” –con Virginia Hanglin y Raúl Portal– un ciclo que anticipó lo que sin duda fue una de sus máximas creaciones: “La Noticia Rebelde”. “La Noticia Rebelde” –donde compartía la conducción con Raúl Becerra, Carlos Abrevaya, Jorge Guinzburg y Nicolás Repetto (primero como ‘movilero’ y luego como conductor)– fue un programa que innovó radicalmente el periodismo televisivo. Iniciado apenas dos años del regreso de la democracia, en el programa se trataron temas y se expresaron opiniones impensadas en esos días. Con una mirada humorística, pero sin por ello resignar rigurosidad analítica y aguda, el ciclo puso en relieve que el absurdo es un componente importante de la realidad argentina. Su carácter transgresor incluso desacralizó al mundo periodístico lo que dio lugar a un nuevo formato informativo y humorístico que aún perdura. El programa, que se emitía por ATC, continuó hasta mediados del año 1989 y se levantó poco después de asumir Carlos Menem. A fines de los ’90 participa en “Día D Clásico”, el afamado programa de Jorge Lanata y hacia el 2000, encabeza “Medios locos”, por Canal 7, donde lo acompañaban Pacheco, Gisela Marziotta, Marcelo Gillespi y Mex Urtizberea. Adolfo Castelo, con su informalidad, su humor absurdo y sus lecturas simples de la realidad, forjó un lazo con su público pocas veces visto. Supo decir: “una dosis de humor ayuda a quitar el dolor” y creo que ese fue precisamente el efecto que logró, que todo fuese mucho más tolerable por la risa y el pensamiento que supo cultivar en todos nosotros.


EL CONTROL DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN



Noam Chomsky



El papel de los medios de comunicación en la política contemporánea nos obliga a preguntar por el tipo de mundo y de sociedad en los que queremos vivir, y qué modelo de democracia queremos para esta sociedad. Permítaseme empezar contraponiendo dos conceptos distintos de democracia. Uno es el que nos lleva a afirmar que en una sociedad democrática, por un lado, la gente tiene a su alcance los recursos para participar de manera significativa en la gestión de sus asuntos particulares, y, por otro, los medios de información son libres e imparciales. Si se busca la palabra democracia en el diccionario se encuentran definiciones bastante parecidas a lo que acabo de formular. Una idea alternativa de democracia es la de que no debe permitirse que la gente se haga cargo de sus propios asuntos, a la vez que los medios de información deben estar fuerte y rígidamente controlados. Quizás esto suene como una concepción anticuada de democracia, pero es importante entender que, en todo caso, es la idea predominante. De hecho lo ha sido durante mucho tiempo, no sólo en la práctica sino incluso en el plano teórico. No olvidemos además que tenemos una larga historia, que se remonta a las revoluciones democráticas modernas de la Inglaterra del siglo XVII, que en su mayor parte expresa este punto de vista. En cualquier caso voy a ceñirme simplemente al período moderno y acerca de la forma en que se desarrolla la noción de democracia, y sobre el modo y el porqué el problema de los medios de comunicación y la desinformación se ubican en este contexto.

Ejemplo y Concepto de Operación Mediática


Empecemos con la primera operación moderna de propaganda llevada a cabo por un gobierno. Ocurrió bajo el mandato de Woodrow Wilson. Este fue elegido presidente en 1916 como líder de la plataforma electoral Paz sin victoria, cuando se cruzaba el ecuador de la Primera Guerra Mundial. La población era muy pacifista y no veía ninguna razón para involucrarse en una guerra europea; sin embargo, la administración Wilson había decidido que el país tomaría parte en el conflicto. Había por tanto que hacer algo para inducir en la sociedad la idea de la obligación de participar en la guerra. Se creó para tales efectos una comisión de propaganda gubernamental, conocida con el nombre de Comisión Creel, que, en seis meses, logró convertir una población pacífica en otra histérica y belicista que quería ir a la guerra y destruir todo lo que oliera a alemán, despedazar a todos los alemanes, y salvar así al mundo. Se alcanzó un éxito extraordinario que conduciría a otro mayor todavía: precisamente en aquella época y después de la guerra se utilizaron las mismas técnicas para avivar lo que se conocía como Miedo rojo. Ello permitió la destrucción de sindicatos y la eliminación de problemas tan peligrosos como la libertad de prensa o de pensamiento político. El poder financiero y empresarial y los medios de comunicación fomentaron y prestaron un gran apoyo a esta operación, de la que, a su vez, obtuvieron todo tipo de provechos.
Entre los que participaron activa y entusiásticamente en la guerra de Wilson estaban los intelectuales progresistas, gente del círculo de John Dewey. Estos se mostraban muy orgullosos, como se deduce al leer sus escritos de la época, por haber demostrado que lo que ellos llamaban los miembros más inteligentes de la comunidad, es decir, ellos mismos, eran capaces de convencer a una población reticente de que había que ir a una guerra mediante el sistema de aterrorizarla y suscitar en ella un fanatismo patriotero. Los medios utilizados fueron muy amplios. Por ejemplo, se fabricaron montones de atrocidades supuestamente cometidas por los alemanes, en las que se incluían niños belgas con los miembros arrancados y todo tipo de cosas horribles que todavía se pueden leer en los libros de historia, buena parte de lo cual fue inventado por el Ministerio británico de propaganda, cuyo auténtico propósito en aquel momento -tal como queda reflejado en sus deliberaciones secretas- era el de dirigir el pensamiento de la mayor parte del mundo. Pero la cuestión clave era la de controlar el pensamiento de los miembros más inteligentes de la sociedad americana, quienes, a su vez, diseminarían la propaganda que estaba siendo elaborada y llevarían al pacífico país a la histeria propia de los tiempos de guerra. Y funcionó muy bien, al tiempo que nos enseñaba algo importante: cuando la propaganda que dimana del estado recibe el apoyo de las clases de un nivel cultural elevado y no se permite ninguna desviación en su contenido, el efecto puede ser enorme. Fue una lección que ya había aprendido Hitler y muchos otros, y cuya influencia ha llegado a nuestros días. Los Estados Unidos crearon los cimientos de la industria de las relaciones públicas. Tal como decían sus líderes, su compromiso consistía en controlar la opinión pública. Dado que aprendieron mucho de los éxitos de la Comisión Creel y del miedo rojo, y de las secuelas dejadas por ambos, las relaciones públicas experimentaron, a lo largo de la década de 1920, una enorme expansión, obteniéndose grandes resultados a la hora de conseguir una subordinación total de la gente a las directrices procedentes del mundo empresarial a lo largo de la década de 1920. La situación llegó a tal extremo que en la década siguiente los comités del Congreso empezaron a investigar el fenómeno. De estas pesquisas proviene buena parte de la información de que hoy día disponemos. Las relaciones públicas constituyen una industria inmensa que mueve, en la actualidad, cantidades que oscilan en torno a un billón de dólares al año, y desde siempre su cometido ha sido el de controlar la opinión pública, que es el mayor peligro al que se enfrentan las corporaciones. Tal como ocurrió durante la Primera Guerra Mundial, en la década de 1930 surgieron de nuevo grandes problemas: una gran depresión unida a una cada vez más numerosa clase obrera en proceso de organización. En 1935, y gracias a la Ley Wagner, los trabajadores consiguieron su primera gran victoria legislativa, a saber, el derecho a organizarse de manera independiente, logro que planteaba dos graves problemas. En primer lugar, la democracia estaba funcionando bastante mal: el rebaño desconcertado estaba consiguiendo victorias en el terreno legislativo, y no era ese el modo en que se suponía que tenían que ir las cosas; el otro problema eran las posibilidades cada vez mayores del pueblo para organizarse. Los individuos tienen que estar atomizados, segregados y solos; no puede ser que pretendan organizarse, porque en ese caso podrían convertirse en algo más que simples espectadores pasivos. Efectivamente, si hubiera muchos individuos de recursos limitados que se agruparan para intervenir en el ruedo político, podrían, de hecho, pasar a asumir el papel de participantes activos, lo cual sí sería una verdadera amenaza. Por ello, el poder empresarial tuvo una reacción contundente para asegurarse de que esa había sido la última victoria legislativa de las organizaciones obreras, y de que representaría también el principio del fin de esta desviación democrática de las organizaciones populares. Y funcionó. Fue la última victoria de los trabajadores en el terreno parlamentario, y, a partir de ese momento, aunque el número de afiliados a los sindicatos se incrementó durante la Segunda Guerra Mundial, acabada la cual, la capacidad de actuar por la vía sindical fue cada vez menor. Y no por casualidad, ya que estamos hablando de la comunidad empresarial, que está gastando enormes sumas de dinero, a la vez que dedicando todo el tiempo y esfuerzo necesarios, en cómo afrontar y resolver estos problemas a través de la industria de las relaciones públicas y otras organizaciones.
Todo es muy eficaz y hasta hoy ha funcionado perfectamente. Desde luego consiste en algo razonado y elaborado con sumo cuidado: la gente que se dedica a las relaciones públicas no está ahí para divertirse; está haciendo un trabajo, es decir, intentando inculcar los valores correctos. De hecho, tienen una idea de lo que debería ser la democracia: un sistema en el que la clase especializada está entrenada para trabajar al servicio de los amos, de los dueños de la sociedad, mientras que al resto de la población se le priva de toda forma de organización para evitar así los problemas que pudiera causar. La mayoría de los individuos tendrían que sentarse frente al televisor y masticar religiosamente el mensaje, que no es otro que el que dice que lo único que tiene valor en la vida es poder consumir cada vez más y mejor y vivir igual que esta familia de clase media que aparece en la pantalla y exhibir valores como la armonía y el orgullo americano. La vida consiste en esto. Puede que usted piense que ha de haber algo más, pero en el momento en que se da cuenta que está solo, viendo la televisión, da por sentado que esto es todo lo que existe ahí afuera, y que es una locura pensar en que haya otra cosa. Y desde el momento en que está prohibido organizarse, lo que es totalmente decisivo, nunca se está en condiciones de averiguar si realmente está uno loco o simplemente se da todo por bueno, que es lo más lógico que se puede hacer.
Así pues, este es el ideal, para alcanzar el cual se han desplegado grandes esfuerzos. Y es evidente que detrás de él hay una cierta concepción: la de democracia, tal como ya se ha dicho. El rebaño desconcertado es un problema. Hay que evitar que brame y pisotee, y para ello habrá que distraerlo. Será cuestión de conseguir que los sujetos que lo forman se queden en casa viendo partidos de fútbol, culebrones o películas violentas, aunque de vez en cuando se les saque del sopor y se les convoque a corear eslóganes sin sentido, como “Apoyad a nuestras tropas”. Hay que hacer que conserven un miedo permanente, porque a menos que estén debidamente atemorizados por todos los posibles males que pueden destruirles, desde dentro o desde fuera, podrían empezar a pensar por sí mismos, lo cual es muy peligroso ya que no tienen la capacidad de hacerlo. Por ello es importante distraerles y marginarles.

Fabricación de la Opinión


También es necesario recabar el apoyo de la población a las aventuras exteriores. Normalmente la gente es pacifista, tal como sucedía durante la Primera Guerra Mundial, ya que no ve razones que justifiquen la actividad bélica, la muerte y la tortura. Por ello, para procurarse este apoyo hay que aplicar ciertos estímulos; y para estimularles hay que asustarles. En estos casos, es necesario hacer tragar por la fuerza una y otra vez programas domésticos hacia los que la gente se muestra contraria, ya que no tiene ningún sentido que el público esté a favor de programas que le son perjudiciales. Y esto, también, exige una propaganda amplia y general, que hemos tenido oportunidad de ver en muchas ocasiones durante los últimos años. Desde el momento en que un individuo no encuentra la manera de unirse a otros que comparten o refuerzan este parecer y que le pueden transmitir la ayuda necesaria para articularlo, acaso llegue a sentir que es alguien excéntrico, una rareza en un mar de normalidad. De modo que acaba permaneciendo al margen, sin prestar atención a lo que ocurre, mirando hacia, otro lado, como por ejemplo la final de Copa. De todos nodos el rebaño desconcertado nunca acaba de estar debidamente domesticado: es una batalla permanente.


Es preciso entonces falsificar totalmente la historia. Ello constituye otra manera de vencer esas inhibiciones enfermizas, para simular que cuando atacamos y destruimos a alguien lo que estamos haciendo en realidad es proteger y defendernos a nosotros mismos de los peores monstruos y agresores, y cosas por el estilo. Desde la guerra del Vietnam se ha realizado un enorme esfuerzo por reconstruir la historia. Demasiada gente, incluidos gran número de soldados y muchos jóvenes que estuvieron involucrados en movimientos por la paz o antibelicistas, comprendía lo que estaba pasando. Y eso no era bueno. De nuevo había que poner orden en aquellos malos pensamientos y recuperar alguna forma de cordura, es decir, la aceptación de que sea lo que fuere lo que hagamos, ello es noble y correcto. Si bombardeábamos Vietnam del Sur, se debía a que estábamos defendiendo el país de alguien, esto es, de los sudvietnamitas, ya que allí no había nadie más. Es lo que los intelectuales kenedianos denominaban defensa contra la agresión interna en Vietnam del Sur, expresión acuñada por Adiai Stevenson, entre otros. Así pues, era necesario que esta fuera la imagen oficial e inequívoca; y ha funcionado muy bien, ya que si se tiene el control absoluto de los medios de comunicación y el sistema educativo y la intelectualidad son conformistas, puede surtir efecto cualquier política. Un indicio de ello se puso de manifiesto en un estudio llevado a cabo en la Universidad de Massachusetts sobre las diferentes actitudes ante la crisis del Golfo Pérsico, y que se centraba en las opiniones que se manifestaban mientras se veía la televisión. Una de las preguntas de dicho estudio era: ¿Cuantas víctimas vietnamitas calcula usted que hubo durante la guerra del Vietnam? La respuesta promedio que se daba era en torno a 100.000, mientras que las cifras oficiales hablan de dos millones, y las reales probablemente sean de tres o cuatro millones. Los responsables del estudio formulaban a continuación una pregunta muy oportuna: ¿Qué pensaría de la cultura política alemana si cuando se le preguntara a la gente cuantos judíos murieron en el Holocausto la respuesta fuera unos 300.000? La pregunta quedaba sin respuesta, pero podemos tratar de encontrarla. ¿Qué nos dice todo esto sobre nuestra cultura? Pues bastante: es preciso vencer las inhibiciones enfermizas respecto al uso de la fuerza militar y a otras desviaciones democráticas. Y en este caso dio resultados satisfactorios y demostró ser cierto en todos los terrenos posibles: tanto si elegimos Próximo Oriente, el terrorismo internacional o Centroamérica. El cuadro del mundo que se presenta a la gente no tiene la más mínima relación con la realidad, ya que la verdad sobre cada asunto queda enterrada bajo montañas de mentiras. Se ha alcanzado un éxito extraordinario en el sentido de disuadir las amenazas democráticas, y lo realmente interesante es que ello se ha producido en condiciones de libertad. No es como en un estado totalitario, donde todo se hace por la fuerza. Esos logros son un fruto conseguido sin violar la libertad. Por ello, si queremos entender y conocer nuestra sociedad, tenemos que pensar en todo esto, en estos hechos que son importantes para todos aquellos que se interesan y preocupan por el tipo de sociedad en el que viven.

LA CULTURA DISIDENTE

A pesar de todo, la cultura disidente sobrevivió, y ha experimentado un gran crecimiento desde la década de los sesenta. Al principio su desarrollo era sumamente lento, ya que, por ejemplo, no hubo protestas contra la guerra de Indochina hasta algunos años después de que los Estados Unidos empezaran a bombardear Vietnam del Sur. En los inicios de su andadura era un reducido movimiento contestatario, formado en su mayor parte por estudiantes y jóvenes en general, pero hacia principios de los setenta ya había cambiado de forma notable. Habían surgido movimientos populares importantes: los ecologistas, las feministas, los antinucleares, etcétera. Por otro lado, en la década de 1980 se produjo una expansión incluso mayor y que afectó a todos los movimientos de solidaridad, algo realmente nuevo e importante al menos en la historia de América y quizás en toda la disidencia mundial. La verdad es que estos eran movimientos que no sólo protestaban sino que se implicaban a fondo en las vidas de todos aquellos que sufrían por alguna razón en cualquier parte del mundo. Y sacaron tan buenas lecciones de todo ello, que ejercieron un enorme efecto civilizador sobre las tendencias predominantes en la opinión pública americana. Y a partir de ahí se marcaron diferencias, de modo que cualquiera que haya estado involucrado en este tipo de actividades durante algunos años ha de saberlo perfectamente. Yo mismo soy consciente de que el tipo de conferencias que doy en la actualidad en las regiones más reaccionarias del país -la Georgia central, el Kentucky rural- no las podría haber pronunciado, en el momento culminante del movimiento pacifista, ante una audiencia formada por los elementos más activos de dicho movimiento. Ahora, en cambio, la gente puede estar o no de acuerdo, pero al menos comprende de qué estás hablando y hay una especie de terreno común en el que es posible cuando menos entenderse. A pesar de toda la propaganda y de todos los intentos por controlar el pensamiento y fabricar el consenso, lo anterior constituye un conjunto de signos de efecto civilizador. Se está adquiriendo una capacidad y una buena disposición para pensar las cosas con el máximo detenimiento. Ha crecido el escepticismo acerca del poder. Han cambiado muchas actitudes hacia un buen número de cuestiones, lo que ha convertido todo este asunto en algo lento, quizá incluso frío, pero perceptible e importante, al margen de sí acaba siendo o no lo bastante rápido como para influir de manera significativa en los aconteceres del mundo. Tomemos otro ejemplo: la brecha que se ha abierto con relación al género. A principios de la década de 1960 las actitudes de hombres y mujeres eran aproximadamente las mismas en asuntos como las virtudes castrenses, igual que lo eran las inhibiciones enfermizas respecto al uso de la fuerza militar. Por entonces, nadie, ni hombres ni mujeres, se resentía a causa de dichas posturas, dado que las respuestas coincidían: todo el mundo pensaba que la utilización de la violencia para reprimir a la gente de por ahí estaba justificada. Pero con el tiempo las cosas han cambiado. Aquellas inhibiciones han experimentado un crecimiento lineal, aunque al mismo tiempo ha aparecido un desajuste que poco a poco ha llegado a ser sensiblemente importante y que según los sondeos ha alcanzado el 20%. ¿Qué ha pasado? Pues que las mujeres han formado un tipo de movimiento popular semiorganizado, el movimiento feminista, que ha ejercido una influencia decisiva, ya que, por un lado, ha hecho que muchas mujeres se dieran cuenta de que no estaban solas, de que había otras con quienes compartir las mismas ideas, y, por otro, en la organización se pueden apuntalar los pensamientos propios y aprender más acerca de las opiniones e ideas que cada uno tiene. Si bien estos movimientos son en cierto modo informales, sin carácter militante, basados más bien en una disposición del ánimo en favor de las interacciones personales, sus efectos sociales han sido evidentes. Y este es el peligro de la democracia: si se pueden crear organizaciones, si la gente no permanece simplemente pegada al televisor, pueden aparecer estas ideas extravagantes, como las inhibiciones enfermizas respecto al uso de la fuerza militar. Hay que vencer estas tentaciones, pero no ha sido todavía posible.

DESFILE DE ENEMIGOS


En vez de hablar de la guerra pasada, hablemos de la guerra que viene, porque a veces es más útil estar preparado para lo que puede venir que simplemente reaccionar ante lo que ocurre. En la actualidad se está produciendo en los Estados Unidos -y no es el primer país en que esto sucede- un proceso muy característico. En el ámbito interno, hay problemas económicos y sociales crecientes que pueden devenir en catástrofes, y no parece haber nadie, de entre los que detentan el poder, que tenga intención alguna de prestarles atención. Si se echa una ojeada a los programas de las distintas administraciones durante los últimos diez años no se observa ninguna propuesta seria sobre lo que hay que hacer para resolver los importantes problemas relativos a la salud, la educación, los que no tienen hogar, los parados, el índice de criminalidad, la delincuencia creciente que afecta a amplias capas de la población, las cárceles, el deterioro de los barrios periféricos, es decir, la colección completa de problemas conocidos. Todos conocemos la situación, y sabemos que está empeorando. Sólo en los años que George Bush estuvo en el poder hubo tres millones más de niños que cruzaron el umbral de la pobreza, la deuda externa creció progresivamente, los estándares educativos experimentaron un declive, los salarios reales retrocedieron al nivel de finales de los años cincuenta para la gran mayoría de la población, y nadie hizo absolutamente nada para remediarlo. En estas circunstancias hay que desviar la atención del rebaño desconcertado ya que si empezara a darse cuenta de lo que ocurre podría no gustarle, porque es quien recibe directamente las consecuencias de lo anterior. Acaso entretenerles simplemente con la final de Copa o los culebrones no sea suficiente y haya que avivar en él el miedo a los enemigos. En los años treinta Hitler difundió entre los alemanes el miedo a los judíos y a los gitanos: había que machacarles como forma de autodefensa. Pero nosotros también tenemos nuestros métodos. A lo largo de la última década, cada año o a lo sumo cada dos, se fabrica algún monstruo de primera línea del que hay que defenderse. Antes los que estaban más a mano eran los rusos, de modo que había que estar siempre a punto de protegerse de ellos. Pero, por desgracia, han perdido atractivo como enemigo, y cada vez resulta más difícil utilizarles como tal, de modo que hay que hacer que aparezcan otros de nueva estampa. De hecho, la gente fue bastante injusta al criticar a George Bush por haber sido incapaz de expresar con claridad hacia dónde estábamos siendo impulsados, ya que hasta mediados de los años ochenta, cuando andábamos despistados se nos ponía constantemente el mismo disco: que vienen los rusos. Pero al perderlos como encamación del lobo feroz hubo que fabricar otros, al igual que hizo el aparato de relaciones públicas reaganiano en su momento. Y así, precisamente con Bush, se empezó a utilizar a los terroristas internacionales, a los narcotraficantes, a los locos caudillos árabes o a Sadam Husein, el nuevo Hitler que iba a conquistar el mundo. Han tenido que hacerles aparecer a uno tras otro, asustando a la población, aterrorizándola, de forma que ha acabado muerta de miedo y apoyando cualquier iniciativa del poder. Así se han podido alcanzar extraordinarias victorias sobre Granada, Panamá, o algún otro ejército del Tercer Mundo al que se puede pulverizar antes siquiera de tomarse la molestia de mirar cuántos son. Esto da un gran alivio, ya que nos hemos salvado en el último momento. Tenemos así, pues, uno de los métodos con el cual se puede evitar que el rebaño desconcertado preste atención a lo que está sucediendo a su alrededor, y permanezca distraído y controlado. Recordemos que la operación terrorista internacional más importante llevada a cabo hasta la fecha ha sido la operación Mongoose, a cargo de la administración Kennedy, a partir de la cual este tipo de actividades prosiguieron contra Cuba. Parece que no ha habido nada que se le pueda comparar ni de lejos, a excepción quizás de la guerra contra Nicaragua, si convenimos en denominar aquello también terrorismo. El Tribunal de La Haya consideró que aquello era algo más que una agresión. Cuando se trata de construir un monstruo fantástico siempre se produce una ofensiva ideológica, seguida de campañas para aniquilarlo. No se puede atacar si el adversario es capaz de defenderse: sería demasiado peligroso. Pero si se tiene la seguridad de que se le puede vencer, quizá se le consiga despachar rápido y lanzar así otro suspiro de alivio.

Creo que la cuestión central, volviendo a mi comentario original, no es simplemente la manipulación informativa, sino algo de dimensiones mucho mayores. Se trata de sí queremos vivir en una sociedad libre o bajo lo que viene a ser una forma de totalitarismo auto impuesto, en el que el rebaño desconcertado se encuentra, además, marginado, dirigido, amedrentado, sometido a la repetición inconsciente de eslóganes patrióticos, e imbuido de un temor reverencial hacia el líder que le salva de la destrucción, mientras que las masas que han alcanzado un nivel cultural superior marchan a toque de corneta repitiendo aquellos mismos eslóganes que, dentro del propio país, acaban degradados. Parece que la única alternativa esté en servir a un estado mercenario ejecutor, con la esperanza añadida que otros vayan a pagarmos el favor de que les estemos destrozando el mundo. Estas son las opciones a las que hay que hacer frente. Y la respuesta a estas cuestiones está en gran medida en manos de gente como ustedes y yo.